Estafa sexual en Skype: los hombres a quienes seducen y engañan por internet
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
BBC Mundo

Estafa sexual en Skype: los hombres a quienes seducen y engañan por internet

Cada vez son más los hombres, sobre todo árabes, que caen en este tipo de fraudes digitales. Te presentamos en exclusiva el testimonio de Samir (nombre ficticio), que escribe para la BBC cómo se dejó seducir por internet y terminó siendo estafado.
BBC Mundo
Por BBC Mundo
27 de octubre, 2016
Comparte

*Una noche, un joven palestino residente en Italia cayó víctima de un fraude, tras hablar por Facebook con una muchacha que le invitó a hacer una videollamada por Skype. El hombre le contó a la BBC cómo cayó en la trampa y cómo terminó todo.Este es su testimonio.


Ocurrió cuando estaba solo en casa. Una chica me agregó a Facebook. No me pareció raro, pues a menudo recibo peticiones de amistad de viejos amigos del colegio a quienes apenas conozco.

Al día siguiente me mandó un mensaje: “Hola, ¿cómo estás? Vi tu perfil y me gustaste”.

Eché un vistazo a su perfil y vi que era muy guapa.

Esa noche comenzó a enviarme mensajes a través de Skype. Me dijo que tenía 23 años, que sus padres fallecieron y que vivía son su hermana mayor en Sidón, Líbano.

Me contó que se aburría porque no estudiaba ni trabajaba, y que su hermana era muy estricta. Le pregunté sobre sus aficiones y me dijo que le gustaba el sexo, que le encantaba.

En ese momento, sentí curiosidad, pero también desconfianza porque me sorprendió la facilidad con que se había puesto a hablar sobre sexo con un completo desconocido.

Pero estaba aburrido, mi novia estaba fuera de la ciudad y no tenía nada que hacer. Así que pensé: “¡Qué carajos! Hablaré con esta chica y veré hasta dónde llega la cosa”.

Facebook
Image captionTodo comenzó cuando una chica le agregó a Facebook y le invitó a hablar por Skype.

Al final, me preguntó si tenía webcam.

Así que conecté mi cámara y le dije: “¿Puedo verte?”.

Ella conectó su video y cuando la vi resultó ser una muchacha muy bonita. Con una chica como ella, uno puede llegar a perder la cabeza.

Continuamos hablando, pero sólo a través de mensajes. Me dijo que temía que su hermana la oyera. Y que hablar conmigo le excitaba.

Yo pensé que, como vivía con su estricta hermana en el sur de Líbano -y no en una ciudad más abierta como Beirut- tal vez se sentía frustrada y por eso buscaba encuentros sexuales a través de internet.

Entonces me preguntó cómo era mi pene. Se lo mostré y le dije: “Es tu turno”. Ella se tumbó en la cama, se desvistió y comenzó a masturbarse.

Nunca había visto nada igual. Era muy fácil. Demasiado bueno para ser verdad.

Hombre viendo pornografía en internet
Image captionLe grabaron con su webcam mientras tenía un encuentro sexual con una joven a través de Skype.

Comencé a masturbarme yo también. Me pidió que apuntara la cámara hacia mi cara porque le excitaba, así que comencé a grabarme moviendo la cámara entre mi cara y mi pene.

Después de unos minutos, fingió tener un orgasmo. Todavía desnuda, se volvió hacia el teclado para hablar conmigo. Me preguntó qué hacía y le dije que trabajaba en marketing en Milán, Italia.

“¡Oh! Debes de ser rico”, exclamó.

“Bueno, me las apaño”, le contesté.

Entonces, me dijo que su hermana estaba llegando. Así que se vistió y se desconectó.

La estafa

Media hora después, recibí un mensaje en Facebook. “Escucha. Soy un hombre y he grabado un video de ti masturbándote. ¿Lo quieres ver?“.

Facebook
Image captionSamir recibió un mensaje del estafador con el enlace al video.

Me envió el video. Eran unos cinco minutos en los que se me veía masturbándome.

“Tengo la lista de tus amigos y de tu familia de Facebook: tu mamá, tu hermana, tus primas”, me dijo. “Tienes una semana para enviarme US$5.500. Si no lo haces, les enviaré el video”.

Me quedé en shock. Al principio, pensé en enviarle el dinero inmediatamente.

Pero en cuanto lo eliminé en Skype, recibí un mensaje en WhatsApp. “Estoy aquí”, me dijo.

Así que le supliqué. Le dije que no tenía US$5.500. Y me dijo: “Por supuesto que los tienes. Tienes un buen trabajo en Europa”.

“No”, le respondí. “Eso era mentira. Lo dije para impresionar a la chica. Tan sólo soy un repartidor de pizza“.

Entonces me acordé de una foto que le había enviado alicatando mi cuarto de baño. “Mira, ¿crees que si fuera rico alicataría mi propio baño?”.

Eso pareció convencerle y dijo: “Puede que eso sea cierto, pero no me importa. Tienes una semana para enviarme US$2.000. De lo contrario, le mandaré el video a tu familia“.

Manos en un tecladoImage copyrightTHINKSTOCK
Image captionTras denunciar el video varias veces, YouTube lo removió (al cabo de una hora).

Traté de calmarme y pensar racionalmente. Si le enviaba el dinero, ¿cómo no iba a volver y pedirme más?

Luego se me ocurrió que si le enviaba el video a mis contactos -a personas que no tengo como amigos (en Faceboook)- iría a la bandeja de entrada que nadie comprueba.

Pero, incluso si lo comprobaban, pensé, ¿quién iba a abrir el video de un contacto desconocido? Podría ser un virus.

Así que tenía dos opciones: enviarle el dinero y no tener garantía alguna de que me pedía más, o no hacerlo y esperar que nadie lo viera.

Llegó el día en que volvió a escribirme y me dijo: “De acuerdo. Voy a publicar el video en YouTube”.

“Súbelo. Ya no me importa”, le dije.

Entonces cambié mis opciones de privacidad para que nadie pudiera publicar en mi muro o etiquetarme sin mi consentimiento.

Me envió el enlace al video a través de WhastApp. Lo vi de nuevo. Era yo masturbándome, en YouTube. Se me puso un nudo en el estómago.

De inmediato, comencé a denunciar el video en YouTube por contenido sexual. Cerré la página, volví a cargar el enlace y lo denuncié de nuevo. Una y otra vez.

Hombre viendo video de YouTubeImage copyrightAFP
Image captionEl estafador publicó el video en YouTube y amenazó con enviárselo a su familia.

Me envió un mensaje diciendo que les iba a enviar el video a mis contactos de Facebook si no le pagaba.

“Adelante, envíaselo”, le contesté.

No podía pagarle. Primero, serían US$2.000. Luego, tal vez US$5.500. ¿Dónde terminaría?

Él estaba muy enojado. Comenzó a insultarme y a decirme que le enviaría el video a mi madre y a todas las personas que conocía.

Yo seguí denunciando el video. Cada vez que lo hacía me fijaba en el número de visitas para ver si alguien más lo había visto. Después de una hora, YouTube lo eliminó.

Por lo que yo sé, todas las vistas eran mías, excepto una. Podría haber sido el estafador, o puede que uno de mis familiares. Nunca lo sabré, pero hasta ahora nadie me ha dicho nada al respecto.

Pero ¿y si, por ejemplo, mi tía lo hubiera visto? Se lo habría contado a otra de mis tías, a su marido, a sus hijos. Y, pronto, toda mi familia lo sabría.

¿Y si mi madre lo ve? Me tiraría por la ventana de la vergüenza.

Cuando el video fue retirado, no volví a tener noticias de ese hombre. Supongo que se buscó a un pez más gordo.

Recuerdo cuando le pregunté por qué eligió a un chico joven como yo, sin muchos recursos. Y me dijo: “¿Crees que no me fijo en tipos ricos de países del golfo Pérsico? Pues claro que lo hago”.

“Tienes suerte. Vi en tu Facebook que no estás casado. De lo contrario, te habría pedido mucho más dinero“.

Creo que ya se acabó. Pero cada dos por tres, reviso YouTube para ver si ha vuelto a publicar el video.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Cuartoscuro

10 años del Movimiento por la Paz: convertir la “espera” en esperanza

A contrapelo de la simulación, la demagogia o la indiferencia de las autoridades de todo signo político, familiares de víctimas de la violencia mantienen la exigencia que movilizó al país hace una década: paz con justicia y dignidad.
Cuartoscuro
Por Asunción Cabrera, Alondra Reséndiz, Fernanda Vega, Xareni Márquez, Metztli Molina, Javier Sánchez Alpízar, Juan Gómez, becarixs; Dulce Soto, Violeta Santiago y Paris Martínez, reporterxs. Unidad de Investigaciones Periodísticas de la UNAM.
25 de marzo, 2021
Comparte

El 27 de marzo de 2011, en Morelos, siete personas fueron secuestradas, asesinadas y abandonadas en el interior de un auto. Eran Juan Francisco Sicilia, hijo del poeta y escritor Javier Sicilia, y seis amigos que acudieron a un bar para preguntar por una cámara fotográfica olvidada días antes. Ellos no lo sabían, pero el bar era controlado por el crimen organizado, y el reclamo de la cámara les costaría la vida.

La historia de estas muertes, sin embargo, no comenzó esa noche. 

Inició, como otras decenas de miles de historias de víctimas de la violencia, cinco años antes: el 12 de diciembre de 2006, cuando el recién estrenado presidente Felipe Calderón lanzó la táctica de seguridad conocida popularmente como “guerra contra el crimen organizado”.

Caracterizada por el involucramiento de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública, esta táctica con la que Calderón buscaba “limpiar” al país de delincuentes, lo único que logró fue llevar la violencia a niveles sólo comparables a los registrados en países inmersos en un conflicto armado.

Según estadísticas oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante 2007, el primer año de gobierno de Calderón, en México se registraron 10 mil homicidios intencionales. En los años siguientes las cifras se incrementarían dramáticamente: 13 mil en 2008; 16 mil en 2009; 20 mil en 2010; y en 2011 los casos de asesinato llegaron a 22 mil 409. Uno de ellos, el de Juan Francisco Sicilia y sus seis amigos.

En menos de un sexenio, la táctica militar de Calderón duplicó los índices de violencia homicida, hasta arrojar tantas víctimas como las que dejó la guerra en Chechenia durante la última década del siglo pasado.

Lee más: Javier Sicilia marchará a Palacio Nacional para exigir cambio en la estrategia de seguridad

Hasta antes del 27 de marzo de 2011 esta crisis de violencia no era reconocida. De hecho, ni siquiera las víctimas eran aceptadas por la autoridad como tales, sino como “daños colaterales”. 

Los siete asesinatos de Morelos, sin embargo, lo cambiaron todo. 

Después de ellos, un coro de miles de personas en todo México se alzó en reclamo no sólo de justicia para esas víctimas sino para todas las que antes ya se acumulaban.

Durante abril, esas voces comenzaron a aglutinarse. Primero, en la marcha más grande, hasta entonces, realizada en la ciudad de Cuernavaca. En mayo caminaron de Cuernavaca a la Ciudad de México, y en junio partieron en un recorrido por todo el país, de norte a sur, en las llamadas Caravanas del Consuelo, recogiendo en cada punto cada vez más dolores.

Durante ese caminar por el país, abrazándose, consolándose, esas miles de personas tejieron una identidad compartida: el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

Los dolores de cada una de las miles de víctimas de la violencia, explica Javier Sicilia, papá de Juan Francisco, a diez años de ese andar, no son dolores distintos, apartados entre sí, inconexos. “Son el mismo dolor”, subraya, “un dolor que se acumula, junto con la frustración, el enojo, la tristeza”, que se expande en el tiempo. El reto en 2011, cuando las víctimas se encontraron entre sí, tanto como lo es hoy, era “que ese dolor no se volviera odio”.

La característica de la poesía, explica Sicilia, “no es el acto de escribir un poema. La poesía es un lenguaje que toca con su poder simbólico otros lenguajes, incluido el lenguaje de las personas en el poder”. De ahí el valor simbólico de caminar, de recorrer el país y encontrarse. 

Y juntos, recuerda Sicilia, decirle al poder, al entonces presidente Felipe Calderón,  pero también a quienes lo sucederían en el cargo, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador: “Véanos a la cara. ¿Somos un número, somos un porcentaje? Somos una historia, somos seres humanos”.

La palabra traicionada

Del encuentro con Felipe Calderón, realizado al volver del primer recorrido por el norte del país, en junio de 2011, derivó un acuerdo: la creación de una ley que garantizara la atención integral a las víctimas de la violencia.

La ley se aprobó en el Congreso, pero Calderón se negó a promulgarla, y sólo vio la luz tras la llegada a la presidencia de Enrique Peña Nieto, en enero de 2013. Aunque nunca la instrumentó realmente.

“El Movimiento por la Paz –explica el senador independiente Emilio Álvarez Icaza, defensor de derechos humanos y quien hace diez años fue uno de sus voceros– tuvo una visión de Estado muy superior a la de los políticos”. Y el mejor ejemplo de ello, subraya, “fue (su impulso a) la Ley General de Víctimas, que es la segunda del continente americano, y que apuesta al diseño de una política pública que atienda los vacíos en materia de justicia, de salud, de vivienda, de desalojo interno forzado”. Un mecanismo de cobertura amplia, que abarcara tanto a las personas directamente afectadas por la violencia como a sus familias. 

Lee: Javier Sicilia acusa a López Obrador de traicionar a las víctimas de violencia

“La ley fue muy buena –destaca Álvarez Icaza–, pero la implementación fue muy mala. Un ejemplo: la primera cosa que hicieron los integrantes de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (órgano que la ley ordenaba instituir) fue discutir su sueldo; y poco hicieron para implementar el sistema nacional de atención que se deriva de esa ley.”

Así, aunque el Movimiento por la Paz logró que cristalizara la Ley General de Víctimas, al final sus efectos fueron neutralizados en los hechos. “Fue una de las experiencias más dolorosas que yo he vivido –recuerda Álvarez Icaza–. Era una apuesta (de las víctimas) realizada literalmente con sangre, sudor y lágrimas”, que se vio frustrada por “una muy pequeña visión de Estado”, por parte del entonces presidente, Enrique Peña Nieto. “Los operadores de la ley prácticamente se encargaron de no instrumentarla. Infelizmente, la política pública no cambió, infelizmente la crisis de derechos humanos siguió en aumento, infelizmente las desapariciones continuaron…”.

Peor aún: durante el gobierno de Peña Nieto existió un esfuerzo oficial por simular que la crisis de violencia se resolvía y que las víctimas de desaparición estaban siendo encontradas por millares.

Simulación: las víctimas, bajo la alfombra

Según el primer Registro Nacional de Personas Desaparecidas, publicado en febrero de 2013, al finalizar el gobierno de Felipe Calderón, en México había 26 mil personas desaparecidas. 

Diez meses después, cuando Peña Nieto cumplió un año como presidente, casi milagrosamente, esa cifra se había reducido a 16 mil víctimas. 

Y cinco meses más tarde, en mayo de 2014, el entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, anunció ante el Senado de la República que “un grupo pequeño” de personas realizó un “ejercicio rápido” de investigación y depuró el registro hasta dejarlo en 8 mil víctimas “nada más”.

Es decir, en un año y medio, el gobierno de Peña Nieto reportó la localización de 18 mil personas desaparecidas. 

Cuando senadores le pidieron detallar cómo habían desaparecido esas personas y cómo fueron localizadas, Osorio aseguró que, en la mayoría de los casos, las víctimas reportadas se trataban “de la joven que se va, se escapa con el novio; o de la persona que se va a trabajar a otro lado; o de quienes, por un conflicto matrimonial, de momento se salen de la casa”.

El gobierno de Peña Nieto nunca presentó pruebas de esas supuestas localizaciones. Tampoco aclaró quiénes integraron ese pequeño grupo que, en cuestión de meses, resolvió miles de casos.

Este registro de “personas localizadas” sólo se haría público con el cambio de autoridades, en 2018, ya con López Obrador como presidente.

Ese registro, del que Corriente Alterna posee una copia, deja ver el tipo de simulaciones realizadas durante la administración de Peña Nieto para desinflar la estadística de desaparecidos, aunque sólo fuera en el papel.

Un ejemplo: el 2 de septiembre de 2013, una niña indígena de 14 años, 48 kilos de peso y metro y medio de estatura, salió de su hogar en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y no volvió. Simplemente desapareció.

Los padres de la menor, tarahumaras que migraron al sur del país, esperaron tres meses con la esperanza de que su hija regresara, pero eso no ocurrió, por lo que el 29 de noviembre de ese mismo año reportaron los hechos a la fiscalía estatal.

Tal como consta en el registro de “localizados” durante el gobierno de Peña, la Fiscalía de Chiapas no realizó ninguna acción para la búsqueda de esa niña; sólo dejaron que pasara el tiempo y, más de un año después de la denuncia, en febrero de 2015, personal de ese organismo estatal se comunicó con la familia para preguntar si habían tenido alguna noticia de la víctima.

La familia informó que sí, que algunas personas “la han visto parada enfrente de una cantina”; y que, recientemente, habían recibido una llamada telefónica de la niña, “quien le refirió (a su papá) que tenía miedo, que no podía salir de donde se encontraba (cautiva), y que era mejor si se moría”. 

Así, con esas palabras, fue inscrito el hecho en el registro oficial de “localizados” de Peña Nieto.

Sin embargo, aunque existían indicios de que la niña seguía viva en 2014, de que era víctima de trata con fines de explotación sexual, así como del lugar en el que era retenida, el mismo registro revela que nunca fue rescatada por la autoridad.

Por el contrario, bajo el argumento de que terceras personas “han visto” a la menor, las autoridades declararon a la víctima como oficialmente localizada y cerraron el caso. A pesar de que, en realidad, sigue desaparecida hasta la fecha. Su “localización” sólo fue simulada. 

Bajo este tipo de procedimientos, al final de su sexenio, el gobierno de Peña Nieto registró 62 mil víctimas localizadas.

Aunque la lista de desaparecidos aumentó a 37 mil.

Eludir el compromiso

En la actualidad, con López Obrador como presidente, el registro de desaparecidos fue nuevamente revisado; la cifra de víctimas reconocidas se elevó a 86 mil 700 personas que permanecen sin ser localizadas hasta el día de hoy.

De ellas, 19 mil desaparecieron durante los 28 meses que lleva el gobierno de la Cuarta Transformación.

Así, aunque López Obrador aseguró el 1 de febrero de 2019 que “ya no hay guerra”, lo cierto es que con él ha continuado la estrategia militarizada de seguridad pública de Calderón y Peña, y las víctimas de la violencia siguen acumulándose.

Te puede interesar: Has promovido demasiado odio, no te importan las víctimas, dice Sicilia a AMLO

“En las elecciones que llevaron a Andrés Manuel a la Presidencia vimos una oportunidad –explica Sicilia–. Entonces fuimos a buscar al candidato puntero, para conversar sobre estos asuntos. Hablamos ampliamente y yo recuerdo que dijo: ‘Yo sé de todo sobre los problemas de este país, pero de este asunto de las víctimas, nada. Ayúdenme’”.

El 8 de mayo de 2018, todavía como candidato, López Obrador firmó la “Agenda fundamental” para el desarrollo de una política de justicia “transicional” desarrollada por las víctimas, agrupadas ahora en decenas de colectivos que, directa o indirectamente, formaron parte o se crearon a partir del Movimiento por la Paz.

Esta agenda fue ratificada por López Obrador ya como presidente electo.

“Fue un momento simbólico, porque eran los 50 años de la masacre del 68, y el encuentro se realizó en el Centro Cultural Tlatelolco (memorial para las víctimas de la masacre de estudiantes). Ahí expusimos los elementos fundamentales de la justicia transicional y él dijo ‘adelante’ (…) Pero, cuando asumió la Presidencia, esa agenda no estaba en su programa de gobierno”.

El concepto de justicia transicional implica distintos procesos que ayudan a los países que atraviesan altos niveles de violencia e impunidad, como México, a superarlos, explica Jacobo Dayán, académico, activista, defensor de derechos humanos y miembro del Movimiento por la Paz desde su surgimiento. 

“En países en los que los actos de violencia llegan a chorros, las fiscalías de justicia no tienen la capacidad de ‘reparar’ a las víctimas. Entonces, la justicia transicional lo que pretende es crear instituciones extraordinarias, temporales, que pueden durar 10, 20, 30 años, para despresurizar las instituciones ordinarias del Estado, para volver a generar el vínculo de confianza con la sociedad y para garantizar a las víctimas verdad, justicia, reparación y no repetición. Es por ello que se trabajó la agenda. La propuesta de López Obrador era anunciar esto en los primeros días de su gobierno”. Pero esto no ocurrió.

En enero de 2020, 14 meses después de iniciada la gestión de López Obrador, el Movimiento por la Paz volvió a salir a la calle; esta vez como respuesta a la masacre de nueve integrantes de la familia LeBarón, ocurrida en noviembre de 2019, en Chihuahua. 

“Salimos de Cuernavaca en una marcha hacia la Ciudad de México –recuerda Sicilia– para hablar con Andrés Manuel, para decirle: ‘¿Qué pasó con estos documentos, cómo vamos a trabajar? ¿Por qué nos diste la espalda? Aquí está lo que se trabajó y a esto te comprometiste, presidente’. Pero nos acusó de hacer el show, de que veníamos a dañar su investidura. Y no sólo eso: llegando al Zócalo nos esperaba, al estilo del viejo PRI, un grupo de choque con petardos”.

Efectivamente, López Obrador se negó a recibir a las víctimas. Pero dos meses después, el 29 de marzo de 2020, el presidente sí aceptó encontrarse con la madre del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, uno de los principales generadores de violencia en México, preso actualmente en Estados Unidos, y darle la mano.

Epílogo: la espera, la esperanza

Javier Sicilia dejó de escribir poemas en 2011, tras el asesinato de su hijo Juan Francisco.

“Dejar de escribir no es una protesta –dijo dos meses después del crimen–, eso se ha malentendido. Mi silencio se trata de algo más profundo: es una meditación, es un estar recogido, aguardando, porque aunque yo sé que mi hijo está en la resurrección del Padre, yo aguardo una resurrección aquí: la resurrección del país, que la violencia y la corrupción han deshecho”.

Diez años después, la espera sigue. 

“Espero que a partir de todos estos dolores del movimiento indígena, del movimiento feminista, del movimiento de víctimas de la violencia, podamos crear la agenda común que nos permita, con un lenguaje nuevo, un lenguaje poético, derribar la muralla de Andrés Manuel; como un acto de dignidad profundamente humana, profundamente enlazados con los dolores de la historia, y formar realmente un acontecimiento político que permita, otra vez, arrinconar al poder y hacer cambios”.

“Espero que estas enseñanzas acumuladas de lucha se queden en el inconsciente de la cultura y permitan volver a articular un movimiento político, que cree un nuevo pacto social”, una nueva forma de convivir.

Eso espera. “Pero una espera –lamenta– es menos que una esperanza”.

Esta investigación fue realizada por la Unidad de Investigaciones Periodísticas de la UNAM.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.