¿Cómo va a lidiar México con los 50 mil prisioneros que serán excarcelados?
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¿Cómo va a lidiar México con los 50 mil prisioneros que serán excarcelados?

Por el nuevo sistema de justicia en los próximos meses se espera que unos 50 mil prisioneros sean liberados. Aunque están acusados de delitos menores, organizaciones civiles temen un repunte en la violencia.
AFP
Por Alberto Nájar/ BBC Mundo
18 de octubre, 2016
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México vive un inédito proceso: desde hace algunos meses se libera paulatinamente a cientos de prisioneros, beneficiados con las reglas del nuevo sistema de justicia penal.

La gubernamental Comisión Nacional de Seguridad (CNS) estima que en los próximos seis meses entre 45.000 y 50.000 reos podrán alcanzar su libertad.

Son personas que enfrentan juicios por delitos no graves, o que fueron sentenciadas a penas menores por esa causa.

Las normas del Sistema de Justicia Penal Acusatorio, en vigor desde junio pasado, establecen que sólo los inculpados de delitos graves deben enfrentar los juicios en la cárcel.

Es una clara diferencia del anterior sistema penal donde la prisión preventiva se aplicaba a prácticamente todos, incluso quienes por hambre robaban un pan o una lata de atún.

Prisionero en una cárcel de México.Los beneficiarios del nuevo sistema oral de justicia serían los acusados de delitos menores, quienes pueden enfrentar un juicio en libertad.

Las liberaciones provocan controversia. Algunos como la organización Alto al Secuestro temen que reincidan muchos de los excarcelados.

Pero otros, como Guillermo Zepeda Lecuona, investigador del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), ven lejana esta posibilidad.

“En Chihuahua, donde esto ya se ha medido, sólo el 1,8% de los liberados ha regresado a delinquir“, explica a BBC Mundo.

Y de acuerdo con el comportamiento de las personas con ese perfil delictivo y que han sido liberadas, es previsible que la tendencia se repita a nivel nacional.

Presunto inocente

El principio básico del nuevo sistema judicial es que los acusados de cometer un delito son inocentes hasta que se pruebe lo contrario.

Esto, que en muchos países es normal, no ocurría en México, donde la mayoría de los jueces ordenaban el encarcelamiento del inculpado.

Uno de los argumentos más frecuentes era evitar la fuga de los procesados.

Internos de una prisión mexicanaEn la mayoría de las prisiones locales de México los internos conviven entre sí sin importar la gravedad de los delitos que cometieron.

Pero mediciones como las realizadas por el Instituto de Justicia Procesal Penal indican que los casos son muy pocos.

Sus datos muestran que el 95% de los liberados atienden las audiencias de sus juicios, y del resto sólo el 1% se fuga.

Sin embargo, durante décadas “se utilizó excesivamente la prisión preventiva”, le dice a BBC Mundo Mundo Layda Negrete, investigadora de la organización civil México Evalúa.

Así, miles fueron encarcelados sin necesidad.

“Metían a la persona seis meses a la cárcel por robar un panecillo y al final, cuando se dictaba la sentencia ya habían excedido la pena estando en prisión preventiva”, explica.

El investigador Zepeda Lecuona afirma que de las 97.000 personas en prisión preventiva para enfrentar un juicio, el 70% “robó menos de 2.000 pesos(US$102) y sin violencia”.

Los inculpados, si son sentenciados, reciben una condena menor a un año de cárcel que se conmuta por una multa de 800 pesos, unos US$41.

En cambio la investigación y captura del inculpado cuesta en promedio 12.000 pesos (US$615), y el proceso penal 14.000 pesos, unos US$717.

Isabel Miranda, activista mexicanaLa activista Isabel Miranda rechaza que los acusados en proceso bajo el anterior sistema puedan tener libertad por el riesgo de reincidencia delictiva.

Las dudas

Sin embargo, algunos como Isabel Miranda de Wallace, fundadora de la organización Alto al Secuestro, aseguran que aumentará la violencia con estas excarcelaciones.

El problema, dice, es que las prisiones mexicanas no rehabilitan a los internos, y en muchos casos los detenidos por primera vez están en contacto con delincuentes de alta peligrosidad.

Actualmente en las 386 prisiones estatales y federales del país existen 254.000 internos, según datos de la Secretaría de Gobernación.

Esos datos señalan que de las 372 cárceles de nivel estatal que hay en el país, en el 75% coexisten acusados de delitos comunes y federales, como la delincuencia organizada.

Por eso la preocupación de las organizaciones civiles. “Salen de las cárceles más capacitados para delinquir“, le dice Isabel Miranda a BBC Mundo.

El gobierno mantiene programas de rehabilitación social para los prisioneros.El gobierno mantiene programas de rehabilitación social para los prisioneros.

“Si sueltan a todos los que piden libertad de acuerdo a las nuevas reglas, indudablemente tendremos a 40 mil personas delinquiendo con más experiencia”.

La decisión de los jueces

¿Es posible que esto ocurra? Las autoridades creen que no. El nuevo sistema de justicia penal establece que los acusados de delitos graves no tienen derecho a solicitar su excarcelación.

Eso incluye a los vinculados a secuestros, homicidios, robo con arma o violencia, narcotráfico y otras formas de delincuencia organizada.

Pero además la última palabra la tienen los jueces, le dice a BBC Mundo Eduardo Guerrero, jefe del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social de la CNS.

“Le corresponde al Poder Judicial determinar si pueden salir estas 45.000 mil personas”, explica.

Pero reconoce que existe un problema con la rehabilitación de los prisioneros.

“Es algo que siempre se ha mencionado, que las cárceles son escuelas del crimen”, dice.

“No podemos negar que en muchas ocasiones esto pueda ser cierto, que una persona entre por un robo menor, tenga relación con secuestradores y al salir se convierte en secuestrador”.

Algunas prisiones con reos de alta peligrosidad son vigiladas de esta manera.Image copyrightAFP
Image captionAlgunas prisiones con reos de alta peligrosidad son vigiladas de esta manera.

En el caso de las prisiones federales la CNS tomó previsiones, asegura el funcionario.

Todos los secuestradores están recluidos en un solo centro penitenciario para que no tengan contacto con los primodelincuentes, y que al rato se especialicen en otras actividades de la delincuencia organizada”, asegura.

Al final es complicado impedir que los excarcelados reincidan en la delincuencia, reconoce.

“Hablar de si la gente va a salir de un centro penitenciario y volverá a reincidir es un muy complejo”, explica.

“Le corresponde a cada persona. Si delinquió y va seguirlo haciendo por más planes y actividades que le demos lo va a seguir haciendo”.

La raíz del problema

Parte de la polémica es la resistencia de las fiscalías para aceptar las nuevas reglas, subraya Layda Negrete.

En el anterior sistema era muy frecuente que los inculpados fueran encarcelados con sólo las pruebas -cuando existían- de la policía.

Para la mayor parte de las personas era suficiente para creer que se había hecho justicia, pero muy pocos se preguntaban si realmente los acusados eran culpables.

Prisioneros en una cárcel de Tulancingo, MéxicoCada juez tiene el poder de decidir si un reo puede quedar en libertad para seguir su proceso, lo que no está permitido en acusaciones de delitos graves.

Este abuso del encarcelamiento “ayudó a que las fiscalías sean lo que son ahora en México: incapaces de investigar, de prevenir delitos, o de generar protocolos de investigación en casos complejos”.

Pero además entre muchos ciudadanos se creó la idea de que su seguridad se garantizaba al enviar a prisión a todos, desde secuestradores hasta el que roba comida.

Y por eso protestan ahora que muchos inculpados enfrentan sus juicios en libertad.

“La gente dice: es mejor tenerlos guardados”, dice la investigadora. “Pero hay que analizar las tendencias de encarcelamiento con relación a la incidencia delictiva”.

“No sabemos si el crimen ocurrió porque hubo excarcelaciones o por la crisis económica”.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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