Casos de feminicidios impunes: historias de violencia contra las mujeres
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Montserrat Sánchez Maldonado

Casos de feminicidios impunes: historias de violencia contra las mujeres

Cientos de mujeres exigieron poner un alto a la violencia de género en el país al marchar del Ángel de la Independencia al Zócalo de la Ciudad de México.
Montserrat Sánchez Maldonado
Por Montserrat Sánchez Maldonado
26 de noviembre, 2016
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Organizaciones sociales y defensoras de derechos humanos marcharon la tarde del viernes 25 de noviembre del Ángel de la Independencia al Zócalo de la Ciudad de México, para pedir a las autoridades capitalinas y del país un alto a la violencia de género.

“Mancera, dinos dónde están las desaparecidas del país y la ciudad” o “Enrique, escucha las mujeres no se callan, eres un feminicida y lo decimos en tu cara”, eran algunas de las consignas que gritaban las mujeres.

Mientras se efectuaba el recorrido, que inició alrededor de las 5:30 de la tarde, una de las jóvenes mostró un cartel en el que se leían los nombres de Mile, Yesenia, Nadia y Alejandra (víctimas de un homicidio en la colonia Narvarte en agosto del año pasado). La mujer manifestó su indignación por la violencia de la que fueron víctimas y la escasa atención que ellas recibieron en comparación con el fotoperiodista Rubén Espinosa.

“Este caso en especial me recuerda lo vulnerables que somos como mujeres. No puede ser que se le dé más peso a un hombre asesinado que a cuatro mujeres; no me pareció la cobertura, se mencionaba el caso como el periodista asesinado y cuatro más; ni siquiera daban sus nombres”, dijo.

Mujeres

La marcha fue del Ángel de la Independencia al Zócalo de la Ciudad de México.

De igual manera, Magdalena Guzmán, madre de Mía Chávez Guzmán, explicó que sale a marchar por su hija, ya que su muerte, dijo, es un femenicidio.

“Mi hija tiene un año y diez meses de haber sido asesinada y hasta el día de hoy las autoridades no han hecho nada. Me han tratado de convencer que fue un accidente; dime tú quien muere en un accidente de 14 puñaladas y luego es arrojada en la delegación Azcapotzalco”, señaló.

El caso de su hija, aseguró, ya ha sido archivado, ni siquiera en la Comisión de los Derechos Humanos la han podido ayudar.

La marcha contó con la participación de personas provenientes de otros estados, como fue el caso de la tía de Jessica Rosario Vega Borbón, quien fue asesinada el año pasado por su esposo en Navojoa, Sonora.

“Fue el 20 de enero que su esposo la mató; aunque está preso aún no recibe sentencia, y a mi parecer, su proceso ha estado lleno de irregularidades, ya que el MP ha pasado por alto su machismo y su misoginia”, dijo.

Agregó que ya pidieron la intervención de la gobernadora Claudia Pavlovich, pero desafortunadamente, dijo, ha hecho caso omiso no sólo a este feminicidio sino a todos los que la Organización Camila Paloma, que se encarga de defender a las mujeres, ha presentado.

“Demandamos, en nombre de las más de 40 muertas en Sonora que se han registrado en el año, se implemente la alerta de género para nuestro estado”, exigió.

Al llegar el contingente al Zócalo, se realizó un mitin, en el que participaron madres de la Caravana de Migrantes Desaparecidos.

Lilia Morales, proveniente del Salvador y quien está en busca de su hermana Jaqueline Morales, desaparecida desde hace ya nueve años, manifestó todo el apoyo de la Caravana hacia las madres mexicanas que también han perdido a sus hijas, hermanas o amigas.

Por último, el comité Pan y Rosas, hizo hincapié en las demandas al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto para frenar el acoso, la prostitución, la violencia y la discriminación hacia la mujer.

Mujeres

“Mancera, dinos dónde están las desaparecidas del país y la ciudad” o “Enrique, escucha las mujeres no se callan, eres un feminicida y lo decimos en tu cara”, eran algunas de las consignas que gritaban las mujeres.

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El estudiante de medicina que se encontró el cadáver de su amigo en una clase de anatomía

La periodista y novelista nigeriana Adaobi Tricia Nwaubani escribe en este reporte especial para la BBC sobre la inquietante realidad detrás de algunos de los cuerpos "no reclamados" enviados a las escuelas de medicina del país.
4 de agosto, 2021
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La periodista y novelista nigeriana Adaobi Tricia Nwaubani escribe en este reporte especial para la BBC sobre la inquietante realidad detrás de algunos de los cuerpos “no reclamados” enviados a las escuelas de medicina de su país.

El estudiante de medicina Enya Egbe salió corriendo de su clase de anatomía llorando después de ver el cadáver con el que debía trabajar ese día.

No fue la reacción aprensiva de un joven ingenuo.

El estudiante de 26 años aún recuerda vívidamente la tarde de aquel jueves hace siete años en la Universidad de Calabar, en Nigeria, cuando estaba con sus compañeros de estudios alrededor de tres mesas de disección, con un cadáver en cada una.

Minutos después, gritó y corrió.

El cuerpo que su grupo estaba a punto de diseccionar era el de Divine, su amigo durante más de siete años.

“Solíamos ir a bailar juntos”, me dijo. “Había dos agujeros de bala en el lado derecho de su pecho”.

Oyifo Ana fue uno de los muchos estudiantes que salieron corriendo detrás de Egbe y lo encontraron llorando afuera.

“La mayoría de los cadáveres que usamos en la escuela tenían balas. Me sentí muy mal cuando me di cuenta de que algunas de las personas pueden no ser verdaderos criminales”, dice Ana.

Explicó que una mañana temprano había visto una camioneta de la policía cargada con cuerpos ensangrentados en su escuela de medicina, que tenía un depósito de cadáveres adjunto.

Egbe envió un mensaje a la familia de Divine, que resultó que había estado yendo a diferentes comisarías de policía en busca de su pariente después de que el joven y tres amigos fueran arrestados por agentes de seguridad cuando regresaban de una noche de fiesta.

La familia finalmente logró recuperar su cuerpo.

El impactante descubrimiento de Egbe puso de relieve tanto la falta de cadáveres disponibles en Nigeria para los estudiantes de medicina como lo que les puede pasar a las víctimas de la violencia policial.

Trauma

Entre los siglos XVI y XIX, por diferentes leyes en Reino Unido, se entregaban los cuerpos de los criminales ejecutados a las escuelas de medicina, un castigo que también promovió la causa de la ciencia.

En Nigeria, una ley actual entrega “cuerpos no reclamados” en depósitos de cadáveres del gobierno a las escuelas de medicina.

El estado también puede apropiarse de los cuerpos de los criminales ejecutados, aunque la última ejecución tuvo lugar en 2007.

Enya Egbe

Enya Egbe
Enya Egbe quedó impactado al descubrir en su clase el cadáver de su amigo

Más del 90% de los cadáveres utilizados en las escuelas de medicina de Nigeria son “criminales asesinados por disparos”, según una investigación de 2011 publicada en la revista médica Clinical Anatomy.

En realidad, esto significa que eran sospechosos matados a tiros por las fuerzas de seguridad.

Sus edades estimadas se encuentran entre los 20 y los 40 años, el 95% son hombres y tres de cada cuatro pertenecen a la clase socioeconómica más baja. No hay donaciones de cuerpos.

“Nada ha cambiado diez años después”, dice Emeka Anyanwu, profesor de anatomía en la Universidad de Nigeria y coautor del estudio.

‘Servicio de ambulancia’

El año pasado, el gobierno de Nigeria estableció paneles de investigación judiciales en diferentes estados para investigar las denuncias de brutalidad policial.

Esto fue en respuesta a las protestas provocadas por el video viral de otro joven presuntamente que murió por disparos del Escuadrón Especial Antirrobo (Sars) de la policía en el estado sureño de Delta.

Muchos de los que testificaron ante los paneles han hablado de familiares arrestados por agentes de seguridad y que desaparecieron.

En la mayoría de los casos, la policía se ha defendido diciendo que los desaparecidos eran ladrones armados que murieron en un tiroteo.

Sin embargo, el portavoz de la policía Frank Mba me dijo que no tenía conocimiento de ningún caso en el que la policía hubiera enviado cadáveres a laboratorios de anatomía o depósitos.

Nigeria

Getty Images
Las fuerzas de seguridad de Nigeria son acusadas de frecuentes abusos.

En un testimonio escrito presentado al panel judicial en el estado de Enugu, el comerciante Cheta Nnamani, de 36 años, dijo que había ayudado a los agentes de seguridad a deshacerse de los cuerpos de las personas a las que habían torturado o ejecutado durante los cuatro meses que estuvo bajo la custodia de Sars en 2009.

Dijo que una noche le pidieron que cargara tres cadáveres en una camioneta, una tarea conocida en el lenguaje de la detención como ‘servicio de ambulancia’.

Luego condujo al cercano Hospital Universitario de la Universidad de Nigeria (UNTH), donde Nnamani descargó los cuerpos. Fueron llevados por un asistente de la morgue.

Nnamani me dijo que luego lo amenazaron con la misma suerte.

En el depósito

En la ciudad sudoriental de Owerri, el depósito de cadáveres del Hospital Aladinma, de propiedad privada, dejó de aceptar cadáveres de presuntos delincuentes porque la policía rara vez proporcionaba identificación o notificaba a los familiares de los fallecidos.

Esto solía dejar al depósito de cadáveres atascado con los costos de mantenimiento de los cuerpos no reclamados hasta que cada pocos años el gobierno finalmente concedía permiso para entierros masivos.

“A veces, la policía intenta obligarnos a aceptar cadáveres, pero insistimos en que los lleven a un hospital del gobierno”, dice Ugonna Amamasi, administradora del depósito de cadáveres.

“Los depósitos de cadáveres privados no están autorizados a donar cuerpos a las escuelas de medicina, pero los depósitos de cadáveres del gobierno sí pueden”, agregó.

Familiares olvidados

Un abogado de alto nivel, Fred Onuobia, asegura que los familiares tienen derecho a recoger los cuerpos de los criminales ejecutados legalmente.

“Si nadie se presenta después de cierto tiempo, los cuerpos se envían a hospitales universitarios”, dice el defensor.

Pero la situación es peor con las ejecuciones extrajudiciales, ya que los familiares nunca se enteran de las muertes o no pueden localizar los cuerpos, afirma.

carro policia

AFP

Después de todo, fue solo por casualidad que la familia del amigo de Egbe, Divine, pudo darle un entierro adecuado.

La asociación de anatomistas de Nigeria ahora está presionando por un cambio en la ley que garantice que las morgues obtengan registros históricos completos de los cuerpos donados a las escuelas, y también el consentimiento de la familia.

También establecerá formas de alentar a las personas a donar sus cuerpos a la ciencia médica.

“Habrá mucha educación y mucha promoción para que la gente pueda ver que si donan su cuerpo, será por el bien de la sociedad”, cuenta el director de la asociación, Olugbenga Ayannuga.

En cuanto a Egbe, estaba tan traumatizado al ver el cuerpo de su amigo que abandonó sus estudios durante semanas.

Dice que imaginaba a Divine de pie junto a la puerta cada vez que intentaba entrar a la sala de anatomía.


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