Una historia no contada de la frontera entre México y Texas, Estados Unidos
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BBC Mundo

Una historia no contada de la frontera entre México y Texas, Estados Unidos

La mayoría de los que llegan a McAllen son mujeres y niños que huyen de la violencia de pandillas en Centroamérica.
BBC Mundo
Por BBC News Rio Grande Valley, Texas
6 de noviembre, 2016
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No teníamos programado ir a McAllen.

La pequeña ciudad texana, cercana a la frontera con México, tiene un centro comercial al borde del camino y el obligatorio Starbucks pero, a primera vista, poco más.

Sin embargo Xochitl Mora insistió.

No podíamos irnos del Valle del río Grande hasta que lo viéramos con nuestros propios ojos.

En McAllen, nos aseguró, encontraríamos otro lado del debate sobre la inmigración.

Mora trabaja para el alcalde de McAllen, Jim Darling, un veterano de Vietnam quien se fue al sur después de la guerra para no tener que aguantarse los helados inviernos de su nativo Nueva York.

McAllenGETTY IMAGES

Durante décadas, el relajado político -que llegó tarde y sin aire a nuestra cita, y se disculpó por no haberse puesto corbata- disfrutó de la relativa serenidad de la vida en el condado de Hidalgo.

Pero hace unos dos años, algo empezó a perturbar la paz y tranquilidad de McAllen.

La primera vez que noté que algo estaba pasando fue cuando estaba en el puente y el director del puerto me dijo: ‘Ayer llegaron 15 niños’. No estamos acostumbrados a lidiar con niños”, recuerda Darling.

“En cuestión de dos días, teníamos una situación diferente”.

La situación

fila en la estación de busGETTY IMAGES
Tras ser procesados por las autoridades de control y vigilancia de fronteras de EU, a muchos migrantes los dejan en la pequeña estación de autobuses de McAllen.

La “situación”, a la que el alcalde Darling se rehúsa a llamar crisis, era la llegada repentina de gran cantidad de mujeres y niños -a menudo solos- que huían de El Salvador, Guatemala y Honduras, el notorio Triángulo del Norte donde la extrema pobreza, violencia de pandillas e ilegalidad son rampantes.

“Algunos cruzan el río nadando”, dice Josh Ramirez, el encargado de Salud de McAllen, “otros sencillamente cruzan el puente caminando hasta llegar al retén y dicen ‘aquí estoy'”.

Han sobrevivido un viaje que muchos nunca logran completar, y en el que la violencia física y sexual es común.

Tras ser procesados por la patrulla fronteriza de Estados Unidos y haber pasado por la revisión de seguridad requerida, los dejan en la estación de autobuses local, desde donde se espera que encuentren la manera de ir a donde sus familiares en otro lugar del país, donde tendrán una audiencia en un tribunal.

Cálida bienvenida

Al principio llegaban a McAllen 30 o 40 migrantes por día.

Pero durante los últimos dos años, al menos 44,000 han pasado por la ciudad, cuya población es de 140,000 personas, y la cantidad sigue aumentando.

NiñoGETTY IMAGES
A menudo los niños llegan a McAllen malnutridos y deshidratados, luego de un arduo viaje por México.

En las semanas recientes, cada mañana han estado llegando 200 mujeres y niños.

Esa oleada ha puesto mucha presión en los servicios de salud y los recursos municipales de la ciudad, y ha dejado a las autoridades locales con una cuenta de más de US$300,000 por pagar.

Sin embargo, la actitud del público frente a la porosidad de la frontera es mayoritariamente positiva.

McAllen, que solía ser un “pequeño pueblo polvoriento” ha prosperado gracias al comercio fronterizo, impulsado por el ahora políticamente condenado Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

“Somos el mayor colector de impuestos sobre ventas per cápita del estado de Texas porque el 38% viene de México”, explica Darling.

Estación de buses de McAllen
Ocasionalmente, activistas contra la inmigración se reúnen en la estación de buses de McAllen, donde dejan a los migrantes.

Los que tienen dinero viajan de Monterrey, en México, para hacer compras en el centro comercial de McAllen, y la ciudad opera gran parte del suministro de las maquilas, o fábricas de manufactura, cuya base está a pocos kilómetros en Tamaulipas.

Firmas como Panasonic, Sony y LG emplean a cientos de miles de personas en Reynosa, mientras que en McAllen están las sedes que se encargan de la logística, almacenamiento y oficinas corporativas, incluyendo las de la Cámara de Comercio de Japón.

Map of US-Mexico border

Las fortunas de las dos ciudades están tan entrelazadas que McAllen destina alrededor de US$1.5 millones al año para el desarrollo económico, sobre todo en México.

Eso quizás explica la cálida bienvenida que reciben los migrantes centroamericanos cuando pasan por McAllen, de parte de residentes y voluntarios como la hermana Norma Pimentel, de la Iglesia Católica del Sagrado Corazón local.

La iglesia fue transformada y ahora parece una tienda, en la que decenas de mesas están repletas de zapatos y ropa donada por los habitantes locales, ordenados por talla y edad y marcados en español.

Jeans para niñas de 7-10 de edad, camisetas para niños de 10-14.

Un menor en un centro de detención.GETTY IMAGES
La patrulla local fronteriza a menudo detiene a menores no acompañados a los que han dejado en la frontera.

En otra parte del salón, toallas sanitarias, ropa de maternidad y sostenes para amamantar, junto con fórmula para bebé y medicinas básicas para quienes sufren de deshidratación, malnutrición o algo peor.

Este centro de descanso “es donde les devolvemos su dignidad humana“, dice la hermana Norma, cuya devoción a la causa de los migrantes llevó al Papa Francisco a llamarla por Skype.

En una tienda de campaña con aire acondicionado levantada en el estacionamiento de la iglesia, los recién llegados descansan tras disfrutar de su primera ducha y posiblemente su primera comida completa en semanas.

Algunos llaman a sus seres queridos para avisarles que por fin están a salvo.

Al menos una docena de niños y niñas están acostados en los catres; en una esquina, un bebé de 17 días de nacido: su mamá quería que naciera en EU pero terminó dando a luz a unos metros de la frontera.

Clothes
ropa
Voluntarios de McAllen donan los alimentos y ropa que le dan a los migrantes en la iglesia.

Alexander, uno de los pocos hombres que llegan a este centro, habla del viaje a través México con su joven hijo, en el que estuvieron de pie durante días en un tractor, sin acceso a instalaciones sanitarias.

Le pagó US$4,000 a un coyote o traficante de personas en Honduras, y dice que apenas su hijo esté acomodado en EE.UU. regresará a por su esposa y sus otros hijos.

La mayoría de los demás no quieren hablar. Pero cuando le preguntamos si teme que el nuevo ocupante de la Casa Blanca haga aún más difícil la entrada al país, se muestra desafiante: “Si deportan a mis hijos y a mí mañana, volveré a hacer el viaje pues en casa no hay nada para nosotros“.

Como un huracán

La hermana Norma y su ejército de voluntarios abordan la “situación” de McAllen como una crisis humanitaria, pero para el alcalde Darling, es un dolor de cabeza político.

Poco después de que la ciudad enfrentó la primera ola de mujeres y niños, Darling fue a Washington y solicitó fondos federales de emergencia “como si fuera un huracán“.

Patrulla fronterizaGETTY IMAGES
Casi la mitad de los detenidos en el Valle de Río Grande se entregan voluntariamente.

Cuando finalmente le dieron un cheque por unos pocos cientos de miles de dólares, fue procesado por el estado de Texas, cuya administración republicana no era muy proclive a ocuparse de los inmigrantes ilegales en una región fronteriza que vota por los demócratas.

McAllen terminó recibiendo solamente US$8.

A los estadounidenses que se preguntan por qué debería importarles lo que sucede en una ciudad polvorienta en el fin del país, el alcalde tiene una simple advertencia.

“Lo que los afectará cuando llegue a su vecindad son las drogas y demás cosas que pasan por ahí”, no los niños y mujeres desesperados que la patrulla fronteriza se la pasa procesando, dice Darling.

Madre besando a un niño.GETTY IMAGES
Este no es el peligro, advierte el alcalde de McAllen.
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Cuartoscuro

Familia LeBarón pide indemnización a AMLO para apoyar a víctimas

El presidente López Obrador aseguró que el caso del asesinato de la familia Lebarón aún no está cerrado y dijo que se castigará a los culpables.
Cuartoscuro
3 de octubre, 2020
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El presidente Andrés Manuel López Obrador se reunió este sábado con las familias LeBarón, Miller y Langford, quienes en noviembre de 2019 fueron víctimas de un ataque armado, en el que murieron tres mujeres y seis menores.

El encuentro privado fue para informar a la familia sobre los avances de la investigación.

El activista Adrián LeBarón acudió esta tarde al lugar donde fueron asesinados su hija Rhonita y sus dos nietos, y de acuerdo con La Vanguardia, acusó que el caso está atorado en la Fiscalía General de la República (FGR).

“Tengo hasta nombre de policías, el caso está atorado en la policía de Gertz Manero, de los policías que dejó Genaro García Luna y ya es hora, ya es tiempo de que se pongan de acuerdo”, declaró.

Mientras que el activista Bryan LeBarón publicó en su cuenta de Twitter que durante su encuentro con el mandatario le pidieron una indemnización como parte de la reparación del daño.

El activista propuso que esa indemnización forme parte de los apoyos que la comunidad LeBarón donará a las personas que se encuentran en riesgo de quedar desprotegidos ante la eliminación de fideicomisos para defensores de derechos humanos, periodistas y víctimas.

“Sabemos que somos millones las víctimas, por eso ese dinero no puede ser solo nuestro, será para quienes se queden sin el apoyo del Fideicomiso para la Protección a Víctimas y Periodistas”, escribió.

“El caso no está cerrado” 

Tras la reunión y previo a inaugurar un cuartel de la Guardia Nacional, López Obrador aseguró que el caso del asesinato de la familia Lebarón aún no está cerrado y dijo que se castigará a los culpables.

Sin embargo no dio detalles del encuentro ni de los avances de la investigación que dio a la familia.

“Vamos a conocer la verdad y se tiene que castigar a los responsables, tenemos ventajas, yo creo que la principal es que nuestro gobierno no establece relaciones de complicidad con nadie”, dijo en conferencia.

López Obrador dijo que su gobierno está buscando que exista justicia para todos los mexicanos y no justicia selectiva “que incluso podamos hablar de la fraternidad universal, justicia para México, para Estados Unidos y para el mundo”.

Desde Bavispe, Sonora, el mandatario dijo que el 15 de diciembre va a regresar a la comunidad de La Mora para entregar más avances sobre las investigaciones.

El 4 de noviembre de 2019, tres camionetas en las que viajaban mujeres y 14 niños de la familia LeBarón, fueron atacadas en la sierra en los límites entre los estados de Chihuahua y Sonora, lo que dejó como saldo nueve personas muertas.

De acuerdo con la cronología de los hechos difundida por el gobierno de México, los integrantes de la familia LeBarón fueron emboscados alrededor de las 13:00 horas por un grupo armado, que incendió una de las camionetas con los pasajeros dentro.

Las autoridades de Estados Unidos detuvieron en ese país a dos presuntos involucrados en la masacre de la familia LeBarón, detenidos que se sumaron a los 7 capturados en México y a los más de 40 involucrados identificados por la FGR.

 

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