Acapulco homicida: el rico, el pobre y el más violento
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Acapulco homicida: el rico, el pobre y el más violento

Las funerarias se multiplican y los cementerios no alcanzan. Este puerto, antes sinónimo de placer ahora es el símbolo del fracaso a 10 años de la ‘Guerra contra el narco’: 50 bandas pelean por el territorio y hay al menos dos homicidios al día.
VICE News
Por Alejandra Sánchez Inzunza/VICE News
10 de noviembre, 2016
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La mañana en Acapulco comienza con un gendarme buscando una cabeza que supuestamente alguien dejó sobre un coche. Con dos militares vigilando cada escuela pública de la ciudad para que no maten o secuestren a algún maestro. Con otro policía municipal que despacha en un escritorio destartalado que protege con un par de escudos antibalas, porque por la madrugada, un comando disparó contra la comisaría.

Este 12 de octubre amanece con cuatro muertos, todos de las colonias más pobres y violentas del puerto. Dos de ellos fueron asesinados por culpa de una pelea que tuvo su padre. Un hombre que por la noche empezó a beber afuera de su casa y se enfrentó con un par de personas, que más tarde regresaron armados para matarlo, y al no encontrarlo, se vengaron con sus hijos.

Este día arranca con el puerto vacío, sin turistas y con un operativo nuevo, anunciado por el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, con más de 500 elementos de seguridad que blindan la costera para que no haya ningún muerto ahí. Esta mañana, Juan Díaz, quien me pide omitir su nombre real por su seguridad, reza antes de salir de casa: “Señora, que sea tu voluntad”. Si hay muertos, él tendrá más trabajo en la funeraria, pero no le desea la muerte a nadie.

Cada miércoles, Juan llega al Servicio Médico Forense (Semefo) de Acapulco a esperar que caiga algún cadáver. El 12 de octubre comía un bolillo de guisado y tomaba un café junto a policías, funcionarios y dos mujeres acostumbradas a alimentar a los ‘buitres’ —como se les suele llamar a quienes persiguen muertos—, cuando cayó el primero: “Una cabeza encima de un coche en la colonia Progreso”. Juan va detrás de la muerte. Pasa el día junto con otros ‘buitres’ esperando ‘onces’ para entonces acercarse a sus familiares, darles una tarjeta y ofrecerles sus servicios fúnebres.

Juan, que durante años vivió del turismo en Acapulco, ahora vive de los muertos.

Es 12 de octubre de 2016 en Acapulco, y este día acabará con ocho asesinatos. (Imagen por Jorge Dan López/VICE News).

Cuando era joven, este hombre compacto y carismático, trabajó de bartender en la noche acapulqueña, cuando el puerto más importante del estado de Guerrero era un animal turístico y en sus playas no había un sólo hueco libre para poner una toalla. Juan servía tragos en las discotecas más populares desde Palladium hasta Barba Roja. Vivía de la noche, del turismo estadounidense, de los springbreakers cuando Acapulco era la ‘gallina de los huevos de oro’ y había un poco para todos. Pero después de vivir como migrante en Estados Unidos, se encontró con una ciudad aterrorizada por la violencia.

El tradicional puerto, donde se filmó ‘Tarzán y el gran río’, es actualmente la ciudad más violenta del país y la cuarta a nivel mundial, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal. De acuerdo con cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), analizadas por VICE News, en 2015, 902 personas fueron asesinadas. Hasta septiembre de este año, la cifra llegaba a los 722; es decir 80 muertes en promedio mensual, más de dos al día.

No hay un sólo día, explica Juan, que no maten a alguien. Y los muertos ya no son sólo criminales, como justificaba el gobierno cuando empezó la ‘Guerra contra el narco’ en 2006, el año en que se desató en la violencia en Acapulco. Matan a taxistas, a maestros, a los chicos que venden autopartes de coches, a comerciantes que no pagan el derecho de piso como a la vendedora de jugos que mataron la semana pasada frente a una iglesia a unas cuadras de la costera Miguel Alemán. Y entre los delincuentes es común enviarse a los muertos en el peor estado posible: en bolsas, en neveras, por partes o amordazados con algún mensaje.

‘Seguro están matando a alguien ahora mismo’.

Esta mañana, al llegar a la esquina donde supuestamente está una cabeza sobre un coche, no se ve nada. El primer muerto del día no existe. “Seguro están matando a alguien ahora mismo. Suelen hacer estas llamadas anónimas para despistarnos”, grita el oficial Nieto, uno de los gendarmes, mientras mira hacia todos lados en busca de un cadáver. En Acapulco, sólo 10 por ciento de las llamadas al 066, el número de emergencia, son reales.

Una docena de personas recoge sus vales de despensa Liconsa enfrente del lugar del supuesto homicidio y el dueño del coche se acerca a abrir la cajuela sin entender de qué se trata el alboroto. Este día acabará con ocho asesinatos, uno de ellos descuartizado y tirado en la calle en seis extremidades.

Mientras Nieto busca una cabeza o un cuerpo, sus compañeros se pasan el celular unos a otros. Uno ríe, otro cierra los ojos. “No lo veas porque te vas a asustar”, me dice uno de ellos. El vídeo muestra a unos jóvenes desollando a una persona. Le quitan el rostro con un cuchillo, le cortan los brazos y la víctima solo se retuerce. Cuando empieza a gritar, le ponen un palo en la garganta. Los jóvenes escuchan reggaetón y se ríen a carcajadas como si le estuvieran haciendo una broma a un colega.

Juan, el trabajador de la funeraria, se va al ver que el primer asesinato del día es una falsa alarma. Regresa a la base donde también varias familias van a buscar a sus desaparecidos. A veces atrapa a algún cliente. Pasa el día viendo su celular, en espera de un mensaje en sus múltiples grupos de Whatsapp para saber donde caerá el próximo muerto.

Esta es una postal del Acapulco más turístico, rodeado de complejos hoteleros para distintas clases sociales. (Imagen por Jorge Dan López/VICE News).

Los Acapulcos

Visto desde una postal, Acapulco es una playa inmensa, rodeada por acantilados y una selva tupida, donde los clavadistas entretienen a cientos de turistas y mujeres toman el sol o disfrutan de atardeceres de colores. En los periódicos, Acapulco es una suma de cuerpos inertes y descuartizados abandonados en las calles alejadas de la costera. En Google Earth, Acapulco es una ciudad dividida por distintos mundos con barreras geográficas bien definidas.

Está el Acapulco tradicional, el de la Quebrada, el centro y los barrios tradiciones que definieron a la ciudad hace 50 años; el Acapulco dorado, lleno de grandes hoteles, bares y discotecas, a donde llegaban los springbreakers; está el Acapulco Diamante, el exclusivo, con arena importada de Cancún, al que sólo va la élite; el Acapulco urbano, una ciudad hacinada, donde decenas de barrios pobres rodean este paraíso turístico y el Acapulco suburbano, que es un conjunto de favelas, con mayor hacinamiento, con lugares como Ciudad Renacimiento, que hasta hace poco era la favela más grande de América Latina y, por último, está el Acapulco rural, donde la ciudad creció sin orden alguno, y donde los habitantes entierran a sus muertos en panteones ejidales que cada vez tienen menos espacio. Wikipedia solo ubica los primeros tres. Cada persona hablará de distintos mundos.

Nelson Matus es una especie de ‘buitre’ diferente a Juan. Si bien los muertos no le dan dinero, le dan clics. Es fundador de Lo Real de Guerrero, un blog especializado en cubrir la violencia en el estado y principalmente en Acapulco, el municipio más grande con más de 800.000 habitantes. Para Matus, sólo existen dos Acapulcos: el rico y el pobre. El turístico y el violento. El de antes y el de ahora. Ahí detrás de la costera, donde un militar se confunde con las tradicionales ranas verdes del Señor Frogs, la seguridad apenas llega.

Los militares están por todas partes, aquí un elemento es captado en la entrada del restaurante Señor Frogs. (Imagen por Jorge Dan López/VICE News).

Él vive en el Acapulco suburbano, en la colonia Zapata, una de las más violentas de la ciudad. “Yo vivo en el Acapulco olvidado, en el de los pobres. De la cima para allá es de los ricos, y de la cima para allá ¡que Dios te ayude! Solo las águilas ponen sus nidos”.

Matus, que duerme unas cinco horas al día o menos, pasa día y noche recorriendo la ciudad en su ‘vocho’ (VW) azul buscando cadáveres. El periodista, que durante años trabajó en el periódico Alarma —de corte amarillista—, se hizo nombre con los muertos. Su popularidad aumentó con la violencia. Era de los primeros en llegar y siempre tenía las fotografías más detalladas de la escena del crimen, el mayor acercamiento a la maldad. En una vieja mesa en la estación de bomberos, despliega diversas ediciones de Alarma, mostrando sus exclusivas: “Cabezas frías”, “Quebrantahuesos”, “Estrangulan a bella dama”, “Por mayoreo 12”, “Péndulo macabro”. Su colección es la historia de horror de Acapulco.

“Ahora está un poco más tranquilo. Antes (entre 2010 y 2014) tenía hasta 25 ‘eventos’ al día. Ahora hay un poco menos”, asegura este hombre que sólo bebe sidra en Navidad y que nunca va al cine porque pierde la señal de su celular. Un día antes de la entrevista, tanto periodistas como policías le preguntaban dónde estaba el muerto. Antes de que se haga el reporte oficial, mientras forenses, policías municipales y periodistas intentan enterarse de dónde han asesinado a alguien, Matus ya lo sabe. Casi medio millón de personas le sigue en Facebook y por ahí le dan tips, la mayoría certeros, sobre lo que ocurre en la ciudad.

“Todo el día me están escribiendo, confían más en mi que en el 066” dice el periodista con una voz gangosa mientras me enseña los mensajes que recibe en su celular. Le avisan sobre un cuerpo abandonado en una esquina, hasta el olvido de una cartera en un taxi. En uno de los municipios más impune del país, donde solo se resuelve uno de cada 10 casos, la gente prefiere hablar con un periodista que denunciar a la policía. Los distintos Acapulcos nutren su página y los lectores siguen dando clics.

El periodista Nelson Matus trabajó durante años en Alarma, ahora tiene un blog en el que reporta homicidios. (Imagen por Jorge Dan López/VICE News).

Sin libertad en casa

Ana vive en Acapulco, pero sólo una vez al año va a la playa. Vive en la parte más alta, en La Sabana, un barrio popular en la periferia de la ciudad, donde suele haber cortes de agua y apenas llega el transporte público. La Sabana tiene muchas salidas y en sus cerros, se han establecido varias bandas del crimen organizado. Roberto Álvarez, vocero del gobierno estatal en materia de seguridad, afirma que en la ciudad operan al menos 50 bandas alineadas bajo el Cártel de los Beltrán Leyva o del Cártel Independiente de Acapulco (CIDA). Desde que Felipe Calderón decretó la guerra contra el narcotráfico hace 10 años, los grupos han ido mutando hasta quedar sólo estos dos con decenas de bandas volátiles formadas por integrantes cada vez más jóvenes.

En uno de los videos más populares que circularon en la red hace unas semanas, tres chicos bajan de un taxi en la colonia Progreso, dos de ellos salen y disparan. En menos de un minuto, asesinan a tres vendedores de autopartes. Después del último disparo llega otro taxi y los sicarios se van. Este es el modus operandi en gran parte de los homicidios en Acapulco. Casi siempre conducen un ‘vocho’ blanco, como los taxistas, que son de las principales víctimas de la extorsión y los asesinatos.

Ana recuerda cuando uno de sus vecinos era un niño y jugaba a las afueras de su casa. Ahora vende droga, va armado y siempre viste con ropa de marca. Ella baja la mirada cada vez que se lo encuentra. Su barrio se ha llenado de ‘halcones’ , sicarios y traficantes. “Ellos se compran tenis con lo que yo gano en un mes”, dice esta mujer, cuyo nombre pide mantener en anonimato por miedo a sus propios vecinos.

Para llegar de su casa a Diamante, Ana hace más de dos horas y gana 250 pesos al día por limpiar una villa de lujo en el Mayan Palace. Tiene que regresar antes de las 5 de la tarde. A partir de esa hora, hay una especie toque de queda en el que nadie sale a la calle. El mercado y los comercios aledaños cierran a las 4, los autobuses ya no suben a La Sabana. A esas horas es común ver coches con pistolas y rifles por fuera. Cuando escucha balazos, Ana les dice a sus tres hijos que se escondan debajo de la cama. “No me siento libre en mi propia casa”, dice la señora, bajita y corpulenta; de su cara destacan cinco lunares. En la parte más alta del cerro, los asesinos suelen tirar cuerpos que muchas veces nadie encuentra.

‘Da igual si vendes jitomates, calabazas o tienes un taxi, todos tienen que pagar (al narco)’

A su padre, un líder de la flotilla Coloso, una de las llamadas “rutas alimentarias”, es decir, sitios de taxis que alimentan el transporte en las zonas más alejadas de la ciudad, lo mataron hace seis años por no pagar la extorsión. Todos, dice Ana, están extorsionados. “Da igual si vendes jitomates, calabazas o tienes un taxi, todos tienen que pagar”. Cuando su padre murió, se enteró de que él ya pagaba ‘piso’ a un grupo del crimen organizado, pero después, con la disputa de territorio y proliferación de las bandas criminales, otro grupo también le empezó a cobrar. “El quería pagarles, pero no había dinero”, dice Ana en el centro comercial Sendero, donde se encontraron 15 cuerpos decapitados en 2011.

Ese es el círculo vicioso en el que se encuentra Acapulco. No hay dinero porque no hay turismo, no hay turismo porque hay violencia, hay violencia porque no hay dinero. Tras la muerte de Arturo Beltrán y la detención de Héctor Beltrán Leyva, líderes del cártel que lleva sus apellidos, Acapulco, que ya era un punto clave para la distribución y consumo de drogas, se convirtió en un regadero de pólvora. Miembros de ese mismo cártel y otras bandas, comenzaron una disputa interna y se atomizaron por el control del territorio y el mercado. Actualmente, afirma el vocero del gobierno Roberto Álvarez, el mayor problema es la extorsión de los nuevos grupos criminales, sobre todo en las zonas más pobres de la ciudad. “Diamante es otro mundo, está cuidado. Yo soy del Acapulco jodido”, agrega Ana, quien sueña sin esperanzas vivir en el Acapulco Diamante con sus hijos. Mientras tanto, en su realidad, sólo reza cada vez que regresa a su casa: “Diosito déjame llegar”.

Un búnker en la playa

Desde niña, Mariana Castillo solía vacacionar en Acapulco. Sus padres compraron hace más de 25 años un departamento en Playamar, un condominio de lujo con vista a la playa con todos los servicios incluidos. En su adolescencia, solía ir los fines de semana a descansar por el día, y por la noche salía a discotecas como El Alebrije, El Clásico y el Baby’O. Todas las vacaciones las pasaba ahí. Pero ahora, cada vez que va no sale de su casa. “Nos encerramos todo el fin de semana, ya ni siquiera vamos a la Isla porque quien sabe qué pueda pasar”, explica esta joven rubia, que nunca ha visto un muerto, pero escucha constantemente de ellos.

Diamante, un Acapulco parecido a Miami, con cuatro campos de golf, centros comerciales con las mejores marcas y hoteles de lujo como el Princess, donde murió el multimillonario Howard Hughes, es un oasis decadente al que la violencia llega aunque en menor medida que a los otros Acapulcos.

A un amigo de Mariana lo secuestraron en la carretera federal cuando venía de la ciudad de México. Le vendaron los ojos, lo pasearon durante el fin de semana, le quitaron su camioneta y su familia tuvo que pagar 70.000 pesos por su rescate. “Por eso, ya ni siquiera vamos al súper. Compramos todo desde DF e intentamos no parar al baño en la carretera”, señala Mariana. Esta es la lógica que siguen cientos de turistas mexicanos al ir a Diamante. Para disfrutar de Acapulco es mejor no salir del hotel.

‘Nos encerramos todo el fin de semana, ya ni siquiera vamos a la Isla (centro comercial)’.

Diamante es la zona de los ricos. Aquí Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán tenía una casa exclusiva que valía 500.000 dólares y que después de ser incautada por las autoridades, es ahora un hotel boutique conocido como Casa Acapulco. La inseguridad, sin embargo, bajó las ventas hasta en un 15 %, según la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios. Entre 2000 y 2005, un departamento de lujo de dos recámaras se vendía en más de un millón de dólares, ahora se puede conseguir por unos 650.000 dólares.

Durante los tiempos de mayor violencia en el puerto, 2011 y 2012, respectivamente, Mariana Castillo no pisaba Acapulco. “Era una locura, secuestraban, robaban, la gente se encontraba muertos en la calle”, dice esta ama de casa. Con un sistema criminal completamente anárquico, la violencia en Acapulco fue contagiando incluso a sectores de la población nunca antes pensados. Un grupo de estudiantes del Instituto Tecnológico de Acapulco operaba una banda, por cuenta propia, que secuestraba y asesinaba a otros jóvenes. Según familiares de las víctimas, “la banda de los Kaori”, ocho hombres y una mujer de entre 18 y 23 años, llegó a secuestrar a casi 40 jóvenes y pedía rescates por hasta 800.000 pesos. “Ahora, al menos, uno se puede encerrar y estar ajeno a esa realidad horrible”, indica Mariana, quien suele tomar un par de cervezas mientras lee un buen libro en la playa.

En la ciudad portuaria es común ver gente haciendo su actividad cotidiana rodeada de elementos del Ejército. (Imagen por Jorge Dan López/VICE News).

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Andrea Taylor

`La distribución desigual de vacunas entre países ricos y pobres significará que el virus continuará propagándose y mutando'

La investigadora Andrea Taylor cree que, de continuar el actual sistema de distribución de las vacunas, el virus podría seguir mutando, haciendo inefectiva la inmunización y produciendo consecuencias devastadoras.
Andrea Taylor
4 de febrero, 2021
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La carrera global por una vacuna contra el COVID-19 ha sido, probablemente, una de las más decisivas y frenéticas de nuestro tiempo.

En menos de un año, farmacéuticas, gobiernos, aerolíneas, centros de investigación y empresas de todo el mundo se han unido en un esfuerzo en común para materializar una inyección que se ha vuelto la última esperanza para salir del oscuro túnel de muertes, contagios y confinamientos que se ha sacudido el mundo de un extremo a otro.

Sin embargo, ahora que varias vacunas han comenzado a distribuirse y las autoridades sanitarias de numerosos países se esfuerzan en administrar el mayor número de dosis posible a su población, los expertos han comenzado a alertar que en esta nueva carrera los mayores beneficiados no serán, necesariamente, quienes terminen primero.

Y es que según un estudio que realizó la Universidad de Duke en Estados Unidos y que se volvió referencia en el tema en los últimos meses, la forma en la que se distribuyen actualmente las vacunas supone otro grave peligro de salud pública a nivel mundial.

La situación, de alguna forma, reproduce el actual sistema global: los países más ricos han comprado ya la mayor cantidad de vacunas que se producirá este año, mientras los más pobres no tendrán dosis para administrar incluso ni a sus poblaciones más vulnerables.

Como resultado, se estima que cerca del 90% de las habitantes en casi 70 países de bajos ingresos tendrán pocas posibilidades de vacunarse contra el COVID-19 en 2021.

Mientras, otras naciones, como Canadá, ya han comprado suficientes dosis para vacunar cinco veces a su población.

Número de dosis compradas por países. . .

Los expertos temen que, de continuar como va el actual sistema de distribución, el virus podría seguir mutando, hacer inefectivas las actuales vacunas, además de producir consecuencias económicas, políticas y morales devastadoras.

Para analizar este tema en BBC Mundo conversamos con Andrea Taylor, quien dirige la investigación del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke que rastrea la distribución de vacunas a nivel global.

El proyecto, denominado Launch and Scale Speedometer, analiza datos globales sobre vacunas y terapias para combatir la pandemia y sus hallazgos se han vuelto un llamado de alerta entre políticos, académicos y expertos en salud pública.


¿Cuáles fueron los principales hallazgos de este proyecto que dirigió sobre la distribución global de vacunas?

Analizamos los datos disponibles públicamente de las compras de vacunas contra el COVID-19 para comprender mejor la asignación de vacunas en todo el mundo.

Lo que descubrimos es que los países ricos han comprado la mayor parte, mientras que los países más pobres luchan por obtener suficientes vacunas para cubrir incluso a sus poblaciones más vulnerables.

Identificamos estas brechas por primera vez en octubre de 2020 y aún no las hemos visto cerrarse, lo cual es muy preocupante.

¿Cómo se llegó a este punto?

Los países ricos aprovecharon su poder adquisitivo e inversiones en el desarrollo de vacunas para obtener un lugar en primera fila y luego compraron la mayoría de las vacunas antes que otros países.

Los países de ingresos altos tienen el 16% de la población mundial, pero actualmente cuentan con el 60% de las dosis de vacunas que se han vendido.

Vacuna

Getty Images
Conseguir una vacuna con efectividad probada no será suficiente para detener la pandemia, pues hará falta garantizar su distribución.

Debido a que la capacidad de fabricación global es limitada, esto deja menos dosis para todos los demás, al menos a corto plazo.

Los países de ingresos medianos y bajos no pudieron realizar compras de gran volumen o comprar vacunas cuando el riesgo de falla aún era muy alto, por lo que no obtuvieron acceso prioritario. Estos países están claramente en peligro ahora.

La principal preocupación es que los países de ingresos bajos y medianos simplemente no tendrán suficientes vacunas y que las personas que viven en países ricos estarán protegidas mientras el virus se propague en los países más pobres.

Si se desarrolla de esta manera, todos sufriremos más, tanto en términos de impacto sanitario como económico.

En ese sentido, hace semanas, la Organización Mundial de la Salud advirtió que el mundo se enfrentaba a un “fracaso moral catastrófico” debido a las políticas desiguales de vacunación contra el covid-19. ¿Cuáles son los principales riesgos a nivel global de la forma en que se venden y distribuyen actualmente las vacunas?

La distribución desigual de las vacunas es peligrosa para todos. Ciertamente es un fracaso moral, pero también nos enfrentamos a resultados económicos y de salud catastróficos.

Provocará muchas más muertes en todo el mundo, especialmente entre nuestros vecinos más vulnerables.

Pero también significa que el virus continuará propagándose y mutando, aumentando el riesgo de que nuestra lista de vacunas no cubra eficazmente nuevas cepas.

La sede de la OMS en Ginebra

Reuters
La OMS ha advertido que solo un esfuerzo coordinado mundial para eliminar la amenaza del SARS-CoV-2.

Si los países ricos vacunan a sus poblaciones, mientras permiten que el virus se propague a otros lugares, es posible que descubran que no están protegidos de las cepas más nuevas que surjan.

También devastará nuestras economías.

Los modelos recientes muestran que si los países ricos vacunan a sus poblaciones antes de garantizar el acceso a los países más pobres, la devastación económica costará entre US$1,5 y US$9,2 billones y al menos la mitad caerá sobre los países ricos.

Algunos de los países que tendrían que esperar años para vacunar a toda su población son ahora algunos de los lugares donde muchas vacunas se están sometiendo a ensayos clínicos. ¿Cómo entender esta aparente contradicción?

Desde el principio quedó claro que las naciones de ingresos medios y bajos iban a tener dificultades para llegar al frente de la fila para comprar vacunas.

Vimos países que aprovechaban tanto la capacidad de fabricación como la infraestructura de ensayos clínicos para intentar conseguir ofertas de vacunas.

Una enfermera prepara una dosis de la vacuna CoronaVac, de Sinovac en Ankara, Turquía.

Reuters
Muchas naciones pobres tendrán que esperar hasta incluso 2024 para vacunar a toda su población contra el coronavirus.

Líderes de varios países nos dijeron que estaban trabajando para atraer ensayos clínicos con la esperanza de que les ayudara a negociar un acuerdo de suministro con el desarrollador de la vacuna.

En algunos lugares esta estrategia tuvo éxito, pero en otros no.

Es el caso de América Latina, donde también hemos visto muchos gobiernos que tomaron la decisión de comprar algunas vacunas (como la rusa o la china), incluso cuando los procesos de ensayos clínicos y resultados estaban siendo cuestionados por expertos en salud pública. ¿Podría la falta de acceso a otras vacunas aprobadas y más seguras llevar a los países menos desarrollados a administrar dosis que no se han probado a fondo?

Los líderes de estos países están tomando decisiones de salud pública muy difíciles y el cálculo cambia cada semana, a medida que cambia la carga de morbilidad y se descubren nuevas variantes.

Hace unos meses, escuchábamos a líderes de muchos países menos desarrollados decir que no aceptarían una vacuna sin datos sólidos de eficacia.

Más recientemente, estamos viendo que estos mismos países compran vacunas que no han publicado datos sólidos, pero que pueden estar en un avión dentro de las 24 horas posteriores al cierre del trato.

Por supuesto, esto es un riesgo y no es una opción tan buena como usar una vacuna que ha sido revisada y aprobada rigurosamente por una autoridad reguladora estricta.

Pero si su elección como líder está entre algo y nada, probablemente algo sea mejor.

Por otra parte, están los reportes de países como Canadá o Estados Unidos, que han comprado dosis suficientes para vacunar a toda su población varias veces. ¿Cuál es la lógica detrás de este “acaparamiento”?

Muchos países ricos compraron suficientes vacunas para cubrir muchas veces a sus poblaciones. Esto tenía sentido en el mundo en el que vivíamos hace 6 meses, porque aún no sabíamos cuál de las vacunas candidatas, si es que había alguna, llegaría al mercado.

La mayoría de los países ricos compraron dosis de múltiples candidatos con la esperanza de que si uno o dos de ellos llegaban al mercado, tendrían una cobertura de su población del 100%.

Dosis de vacunas en una fábrica.

Getty Images
Se espera que el plan Covax se ponga en marcha en febrero.

Al final resultó que las vacunas contra el covid-19 han tenido éxito más allá de las expectativas.

Ya tenemos algunas en el mercado y otras más saldrán en los próximos meses.

En realidad, ningún país rico tiene dosis de vacunas adicionales en esta etapa, pero sí se han reservado los espacios de fabricación prioritarios para 2021 para la mayoría de las vacunas contra el covid-19.

Esto significa que los países que realizan compras ahora pueden tener que esperar meses o incluso un año más.

Una de las alternativas para esta situación es Covax, el esfuerzo global que involucra tanto a países ricos como a otros menos desarrollados para un acceso equitativo a las vacunas contra el covid-19. ¿Cuáles serían los principales desafíos que enfrenta esta propuesta?

El principal desafío al que se enfrenta Covax es el tiempo.

Si bien la iniciativa ha tenido éxito en la compra de vacunas, garantizar la entrega en paralelo con el lanzamiento de la vacuna en las naciones ricas es mucho más difícil.

Las naciones de ingresos medios y bajos que cuentan con Covax como una parte importante de su estrategia de vacuna necesitan las dosis ahora, pero gran parte de los espacios de fabricación prioritarios ya han sido reservados por países ricos que hicieron acuerdos bilaterales.

También es importante señalar que Covax es necesario pero no suficiente.

Con una cobertura de población del 20%, es una pieza fundamental de la solución, pero los países pobres seguirán enfrentando brechas masivas en el acceso a las vacunas.

Tenemos que preocuparnos por la cobertura de población restante del 40-50% necesaria para alcanzar la inmunidad colectiva en estos países.

Supongamos que soy el primer ministro de una nación muy rica. ¿Qué argumento me daría para convencerme de que no debería comprar dosis suficientes para vacunar a toda mi población, porque al hacerlo, otros países menos desarrollados no tendrán acceso a esa vacuna? ¿Por qué debería preocuparme por ellos en lugar de vacunar a todos mis conciudadanos?

Realmente es un argumento de autoconservación. Al asegurarte de que otros países también tengan acceso a la vacuna, está garantizando el éxito de la tuya.

Los líderes de los países ricos deben asegurarse de que sus poblaciones estén cubiertas lo más rápido posible y se consideraría un fracaso masivo si no lo hicieran.

También deben garantizar que todos los países tengan acceso a las vacunas al mismo tiempo para cubrir a sus poblaciones más vulnerables, lo que ayudaría a proteger los servicios de salud y de emergencia y reducir las muertes.

Una mujer es vacunada contra el coronavirus en Rusia.

Reuters
La mayoría de naciones que han comenzado la vacunación son países de altos inresos.

Los modelos recientes demuestran que no hacerlo probablemente devastará las economías de las naciones ricas y creará una situación en la que nunca estaremos libres de este virus.

Muchos países, incluidos Canadá, Reino Unido y el bloque de la Unión Europea, han declarado su compromiso de donar el exceso de dosis a otros países, pero el momento en esto realmente importa.

Los líderes de los países ricos deben comenzar a donar dosis a los países más pobres sin dejar de vacunar a sus propias poblaciones.

Noruega ha liderado esto y ha declarado que donará dosis en paralelo con el lanzamiento de su propia vacuna.

Los líderes de los países ricos deberían elegir mejores resultados a largo plazo a riesgo de pérdidas políticas a corto plazo y encontrar formas de transmitir la importancia y los beneficios de esto a sus poblaciones.

Esto requiere un liderazgo más fuerte del que hemos visto hasta ahora pero, sin él, incluso los ciudadanos de los países ricos saldrán mucho peor.


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