Exodus: El grupo que en tres días promete recuperar la heterosexualidad
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Exodus: El grupo que en tres días promete recuperar la heterosexualidad

Animal Político accedió al Congreso Internacional ‘Un camino en el desierto’, en el que conferencistas internacionales y personas que se declararon ‘exgays’ ofrecieron las claves para salir de lo que llamaron “una vida de quebranto sexual” para “recuperar la heterosexualidad”.
Cuartoscuro
Por Redacción Animal Político
24 de octubre, 2016
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¿La homosexualidad puede ser tratada y revertirse? El grupo Exodus Latinoamérica asegura que sí. Ofertaron un congreso de tres días en la Ciudad de México donde, a base de oraciones, talleres, testimonios de personas “exgays” y ponencias de integrantes de esta comunidad cristiana internacional, dieron a jóvenes que “tienen AMS” –Atracción al Mismo Sexo- la posibilidad de “restaurarse” y volver a su vida heterosexual. Y todo, por tan solo 700 pesos. 

“El homosexualismo no es obra de Dios”

A Luis, a quien llamaremos así para proteger su identidad, puesto que al pagar los 700 pesos de la entrada al congreso firmamos –como el resto de asistentes- una cláusula que garantiza el anonimato de las aproximadamente 300 personas que abarrotan las gradas de este templo cristiano llamado ‘Emmanuel’, muy cerca del Metro San Antonio Abad.

Luis se sube al estrado en el que sobresale una cruz enorme iluminada por luces de colores que cambian aleatoriamente, y toma el micrófono. Saluda, se presenta como una persona “exgay” que lleva “14 años en victoria”, y el público, formado sobre todo por madres y padres que llevan con ellos a sus hijos –algunos apenas deben alcanzar los 18 años, a pesar de la prohibición de Exodus de que menores ingresen al evento-, responde con rechiflas, alzando las manos al aire, y gritando ‘¡Amén!’.

Luis presenta un video que resume cómo fue su vida “en el estilo de vida gay” y cómo ésta casi lo arrastra al suicidio. Le da al play, y una especie de reportaje periodístico comienza a insistir con una melodía triste en la misma historia de los tres testimonios previos que ya escuchamos en la jornada del jueves y en la mañana del viernes: sí, Luis también tuvo una adolescencia complicada de drogas, alcohol y “sexo desordenado”. Y aunque no narra que durante su infancia hubiera una violación sexual de algún familiar o compañero de la escuela –como en los otros relatos-, la mala relación con su padre lo llevó a buscar el amor de un hombre.

En la entrevista, Luis niega con la cabeza y dice que lo intentó todo. Que incluso su novia de entonces lo llevó a una psicóloga que, para su gran sorpresa, le dio la enhorabuena por haber aceptado su orientación homosexual antes de casarse o tener hijos, y le aconsejó que buscara relacionarse con otros chicos con su misma orientación.

-A partir de ese consejo dejé de sentir rechazo por mí mismo y me dije: ser homosexual, entonces, no es algo malo.

Sin embargo –advierte la voz en off lúgubre del entrevistador, mientras el actor que interpreta a Luis se enfunda una blusa y una falda y se maquilla el rostro-, a partir de ese momento se desencadenó una pesadilla en la vida del joven, que lo llevó a coquetear con las enfermedades venéreas como el Sida, y con la drogadicción y la prostitución.

Así hasta que una mujer cristiana entró un día en la peluquería donde trabajaba, y le dijo que podía hacer algo distinto con su vida si se acercaba a Cristo y admitía con humildad sus errores y pedía ayuda.

-Comencé a asistir a la Iglesia. Leí en la Biblia que Dios, en el Génesis, había creado al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. Entonces –en este punto de la entrevista Luis abre mucho los ojos y sonríe-, comencé a entender que el homosexualismo no es creación de Dios. Que el homosexualismo nunca estuvo en el diseño de Dios. Y que el homosexualismo es una distorsión del hombre, no de Dios.

“Cuando restablecí mi vida, las chicas me gustaron de nuevo”

Entonces, Luis dice que comenzó a “restablecer” su vida en base a la Palabra de Dios. Dejó las relaciones homosexuales, las drogas y todo lo demás. Y Cristo escuchó sus plegarias.

-Cuando uno hace el proceso correcto y con la ayuda de Dios, la atracción hacia el sexo opuesto vuelve a fluir con naturalidad. Es decir –se explica-, cuando restablecí mi vida, comencé a darme cuenta de que las chicas estaban ahí y que me empezaban a atraer de nuevo.

Ahora, tras varios años de “lucha contra el homosexualismo” en los que Dios le puso pruebas “muy duras” como compartir vestuario y ducha con los chicos con los que jugaba al futbol en un equipo, Luis cuenta que ya está “restaurado” y que recuperó su orientación heterosexual.

Tan “restaurado” está, dice, que muestra en la pantalla de televisión una foto con su esposa y dos hijas, para mostrar a los jóvenes que asistieron al Congreso de Exodus que es posible dejar de ‘tener’ AMS, por difícil que sea sepultar el “estilo de vida gay”.

-A todos los que están aquí y que están luchando contra el homosexualismo les digo: tal vez algo sea humanamente imposible. Pero con Dios, hermanos –deja un silencio para hacer énfasis- con Dios todo es posible.

Y mientras saluda al público, muchos padres y madres se levantan, rompen en aplausos y le contesta con un estruendoso ‘Amén’, mientras algunos jóvenes hacen lo mismo con entusiasmo, otros permanecen serios e impasibles en sus sillas, y otros directamente no levantan la mirada aburrida del teléfono celular.

Cómo ‘recuperarte’ de la homosexualidad en 7 pasos

El testimonio de Luis sobre una infancia/adolescencia turbulenta y su vida de excesos, ejemplifica en que consistió el congreso dedicado a la ‘restauración’ de las personas con ‘quebrantamiento sexual’.

Un congreso en el que, a pesar de que los ponentes rechazaron ser “homofóbicos” y se cuidaron mucho de no mencionar la palabra ‘enfermedad’ ante algunos asistentes que abiertamente se declararon ser gays o lesbianas en busca “ayuda”, se presentó la idea de que “recuperarse” de la homosexualidad es posible.

Decir que existen personas que ‘tienen ‘AMS’ –Atracción al Mismo Sexo- fue lo más cercano que estuvieron los ponentes a decir públicamente que ser gay, lesbiana o transexual es una enfermedad.

Dijeron también que hay “sanación” para las familias que sufrieron un “shock” ante la noticia de que un hijo o hermano es gay, a partir de una serie de consejos prácticos como “mantener la calma”, “no expulsarlos de casa”, y “ayudarlos a encontrar y afirmar su verdadera identidad sexual a partir de la fe en Dios”.

Y para ello, además de los casos de ‘éxito’, Exodus –una especie de ‘ministerio de la restauración sexual’ creado originalmente en Estados Unidos en 1973, que trabaja con iglesias cristianas en todo el mundo –desde Nueva Zelanda a México, pasando por España, Estados Unidos y Canadá-, trajo conferencistas internacionales cuya ‘receta’ para ‘tratar’ el ‘quebrantamiento sexual’ fue siempre la misma: tener fe ciega en Cristo y en el Evangelio, y admitir “con humildad” que, como humanos, no podemos cambiar algo que Dios sí puede.

La pastora Heisha Fernández, quien dirige un ‘ministerio’ de Exodus en Puerto Rico y es autora de un libro sobre el “lesbianismo”, expuso algunas “estrategias para la recuperación” basadas en Cristo.

La pastora habla de la homosexualidad como el resultado de una vida descontrolada, y advierte que retomar de nuevo ese control no depende de un milagro, sino de tiempo y dedicación. Y claro, de elegir un buen “mentor” –“un pastor, líder de la iglesia o cualquier cristiano/a maduro/a”- que ayude a la persona con “quebranto” a iniciar un proceso de “crecimiento espiritual”.

“Danza para Dios’”

Otras estrategias de Heisha: Sustituir “personas tóxicas por personas nutrientes” para evitar “recaídas” en el “homosexualismo”; cambiar rutinas nocivas por dar servicios en algunos de los ministerios de Exodus; perseverar en el proceso de lucha para salir del ‘quebrantamiento sexual’ y  reconciliarte con Dios y abrazar el cristianismo sin condiciones.

Pero ojo, otras claves para la ‘restauración’ son mucho más terrenales. Por ejemplo, la pastora aconseja –siempre basada en algún proverbio de la Biblia-, darle rienda suelta a las endorfinas, para evitar pensar en relaciones lésbicas u homosexuales del pasado. Por ello, insta a hacer “ejercicios vigorosos”, bailar, hacer zumba, y “danzar para Dios”. También los “acuaróbicos” son buenos. Apuntarse al gimnasio o enlistarse en alguna liga deportiva.

Y por último, otro mandato: poner filtros para que no entre pornografía a los laptops ni smartphones, y eliminar de las redes sociales a las “amistades tóxicas”.

“Perdón por el daño ocasionado”

Con estas “estrategias”, la ‘recuperación’ del ‘quebrantamiento sexual’ no será sencilla, pero posible, según lo prometido en este congreso de Exodus. Un ‘ministerio’ cuyos integrantes en México aseguran haber “ayudado” desde 2004 a unas mil personas a recuperar su orientación heterosexual, pero que en Estados Unidos sufrió un duro revés cuando en 2013, uno de los fundadores de Exodus Internacional –Allan Chamber- anunció públicamente el cierre del ministerio –el más antiguo de la organización- y pidió perdón a la comunidad LGBTI por el daño ocasionado a partir de estas “teorías” de la ‘restauración sexual”.

“Perdón porque muchos de ustedes han pasado años trabajando para cambiar su orientación sexual y eso no ha funcionado”, reza un comunicado en la página web de Alan Chambers, en el que además lamenta haber promovido “teorías sobre el cambio en la orientación sexual” de las personas que “estigmatizaron” a miles de padres de familia.

En el caso Mexicano se trata de un método redituable para sus organizadores, quienes a base de oraciones, testimonios y ponencias, te ofrecen curarte de la homosexualidad.

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¿Es la inflación más dañina que la recesión?

Las medidas que toman las autoridades para detener la inflación, como subir el costo de los créditos, le ponen un freno a la economía. Si las tasas de interés son demasiado altas y el freno económico demasiado profundo, puede llegar una recesión.
11 de agosto, 2022
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Hay que apagar el fuego antes de que se salga de control.

Esa parece ser la consigna de los países afectados por la gigantesca inflación que recorre el mundo y que ha llegado a máximos históricos en décadas.

Con Alemania marcando el nivel más alto en casi medio siglo -en medio de una crisis energética derivada de la guerra en Ucrania-, Estados Unidos y Reino Unido en el más alto nivel de los últimos 40 años y América Latina también bajo presión por la escalada en el costo de la vida, los bomberos están trabajando a toda velocidad.

Bomberos encargados de la política fiscal y monetaria de los países que intentan apagar una hoguera sin descuidar otro foco de incendio: la recesión.

Empleado de un fondo de inversiones mira varias pantallas de computadora

Getty Images

Pues bien, ¿qué tiene que ver la inflación alta con una recesión económica?

Mucho. Cuando se dispara la inflación, los bancos centrales suben las tasas de interés (el costo de los créditos) para desincentivar la compra de bienes o servicios.

Es una política que busca reducir el consumo y las inversiones con la esperanza de que bajen los precios.

Con este mecanismo se controla la inflación pero, al mismo tiempo, se frena el crecimiento económico.

Si el frenazo es demasiado grande, la economía se estanca y aumentan las posibilidades de que el país entre en recesión.

Trabajador estadounidense

Getty Images

Frente a este dilema las autoridades tienen que hacer de equilibrista y preguntarse: hasta dónde puedo subir las tasas de interés sin ahogar demasiado la economía.

Y ese equilibrio precario entre inflación y recesión es lo que tiene a los economistas tratando de apagar un incendio sin echarle leña al otro.

De ahí viene la pregunta: ¿es peor la inflación o una recesión económica?

El mal menor

No es tanto cuál es peor, sino qué es lo primero que hay que atajar. Yo creo que un país que quiere mantener su estabilidad macroeconómica, no puede permitirse una inflación elevada”, argumenta Juan Carlos Martínez, profesor de Economía en la universidad IE Business School, España.

“Una recesión es un mal menor comparado con una inflación persistente en la economía”, dice en diálogo con BBC Mundo.

cONSUMIDORA CON CAJA DE FRESAS EN LA MANO

Getty Images

Benjamin Gedan, director adjunto del Programa Latinoamericano del centro de estudios Wilson Center y profesor de la Universidad Johns Hopkins, en EE.UU., también argumenta que disminuir el costo de la vida es algo prioritario.

Las dos cosas son malas, pero la inflación es más difícil de superar en muchos casos”, apunta el experto.

Una inflación crónicamente alta, agrega, le impone muchos costos a una sociedad.

No solo se trata del frenazo económico. “También crea tensiones sociales, ya que los trabajadores exigen aumentos salariales recurrentes, los propietarios exigen subidas del alquiler y los comerciantes deciden aplicar repetidos aumentos de precios”, le dice Gedan a BBC Mundo.

Desde otra perspectiva, José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico (IDIC) de México, agrega al debate que controlar una inflación elevada puede tomar muchos años, mientras que las recesiones, al menos en los últimos años, se han podido superar más rápidamente.

Persona comprando gasolina en Estados Unidos

Getty Images

“En este momento es fundamental contener la inflación porque las experiencias de los últimos 50 años nos muestran que una espiral inflacionaria acaba desencadenando una recesión”, le dice el economista a BBC Mundo.

“Se puede atajar una recesión sin que esto implique inflación, pero en el otro caso, la inflación termina provocando una crisis”.

Estados Unidos, por ejemplo, “está pagando el costo de un error”, agrega, porque las autoridades dejaron pasar mucho tiempo antes de subir las tasas de interés para controlar el consumo y la inversión.

De esa manera, la demanda siguió alta y los precios continuaron escalando, señala de la Cruz, sin que se eliminaran los incentivos para seguir gastando.

¿Qué pasa en América Latina?

Tal como está ocurriendo en otras partes del mundo, Latinoamérica también ha sufrido la ola inflacionaria.

En países como Chile, la inflación se disparó a un histórico 13,1% (la mayor en casi tres décadas), seguido por Brasil y Colombia (superando los dos dígitos), mientras países como Perú y México, donde la espiral inflacionaria es un poco menor, también han sufrido las consecuencias de precios que están dejando huellas aún más profundas en los sectores más vulnerables.

Mujer en supermercado, foto genérica.

Getty Images

Argentina, que sufre un problema crónico de inflación, tiene la herida abierta con un aumento anual del costo de vida de 64%.

Ante este escenario, los bancos centrales de la región han aplicado históricos aumentos de las tasas de interés para tratar de sacarle la presión a la olla.

En los buenos tiempos económicos, muchos gobiernos solían ponerse como meta inflacionaria un rango de entre 2% a 4%.

Pero ahora que el costo del crédito está disparado, esas metas se esfumaron, al menos por ahora.

Brasil, por ejemplo, tiene sus tipos de interés en 13,7%, mientras que en Chile el costo de los préstamos escaló a un máximo histórico de 9,7% y en Colombia al 9%.

Pocas ganas les quedan a los consumidores que aspiraban a comprarse una casa con un crédito bancario, o a los empresarios que pensaban renovar equipos, ampliar sus operaciones o iniciar nuevos proyectos de inversión.

Manos con billetes chilenos

Getty Images

Claramente la época del “dinero barato”, es decir, de los préstamos más asequibles, quedó en el pasado.

Tan veloz y profundo han sido el aumento del costo del crédito, que los economistas esperan ver resultados prontamente.

De hecho, en países como Estados Unidos o Brasil, la inflación dio una tregua y disminuyó levemente, aumentando las expectativas de que los precios podrían estar alcanzando sus niveles máximos.

¿Quiénes son los más perjudicados con la inflación?

“Lo peor de todo es que la inflación es un impuesto sobre los pobres, que tienen escasos ahorros y normalmente trabajan en el sector informal, con poca capacidad para proteger su poder adquisitivo”, explica Gedan.

“Dada la pobreza generalizada de la región y el gigantesco sector informal, los impactos de la inflación son particularmente severos en América Latina”, apunta.

Trabajadora colombiana en empresa textil.

Getty Images

En ese sentido, las autoridades no han dudado en subir las tasas, especialmente por los episodios de escalada de precios en Latinoamérica en las décadas pasadas.

“Es que dados los traumas pasados ​​de la región con la hiperinflación y el deseo de conservar la credibilidad ganada con tanto esfuerzo de los bancos centrales, no sorprende ver medidas rápidas en muchos países para frenar los aumentos de precios”, dice el experto.

El debate en Estados Unidos

Si bien inflación y recesión son dos amenazas económicas de alto calibre, en Estados Unidos el debate se ha centrado en cuánto y a qué velocidad la Reserva Federal (el equivalente al banco central en otros países) debe seguir subiendo las tasas para detener la escalada de los precios.

Criticada por no haber actuado antes, la Fed se ha embarcado este año en una serie de subidas de los tipos de interés.

Y como esas subidas le ponen un freno a la economía, la pregunta que muchos se hacen es si Estados Unidos caerá o no caerá en una recesión con todas sus letras.

Porque ya está atravesando lo que se conoce como una “recesión técnica”, equivalente a dos trimestres seguidos de contracción económica.

Foto genérica de buque carguero con contenedores y bandera de Estados Unidos.

Getty Images

Pero en EE.UU. esos números rojos no representan una verdadera recesión, según los estándares que se utilizan en ese país.

El árbitro que la define, por decirlo de alguna manera, es una organización independiente: la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés).

En ella participan destacados economistas que se reúnen regularmente y analizan todas las variables que pueden incidir en un proceso recesivo.

La definición que ellos utilizan está lejos de ser una fórmula matemática: “Una disminución significativa en la actividad económica que se extiende por toda la economía y dura más de unos pocos meses”.

El enfoque del comité de economistas es que, si bien cada uno de los tres criterios (profundidad, difusión y duración) debe cumplirse individualmente hasta cierto punto, las condiciones extremas reveladas por un criterio pueden compensar parcialmente las indicaciones más débiles de otro.

Precisamente porque no es una fórmula infalible hay tanto debate en Estados Unidos sobre si realmente el país va camino a una recesión o si no llegará a ese punto.

Las máximas autoridades del país (encargadas de la política fiscal y monetaria) se han mostrado optimistas argumentando que el mercado del trabajo se mantiene fuerte.

Y en julio la inflación bajó levemente (de 9,1% a 8,5%), aportando una cuota de alivio frente a los pronósticos que consideraban como inevitable una recesión en el país.


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