Hex-Gay: la terapia mágica para convertir heterosexuales en gays
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Manu Ureste

Hex-Gay: la terapia mágica para convertir heterosexuales en gays

El colectivo artístico Hex-Gay recrea, en clave de sátira, una clínica para ‘revertir’ la heterosexualidad en respuesta a las ‘terapias’ que grupos como Exodus ofrecen para ‘curar’ a personas gay.
Manu Ureste
Por Manu Ureste
7 de noviembre, 2016
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¿Se puede ‘convertir’ una persona heterosexual en gay? Para el colectivo artístico ‘Hex-Gay’, si grupos cristianos como Exodus Latinoamérica prometen que pueden ‘revertir’ la homosexualidad basándose en la fe en Cristo y ‘terapias’ que cuestan 700 pesos, ellos también pueden hacer el proceso a la inversa mediante la “magia homosexual”. Y además, gratis.

Aunque eso sí, a diferencia de Exodus, cuyo “ministerio de la restauración sexual” sí ofrece de verdad “tratamientos” para personas que, según Exodus, “tienen AMS” –Atracción Mismo Sexo-, en la ‘clínica’ de Hex-Gay todo se trata de una sátira teatral donde, en clave de humor, se hace una crítica de las ‘terapias’ que prometen ‘curar’ la homosexualidad.

“Dioses, permitirme ser gay”

Al final de un largo pasillo oscuro, dos luces rojas dibujan sobre el suelo un pentagrama.

Junto a uno de los vértices, la figura de una mujer envuelta en un manto negro que le cubre la cabeza y parte del rostro, se mece inquieta susurrando plegarias que rebotan entre las paredes desnudas de este exmanicomio de principios del siglo pasado de la Ciudad de México, donde se desarrolla la sátira.

La mujer está como ‘ida’. Mira hacia la nada, se estremece, y toma entre sus manos una vela temblorosa cuya luz anaranjada descubre un rostro joven y unos ojos blancos que están fuera de toda lógica.

En el otro extremo de la habitación, el quejido de una puerta de madera da paso a una mancha oscura que comienza a tomar forma. Es una figura alta, espigada, que oculta el rostro tras un capirote parecido al que usa el Ku Kux Klan, pero en color negro. Unos pasos atrás, otra mujer con cara de susto camina descalza por el cemento frío hasta llegar a los pétalos de flores que trazan el pentagrama.

Con el brazo, la figura vestida con una larga túnica negra ordena a la mujer que se coloque en el centro de la estrella de cinco puntas.

-Hechicera, invite a los Dioses –rompe el silencio una voz fatigada de hombre.

El ritual de ‘magia homosexual’ ha comenzado.

El colectio Hex-Gay realizó la sátira en respuesta a las 'terapias' para 'curar' la homosexualidad.

El colectivo Hex-Gay realizó la sátira en respuesta a las ‘terapias’ para ‘curar’ la homosexualidad.

El hombre vestido de Ku Klux Klan comienza a invocar a los cuatro elementos de la Naturaleza por cada uno de los puntos cardinales, y la bruja llama “a los espíritus más perfectos” para que ayuden a la mujer a iniciar su “proceso de conversión” de heterosexual a lesbiana.

-Hechicera, prepara la pócima –ordena la voz-.

Ésta toma una jarra y entre rezos incomprensibles vierte un líquido sobre un cáliz de piedra que pone en las manos de la mujer, que bebe sin protestar. A continuación, la hechicera se pone de rodillas, le pregunta el nombre y le pide que repita estas palabras: “Pregunto en nombre de los Dioses concederme una orientación homosexual –deja espacio para una pausa teatral-. Por mi voluntad, en esta vida, y sin causar daño a nadie”.

Algo intimidada, la mujer asiente con la cabeza y balbucea la frase.

-¡Dioses! –grita la hechicera-. ¡Permitirme ser gay!

Tras un breve silencio sordo, la bruja se pone de pie y danza grotescamente alrededor del pentagrama.

La voz cansada del hombre cierra el ritual. Da las gracias a cada uno de los elementos de la Naturaleza. Despide a los Dioses con un “alabado sea y hasta pronto” y se levanta despacio para alejarse junto a la mujer hasta el extremo de la habitación por donde entraron.

Tras ellos, la hechicera continúa danzando fundiéndose con la luz mortecina de las velas, mientras entre susurros y risas desordenadas, repite una y otra vez: “Alabado sea, alabado sea…”.

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“Los grupos que ofrecen ‘curar’ la homosexualidad son venenosos”

Sentados en una de las laberínticas habitaciones de Platoon, un antiguo centro psiquiátrico de la Ciudad de México reconvertido en centro cultural, Tomás Ramírez y Tim Dubitsky –el actor detrás del atuendo estilo Ku Klux Klan– explican que la idea de hacer esta sátira para recrear “un ritual de magia homosexual” surgió como “una respuesta con humor” a ciertas creencias que aún prevalecen sobre la homosexualidad.

“Hay personas que todavía creen que los gays tienen el poder de convertir a otras personas en homosexuales con el simple hecho de tocarlos. ¡Creen que tenemos poderes mágicos!”, exclama entre risas Tomás, quien a continuación recupera el gesto serio para admitir que les preocupa es la proliferación de ‘terapias’ como las que ofrece Exodus Latinoamérica; un grupo cristiano que, tal y como documentó Animal Político el pasado 24 de octubre, ofrece ‘revertir’ la homosexualidad.

“Estos grupos son venenosos para la sociedad. Quieren convencer a la gente de que la homosexualidad es algo que se puede revertir y además quieren quitarnos derechos básicos que cualquier persona debe tener”, critica Tomás, que opina que la principal ‘arma’ de estos grupos es persuadir a través de la “sugestión” a personas “desinformadas”.

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Por ello, explica el integrante de Hex-Gay, la recreación teatral de una ‘clínica de reconversión’ no es solo una sátira de estas ‘terapias’, sino que también busca “ofrecer información a través del arte y de la cultura”. Herramientas clave para luchar contra la homofobia en México, donde la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de Odio por Homofobia documentó en un informe elaborado a partir de reportes de notas periodísticas, que en los últimos 19 años se han registrado mil 218 asesinatos por homofobia, siendo la Ciudad de México la que ocupa el primer lugar, con 190 homicidios.

De hecho, la capital del país también es la entidad número uno en agresiones a personas transexuales, según documenta la asociación civil Letra S, con 36 asesinatos en los últimos 20 años.

A pesar de estos datos y de la reciente proliferación de las ‘terapias’ para ‘curar’ a personas gay, Tomás opina que especialmente en la Ciudad de México se ha logrado “un proceso de transición en el que se tiraron muchos tabúes” sobre la homosexualidad.

“Sin ir más lejos -recuerda al tiempo que pasea la mano por las paredes de la habitación donde se hizo el performance-, hace no tantos años en hospitales psiquiátricos como este se encerraba a personas homosexuales porque se creía que estaban enfermos”.

“Por eso –subraya el activista de Hex-Gay para concluir-, es muy importante que como sociedad continuemos avanzando y no retrocedamos de nuevo a esos tiempos”.

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“No necesito GPS ni mapa, todo lo tengo en la cabeza”: el camionero de 90 años que se rehúsa a jubilarse

Brian Wilson conduce camiones desde que era adolescente y por ahora no piensa en abandonar el volante.
13 de noviembre, 2022
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Brian Wilson, de 90 años, es uno de los camioneros activos más longevos del mundo.

Y, después de más de 70 años en la carretera, aún no tiene planes de poner el freno de mano.

Brian ni se preocupa por tener un GPS. Sí tiene un atlas de carreteras, aunque dice que es de hace “unos 40 años” y que, de todos modos, lo tiene guardado en el maletero del coche.

“No necesito GPS ni mapa”, asegura. “Todo está aquí arriba”. Sonríe y se golpea la sien para reforzar el punto.

Estamos sentados en la cabina del camión de 1993 de Brian. Junto a los modernos camiones Scania alineados en este predio logístico en las afueras de Sheffield, Inglaterra, el suyo se destaca.

La palanca de cambios está pegada con cinta adhesiva, la tapicería ha tenido días mejores y huele a tabaco.

Según Guinness World Records, el hombre de mayor edad con una licencia para conducir vehículos de gran peso es el británico Jack Fisher, con 88 años y cuatro días, al 27 de enero de 2021.

Brian Wilson al volante de su camión.

BBC
Brian ha sido invitado por Guinness World Records a presentarse para ser reconocido como el conductor de vehículos pesados más longevo del mundo.

Ahora, Brian ha sido invitado a hacer su propio reclamo en el registro mediante la presentación de pruebas de edad y ocupación. “Realmente no pienso en eso”, dice. “Solo salgo a trabajar”.

Si solo está siendo modesto o práctico es difícil saberlo.

Imposible no trabajar

Un paquete de 20 cigarrillos, un encendedor, una copia del Daily Mirror y trapos ocupan el espacio entre nuestros asientos.

“Me inquieto cuando no estoy trabajando”, dice.

Brian muestra algunas fotografías, mientras hacemos un viaje por el camino de la memoria, desde que era un joven soldado hasta la etapa nonagenaria.

Hay una imagen suya de vacaciones. Está sentado en una mesa, leyendo un periódico. No parece un hombre de vacaciones.

“Dos o tres días sin trabajar, sin hacer nada, y ya tuve suficiente”, dice. “Tengo que estar haciendo algo. Siempre quiero volver al trabajo“.

En la industria del transporte, se le conoce como “un original”. Mientras que otros confían en las cinchas de amarre con hebillas para asegurar las cargas, Brian prefiere la forma antigua, usando cuerdas y láminas.

Es un arte que se está muriendo, dice.

Brian le da crédito a su tío por haberle enseñado a conducir a los 16 años, aunque su carrera militar en la década de 1950 indudablemente agudizó sus habilidades.

En la década de 1960, después de un periodo repartiendo gasolina para Esso, Brian se unió a la empresa de transporte de su padre Edward: E. Wilson e Hijo.

Hoy es dueño del negocio familiar, que principalmente transporta resortes de acero.

“Todos los jueves me levanto a las 4:00 en punto, listo para salir de casa a las 5:15”, narra.

Brian desgrana sus “gotas” del día. “Leicester, Tamworth, Redditch, Birmingham, Telford (…) haré unas 300 millas (casi 500 kilómetros)”.

La lejana jubilación

Brian es un hombre de pocas palabras y las hace valer. Su actitud se suaviza cuando veo su anillo de bodas.

“Llevamos casados ​​67 años”, dice sonriendo. “Tenía 15 años cuando Mavis y yo nos conocimos en una feria”.

Me muestra una fotografía con su pareja tomada en su aniversario de bodas de rubí, es decir, cuatro décadas juntos. “Todavía nos cuida a todos”, dice.

A Brian puede que le ocurra como a su madre, Gertrude, que vivió hasta los 102 años.

Al igual que su camión, Brian tiene que pasar por un control de salud completo cada año, y el próximo vence antes de Navidad.

Si su médico de cabecera lo considera apto para trabajar, Brian tiene la intención de continuar durante al menos otro año antes de considerar jubilarse.

“También depende de cómo esté mi mujer”, añade.

Otros transportistas hablan muy bien de él.

De vuelta en la cabina de su camión, Brian reconoce que habrá algunos que crean, a los 90 años, que es demasiado mayor para conducir un automóvil y mucho menos un camión.

“Lo sé, lo sé”, dice, mirando por la ventana. “Pero sabré cuando sea el momento”.

“Es un sorteo quién se retirará primero”, agrega Brian. “Si el camión o yo”.

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