Cómo un aprendiz estadounidense de Carlos Slim empezó a arrebatarle negocios en México
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Cómo un aprendiz estadounidense de Carlos Slim empezó a arrebatarle negocios en México

En el imperio de la telefonía celular del mexicano más rico del mundo empiezan a aparecer fisuras. No es sólo la regulación del Estado, sino por una estrategia de negocios que Randall Stephenson aprendió hace dos décadas trabajando cerca de Slim.
Por BBC Mundo
11 de noviembre, 2016
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Es bastante probable que cuando Randall Stephenson empezó a trabajar en 1982 en su Oklahoma natal para la Southwestern Bell Telephone Company no imaginó que terminaría aprendiendo a hacer negocios de la mano de Carlos Slim para luego competir con él.

Pero lo cierto es que el actual presidente del gigante de telecomunicaciones estadounidense AT&T observó de cerca al mexicano más rico del mundo, porque su compañía lo envió cuatro años a Ciudad de México en la década de 1990.

Tan de cerca que se convirtió en su aprendiz y con los años se volvió una amenaza para el negocio de la telefonía celular que Slim que se acostumbró a dominar por paliza durante décadas. Fueron buenos amigos y la historia ahora es otra. Son competidores.

Con los cambios en las regulaciones en México y la irrupción en el país de la compañía de Stephenson en el mercado de la telefonía celular, el liderazgo incontestado de América Móvil, compañía de telefonía dueña de Telcel, la mayor operadora de México, y también propiedad de Slim, empezó a mermar. Muy lentamente.

Aún faltan años para que la compañía deje de ser el jugador dominante. Sin embargo, la presencia de la empresa de telecomunicaciones más grande de América del Norte, ya empezó a cambiar el juego.

Con este escenario, los consumidores comienzan a sentir algunos beneficios de una competencia a la que no estaban acostumbrados.

Experiencia

Stephenson llegó a México en 1995, a los 35 años, como representante de Southwestern Bell, la compañía que había adquirido Teléfonos de México (Telmex) junto con France Telecom y el Grupo Carso, en manos de Slim.

Carlos SlimImage copyrightAFP
Image captionLa competencia con Carlos Slim, invitado en el casamiento de la hija de Stephenson unos años antes, está servida.

Al final quien varias veces fuera el hombre más rico del mundo según la revista Forbes, se quedó con el control de la empresa mexicana de telecomunicaciones. Y fue así que Stephenson trabajó junto a Slim, quien ahora tiene 76 años.

Se hicieron amigos y tomó un hábito del mexicano: mantener una lista de las potenciales empresas a comprar. Lo imitó, y sigue con la costumbre de revisar la suya para no perder de vista sus objetivos.

Desde que Stephenson, de 56 años, se convirtió en 2001 en director financiero de AT&T -es director ejecutivo desde 2007-, la compañía ha realizado compras por más de US$200.000 millones.

La última, a la espera de aprobación por los reguladores, fue la anunciada semanas atrás: adquirir el grupo de entretenimiento Time Warner, con lo que controlaría las cadenas de televisión HBO y CNN, además del estudio de cine Warner Bros y otras empresas.

“Ahora va a ser un competidor”

“Aprendí mucho de Carlos (Slim) y, obviamente, Carlos y yo hemos hablado y él es un amigo muy querido, pero ahora va a ser un competidor, nosotros reconocemos eso y nos vamos”, dijo Stephenson en mayo de 2014.

Barack Obama y Randall StephensonImage copyrightGETTY IMAGES
Image captionDesde que Stephenson, de 56 años, se convirtió en 2001 en director financiero de AT&T -es director ejecutivo desde 2007-, la compañía realizó compras por más de US$200.000 millones.

En ese momento, AT&T anunció que vendería su participación del 8,4% en América Móvil, la mayor fuente de ingresos de Slim que absorbió a Telmex en 2011, y retiraría a sus miembros del consejo de la empresa para evitar conflictos de interés.

¿El objetivo? Estar más suelto de manos para elaborar una estrategia más agresiva. En noviembre de 2014 adquirió la compañía mexicana de telefonía celular Iuascell, y a comienzos del año siguiente, Nextel.

La competencia con Slim, invitado en el casamiento de la hija de Stephenson unos años antes, estaba servida. En una entrevista que el estadounidense le dio a la agencia financiera Bloomberg recientemente explicó que no han estado en contacto desde la boda.

“Echo de menos al tipo”, afirmó. “Mira, tienes personas en tu vida que son endiabladamente inteligentes y grandes empresarios, y quieres estar a su alrededor. Aprendes mucho de gente como esa. Para tener uno del que no puedes estar cerca, por supuesto, lo echas de menos“.

Un nuevo jugador

Fue en agosto del año pasado que AT&T México fue formalmente lanzada. El director de la compañía en México, Thaddeus Arroyo, señaló en 2015 que el objetivo era liderar el mercado en 10 años.

El propio Stephenson se reunió con el presidente mexicano Enrique Peña Nieto en junio y anunció planes para invertir US$3.000 millones para 2018 para expandir el servicio de telefonía celular en el país, que se suman a los US$4.400 millones que destinó para desembarcar en el país con la compra de las dos telefónicas.

Los efectos de esas inversiones se empezaron a sentir. AT&T superó, de acuerdo a una investigación de la firma OpenSignal, a Telcel en la disponibilidad de redes 4G en el país -un mercado apetitoso y lucrativo- y en velocidad de descarga.

Carlos SlimImage copyrightAFP
Image captionSi en Argentina hay 160 líneas de celular por cada 100 habitantes, en Chile 150 y en Brasil 130, en México son 90.

Pero aunque se haya registrado un crecimiento de la compañía estadounidense, Ernesto Piedras, director de la consultora The Competitive Intelligence Unit (CIU), advierte en conversación con BBC Mundo que todavía el mexicano se trata de un mercado de “muy acotada competencia”.

“Mucha gente cree que se está enfrentando al tú por tú Telcel y AT&T”, señala pero recuerda que en cantidad de clientes, la compañía de Slim todavía tiene una ventaja sustancial: 73 millones, contra los 26 millones de la española Telefónica y los 11 millones de AT&T.

“Es un mercado muy desproporcionado”, apunta.

De fondo está un elemento central de una de las reformas bandera de Peña Nieto: la de las telecomunicaciones. No puede, establece la ley en vigor desde julio de 2014, haber empresas con más del 50% del mercado.

Telcel cuenta con siete de cada diez líneas de telefonía celular y al ser considerado un Agente Económico Preponderante (AEP) está expuesto a una serie de regulaciones especiales.

Torre Telmex.Image copyrightGETTY IMAGES
Image captionSlim se quedó con el control de la compañía mexicana de telefonía.

Telcel debe eliminar las comisiones que cobraba a los competidores por las llamadas que entraban a su red mientras que sus rivales pueden seguir cobrándole cuando sus usuarios se comunican con los clientes de esas empresas.

La empresa de Slim también está obligada a compartir su infraestructura, como las torres de comunicación, aspecto este último que todavía no cumple.

Esto, sumando a la fuerte inversión de AT&T, ha hecho que la firma estadounidense haya incrementado su cuota de mercado un 32,2% en el último año. En ese mismo período Telefónica creció 9,2% y Telcel cayó 0,3%.

El futuro

El analista Piedras considera que Telcel mantendrá en el corto plazo la preponderancia en el mercado, pero prevé que la situación cambie en cuatro o cinco años cuando espera que Telcel quede con el 45% de los usuarios,

Otro de los aspectos a considerar es que, a diferencia de otros mercados en América Latina, el mexicano todavía tiene un potencial de crecimiento y de ahí la importancia de la nueva competencia en el país. Si en Argentina hay 160 líneas por cada 100 habitantes, en Chile 150 y en Brasil 130, en México son 90.

“Falta que se vendan 30-40 millones de líneas más, ese segmento lo viene capturando con mucha efectividad AT&T y Telefónica también y en menor proporcione Telcel”, señala Piedras.

Personas usando celulares en MéxicoImage copyrightAFP
Image caption“Falta que se vendan 30-40 millones de líneas más”, comenta un analista del sector.

El costo de las llamadas, por ejemplo, bajó entre 15% y 20% en el período diciembre 2014 – agosto 2015, pero no todas son buenas noticias en el mercado de la telefonía celular.

“Hasta ahora se ha beneficiado bastante (el usuario), ha sido un efecto positivo pero todavía quedan usuarios que ni siquiera están adentro del sistema“, explica a BBC Mundo Efrén Páez, analista de Mediatelecom Policy & Law.

“La reforma, si bien está creando competencia en áreas ya cubiertas”, agrega, “aún queda buena parte del país desconectada, ese sería el reto del gobierno y de los operadores”.

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Quién vigila la radiación del 5G (y cuáles son sus verdaderos riesgos)

Esta nueva tecnología regresa el eterno debate sobre los efectos sobre la salud de las radiaciones electromagnéticas. Estos, sin embargo, son descartados por todas las agencias internacionales.
27 de octubre, 2020
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Seúl

Getty Images
Corea del Sur ya tiene una red 5G en todo el país.

Decenas de antenas, dispositivos bluetooth y cientos de teléfonos móviles nos rodean e irradian cada día. Por no hablar de la telefonía 5G que, al parecer, acabará con la vida en la Tierra. ¡Tanta radiación no puede ser buena!

¿Quién controla los niveles de exposición y los posibles efectos sobre la salud?

Percepción del riesgo

Los campos electromagnéticos están presentes en la naturaleza desde antes de la aparición del ser humano. La luz solar, los rayos cósmicos, las tormentas y la radiación natural terrestre son fuentes de exposición a estos campos.

A mediados de los años 90, se comenzaron a desplegar las redes de antenas de telefonía móvil. Aunque se hacían con estándares técnicos internacionales, que ya tenían en cuenta la protección de la población, no se ofreció la suficiente información al respecto.

A pesar de una reacción rápida por parte de organismos, operadoras y expertos, la percepción de riesgo se instaló entre los ciudadanos. También caló en instituciones, administraciones locales y asociaciones.

Así, se produjo una situación paradigmática. Por un lado, el rechazo a las antenas era un fenómeno global. Por el otro, crecía la demanda universal del servicio.

Ilustracion 5G

Getty Images
La red 5G es mucho más que la mejora de la red 4G.

La OMS parece tenerlo claro

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Unión Europea fueron conscientes a principios de los 2000 de esa carencia y de la necesidad de dar respuesta a una inquietud y percepción social del riesgo asociado a la telefonía móvil.

Aunque esta percepción e inquietud estaban sobredimensionadas.

A pesar de los esfuerzos realizados para informar y tranquilizar a la población, la OMS reconoció en 2006 que “algunas personas consideran probable que la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia entrañe riesgos y que éstos puedan ser incluso graves”.

En la revisión de 2014, la OMS aseguraba que “hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud”.

En otro documento publicado a comienzos de este 2020 sobre el 5G, insiste en que en las últimas décadas no hay estudios científicos que demuestren una relación causal que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

“El calentamiento de tejidos es el principal mecanismo de interacción entre los campos electromagnéticos de radiofrecuencia y el cuerpo humano”.

Ese posible efecto, a los niveles habituales de exposición, es insignificante. Por eso es importante que los niveles se mantengan por debajo de los límites establecidos por agencias internacionales independientes.

Mujer con una tablet.

Getty Images
La OMS ha dicho que no hay estudios científicos que demuestren una relación causal del 5G que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

Quién y cómo se establecen los límites de exposición

En 1992 se estableció en Alemania la Comisión Internacional de Protección frente a Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP). Esta organización científica, independiente y sin ánimo de lucro, revisa periódicamente y de forma sistemática las evidencias científicas para determinar los niveles a los cuales se producen efectos biológicos.

No solo de los campos electromagnéticos de radiofrecuencia, sino también de otras radiaciones electromagnéticas como la luz visible, los infrarrojos y los ultravioletas que, por encima de ciertos niveles, también pueden resultar muy peligrosos.

Por eso se fijan niveles de seguridad y, por eso mismo, no debemos preocuparnos de la radiación que emite el mando a distancia de nuestra tele. Tampoco del router wifi de nuestra casa o de nuestro teléfono inalámbrico.

El proceso de revisión es abierto y su publicación se realiza en una revista científica tras un proceso de revisión por pares.

Así, una vez se establecen los niveles a los cuales se observan efectos para cada frecuencia, se aplica un factor de precaución o seguridad de 50.

Estos valores son aceptados por la mayor parte de los países occidentales desde hace décadas y se adoptan en las correspondientes legislaciones.

Además, existen otras agencias u organismos que realizan una revisión similar. Por ejemplo el Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) y la Food and Drug Administration de Estados Unidos.

Estos tres organismos, en los últimos meses y coincidiendo con el despliegue de la 5G, han revisado y publicado sus guías de límites seguros de exposición humana.

La mano negra de la industria

Que la industria está detrás de todas estas regulaciones e instituciones es un argumento reiterado por los movimientos antiantenas -ahora anti-5G- que parecen acoger toda clase de creencias conspiranoicas con respecto, también, a las mascarillas, las vacunas y la COVID-19.

En realidad han sido la industria y los profesionales del sector los más interesados en garantizar que las radiaciones emitidas por las antenas fueran seguras y que los niveles de potencia estuviesen dentro de los límites permitidos.

Transmisión de eventos deportivos en dos pantallas.

Getty Images
Con la conexión 5G se podrán conectar muchos dispositivos al mismo tiempo.

El Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT), como entidad de derecho público al servicio de la sociedad, fue la primera organización que ya en 2001 elaboró un informe sobre las radiofrecuencias de telefonía móvil.

Con ello se pretendía informar a la ciudadanía y mitigar la inquietud que ya surgía ante el desconocimiento de esta tecnología y la normativa que la regula.

La labor de difusión se centró en ayuntamientos y asociaciones ciudadanas, aunque se ha seguido trabajando durante todos estos años con todo tipo de administraciones e instituciones.

En 2006, se creó el Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS), comité independiente compuesto por profesionales de gran prestigio -en campos como la medicina, física, química, biología, ingeniería de telecomunicación y derecho-, que, desde entonces, ha elaborado cinco informes trienales de referencia.

En ellos recogen las evidencias científicas existentes sobre el impacto de los campos electromagnéticos en la salud.

Además, ha publicado numerosos documentos sobre tecnologías concretas -el último sobre 5G-, con el ánimo de informar verazmente a la sociedad, manteniendo siempre el conocimiento científico riguroso como referencia.

Sus informes han tratado siempre de arrojar luz y evitar cualquier tergiversación que de forma interesada se intentara hacer sobre el efecto de estas tecnologías sobre la salud.

Incluidas comparaciones sin fundamento con sustancias, como el tabaco o el alcohol, que la ciencia sí ha demostrado como perniciosas incluso en pequeñas cantidades.

5G

Getty Images
Los verdaderos riesgos de estas tecnologías son los asociados a la dependencia, problemas musculares, malas posturas y al condicionamiento de nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Los verdaderos riesgos para la salud

Decir que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia son inocuos es falso si no se acompaña de la frase “a los niveles habituales de exposición”.

Dichos niveles están decenas o centenas de miles de veces por debajo de los de seguridad marcados por ICNIRP.

Es lo que han demostrado numerosos estudios y revisiones sistemáticas de exposición personal en condiciones reales.

Pero hay efectos constatados derivados del uso de dispositivos y que no son consecuencia de las radiaciones que emiten.

Así, se ha demostrado que su uso puede provocar dependencia, problemas musculares, malas posturas y que condicionan nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Dichos efectos, sin embargo, no son denunciados por los movimientos en contra de estas tecnologías.

Ilustración 5G

Getty Images
Hay una proliferación de un cierto “negocio del miedo” vinculado a las nuevas tecnologías.

Negar la evidencia, ¿con qué fin?

Quizá piense que existe cierta controversia científica en este tema.

Habrá oído que “numerosos científicos alertan de los efectos” en cuestionables llamamientos internacionales, algún pseudoinforme como el Bioinitiative o declaración política ajena a la Unión Europea, como la declaración 1815 del Consejo de Europa.

Todos tienen en común su falta de rigor, el establecimiento de límites de forma arbitraria o la extrapolación inadecuada de estudios en animales o de laboratorio sin tener en cuenta las condiciones reales.

En 30 años, no se ha publicado una revisión sistemática o metaanálisis -los estudios con mayor fortaleza en ciencia- que demuestre sus alarmantes augurios y peligros para la salud (efectos sobre el sueño, la concentración, fisiológicos, hipersensibilidad o, incluso, cáncer).

En cambio, sí es constatable la relación de sus promotores con la proliferación de un cierto “negocio del miedo” a partir de datos tergiversados, erróneos y en ningún caso avalados por la evidencia científica.

Y ese negocio que se basa en esos datos afecta tanto a ámbitos como el médico-sanitario, con diagnósticos o prescripciones no fundamentados en el conocimiento médico; el legal, con denuncias insostenibles basadas en opiniones de supuestos expertos, medios de información carentes de credibilidad (webs pseudocientíficas) o, incluso, empresas que ofrecen aparatos y dispositivos de protección completamente innecesarios.

Todo un negocio basado en el miedo y el desconocimiento que sigue alimentando esa falsa percepción de que vivimos radiados al límite.

*Alberto Nájera López es doctor en radiología y medicina física y profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y Juan Carlos López es ingeniero de telecomunicaciones y catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.


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https://www.youtube.com/watch?v=6ekpZ0RCrs4&t=8s

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