Intervenciones sin permiso y sin resultados, las fallas del espionaje del gobierno en México
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Intervenciones sin permiso y sin resultados, las fallas del espionaje del gobierno en México

La vigilancia está fuera de control en el país, advierte estudio. Priva opacidad, contradicción y discrepancia en datos oficiales. Veracruz, el estado que más espía.
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Por Arturo Angel
28 de noviembre, 2016
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En México los gobiernos (federal y estatales) espían los teléfonos y computadoras de personas que no son acusadas por ningún delito. Aunque la ley autoriza la intervención de comunicaciones privadas contra posibles delincuentes, en el 90 por ciento de los casos las personas espiadas nunca son acusadas ante un juez.

El informe “El Estado de la Vigilancia: Fuera de Control”, elaborado por la Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D), evidencia que en México el espionaje legal no ha probado ser útil en el combate a la delincuencia. En cambio, dicho sistema opera entre la opacidad, con cifras oficiales que se contradicen, y con intervenciones que se realizan sin el aval de un juez.

El documento, al que Animal Político tuvo acceso y que sustenta en respuestas de más de 600 solicitudes de transparencia, revela que entre 2013 y 2015  se hicieron por lo menos 90 mil solicitudes de intervención de comunicaciones, geolocalización u obtención de datos de dispositivos de comunicación (metadatos). Esto como parte de la integración de seis mil 529 averiguaciones previas.             

Sin embargo, apenas 572 de esas averiguaciones previas que equivalen a un 8.73 por ciento fueron consignadas ante un juez y se acusó a las personas de algún delito.

“Esto sugiere que aproximadamente el 90%de las personas que podrían haber sido vigiladas con fines de investigación penal no han sido acusadas de ningún delito ante un juez” señala el documento.

El caso de Veracruz es “especialmente dramático” establece el estudio. La Fiscalía de dicho estado reportó dos mil 339 expedientes de investigación en los que se solicitó una medida de vigilancia o espionaje, pero solamente nueve casos  fueron consignados. Es decir, en más del 99 por ciento de los casos de espionaje en el estado no hubo delitos.

Hay doce procuradurías y fiscalías del país, además de la PGR, las cuales ni siquiera proporcionaron información de los resultados del espionaje en el combate al delito. De acuerdo con la R3D, esto demuestra que no hay evidencia que sustente el argumento de que intervenir las comunicaciones “mejora la seguridad y combate la impunidad”.

“En una gran cantidad de casos las autoridades investigadoras utilizan herramientas de vigilancia en contra de personas respecto de las cuales no existe evidencia de que hayan participado en la comisión de un delito (…) esto sugiere en gran medida que la vigilancia estatal podría haber sido utilizada de manera ilegítima en contra de personas de manera impune” señala el diagnóstico.

Espionaje  ilegal y opaco

De acuerdo con la ley solamente las fiscalías de los estados, la PGR, la Policía Federal  y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) tienen facultades para solicitar la intervención de comunicaciones privadas ante un juez. Además, la Corte concluyó en 2015 que solo estas dependencias,  pueden solicitar a una empresa telefónica que entregue toda la información de una línea.

Pero la realidad es distinta, como revela la propia información oficial.

Los datos del Instituto Federal de Telecomunicaciones indican que en el primer semestre de 2016 las compañías telefónicas recibieron 35 mil 778 solicitudes de acceso a los metadatos de una línea, es decir información que va desde el historial de llamadas y mensajes entrantes y salientes de un teléfono, hasta su desplazamiento de acuerdo con las redes del sistema al cual se conecta el teléfono.

Las empresas telefónicas aceptaron en más del 90 por ciento de las solicitudes proporcionar los datos de sus usuarios pero hubo en particular 7 mil 45 casos  en donde se dio la información a dependencias que no tenían facultades legales ni constitucionales para acceder a ese tipo de datos.

Entre las autoridades que recibieron datos de comunicaciones privadas de personas sin tener facultades para ello se encuentran desde jueces y funcionarios de gobiernos estatales, hasta instancias como la Policía Cibernética de Querétaro o el Instituto Electoral de la Ciudad de México.

Los datos oficiales respecto al espionaje y vigilancia también arrojan sospechas de acciones que podrían estarse realizando sin la aprobación de los jueces como marca la Constitución y el Código Nacional de Procedimientos Penales.

Según datos de las propias autoridades, en casi todos los casos el poder judicial autoriza sus solicitudes de intervención de comunicaciones privadas. En 2013, de 872 solicitudes, únicamente 54 fueron negadas por un juez. En 2014, de 1165 solicitudes, únicamente 52 fueron negadas. En 2015, de 1144 solicitudes, fueron negadas 62

Pero lo informado por el Poder Judicial contradice lo anterior. En primera instancia, aunque ocho estados (Colima, Zacatecas, Tabasco, Guerrero, Jalisco, Puebla, Querétaro y Quintana Roo) reportaron que han solicitado y obtenido autorización para intervenir un teléfono o una computadora de una persona, el Consejo de la Judicatura  reportó por su parte que no ha recibido ni concedido ninguna autorización de espionaje a los estados, con excepción de Nuevo León.

A esto se suman notables discrepancias en lo reportado por el gobierno federal. Por ejemplo, el CISEN afirma que realizó dos mil dos solicitudes de espionaje ante los jueces, pero el Poder Judicial solo reporta 654.

El diagnóstico también advierte de problemas de opacidad en el tema de la intervención de comunicaciones, pese a que el artículo 70 de la Ley Federal de Transparencia establece que este tema es de interés público y debe informarse por lo menos con fines estadísticos.

Por ejemplo la Fiscalía de Aguascalientes y las procuradurías de la Ciudad de México y de Guanajuato no entregaron información alguna sobre sus actividades de vigilancia y recolección de metadatos, mientras que la propia PGR y el CISEN dieron datos parciales.

En el caso del CISEN en particular este organismo se ha negado a informar el número de personas que son intervenidas y solo ha reportado la cantidad de solicitudes. Un recurso interpuesto por la Red para la Defensa de los Derechos Digitales derivó en que el INAI decretara que la información tenía que entregarse.

“No obstante, la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal presentó ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación un recurso de revisión en materia de seguridad nacional (el primero del año y el segundo en la historia) en contra de la resolución del INAI, argumentando que divulgar la información en solicitada por R3D en riesgo la seguridad nacional” señala el documento.

El caso quedó registrado en la Corte como Recurso de Revisión en Materia de Seguridad Nacional 1/2016 y hasta el momento está pendiente de resolución. La Red subrayó  que el querer conocer el número de personas que han sido espiadas (no su identidad)  no puede ser considerado como un riesgo a la seguridad nacional.

Veracruz lidera en recolección de datos privados

Entre 2013 y 2015 los estados y el gobierno federal realizaron 41 mil 107 solicitudes de información de datos conservados (metadatos) a las empresas de telefonía del país. Más del 60 por ciento de estas solicitudes provienen de la Procuraduría General de la República (PGR).

Pero a nivel estatal es la Fiscalía de Veracruz la que encabeza las solicitudes de acceso a los metadatos y su tendencia es cada vez más alza. En 2013 realizó 224 solicitudes de este tipo, para 2014 la cifra se disparó a 780 y en 2015 creció a 802.

Por otro lado los datos del Instituto Federal de Telecomunicaciones sobre la primera mitad de 2016 también identifican a la Fiscalía de Veracruz como la dependencia estatal con mayor número de solicitudes entregadas a compañías telefónicas para obtener datos de número de teléfono celular con dos mil 460 peticiones, cifra superior incluso a las solicitudes presentadas por todo el Poder Judicial de la Federación.

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Karol Czinege/EyeEm/Getty Images

¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente? (y cómo el sonido se convirtió en el sabor olvidado)

Decimos que comemos con los ojos, ¿pero sabías que también puedes comer con los oídos? Por extraño que parezca, los sonidos - y especialmente lo crujiente y crocante - tienen mucho que ver con la experiencia culinaria.
Karol Czinege/EyeEm/Getty Images
18 de octubre, 2020
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El sonido es el sabor olvidado. No solo comemos con la boca, con la nariz o con los ojos. También lo hacemos con el oído.

Lo dice el experto en psicología experimental Charles Spence, que lleva casi dos décadas investigando cómo nuestro cerebro procesa información de cada uno de nuestro sentidos, y cómo comprender eso puede ayudarnos a diseñar mejores alimentos (o unos que nos agraden más).

“Desde el crujido de la comida, hasta el ruido del empaquetado, el roce de la cuchara en el plato o la música que escuchamos mientras comemos; todos los sonidos afectan a nuestra experiencia culinaria, unos más que otros, y también al sabor”, le cuenta a BBC Mundo.

Spence, autor de Gastrophysics: the new science of eating (“Gastrofísica: La nueva ciencia de la comida“, 2017), dirige el laboratorio Crossmodal Research de la Universidad de Oxford, Reino Unido, integrado por especialistas en psicología, neurociencia y cocina. También colabora con chefs de renombre -como el español Ferrán Adriá o el británico Heston Blumenthal- para crear experiencias culinarias “multisensoriales”.

Y es que, según el científico, comer es una experiencia mucho más multisensorial de lo que solemos reconocer, sobre todo a nivel auditivo.

No es el único que lo piensa. “Hay varias cosas que nos hacen sentirnos satisfechos con la comida: el olor, el gusto y la textura, en la que incluimos el sonido”, le dice a BBC Mundo la consultora en alimentación Amanda Miles-Ricketts. “Y no hay nada más satisfactorio que algo crujiente o crocante”.

"No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella".", Source: Charles Spence, Source description: psicólogo experimental, Universidad de Oxford, Image:

Precisamente, la preferencia del ser humano por lo crujiente es algo que lleva años fascinando a Spence.

Uno de sus mayores logros es haber creado un ruido electrónicamente modificado de la papa frita para convencer al consumidor de que era más crujiente. Fue un experimento que surgió de la pregunta de si el sabor de una papa frita sería diferente si alteramos su crujido. Y resultó que sí.

La Universidad de Harvard le entregó por ello un Ig Nobel, una parodia del prestigioso galardón “para hacer reír, y luego pensar”.

Pero la cuestión de por qué nos gusta tanto la comida crujiente tiene un trasfondo más serio de lo que parece.

niño comiendo alitas de pollo

Chakarin Wattanamongkol/Getty Images
¿Te entró el apetito?

“Cuando hicimos ese experimento en 2009 era difícil creer que habría interés en el tema, pero desde entonces han surgido muchos trabajos y experimentos para combinar diferentes sonidos y sabores”.

¿Qué nos pasa con la comida crujiente?

“La comida rápida suele ser crujiente, crocante, casi siempre ruidosa”, dice Spence. “A nadie le gusta la idea de una papa frita esponjosa, incluso aunque sepamos que tiene todos los elementos que le dan ese sabor”, comenta el psicólogo.

En su laboratorio de Oxford, ha podido demostrar que las diferentes frecuencias de crujidos pueden alterar cómo percibimos su sabor o incluso que algunos alimentos nos parezcan de mejor o de peor calidad.

“Es una reacción instantánea en nuestro cerebro”, dice Spence. “Todavía estamos investigando por qué nos atrae tanto lo crujiente, pero existen varias teorías”.

“Una de ellas parte de que las verduras y los vegetales más ‘ruidosos’ suelen ser más frescos (y viceversa), por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable“.

“Por otro lado (y paradójicamente), algunos alimentos crujientes -como las galletas, los cereales o las frituras- suelen tener un alto contenido en grasa…. y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido”.

cereales

Getty Images
Cuando comes algo crujiente, prestas más atención a lo que ocurre dentro de tu boca.

A Miles-Ricketts -que tiene una marca propia de tés especializada en salud y bienestar que lanzó tras sufrir problemas en la piel- le preocupa eso. “Al margen de las manzanas, que obviamente son saludables, los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes. No es pura coincidencia“.

“Finalmente”, añade Spence, “otra teoría que surgió hace un par de años es que cuando empezamos a degustar algo nos suele resultar más sabroso, y nuestro cerebro se va adaptando y desconectando a medida que le parece menos ‘interesante’, pero cuando comes algo ruidoso eso dirige tu atención hacia tu boca, lo cual ayuda a que el sabor se quede por más tiempo”.

Eso significaría que puede que nos guste más la comida crujiente porque sentimos que su sabor dura más.

Pero la cuestión de la experiencia sensorial -y sonora- de la comida va más allá de lo crujiente.

Maridaje fonético

“Piensa en el sonido cuando abres una lata, una botella, el corcho del vino o incluso el del microondas. Todo ello afecta a nuestra experiencia y a cómo percibimos el sabor”, explica Spence. “No es casualidad que las papas fritas se vendan en bolsas de plástico especialmente ruidosas; es puro marketing intuitivo”.

Y así como los ruidos afectan al sabor, también lo hace la música.

"Los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes".", Source: Amanda Miles-Ricketts, Source description: consultora en alimentación y fundadora de Niche Tea, Image:

Spence y su equipo han investigado cómo los sabores dulces y agrios suelen asociarse con notas de alta frecuencia, mientras que los amargos equivalen a notas de baja frecuencia.

“Si, por ejemplo, escuchas cierta música mientras tomas una taza de café o comes una porción de chocolate, puedes intensificar su dulzura“, explica Spence.

Es lo que él llama “sazonar fonéticamente” la comida.

El científico asegura que muchas marcas y músicos se han interesado por esta técnica y ya están poniendo en prácticas maneras de combinar sabores y sonidos para mejorar la experiencia culinaria y responder a la pregunta de “cuál es el sonido de su sabor”.

Miles-Ricketts cree que cada vez más actores en la industria alimentaria tienen en cuenta la “funcionalidad y el propósito de sus productos” y el hecho de que la alimentación es “una experiencia multisensorial”.

papas fritas

Getty Images
¡Ese “crunch” es muy deseable!

“Podríamos incluso aprovechar esto para comer de forma más saludable”, propone Spence. “Podríamos comer con menos azúcar si añadimos un poco de ‘música dulce’ para sazonar alimentos, en lugar de la alta música de algunos restaurantes que, de hecho, suprime nuestra capacidad de saborear adecuadamente”.

“Así como maridamos ciertos alimentos con ciertos vinos, podemos maridar sabores con sonidos y formas“.

“Muchos nunca habrían imaginado que la música puede alterar el sabor de la comida, pero es todo un nuevo campo por explorar. ¿Por qué no maridar un sabor con un sonido?”

“No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella”.


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