Legisladores se indignan por gasto de partidos políticos, pero ven difícil una reforma electoral
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Legisladores se indignan por gasto de partidos políticos, pero ven difícil una reforma electoral

Luego de que una investigación de Animal Político documentara que el gasto de los partidos aumentó 5 mil 700 millones en dos años, diputados y senadores plantean propuestas para recortar las prerrogativas a sus partidos.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste
25 de noviembre, 2016
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La Ley General de Partidos Políticos de 2014 fue discutida en la Cámara de Diputados y en el Senado en tan solo 48 horas y aprobada sin la oposición de ningún partido.

Ahora, dos años después, y luego de que Animal Político documentara que los partidos se han embolsado 5 mil 700 millones extra en prerrogativas gracias a esta ley aprobada en el marco de la Reforma Política y del ‘Pacto por México’, diputados y senadores aseguran estar “indignados” con tal derroche de recursos.

Por ello, y ante el nuevo recorte presupuestal de 239 mil millones de pesos con el que México recibirá el próximo 2017, los legisladores plantean medidas para frenar “el despilfarro” de dinero con el que se están beneficiando sus respectivos partidos, como rediseñar el Instituto Nacional Electoral (INE), recortar los gastos a institutos políticos un 50%, o hacer otra reforma a la reforma política de 2014.

Sin embargo, llevar a cabo estas medidas a corto plazo requiere sobre todo de la voluntad de los legisladores y sus partidos que, a meses de las elecciones a gobernador en el Estado de México, Coahuila y Nayarit, y a menos de dos años de las elecciones presidenciales, deberían aceptar perder cientos de millones en prerrogativas aun y cuando la ley actual los ampara. Algo que, tal y como admiten algunos senadores, parece “francamente complicado”.

Animal Político te presenta la postura de los legisladores sobre el aumento millonario destinado a partidos políticos. Cabe precisar que si bien los senadores se renuevan cada seis años –por lo tanto los actuales sí votaron y aprobaron la reforma de 2014-, los diputados actuales no la votaron, puesto que en 2015 se renovó la Cámara.

Recortar 50% a partidos

Para Armando Ríos Píter, senador del PRD por el estado de Guerrero –donde el gasto de los partidos pasó de 67 millones en 2014 115 en 2015, un 61% al alza con la inflación-, se requiere de “un cambio radical en el  modelo de financiación” de los partidos.

“El gasto de nuestra democracia es enorme”, admitió el legislador, quien aseguró que en colaboración con el senador panista Francisco Búrquez ya están construyendo una iniciativa para recortar 50% el gasto de los partidos.

“Si queremos que nuestra democracia electoral sea atractiva para la ciudadanía, tenemos que hacer un recorte trascendental. Un crecimiento de más de 5 mil millones en prerrogativas es difícil de justificar cuando, por otro lado, se están haciendo recortes en salud y educación”, apuntó.

Aunque no precisó más sobre cómo se llevaría a la realidad ese recorte, Ríos Píter opinó que se requiere de “un cambio mucho más radical” que hacer modificaciones a la reforma política aprobada en 2014.

“Hay que cambiar el modelo de financiamiento de los partidos –insistió-, y obligarlos a que verdaderamente innoven en las campañas”.

“Una nueva reforma necesita de una presión muy fuerte de la ciudadanía”

Martha Tagle, senadora independiente, dijo que recortar al gasto de los partidos sí pasa directamente por hacer una reforma a la reforma política de 2014.

“No hay de otra”, dijo Tagle, quien recordó que de poco sirve plantear ideas y propuestas si no se hace una modificación a la actual Ley General de Partidos Políticos. Dicho cambio a la ley, explicó la senadora, debe incluir también un cambio en la fórmula de cómo se reparte el dinero entre los partidos.

Con la fórmula de la ley actual, cada ciudadano en edad para votar paga dos veces por los partidos: una vez por los nacionales y otra por los estatales, y así estos reciben más dinero. De hecho, en los estados el presupuesto de los partidos ha aumentado, en promedio, un 88%.Un ejemplo: en Baja California aumentó de 15.8 millones en 2014 a 116.4 millones un año después. Para 2016, había aumentado a 126.7 millones (592%, calculando la inflación).

No obstante, hacer modificaciones a la fórmula que ha dejado ganancias por más de 5 mil millones a los partidos, va a resultar complicado.

“En primer lugar, no tenemos mucho tiempo –planteó Tagle-. La reforma tendría que salir en el próximo periodo febrero-abril, porque tendría que volver a homologarse en los 32 estados de cara a los próximos comicios”.

“Y en segundo lugar, una reforma para recortar el gasto es un tema que ningún partido ha puesto sobre la mesa para debatirlo”, añadió la senadora.

“Por eso –concluyó-, para que el recorte se incluya en la agenda se requiere primero de una fuerte presión de la ciudadanía”.

¿Financiación pública o privada para los partidos?

Guadalupe Acosta Naranjo, representante del PRD ante el INE, recordó que el dinero que se entrega a los partidos “es el recurso que marca la ley”, y que el debate no debe centrarse “en si es mucho o poco dinero”, sino más bien en si la sociedad quiere un modelo de financiación público o privado para los partidos.

“¿Queremos un modelo como el de Estados Unidos donde los recursos son privados, para que sean los empresarios o los narcotraficantes quienes terminen decidiendo las elecciones?”, preguntó el legislador.

“En mi opinión, el financiamiento debe ser público”, se respondió para subrayar a continuación que con la reforma electoral de 2014 se le dio “dientes” al INE para fiscalizar los gastos de los partidos, eliminando el secreto bancario, el secreto fiduciario y el secreto fiscal.

“Tenemos la burocracia electoral más cara del mundo” 

Jorge Álvarez Maynez, consejero del partido Movimiento Ciudadano (MC) ante el Instituto Nacional Electoral (INE), también admitió que la reforma política de 2014 no ha cumplido con la promesa de reducir los costos de los comicios.

“Al contrario –concedió-. Tenemos la burocracia electoral más cara del mundo”.

En opinión de Álvarez, para reducir los gastos electorales se debe, en primer lugar, empezar por el INE.

“En 2015 ya rechazamos el nuevo edificio del INE (que supondrá una “inversión” de más de mil 100 millones de pesos) y denunciamos que cuenta con un coordinador de asesores que gana más que los secretarios de estado”, apuntó el legislador, quien subrayó que como sociedad “debemos preguntarnos qué tipo de INE necesitamos”. “Ya que –abundó-, lo que es un hecho es que el INE actual no es lo que en verdad ocupamos”.

Además del INE, cabe recordar que en la segunda parte del especial ‘Derroche por la democracia: así se tira tu dinero’, se documentó que los institutos electorales a cargo de organizar las elecciones para gobernador duplicaron su gasto entre un proceso electoral y otro, sin justificación.

Aguascalientes es un claro ejemplo. Entre la elección para gobernador de 2010 y la de 2016 el gasto aumentó 922%; en la primera se gastó 1.7 millones de pesos en materiales electorales y en la de este año 22.2 millones. No hay explicación para este incremento.

“Poner controles al sistema electoral cuesta dinero”

El priista Jorge Carlos Ramírez justificó que el aumento de los costos de la democracia electoral está directamente relacionado con la necesidad de garantizar la “imparcialidad” de todas las elecciones en el país.

“Todavía el sistema (electoral) presenta vulnerabilidades y vacíos que hay que llenar. Y por cada uno de esos vacíos, la propuesta es ponerle más controles. Y cada control cuesta dinero”, señaló Ramírez.

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Prueba del coronavirus: para qué sirven y para qué no los distintos tests de la covid-19

Existen multitud de pruebas para saber si estamos infectados de coronavirus o lo hemos estado en el pasado. ¿Para qué sirve cada una? ¿Qué información nos dan?
26 de noviembre, 2020
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Conforme avanza la pandemia la población se va anegando en una terminología médica que hace menos de un año desconocía.

Los términos anticuerpo, antígeno y PCR son ya habituales en las conversaciones, aunque muchas veces no se tenga clara la utilidad y la repercusión de cada uno de ellos en la salud individual y colectiva.

La introducción reciente de nuevas pruebas diagnósticas como la prueba de detección de antígenos, más fiable ahora que al inicio de la pandemia, ha hecho que se amplíe el número de herramientas disponibles para la detección de infecciones por SARS-CoV-2.

Con ello, aumenta la necesidad de disponer de guías que ayuden a decidir qué prueba se debe realizar en cada caso particular y cómo interpretar sus resultados.

Entornos diferentes necesitan pruebas diferentes

Son muchas las situaciones en las que es necesario aplicar pruebas diagnósticas pero, en líneas generales, podemos plantear los siguientes escenarios:

  • El cribado masivo de la población asintomática.
  • El cribado de la población de alto riesgo (por ejemplo, en residencias de la tercera edad y a personal sanitario).
  • La investigación de los contactos estrechos que ha tenido una persona infectada.
  • El diagnóstico clínico de una persona sintomática.
  • El seguimiento de la severidad de la enfermedad una vez diagnosticada o de la duración de la infectividad del paciente.
  • El estudio serológico poblacional de infecciones pasadas.

Hasta la fecha ninguna prueba diagnóstica cumple los requerimientos para ser aplicada con fiabilidad en todos y cada uno de estos escenarios.

Esta situación ha generado mucha confusión en la interpretación de los resultados obtenidos por las distintas pruebas en cada uno de estos escenarios. No solo entre la población sino a veces entre los propios sanitarios.

Cada prueba, con sus limitaciones, puede tener utilidad en un entorno concreto y es necesario conocerlas para poder tomar las decisiones clínicas oportunas en función de sus resultados.

En la siguiente tabla se muestra un resumen de las situaciones clínicas donde se puede aplicar cada prueba y cuáles, dentro de las aplicaciones recomendadas, son aquellas situaciones donde hay más probabilidad de que se obtenga un falso positivo (un positivo en personas no infectadas) o un falso negativo (un negativo en personas que sí están infectadas).

Todo esto asumiendo que no ha habido errores en la toma de muestras, su transporte y el procesado preanalítico.

Pruebas que detectan infección pasada o en fases finales

Las pruebas serológicas consisten en la detección de anticuerpos (IgM, que indica infección resolviéndose, e IgG, que indica infección pasada). Pueden ser útiles en las encuestas epidemiológicas a nivel poblacional en las que se quiere evaluar la prevalencia de personas que han estado en contacto con el virus.

En concreto, los anticuerpos IgM aparecen a los 6-7 días del inicio de la infección y se detecta mayor positividad a los 15 días. Alrededor del día 20 desde el inicio de los síntomas ya no se detectan.

Los anticuerpos IgG aparecen aproximadamente a los 15 días del inicio de la infección y confieren probable inmunidad (aunque en la actualidad se desconoce por cuánto tiempo).

Este es el caso de las encuestas de seroprevalencia realizadas en España desde el Instituto de Salud Carlos III y en las que se pudo conocer la prevalencia y características de la población que se había contagiado durante la primera ola de la pandemia, a través de la medición de los anticuerpos IgG .

Tubo con muestra para prueba molecular de covid-19

Getty Images
Si te has hecho la prueba contra el covid-19, ¿sabes qué tipo de análisis te has hecho?

Sin embargo, estas pruebas tienen un uso muy limitado (si es que tienen alguno) en la evaluación de la infección activa, a pesar de que con este fin se estén aplicando erróneamente en algunas comunidades autónomas y en otros ámbitos.

Además, tienen importantes limitaciones, especialmente las relacionadas con la presencia de resultados falsos positivos por su reacción cruzada con otros virus.

Existen diferentes técnicas para la determinación de anticuerpos: ELISA (Enzima-Inmunoensayo) y CLIA (Quimio-luminiscencia) (pruebas de referencia para la determinación de anticuerpos) e inmunocromatografía (o también llamada prueba rápida).

Los resultados de las pruebas de ELISA/CLIA son cuantitativos. Es decir, se indica el título (o número) de anticuerpos presentes.

Por otra parte, los resultados de las pruebas rápidas son cualitativos (presencia o ausencia de anticuerpos).

La sensibilidad y especificidad es mayor en las pruebas de ELISA y CLIA que en las pruebas rápidas. No obstante, dada la facilidad de realización de las pruebas rápidas (muestra de sangre capilar frente a suero o plasma y menor complejidad en su realización), se ha extendido su uso, sobre todo en laboratorios privados, a pesar de la mayor probabilidad de resultados falsos negativos y positivos.

Pruebas que detectan infección activa

Entre las pruebas para detectar la presencia del virus, el uso de la PCR -que detecta el genoma viral- se ha establecido como la prueba de oro para la detección de infección activa.

Entre sus limitaciones, además de la complejidad en términos de equipamientos de laboratorio, coste y tiempo, hay que destacar los falsos negativos que pueden depender del inicio de los síntomas o la carga viral, así como falsos positivos en función de las características del entorno en que se realizan y la dinámica temporal de la infección.

En general, en personas con baja probabilidad de estar infectadas (como ocurre en los cribados de población general) aumenta la probabilidad de obtener falsos positivos.

Por otro lado, un resultado positivo semanas después de la aparición de los síntomas puede ser debido a la detección de fragmentos no viables del virus en personas que ya no tienen capacidad infecciosa.

Dentro de esta categoría de pruebas infección activa se encuentran las nuevas pruebas de detección de antígenos que se consideran “rápidas y baratas”.

Detectan la presencia de proteínas virales de SARS-CoV-2 y tienen las ventajas de dar resultados en 15-30 minutos y poderse realizar fuera del ámbito del laboratorio clínico, en el ámbito cercano al paciente.

Su recibimiento por parte de la población y la clase política ha sido entusiasta.

No obstante, su sensibilidad (especialmente en poblaciones asintomáticas) es menor a la de la PCR, con una mayor tasa de falsos negativos, por lo que un resultado negativo en alguien con sospecha de estar infectado necesita confirmación con una determinación por PCR.

Raspado nasal para aplicar una prueba molecular de covid-19 a un paciente.

Getty Images
La prueba molecular se aplica sobre muestras del tracto respiratorio del paciente.

La OMS y el ECDC han recomendado su uso en ámbitos donde no es posible realizar la PCR o se necesita un resultado rápido para la toma de decisiones clínicas (aislamiento, hospitalización, inicio de tratamiento específico, etc.), aun señalando que deben realizarse dentro de los 5 días desde el comienzo de los síntomas.

Estas pruebas no se aconsejan para la detección de personas infectadas entre los casos asintomáticos, ya que su rendimiento diagnóstico en esta población es bajo.

Los estudios en estas poblaciones en nuestro país (España) sitúan su sensibilidad entre el 45% y 57% (un estudio que la eleva hasta al 79%, pero en una población con una prevalencia de enfermedad muy alta).

En el caso de los niños sintomáticos, con una sensibilidad en torno al 62 %, también podría ser preferible la PCR.

Pruebas en farmacias y administradas por los propios pacientes

Algunas pruebas de infección pasada (anticuerpos) se han empezado a comercializar en las farmacias comunitarias para su uso por los propios pacientes tras prescripción médica.

Igualmente, algunas Comunidades Autónomas -regiones en España- y colegios farmacéuticos han abierto el debate sobre la realización de pruebas de antígenos en las farmacias comunitarias.

Una práctica que ya se da en países como Francia, un país con un sistema sanitario muy diferente al español.

En el Sistema Nacional de Salud español (no tanto en las aseguradoras privadas) las pruebas de antígenos están disponibles en los centros de atención primaria y hay que evaluar cuidadosamente la necesidad de remitir a las farmacias comunitarias una prueba que puede hacerse inmediatamente en el propio centro.

No obstante, en la situación tan excepcional que estamos viviendo, y con la necesidad de ampliar la capacidad de detección del virus, son iniciativas a evaluar.

Pese a las discusiones en los medios sobre las competencias de cada profesión y el lugar de realización de las pruebas, el problema importante se debe centrar en el hecho de que una prueba diagnóstica exige una interpretación rigurosa de sus resultados en función de la situación clínica del paciente o la persona en que se realiza.

Esto es lo que se debe asegurar en cada caso.

El hecho de que una prueba pueda dar falsos positivos y negativos no significa que no sea útil, sino que debe ser realizada en el entorno en el que es más útil y ser interpretada teniendo en cuenta la información clínica del paciente y la prevalencia de la infección en el ámbito de actuación.

Por tanto, las iniciativas en las que es el propio paciente el que recoge el test de anticuerpos en la farmacia para hacerlo en su casa puede llevar a múltiples situaciones confusas.

Estas suponen un riesgo tanto para la salud individual como para la colectiva.

Interpretación apropiada de pruebas imperfectas

Buena parte del lío en torno a las pruebas de covid-19 deriva de la confusión entre asintomáticos y presintomáticos, del valor informativo de cada prueba en la dinámica temporal de la infección y del falso discurso de “cuantas más, mejor”.

Al mismo tiempo se olvida que, como en cualquier otra enfermedad, la medicina científica exige el uso de la prueba adecuada, en la persona adecuada y en el momento adecuado.

Más allá de la confusión, el uso de pruebas diagnósticas de covid-19 requiere no olvidar algunas reglas de extrema importancia:

  • Las personas con síntomas o que sean contacto estrecho de caso de covid-19, aunque sean asintomáticas, deben ser aisladas y controladas por los servicios de atención sanitaria. Todo esto aunque los resultados de sus pruebas, sean cuales sean, den negativo.
  • Un resultado negativo de una prueba de antígenos (o una PCR) no excluye el desarrollo de enfermedad o la posibilidad de contagiar (especialmente en los días inmediatamente siguientes). Tampoco permite relajar ninguna medida de distanciamiento social (mascarillas, distancia, aforos, etc.).
  • Una prueba de anticuerpos positiva no es un pasaporte biológico. No garantiza que una persona concreta haya pasado la infección o que no la pueda volver a contraer, sobre todo si se ha llevado a cabo mediante test rápidos.

* Blanca Lumbreras es catedrática de medicina preventiva y salud pública de la Universidad Miguel Hernández y Salvador Peiró es investigador de Fisabio Salud Pública.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes ver la versión original aquí.


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