Imaginar, hoy en día, es un acto disidente: Juan Villoro
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Ilustración: Erika Medel

Imaginar, hoy en día, es un acto disidente: Juan Villoro

Desde la memoria de Villoro, surgen autores y personajes de todas las épocas. No enseña literatura a los jóvenes, sino algo más importante: el amor a la literatura.
Ilustración: Erika Medel
Por Gabriel Martínez Bucio
6 de noviembre, 2016
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“Clap-clap-clap, a ver muchachos si nos concentramos”, sentencia Villoro y comienza su clase sobre la crónica. Hila temas con naturalidad sin necesidad de ningún apunte. Desde su memoria, surgen autores y personajes de todas las épocas. No enseña literatura, sino algo más importante, el amor a la literatura.

Inicia con Bernal Díaz del Castillo; salta al Robinson Crusoe (1719) de Daniel Defoe; la condición del naufragio le permite acercarnos a nuestros días con Relato de un náufrago de García Márquez (1970) y su historia editorial detrás del libro; para converger en una exposición sobre las crónicas corales en La noche de Tlatelolco de Poniatowska (1971), Voces de Chernóbil, de Alexievich (1997) y las vivencias del periodista polaco Kapuscinski.

El escritor mexicano ha visitado Barcelona por tres motivos: estrenar su obra de teatro El filósofo declara; un homenaje a la mítica revista Lateral fundada por el periodista húngaro Mihály Des, que funcionó como puente entre América Latina y España; e impartir una clase magistral a los alumnos del Máster en Creación Literaria de la Universitat Pompeu Fabra.

Este texto recoge tanto la entrevista privada como partes de la conversación que sostuvo con los jóvenes escritores.

Con los años, ¿qué libros han pasado la prueba de una o varias relecturas?

J.V.: Me gustaría pensar que muchos. Desde Los tres mosqueteros, de Dumas; El Quijote; El Ulises, de Joyce, que es uno de esos libros que lees cinco veces: las primeras cuatro no entiendes nada y la quinta crees entender algo. Libros que leí de niño y luego de adulto como La isla del tesoro, de Stevenson; algunos de Julio Verne; Robinson Crusoe, de Defoe. La relectura es un ejercicio literario muy divertido y esencial. Por suerte, confirmas que hay libros que se mantienen como tales.

Sin embargo, cuando encuentro subrayados que hice, a la distancia, me parecen muy idiotas. Pienso: “a ver, a quién se le ocurre que esta era la frase interesante”. Realmente yo hacía que Balzac escribiera muy mal. Entonces, sí discuto mucho con mi selección de frases. Hay autores que nunca he subrayado, como Borges, porque tendría que utilizar una brocha.

¿Te sucedió con Rayuela?

Rayuela (1963) significó mucho para mí y para mi generación. Pero el libro ha envejecido mucho. Al menos, en las referencias culturales que se han perdido y hoy suenan muy esnob. Al igual que esa postura intelectual, bastante conservadora y elitista por momentos, porque Cortázar era un vanguardista muy exquisito. Es complejo entender el valor que tuvo esa obra como un gesto estético en aquella época. Pero, curiosamente las novelas que pretenden ser muy novedosas muchas veces son las que más rápido envejecen.

Por otro lado, el García Márquez periodista me parece un maestro extraordinario. El que mezcla lo real y lo ficticio como en Crónica de una muerte anunciada (1981), que está a medio camino de la ficción y la crónica. El del gran derroche imaginativo de Cien años de soledad (1967) me gusta pero no me deslumbra, me parece un poco empalagoso, un exceso barroco.

En la entrevista que tuviste con Diego Enrique Osorno apuntaste que, con los años, “algunos escritores se han convertido en sus peores discípulos o en su propia parodia”. ¿Te preocupa esto?

Mucho. Hay varios fenómenos que le pasan a un escritor con el paso del tiempo como el agotamiento de la fuente. Todo artista encuentra un lenguaje propio y una vez que lo domina corre el riesgo de agotarlo. Uno puede observar la retrospectiva de un pintor y descubrir que estaba haciendo variaciones sobre el mismo tema. Qué poca aventura personal.

Y en la literatura pasa lo mismo. Por ejemplo, Vargas Llosa, hace treinta años estaba sorprendiendo con formas novelísticas. Ahora escribe novelas correctas o medianas, digamos. Y hay un agotamiento de la fuente. Incluso en un grandísimo escritor. ¿Cómo librarse de ese declive? Es difícil. Ha habido autores como Borges, que mantuvieron un nivel de tensión extraordinario frente al idioma, a pesar de que no podía ver y dictaba. Es un caso excepcional.

O como Italo Calvino que murió en su plenitud creativa.

Desde luego. Personalmente, he buscado un remedio (a lo mejor es sólo una superstición) al cambiar de  género para no escribir con el impulso adquirido y evitar repetir ciertos recursos. Una manera de distanciarte y ponerte a prueba es cambiar de nervios, desafíos, riesgos, a través de otro género. No sé si lo logro. Por eso digo que es más una ilusión o una superstición. A todos de alguna manera se nos va acabando el carbón.

Ahora bien, hay escritores como Lampedusa o Saramago, que son escritores de florecimiento tardío. El gran tema es que uno desconoce los plazos de nuestra vida. ¿ Bolaño hubiera escrito tanto y tan desaforadamente si le hubieran garantizado que viviría 90 años? Probablemente no. Él sabía que tenía una fecha próxima de muerte y tenía que cumplir todo a gran velocidad.

Alguna vez sentenciaste: “criticar el infierno es tan importante como inventar el paraíso”. ¿Cómo conllevas la literatura y el periodismo en un país como México donde la profesión es una de las más peligrosas?

Bueno, no soy un periodista que esté en la línea de fuego, que es donde hay mayor peligro, sobre todo en provincia. Pero ciertamente México es un país sumido en la violencia y en los riesgos para ejercer el periodismo. En lo que a mí toca he querido ser testigo de la circunstancia, no cerrar los ojos ante el horror y al mismo tiempo poder reinventar posibilidades para la ficción. Creo que una de las cosas más graves que nos podrían pasar es dejarnos vencer en la capacidad de imaginar.

Hoy en día el acto de fabular, de ejercer el sentido del humor, la sensualidad, la celebración, tiene un elemento disidente, rebelde. No hay algo tan complicado actualmente como sentirse bien, porque la realidad parecería conspirar contra esto. Es muy importante mantener esta reserva de dicha y felicidad. Y ese ha sido uno de los propósitos del arte. La gran pintura del Renacimiento surgió de una sociedad convulsa, desigual, contradictoria, profundamente injusta.

Ejercer este doble trabajo de retratar el horror y criticarlo, corre al parejo de imaginar cosas que niegan el horror. Calvino decía “el infierno ya está entre nosotros, no necesitamos morir para conocerlo”. El problema es encontrar algo dentro de este espanto que no sea horror, defenderlo, abrirle espacio y tratar de que perdure.

 ¿Qué característica te parece fundamental en un cronista?

En países como México el nivel de desconfianza es muy alto. La confianza es algo que se gana. Una particularidad del cronista, que se enfrenta al otro, al testigo, es generar empatía. El escritor de ficción puede ser un desgraciado, una pésima persona y ser un grandísimo artista. Existen muchos casos. Otros autores de ficción maltratan a sus personajes de manera tremenda. Nabokov solía decir: “mis personajes tiemblan cuando me les acerco”. Era un tirano de sus personajes absolutamente severo. Pero eso, nosotros como cronistas, no podemos hacerlo. Tenemos que reconocer que la verdad está en el otro.

¿Algún caso que recuerdes?

John Lee Anderson fue uno de los dieciséis periodistas que se quedaron en Irak. Tenía que establecer diálogos con las personas que estaban siendo bombardeadas por los norteamericanos, su propio gobierno. Él era el enemigo directamente pero debía ganarse la confianza. Fue un ejercicio extremo que retrata en La caída de Bagdad (2004).

Los cronistas necesitan tener un conocimiento muy grande del ser humano. Es el camino de ida hacia la información que pasa por el respeto. Por eso Kapuscinski escribió Los cínicos no sirven para este oficio (2002). Es decir, es muy difícil ser mala persona y ser buen cronista. Por el contrario, es muy fácil ser una pésima persona si tienes talento literario. En mi experiencia del oficio, he visto que los cronistas son mejores personas que los escritores de ficción.

 ¿Alguna vez te ha engañado una fuente?

Cuando hice un reportaje sobre los niños de la calle en la Ciudad de México, aprendí de inmediato que ellos saben que la gente quiere oír sus historias. Y entonces, su anécdota tiene un valor de cambio. Por ejemplo, para demostrarte que ya han superado su situación cuentan cosas que son, probablemente, más tremendas que las que realmente ocurrieron. Son muy hábiles. Y esa vez, presentí una serie de exageraciones.

Un vicio del periodista es que mientras las cosas empeoran más, la crónica mejora. Eso es tremendo, ¿no? Si estamos aquí y… “qué maravilla ya explotó una bomba… otra bomba, ¡mejor!…” Te vuelves un sibarita del desastre. Porque en la crónica, mientras más catastrófico, mejor…

Entonces, en este caso, trataba de ser fiel a una realidad tal como la han vivido. Por el contrato con la verdad. Muchos de ellos han pasado por la prostitución y los han secuestrado para extraerles órganos. De verdad, su realidad es suficientemente escabrosa como para que incluyera algo que fuera una leyenda.

 ¿Cómo es tu relación con la escritura dependiendo los géneros?

En la crónica, uno está tan acelerado por la fecha de entrega, y condicionado por el espacio que le ofrecen, que entras en una especie de trance. No hay tanta conciencia del proceso. Lo cual está muy bien porque hay resultados literarios a los que sólo llegamos por presión.

En periodismo, generalmente escribo textos largos. Y, el proceso de ajuste, es un proceso de corte. Ahora bien, una vez reducido el texto, de inmediato, me parece mejor que la versión original. Esto me lleva a una situación enigmática. Si me dejaran carta blanca tendría textos desbordados.

Carecerían de ese arreglo perfecto gracias a la exigencia del editor.

Exacto, y en ese sentido, estas cuestiones coercitivas del periodismo y la crónica acaban siendo paradójicas formas de la libertad. Algo que ocurre con la métrica en poesía donde surgen versos maravillosos sólo por la exigencia de la rima.

López Velarde escribió un poema en alejandrinos que empieza de una manera conversacional, casi como un corrido mexicano: “Yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre”. El segundo verso es rarísimo y deslumbrante en el más literal de los sentidos: “ojos inusitados de sulfato de cobre”. Es una metáfora química exacta, porque el sulfato de cobre es azul-verdoso. Eso ¿de dónde surge? Obviamente de la inspiración del poeta. Pero si no hubiera escrito el primer verso no se le ocurre el segundo.

Por eso, las restricciones nos llevan a soluciones que parecen desesperadas pero muchas veces son buenas. Es literatura de no ficción escrita bajo presión. Cuando reduzco una crónica a los caracteres que me pidieron con enorme sufrimiento, maldiciendo al editor, a mí mismo por haber aceptado ese trabajo, en un estado de irritación profunda, de pronto veo que quedó mejor. Y entonces entro en una especie de angustia superior.

Pero cuando escribo una novela y nadie me detiene… ¿cuál es el número de dios en una novela?

¿La crónica permite dar voz a los que no la tienen?

Es una actitud muy paternalista. ¿Quién le puede dar voz al otro? Las voces son únicas e insustituibles. Nosotros podemos escuchar al otro. Giorgio Agamben, el filósofo italiano, ha reflexionado sobre este tema en Lo que queda de Auschwitz (2000) donde se pregunta ¿quién es el verdadero testigo del horror del holocausto? “El testigo integral” es aquel que vivió el horror hasta sus últimas consecuencias, es decir, que fue a dar a las cámaras de gas y que no vamos a vivir por más que queramos reproducir sus pensamientos. O sea, es una falta de respeto suplantarlo.

Aunque también sentencia que eso tampoco debe inmovilizarnos. Esa es la “aporía de Auschwitz”: no poder restituir plenamente al testigo integral del horror. Pero precisamente por esta imposibilidad tenemos el deber moral de acercarnos lo más posible a esa voz que se ha perdido. No como sustitutos sino como escuchas. Y eso es más interesante que la postura pretenciosa en los sesenta de dar voz a quien no la tiene.

La crónica no busca una verdad absoluta, inmanente. ¿Por qué buscarla entonces? Porque es un compromiso ético, civilizatorio, buscar las cosas tal como sucedieron. Es importante tener una memoria compartida donde podamos discernir sus partes.

¿Cómo trabajas tus crónicas?

Por ensayo y error. La realidad es algo inacabado, amorfo, que ocurre sin estructuras muy lógicas y nos sorprende con sus excesos continuamente. Una crónica puede desarrollar una estructura que nos haga pensar que eso está completo, que da la sensación de redondez. Es algo que le otorgamos a la realidad por la forma que la contamos. Como la prueba psicológica del círculo incompleto de la Gestalt que nuestro cerebro completa.

También utilizo una idea que condensa la crónica. Como los encabezados de las notas rojas que resumen una biografía en una sola frase: “el descuartizado era un hombre íntegro”. Te da una guía en la cual trabajar.

Ayer discutíamos “La tesis sobre el cuento”, de Ricardo Piglia. En este sentido, ¿tienes presente alguna teoría literaria durante el proceso de escritura?

Depende de los autores, pero creo que no es bueno estar demasiado consciente de una teoría de la escritura. Ese es uno de los problemas de Piglia como novelista. Es un grandísimo escritor. Pero muchas veces, en sus novelas, es como un teórico de su propia obra. Y eso hace que la novela sea muy interesante como reflexión pero a veces se ahoga la narración.

Cuando escribo ensayos sobre autores creo tener un distanciamiento, una aplicación de una teoría de la novela. Pero en lo personal, en mis textos de ficción prefiero ser más impulsivo.

La conciencia tiene un papel-censor sobre nosotros. Para forzar la posibilidad de decir cosas diferentes. El grupo Oulipo al que perteneció Calvino, Perec y Fournel, creaban coerciones para que la mente se liberara. Perec escribió una novela prescindiendo de la letra más usada en francés: “e”. Otro juego que hacían se llamaba “Sustantivo más siete”, donde utilizaban un diccionario para escoger azarosamente los sujetos de una nueva historia. Y lo que trataban de hacer era suprimir el sensor de la conciencia y las prenociones.

Pero algo de la teoría está inevitablemente en lo que uno piensa…

Claro, pero no me gustaría una novela escrita con bata blanca de laboratorio. La teoría literaria es apasionante pero puede ser muy peligroso en la narrativa cuando sentimos que el novelista está interpretando su propia obra. Y creo que es peligroso que el novelista sea más inteligente que la novela. Las novelas de escritores clásicos son más inteligentes que ellos. Y muchas veces sus novelas dicen cosas que ellos no querían decir.

Dostoievski acabó escribiendo novelas donde expone todas las teorías que detestaba, y convirtiendo en héroes a las personas que tenían una ideología que odiaba. Crimen y castigo (1866) está hecha para desacreditar a los libres pensadores pero uno de los grandes héroes de la elección individual es Raskólnikov.

 ¿Y en el caso del cuento?

Es un género muy canónico. Tiene reglas más severas. Es casi como escribir un soneto. Todo cuentista está consciente de esas reglas, de alguna manera. Pero no debemos hacer un cuento tan calculado como quien hace una pintura con números.

Aunque sabemos que debemos sugerir más de lo que decimos explícitamente, que todo cuento cuenta dos historias, y que la historia sumergida es el significado de la primera historia: ¿por qué estamos contando una historia en particular? Porque esa historia nos remite a una mucho más profunda que le duele al personaje y es el sentido de la primera historia. Los grandes cuentos están escritos así. Pero no creo que deban ser resultado de una construcción teórica sino de una necesidad expresiva.

Hay que conocer la teoría pero luego dejarse llevar. El buen escritor, en las fases de borradores, está extraviado en su propio texto. Es como un sonámbulo que reacciona a intuiciones. Y después, durante el proceso de escritura es donde descubre los hilos narrativos.

¿Qué hacías de escritor principiante que no harías ahora?

¿Quién es un escritor? Esa es una pregunta esencial. Un escritor es el que escribe. Creo que uno nunca debería considerarse necesariamente un principiante… y tampoco un escritor experto. Porque en esencia el que está escribiendo siempre es un principiante. Y, en ese sentido, todos somos personas que estamos tratando de descubrir algo. Todos tenemos historias que nos gustaría contar, temas que nos duelen, nos interesan o apasionan. Los nervios y la inseguridad es algo que afortunadamente no se quita nunca.

Es un tema complejo. Ustedes son tan escritores como los que han escrito muchos libros. Hay que tenerlo siempre claro. La única manera de escribir es que te toque… porque no hay obligación de escribir.

Es algo que te motiva en lo personal…

Hay que orientar eso que es solamente tuyo hacia el tipo de historia que te ha gustado que te cuenten o has leído. Y es así como todos nosotros nos vamos abriendo camino. Y si se ponen nerviosos mucho mejor. Porque sólo vale la pena lo que te da nervios. No hay que estar nunca con una sensación de “me salió genial y estoy en el nirvana de la creación”.

Es extraño cuando alguien se disfruta tanto a sí mismo… generalmente no está escribiendo bien. El nihilismo forma parte importante de la profesión pero debe suspenderse un poco mientras trabajamos.

¿Cuándo comenzaste en el teatro?

A los 17 años formaba parte de una compañía teatral que dirigía Jodorowsky, que era nuestro gran gurú y mentor. Grandísimo director de teatro. Montó muchas obras del absurdo; Informe para una academia, de Kafka; El sueño, de Strindberg… Como director lograba que los actores hicieran cualquier cosa. Yo era actor, escribía obras de creación colectiva y pensé que mi destino sería teatral. Pero me di cuenta que era muy difícil, necesitas un productor… dinero… no ha dejado de ser complicado el proceso de llevar a escena una idea que tienes en la cabeza… Y la vida me fue llevando por el lado de la narrativa y la crónica.

¿Qué le pasó después a Jodorowsky?

Se volvió mago… Es uno de los más grandes charlatanes que ha dado el mundo. Él lo aceptaría. Pero tiene una gran influencia sobre la gente. Alguna vez, Bolaño lo visitó y llegó muy de izquierda, diciéndole que le encantaba Neruda. Jodorowsky le contestó que todavía no había encontrado su naturaleza, que lo escuchaba hablar y sabía que no tenía nada que ver con Neruda sino con Nicanor Parra. Bolaño salió desconcertado de la casa de Jodorowsky en Río de Janeiro, en la colonia Roma, porque lo veía más cerca de un antipoeta cuando a él le interesaba la Residencia en la tierra (1933) o las Odas elementales (1954).

Pero en realidad, lo devoró su personaje. Fue creando su propio mito y ahora hace estos actos de psicomagia, tarot, es tuitero… y… pues le va muy bien. O la anomansia, donde ha convencido a grandes damas de América Latina para hacerles una fotocopia del ano, luego lo lee, y ellas cambian su vida por esa lectura. Es el grado de adoración que le tienen algunos. Hay algo genial en eso. Lo ha de pasar bomba.

Hace poco suplantó en una feria del libro –en una especie de performance– a Paulo Coelho. Y firmaba dedicatorias como “el alma humana está llena de amor”. Extraordinario. Locuras. Frases de Coelho firmadas por Jodorowsky. Lo curioso es que, en cierto sentido, Jodorowsky ya es también como Paulo Coelho.

Ya que hablaste de Bolaño, ¿cómo fue tu relación con Mario Santiago?

Fuimos muy amigos hasta su muerte en el 96. Lo conocí como José Alfredo Zendejas. Teníamos un taller de literatura en el piso diez de rectoría en la Universidad, ahí estaba Mario, Bolaño, y todos ellos. Roberto contaba que le prestaba libros y él se los devolvía mojados porque los leía en la ducha. Era un lector omnívoro.

Cuando Rebeca López, la viuda de Mario, y yo llevamos Jeta de santo al Fondo de Cultura Económica nos rechazó el consejo editorial. Sin embargo, la directora decidió publicarlo en España a pesar de la negativa. Y ha llegado a cuenta gotas a México. Algunos poetas importantes como Luis Felipe Fabre lo han elogiado, pero todo el establecimiento crítico y poético lo sigue repudiando. Gabriel Zaid dijo que “no era un escritor maldito sino malito”, y los acusó a todos de dar gato por liebre con este falso poeta.

En ese sentido, México sigue siendo una sociedad muy conservadora…

Claro, ha persistido la idea del escritor-gentleman. Él, de verdad, nunca tuvo un lugar como poeta. En América Latina ha habido vanguardias radicales y poetas asociales que han sido respetados. Pero en México, el poeta tiene que ser una persona muy cortesana dentro de las formas poéticas. Grupos radicales como los infrarrealistas han sido dejados de lado.

Pero la verdad, Mario fue un hombre que iba contra la idea del canon. Escribía poesía espontánea, por ejemplo, en una servilleta y luego la olvidaba. O te dejaba la grabadora del teléfono llena de poemas. Luego me arrepentí, porque yo me enojaba y los borraba.

Así era él, muy descuidado. No tenía idea de su proyección literaria. Si el poema surgía era por algo… Era un poeta voluntariamente desigual, voluntariamente irregular, y yo creo que magnífico.

¿Qué opinión tienes de nuevos escritores mexicanos como Yuri Herrera o Julián Herbert?

Los dos son buenísimos. Canción de tumba (2011), de Julián Herbert es una obra maravillosa. También es un gran poeta. Y Yuri Herrera también es un gran escritor que trabaja con el lenguaje. Su novela Los trabajos del reino (2004) es una de las mejores lecturas que hay sobre la violencia, de la relación entre el arte, el ciudadano común, el crimen organizado, es un libro espléndidamente escrito. Muy bueno. Algunos dicen que es novela del narco. Pero el libro nunca habla del narcotráfico. Como decía alguien aquí: “ es el valor metafórico de la literatura”.

Hay muy buenos escritores jóvenes en México: Emiliano Monge, Valeria Luiselli, Guadalupe Nettel.

¿Cómo trabajas la literatura infantil?

Tratas de explorar ciertos gustos infantiles que hay en ti y entender cómo es el universo de la imaginación infantil, que tiene algunas características básicas. Es una imaginación mucho más extravagante, desbordada, y flexible que la de los adultos. Pero al mismo tiempo, los niños son muy lógicos. No es casual que uno de los mejores libros para niños sea un tratado de lógica como Alicia en el país de las maravillas (1865), así sea una lógica enrevesada. De hecho, no hay nada más serio en el mundo que un niño jugando. Los juegos infantiles se rigen por reglas que ellos mismos imponen. Y si las rompes se detiene el juego: “a ver, un momento, el hada nos concedía tres deseos, no cuatro”. Esa mezcla de imaginación desaforada, lógica y rigor es fascinante.

Luego, las preguntas esenciales de los niños son muy filosóficas: ¿por qué existe el bien y el mal?, ¿qué hay más allá de la muerte?, ¿por qué pasa el tiempo? Son ideas muy profundas; y considero la literatura infantil como una forma juguetona de la filosofía.

En mi caso, leí muy poco de niño porque no había ese tipo de libros. Recuerdo que para una materia leí Corazón: diario de un niño (1886), una historia lacrimógena, tristísima. Es un libro para torturar niños. Lo leí no como una forma del placer sino para pasar la clase… llorando.
Entonces, ¿cuándo comenzaste a leer?

A los quince años leí De Perfil (1966), la novela de José Agustín. Fue una lectura cautivadora (de hecho, hace poco la releí y no fue una desmitificación sino una confirmación de la vitalidad del libro). Al personaje le sucedían muchas cosas por las que estaba pasando: el divorcio de mis padres, las vacaciones previas al bachillerato, incluso el barrio. Era una lectura en espejo. Y por primera vez sentí que algo me incluía… y pensé que hasta yo podría formar parte de esto.

¿Ahí comenzaste a escribir?

Sí, como el más inculto escritor mexicano. Había leído un libro y decidí escribir el mío. 1–1.

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¿Puede el resultado de la elección de EU decidirse en los tribunales?

Aún no se sabe quién será el próximo presidente de EU. ¿Cómo se decidirá quién es el ganador de la contienda electoral?
6 de noviembre, 2020
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Las elecciones en Estados Unidos las gana el candidato que obtiene al menos 270 delegados en el Colegio Electoral… a no ser que todo acabe en los tribunales.

Con el conteo de votos demorado y los resultados de algunos estados extraordinariamente ajustados, el equipo del presidente Donald Trump ya comenzó su ofensiva judicial.

La campaña de Trump denunció, sin ninguna evidencia, que hay fraude en la votación y presentó este jueves ya había presentado demandas ante los tribunales de Georgia, Michigan, Nevada y Pensilvania. También quiere un recuento en Wisconsin.

La BBC conversó con expertos legales sobre lo que puede significar esto y qué puede ocurrir si la resolución de la disputa se demora. ¿Es posible que las elecciones de EU se decidan en los tribunales?

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BBC

¿No deberíamos conocer los resultados a estas alturas?

Sí y no. Por lo general, cuando los datos muestran que un candidato tiene una ventaja imbatible, los principales medios de EU declaran ganador a un candidato.

Esto tiende a suceder en las primeras horas de la mañana después del día de la votación.

Estos no son resultados oficiales o finales, son proyecciones, y el conteo oficial final siempre demora días en terminarse.

Pero este año, debido al volumen masivo del voto postal, el recuento está tomando más tiempo, sobre todo porque algunos estados clave no han permitido que se inicie el conteo de estos votos por correo antes del día de las elecciones.

Conteo de votos

EPA
Muchos votos han sido contados, pero aún falta para acabar con la totalidad de los sufragios.

Así que tuvieron que contar todo el día de las elecciones, y contar los votos por correo puede demorar más que contar los votos en persona, por los requisitos de verificación.

Si la contienda es muy reñida y ningún candidato concede la victoria, es normal que continúe el recuento de votos, dice Matthew Weil, director del proyecto elecciones del Centro de Investigación de Políticas Bipartidista.

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BBC

Había obstáculos antes de la votación

La elección era de por sí muy contenciosa.

Antes de la votación del martes, había más de 300 demandas en 44 estados por el voto anticipado y postal en las elecciones de este año.

Se centraban en una serie de temas como la fecha final para recibir las boletas y enviar el voto, las firmas de testigos que se requerían y los sobres en los que se enviaba el voto.

Los estados gobernados por republicanos dijeron que las restricciones eran necesarias para evitar el fraude electoral.

Pero los demócratas sostuvieron que esto era un intento para evitar que la gente ejerciera su derecho cívico.

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BBC

¿Dónde tienen lugar las batallas de Trump?

Wisconsin

La campaña del presidente dijo que había pedido un recuento en Wisconsin “basándose en las irregularidades observadas” el martes.

No está claro cuándo se hará el recuento. Pero no suelen hacerse hasta que las autoridades del condado finalicen el conteo de los votos. La fecha límite fijada por este estado para esta parte del proceso es el 17 de noviembre.

Richard Briffault, profesor de la Escuela de Leyes de la Universidad de Columbia, dice que en 2016 hubo un recuento de votos en Wisconsin, y eso “cambió cerca de 100 votos”.

“Un recuento no es un método para desafiar la legalidad de un voto”, explica. “Es literalmente una forma de asegurarse que los cálculos son correctos”.

Michigan

Trump ganó en este estado en 2016 por el margen más pequeño (por un poco más de 10,700 votos).

El 4 de noviembre, su campaña anunció una demanda para frenar el conteo, a pesar de que las autoridades electorales locales ya habían contado extraoficialmente el 96% de los votos.

El 5 de noviembre, un juez desestimó la demanda, diciendo que se presentó demasiado tarde y que la campaña no logró defender su caso.

Conteo de votos

Getty Images
Trump está intentando frenar el conteo en Michigan.

Miles de votos aún no han sido contados y muchos provienen de regiones que históricamente son demócratas, pero medios estadounidenses y la BBC proyectan una victoria de Biden.

Sobre Michigan, el gerente de campaña de Trump, Bill Stepien, dijo que a su equipo no se le había permitido el acceso al conteo de votos en “numerosos” lugares donde su rival Joe Biden registra una ligera ventaja.

Pensilvania

Los republicanos objetan una decisión de la Corte Suprema de ese estado que, debido a la situación por el coronavirus, permite que se cuenten los votos llegados por correo hasta tres días después del 3 de noviembre, siempre y cuando hubieran sido enviados ese día o en fechas previas.

Los republicanos buscan una apelación.

Un juez federal en Pensilvania también rechazó la solicitud de la campaña de Trump de frenar el escrutinio y ordenó que las autoridades permitieran la presencia de 60 observadores de cada partido.

Weil dice que esta disputa es la que más le preocupa, ya que la Corte Suprema del país se encontraba en un punto muerto sobre este tema antes de la elección, y antes de que se sumara a la corte la jueza Amy Coney Barrett

“Creo que existe el riesgo de que algunas de esas papeletas (postales) que se emitieron el día de las elecciones y no se recibieron hasta el viernes puedan ser descartadas. Creo que ese sería un resultado incorrecto, pero creo que es legalmente posible “.

Pero Weil añade que la elección debería estar “muy, muy reñida para que eso importe”.

Y señala que las autoridades estatales enviaron mensajes antes de la elección urgiendo a los votantes a depositar ellos mismos su boleta en los centros de votación en vez de enviarlos por correo.

“Por eso creo que no será un gran número de votos que se vaya a descartar, si ese es el caso”.

Briffault añade que los votos que llegan tarde están siendo contados de forma separada, y dice que si Biden puede tomar la delantera sin el recuento de esos votos, no ve que haya bases para una demanda.

Sin embargo, la campaña de Trump declaró la victoria en el estado, a pesar de que hay más de un millón de votos todavía sin contar.

Ningún medio importante de EU ha proyectado un ganador.

Georgia

Los republicanos del estado y la campaña de Trump han presentado una demanda en el condado de Chatham en Georgia para frenar el recuento, alegando problemas con el procesamiento de los votos a distancia.

El presidente del Partido Republicano en Georgia, David Shafer, tuiteó que observadores de su partido vieron a una mujer “mezclar más de 50 votos en la bolsa de votos a distancia no contabilizados”.

Le han pedido a un juez que dé cuenta de las boletas del condado que se recibieron después de que se cerraron las urnas el día de las elecciones.

El 5 de noviembre, un juez desestimó esta demanda, diciendo que no había “evidencia” de mezcla incorrecta de votos.

Manifestantes demócratas

Getty Images
Manifestantes demócratas exigen que se cuenten todos los votos.

¿Puede alguna de estas disputas llegar a la Corte Suprema?

El miércoles, Trump también declaró que había habido fraude electoral sin evidencia, y añadió: “Vamos a acudir a la Corte Suprema de EU Queremos que se detenga la votación”.

https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1324353932022480896

Hay que aclarar que la votación ya ha terminado: los centros electorales cerraron el día de la elección, aunque queda pendiente la pregunta de los votos tardíos, como ocurre en Pensilvania.

“La Corte Suprema no tiene ningún tipo de poder especial para detener el proceso de conteo legal”, explica Weil.

Gráfico de quién podría involucrarse si se impugnan los resultados

BBC

Briffault dice además que las campañas puede disputar elecciones reñidas en estados clave, pero “aún así tienen que tener un caso que genere una preocupación constitucional” para que llegue a la Corte Suprema.

“No existe un proceso estándar para llevar las disputas electorales a la Corte Suprema. Es muy inusual y tendría que involucrar un problema muy importante”.

Si se impugnan los resultados de la elección, se necesitarían equipos legales para impugnar los resultados en los tribunales de los estados.

Luego los jueces estatales necesitarían aceptar la impugnación y ordenar un recuento, y luego se les puede pedir a los jueces de la Corte Suprema que cambien el veredicto.

Los jueces estatales tendrían que defender la impugnación y ordenar un recuento, y entonces se podría pedir a los jueces de la Corte Suprema que revoquen un fallo.

En algunos lugares, los recuentos se hacen automáticamente si la diferencia es muy justa (como el caso de Florida en la elección presidencial del año 2000 entre George W. Bush y Al Gore).

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BBC

¿Cuánto tiempo puede durar esto?

Como esto es una elección presidencial, hay plazos federales y constitucionales clave para hacer avanzar el proceso:

  • Los estados tienen cinco semanas desde el 3 de noviembre para decidir qué candidato ganó la batalla presidencial. Se conoce como la fecha de “puerto seguro” y este año es el 8 de diciembre.
  • Si el estado no ha decidido a qué candidato asignarle sus electores del Colegio Electoral para esta fecha (recuerda que el presidente es elegido por un colegio electoral y no por voto popular) el Congreso puede decidir que sus electores no sumarán al conteo final.
  • El 14 de diciembre los electores se reúnen en sus respectivos estados para votar.
  • Si todavía no hay un ganador por mayoría para el 6 de enero, el nuevo Congreso decide el resultado en lo que se conoce como elección de contingencia.
  • La Cámara de Representantes seleccionará al presidente mientras que el Senado elegirá al vicepresidente. Sí, esto significa que podríamos tener a un presidente y a un vicepresidente de diferentes partidos, pero todavía no es hora de pensar en la fórmula Biden-Pence o Trump- Harris.
  • Cada delegación de la Cámara de Representantes tiene un voto.. Quien sea que gane 26 delegaciones será el nuevo presidente de EU.

Pero Weil dice que “muchas cosas tienen que salir mal para llegar a esta situación en la que la Cámara de Representantes y el Senado deciden la presidencia”, como por ejemplo, que la elección sea increíblemente reñida.

“No es sólo que algunos estados tengan que estar en juego”, dice. “Podríamos tener algunos desacuerdos en los estados y aún tener un candidato que obtenga 270 votos en el colegio electoral

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BBC

¿Por qué podría haber estados que no declaren un ganador?

¿Qué pasa si los estados mismos no pueden acordar quién se lleva sus electores? Puedes imaginarte este escenario si un partido argumenta que el recuento final es inexacto o ha sido manipulado.

Los estados clave de Carolina del Norte, Pensilvania, Michigan y Wisconsin tienen todos actualmente gobiernos divididos: gobernadores demócratas, pero legislaturas con mayoría republicana.

En una elección impugnada, los legisladores pueden teóricamente separarse de sus gobernadores y presentar sus propios electores certificados al Congreso. Esto por ejemplo sucedió en 1876.

El Congreso deberá determinar los votos de quién van a contar, si los presentados por la legislatura o por el gobernador.

Si la Cámara de Representantes y el Senado se ponen de acuerdo, no hay problema. Si están divididos, entramos en un terreno desconocido, aunque algunos expertos dicen que la ley federal favorece a los electores del gobernador.

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El verdadero plazo final

Pase lo que pase, la Constitución establece que el 20 de enero debe comenzar un nuevo período presidencial.

“Al mediodía, tenemos que juramentar a alguien como presidente. Si no hay un resultado, entonces tenemos que acudir al plan de sucesión“, señala Weil.

Y nota que podemos también llegar a ver un escenario en el que la Cámara de Representantes no se pone de acuerdo sobre el presidente, pero el Senado confirma al vicepresidente.

Si la Cámara de Representantes no puede resolverlo para el día de la inauguración, el vicepresidente elegido por el Senado se convierte enpresidente.

Quien sigue en la línea sucesoria si no hay vicepresidente es el presidente de la Cámara de Representantes, actualmente la demócrata Nancy Pelosi.

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¿Se ha visto antes esta clase de drama?

Hasta la fecha, la elección del año 2000 es la única que se decidió en la Corte Suprema, cuando George Bush superó a Al Gore.

Fue una carrera muy ajustada entre el demócrata Gore y el republicano Bush. El día de la elección, Gore ganó el voto popular, pero la situación estuvo más reñida en el colegio electoral.

Todo dependía de los 25 votos electorales de Florida.

La contienda fue lo suficientemente apretada como para dar lugar a un recuento de votos.

El equipo de Gore pidió el recuento a mano en cuatro condados, a lo cual la campaña de Bush respondió con una apelación.

Semanas más tarde, la Corte Suprema falló en favor de Bush 5-4.

Gore concedió y Bush asumió el liderazgo de la Casa Blanca.

Existen otras dos instancias con resultados inusuales:

Disputa de 1876

Los legisladores tuvieron otro lío electoral entre sus manos en 1876, entre el demócrata Samuel Tilden y el republicano Rutherford Hayes.

Tilden estaba con un voto en desventaja para ganar en el colegio electoral. Cuatro estados tenían disputas electorales, y si Hayes ganaba en ellos, ganaba todo.

Los legisladores nombraron a una comisión bipartidista para elegir un ganador. Y así surgió el Compromiso de 1877: Hayes ganó -por el margen de un voto electoral- negociando con los demócratas del sur.

La elección se resolvió solo dos días antes del día de la inauguración

1824: lograr la mayoría de votos del colegio electoral no es suficiente.

En 1824, el hombre que ganó el voto popular y la mayoría de votos del colegio electoral no ganó las elecciones.

Andrew Jackson pareció ganarle por un pequeño margen a John Quincy Adams por un sexto período presidencial, pero como ningún candidato se aseguró una mayoría, la decisión la tomó, como indica la Constitución, la Cámara de Representantes.

El presidente de la cámara en ese entonces, Henry Clay, no era fan de Jackson. En lo que se conoce como “negociación corrupta”, Clay negoció con los legisladores de la Cámara baja para asegurar un triunfo de Adams, y el rol de Secretario de Estado para sí mismo.

Investigación Ritu Prasad


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