¿Lo intentará de nuevo? El futuro de Hillary Clinton tras su derrota en las elecciones de EU
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¿Lo intentará de nuevo? El futuro de Hillary Clinton tras su derrota en las elecciones de EU

Trabajar a favor de los niños y la equidad de género, involucrarse con su fundación: estos son los escenarios para el futuro de Hillary Clinton.
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Por Patricia Sulbarán Lovera // BBC Mundo
19 de noviembre, 2016
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Perder con Donald Trump hasta le quitó las ganas de salir de casa. Eso dijo Hillary Clinton, quien una semana después de perder las elecciones presidenciales de Estados Unidos habló de cómo por momentos solo tenía ganas de acurrucarse a leer en su casa de Chappaqua, Nueva York.

Haber ganado el voto popular no fue consuelo. Lo cierto es que perdió.

Como dice Anthony Zurcher, corresponsal de la BBC en Washington: Por primera vez en 30 años un miembro de la familia Clinton no está maniobrando directamente para llegar a la Casa Blanca”.

Hillary ClintonImage copyrightGETTY IMAGES
Image captionHillary Clinton apareció este miércoles por primera vez desde que dio su discurso de derrota en la elección presidencial estadounidense.

Activista política desde joven, Clinton, de 69 años, fue primera dama del estado de Arkansas, primera dama de Estados Unidos, senadora, secretaria de Estado y la primera mujer candidata a la Casa Blanca de uno de los dos grandes partidos.

En su carrera, su trabajo siempre estuvo muy vinculado a los derechos de la infancia. Y de hecho, la última aparición pública de Clinton fue en un acto benéfico a favor de los niños.

Y ese día volvió a hablar de no rendirse jamás, de continuar luchando. Así que surge la cuestión de qué le deparará el futuro.

Tras muchos años en la política, ¿le llegó la hora de retirarse?, ¿lo intentará de nuevo? ¿Qué ocupará su tiempo de ahora en adelante?

¿Voz de la oposición?

En las dos intervenciones públicas de Clinton tras las elecciones, la ex secretaria de Estado habló de la necesidad de continuar peleando por los valores en los que cree.

Y esos valores chocan frontalmente con algunas de las promesas del presidente electo Donald Trump.

Image copyrightEPA
Image caption“No respetamos al presidente electo”, es uno de los mensajes de las protestas contra Donald Trump en EE.UU.

Algunas propuestas de Trump causaron indignación en parte del electorado de Clinton.

En especial dentro de las minorías, que en gran parte ven con preocupación el deseo del republicano de deportar a millones de inmigrantes indocumentados, restringir la entrada de musulmanes al país o nominar a un juez conservador antiaborto a la Corte Suprema. 

De hecho, estos grupos le dieron la victoria (en voto popular) a Clinton.

Y en varias ciudades del país han salido a protestar contra Trump bajo la consigna de “Not my president” (“No es mi presidente”).

Pero es poco probable, según los expertos, que la exsenadora vaya a asumir un rol de líder de la oposicióny mucho menos que vaya a intentar de nuevo llegar a la Casa Blanca

“En el sistema político estadounidense, el perdedor de la elección presidencial no tiene una vía para institucionalizar su postura opositora”, señaló a BBC Mundo Gil Troy, historiador de la Universidad McGill y autor de varios libros sobre campañas presidenciales en EE.UU., incluido uno sobre Clinton.

Los Clinton llevan más de treinta años como figuras de la política estadounidense.Image copyrightAFP
Image captionLos Clinton llevan más de treinta años como figuras de la política estadounidense.

Sin embargo, el hecho de que la demócrata haya conseguido el voto popular en los comicios se ha convertido en la razón por la que muchos continúan apoyándola.

Pero no es suficiente, le dijo a BBC Mundo Julian Zelizer, historiador especializado en política estadounidense de la Universidad de Princeton.

“Hay mucha frustración sobre la forma en que se manejó la campaña. Muchos demócratas tienen sentimientos mixtos hacia ella, en especial los que la ven como una política que perpetúa el status quo en el partido”, agregó.

Una de las lecciones que dejó la campaña, según Zelizer, es que el Partido Demócrata debe tomar un camino diferente.

Ella es lo opuesto a las voces jóvenes y diferentes que podrían llegar a representar al partido en el futuro”.

Hillary Clinton la activista

A lo largo de su vida, Clinton ha ocupado diversos cargos públicos y privados. Pero nunca ha hecho a un lado su rol como activista por a causas.

En especial por los derechos de los niños.

Quizá eso explique cómo, a pesar de haber expresado no tener ánimos de exponerse al ojo público, la ex secretaria de Estado decidió asistir el miércoles a un evento del Children’s Defense Fund (Fondo de Defensa de los Niños).

Hillary Clinton se reencontró con Marian Wright Edelman, su mentora durante años en la lucha por los derechos de los niños.Image copyrightAP
Image captionHillary Clinton se reencontró este miércoles con Marian Wright Edelman, su mentora durante años en la lucha por los derechos de los niños.

La organización realizó la ceremonia para honrar su trabajo en este campo en un vínculo con el ente que empezó cuando recién egresaba de la escuela de Derecho en Yale, en los años setenta.

Siempre trabajó en políticas públicas a favor de los niños, el acceso a la salud, las mujeres. Es lo que prometió seguir haciendo como presidenta”, acotó Zelizer.

Una posibilidad, entonces, es que la exsenadora continúe trabajando en beneficio de estas causas, pero desde un canal no gubernamental.

El famoso discurso de Hillary Clinton en la Organización de Naciones Unidas en 1995Image copyrightAP
Image caption“Los derechos de las mujeres son derechos humanos y los derechos humanos son los derechos de las mujeres”, fue la famosa frase que pronunció la entonces primera dama ante la ONU en 1995.

“No sería la primera. El excandidato presidencial Al Gore, por ejemplo, se convirtió en un abanderado en la lucha contra el calentamiento global“, recuerda Zurcher, de la BBC.

Otra posibilidad, dijo Zelizer, podría ser en el campo de la diplomacia informal, como lo ha hecho el expresidente Jimmy Carter durante años y su propio esposo, Bill Clinton.

Carter, quien gobernó Estados Unidos país entre 1977 y 1981, obtuvo un premio Nobel de la Paz por haber intervenido en la resolución de conflictos en países como Haití, Bosnia, Etiopía y Sudán a través del Centro Carter.

Como secretaria de Estado entre 2009 y 2013, Clinton visitó 122 países y la estrategia de política exterior estadounidense fue uno de los temas centrales de su campaña presidencial.

Expresidente Jimmy CarterImage copyrightPA
Image caption¿Seguirá Hillary Clinton los pasos del expresidente Jimmy Carter?

“Le importa mucho que el rol de Estados Unidos en el mundo se mantenga estable. Puedo visualizarla colaborando con negociaciones en otros países“, dijo Zelizer, quien publicó una biografía sobre Jimmy Carter.

Limpiar una reputación

Si la exaspirante a la presidencia decidiera emprender proyectos sociales de alcance mundial, ya tiene un lugar de aterrizaje: la Fundación Clinton.

Esta organización benéfica, fundada por la familia Clinton en 1997, ha sido objeto de alabanzas pero también de críticas de quienes la consideran una fuente de corrupción oficial.

Sobre todo cuando Clinton era secretaria de Estado y se cuestionó si favorecía a donantes de la fundación mientras estaba en el cargo.

Bill Clinton y su hija Chelsea ClintonImage copyrightGETTY IMAGES
Image caption¿Habrá espacio para Hillary en la Fundación Clinton?

“Es la oportunidad de que Bill y Hillary limpien esa imagen negativa de la organización y vuelva a ser el centro reputado que hace grandes contribuciones sociales al mundo”, considera el historiador Troy.

El hecho de ser funcionaria pública la obligó a desvincularse de la fundación, pero ahora no habría impedimento para que volviese a hacer parte de su junta directiva.

Lo cierto es que, a pesar de una devastadora derrota, Hillary Clinton ha sido clara en mantener la lucha por los valores que considera correctos para su país.

Y en muchas ocasiones, el presidente Barack Obama y la primera dama, Michelle, se refirieron a la excandidata como una “luchadora” que “nunca renuncia”.

Hasta lo reconoció el propio Donald Trump en un furioso debate presidencial cuando le preguntaron qué virtud veía en Clinton.

“Ella no abandona. No se rinde. Es una luchadora”.

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¿Qué pasa si Trump se niega a abandonar la Casa Blanca pese al triunfo de Biden?

El anuncio del presidente Donald Trump de negarse a aceptar su derrota ante Joe Biden genera una situación tan nueva como desconcertante en la vida del país.
8 de noviembre, 2020
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En 244 años de historia de Estados Unidos, nunca ha habido un presidente que se rehúse a abandonar la Casa Blanca después de haber perdido una elección.

La transferencia ordenada, legal y pacífica del poder es uno de los sellos definitorios de la democracia estadounidense.

Por eso, el anuncio del presidente Donald Trump de negarse a aceptar su derrota ante Joe Biden, genera una situación tan nueva como desconcertante en la vida del país.

Y presenta para los analistas el reto de considerar escenarios antes impensables.

“Lejos de haber terminado”

Trump jugaba golf a las afueras de Washington cuando se confirmó el triunfo electoral de Biden este 7 de noviembre.

Poco después, la campaña del candidato derrotado emitió un comunicado asegurando que la “elección está lejos de haber terminado”.

Donald Trump jugando al golf.

Getty Images
Trump estaba jugando al golf cuando se conoció la victoria de Joe Biden.

“Todos sabemos por qué Joe Biden se está apresurando a presentarse falsamente como el ganador, y por qué sus aliados de los medios se están esforzando en intentar ayudarle: no quieren que se sepa la verdad”, señala el comunicado, en donde además indica que Trump seguiría oponiéndose mediante demandas judiciales al resultado anunciado, alegando la existencia de supuestos fraudes.

La constitución estadounidense es clara, más allá de cualquier duda, en establecer que el actual período presidencial termina “al mediodía del día 20 de enero”.

Joe Biden ha conseguido ganar en una cantidad de estados que le aseguran más de 270 votos en el Colegio Electoral. Por lo que tiene el derecho a ocupar la presidencia por los siguientes cuatro años.

Donald Trump tiene recursos legales y legítimos que todavía puede emplear para disputar el resultado de la votación.

Pero a no ser que ocurra de aquí a allá un giro dramático en las cortes y que pueda probar en los juzgados la existencia de las irregularidades en la elección que él reclama, todavía sin presentar evidencia, el 20 de enero es la fecha en que el actual presidente debe abandonar el poder.

Trump con su equipo en la oficina oval de la Casa Blanca.

Getty Images
¿Qué pasa si Trump se niega a abandonar la Casa Blanca?

Posición anunciada

Trump fue claro a lo largo de la actual campaña en advertir que no aceptaría una derrota.

Dijo en repetidas ocasiones que estaba decidido a seguir al mando, sin importar lo que dijeran las autoridades electorales, indicando que la única posibilidad de que perdiera era si le robaban las elecciones.

Por lo que el país empezó a discutir qué pasaría en el caso de que Trump cumpliera su amenaza e intentara aferrarse al poder a la fuerza.

Una hipótesis incluso comentada por el propio Joe Biden cuando era candidato.

En una entrevista televisada el pasado 11 de junio, el humorista Trevor Noah le preguntó a Biden si había pensado en la posibilidad de que un Trump perdedor se negara a desocupar la residencia presidencial.

“Sí, lo he pensado”, respondió Biden, agregando que estaba convencido de que en una situación semejante, las fuerzas militares se encargarían de impedir que se quedase en el cargo y lo desalojarían sin más de la Casa Blanca.

También se ha dicho que podría ser el Servicio Secreto el que podría cumplir la eventual tarea de escoltar a Trump fuera de la residencia presidencial.

Ese cuerpo civil, encargado de la seguridad del mandatario, tiene por ley también la obligación de proteger a todos los ex presidentes, y seguirá escoltando al ya expresidente a partir del 20 de enero.

Donald Trump con un miembro del Servicio Secreto en la Casa Blanca

Getty Images
El Servicio Secreto es el que podría cumplir la eventual tarea de escoltar a Trump fuera de la residencia presidencial.

Desde que se hizo evidente la ventaja electoral de Biden y parecía inminente el anuncio de su victoria, el Servicio Secreto extremó las medidas de protección sobre el presidente-electo, empezando a darle efectivamente un nivel de seguridad “presidencial”, pese a que Trump insistía en que el demócrata había sido derrotado.

¿El escenario impensable?

Pero en ese punto habría que entrar a evaluar la lealtad a este presidente de las fuerzas de seguridad, tal como lo hacen los analistas que buscan entender la situación de cualquier país en un momento de inestabilidad institucional.

BBC Mundo le preguntó a expertos si era factible que Trump intentase utilizar a las fuerzas de seguridad del estado para quedarse ilegalmente en el poder.

“Que un presidente llegara a abusar de los poderes de la presidencia para quedarse en el cargo después de aparentemente perder la elección, sería duro y destruiría normas vitales. Pero no es inconcebible“, le dice a BBC Mundo el profesor Dakota Rudesill, experto en legislación y política de seguridad nacional, afiliado a la Universidad Ohio State en Estados Unidos.

Causaría un gran daño al país, a principios importantes de las relaciones entre civiles y militares, y a los prospectos globales para la democracia”, advierte.

Sin embargo, aclara que, en su opinión, el escenario en que Trump pudiera aferrarse a la presidencia apoyado en las fuerzas de seguridad es difícil de realizarse.

“El personal militar jura lealtad a la Constitución, no al político que actualmente ocupe la presidencia. Y el que es en este momento el militar de mayor rango en el país, el General Mark Milley, Jefe del Estado Mayor Conjunto, ha dicho repetidamente que los militares no tendrán rol alguno en esta elección”.

Gráfico de quién podría involucrarse si se impugnan los resultados

BBC

Rudesill no es el único que se hace estas preguntas. Keisha Blaine es catedrática de la Universidad de Pittsburgh y experta en el estudio de movimientos de protesta social.

“El solo hecho que tengamos que preguntarnos si las fuerzas armadas intervendrán en la elección revela mucho acerca del triste estado de las cosas en nuestro país“, le dice a BBC Mundo.

Agrega Blaine que “hace cuatro años la mayoría de los estadounidenses no se preguntaban esto. Pero después de haber visto a Trump desplegar agentes federales en Portland y Washington en los últimos meses, es una preocupación seria. No creo que esto sea un escenario probable, pero no podemos descartarlo como una posibilidad seria, teniendo en cuenta todo lo que pasó este año”.

Efectivamente, durante las protestas sociales que surgieron con el movimiento anti-racismo de mediados de año, Trump consideró movilizar a las fuerzas armadas para disolver las manifestaciones.

El pasado 5 de junio, el diario New York Times aseguraba que el general Milley “convenció a Trump de no invocar la Ley de Insurrección de 1807 para movilizar tropas regulares en todo el país para reprimir las protestas, una línea que varios oficiales del ejército estadounidense han dicho que no cruzarán, ni siquiera si el presidente se los ordena”.

Al final, ante la negativa del ejército regular a verse involucrado, Trump ordenó para contener las protestas el uso de efectivos de la Guardia Nacional, que dependen de los gobernadores de cada estado.

Trump con Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto

Getty Images
El 1 de junio, Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, acompañó a Trump a tomarse una foto con una biblia a metros de la Casa Blanca y en medio de las protestas por la muerte de George Floyd. A los días, Milley se arrepintió.

También estuvieron involucrados en la contención de las protestas en Washington, Portland y otras ciudades, miembros de las fuerzas de seguridad no militares que dependen del Ministerio de Seguridad Interior (Homeland Security).

Por lo que algunos contemplan que en una crisis surgida a raíz de las elecciones, Trump potencialmente tendría acceso a ordenar el despliegue de cierto número de personal armado no militar.

Sin embargo, asumiendo que las fuerzas armadas no se pondrían a disposición de la supervivencia política del presidente, es difícil imaginar una maniobra exitosa de Trump para quedarse en el poder en esas condiciones.

¿Violencia en la espera?

Rudesill dice que le produce preocupación escenarios relacionados.

“He escrito acerca de la posibilidad de que el presidente Trump intente usar un decreto ejecutivo, o que el Departamento de Justicia controlado por sus aliados políticos intente emitir una ‘directriz’, indicando que la Rama Ejecutiva debe considerar a Trump como el ganador de una elección disputada”, el experto le dice a BBC Mundo, pero advierte que eso sería “totalmente inapropiado e impermisible”.

“Ordenar al ejército continuar rindiendo saludo al presidente mas allá del final de su período al mediodía del 20 de enero pondría a los militares en una situación imposible”, señala.

Un seguidor de Trump armado en Minesota este 7 de noviembre.

Getty Images
Los analistas dicen que una situación en la que el candidato perdedor de la elección presidencial se niega a aceptar el resultado puede llevar a “la posibilidad de desorden civil serio”.

“La mitad del país y mucha gente alrededor del mundo pensaría que las fuerzas armadas apolíticas estadounidenses habían tomado una posición partidista. Los militares nunca, nunca deben recibir esa orden“, puntualiza Rudesill.

Y sin llegar al caso extremo de una situación en la que se ponga en juego la autonomía de las fuerzas armadas ante las disputas partidistas, otros advierten que una extensión de la actual coyuntura política puede generar violencia en otros campos.

Una situación en la que el candidato perdedor de la elección presidencial se niega a aceptar el resultado ciertamente lleva a “la posibilidad de desorden civil serio”, le dice a BBC Mundo Keisha Blaine.

La retórica presidencial “ha incrementado la posibilidad de protestas e incluso de violencia”, argumenta.

La situación presenciada en distintas ciudades estadounidenses en los últimos meses, de manifestantes armados hasta los dientes expresando su apoyo por el presidente, así como la aparición en las calles de esas mismas urbes de grupos radicales de oposición, son un recordatorio del potencial de violencia que conlleva la actual tensión política en Estados Unidos.

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BBC

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