La insólita crisis de Holanda: la escasez de delincuentes
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La insólita crisis de Holanda: la escasez de delincuentes

Las prisiones de Holanda se vacían rápidamente. ¿Cómo llegaron a esta situación? ¿Por qué algunos están molestos con esta “crisis”?
Especial
Por Lucy Ash // BBC Mundo
12 de noviembre, 2016
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Mientras que la mayor parte del mundo no sabe cómo lidiar con el hacinamiento en las prisiones, Holanda tiene el problema opuesto: poca gente a la cual encerrar. En los últimos años, 19 cárceles han cerrado y el año que viene otras más lo harán. ¿Cómo lo lograron y por qué hay algunos que piensan que eso es un problema?

El olor a cebolla frita sube por la escalera de metal, más allá de las puertas de las celdas y a lo largo del pabellón. Abajo, en la cocina, los internos de esta cárcel de Holanda están preparando su cena. Uno de ellos empuña un cuchillo de sierra largo y corta verduras con pericia.

“¡He tenido seis años para practicar, de modo que estoy mejorando!”, dice.

Es un trabajo ruidoso porque el cuchillo está unido a la mesa de trabajo con una larga cadena de acero.

“No pueden llevarse el cuchillo”, aclara Jan Roelof van der Spoel, vicegobernador de esta prisión de alta seguridad en el noreste de Holanda llamada Norgerhaven. “Sin embargo, pueden tomar pequeños cuchillos de cocina prestados si entregan sus pases, así sabemos exactamente qué tiene quién“.

Algunos de estos hombres están presos por delitos violentos y la idea de que anden por ahí con cuchillos puede parecer alarmante. Pero aprender a cocinar es una de las varias formas en las que la cárcel le ayuda a los delincuentes para integrarse a la sociedad después de su liberación.

Cuchillo encadenado
Cuchillo encadenado.

“En el servicio en Holanda nos fijamos en el individuo”, explica Van der Spoel.

“Si alguien tiene un problema de drogas, tratamos su adicción; si son agresivos proporcionamos terapia para controlar la ira; si tienen problemas de dinero, les damos asesoramiento para manejar la deuda”.

Tratamos de eliminar lo que los llevó a delinquir. El recluso o la reclusa debe estar dispuesto a cambiar, pero nuestro método ha sido muy eficaz. En los últimos 10 años, nuestro trabajo ha mejorado más y más”.

Añade que algunos delincuentes reincidentes son eventualmente condenados a penas de dos años y programas de rehabilitación a medida. Después de eso, menos del 10% vuelven a la prisión.

En Inglaterra y Gales, y en Estados Unidos, aproximadamente la mitad de los que cumplen condenas cortas reincide en los siguientes dos años, y la cifra es a menudo más alta para los adultos jóvenes.

Veenhuizen
Veenhuizen está en una provincia a la que llaman “la Siberia holandesa”.

Norgerhaven, así como Esserheem -otra prisión casi idéntica en el mismo pueblo, Veenhuizen- tiene un montón de espacio abierto.

Patios del tamaño de cuatro canchas de fútbol cuentan con árboles de roble, mesas de picnic y redes para jugar voleibol.

Van der Spoel dice que el aire fresco reduce los niveles de estrés tanto para los reclusos como para el personal.

Además, a los internos se les permite caminar sin compañía a la biblioteca, a la clínica o al comedor y esa autonomía les ayuda a adaptarse a la vida normal después de su condena.

Patio de la cárcel
El patio para que los reclusos hagan ejercicio no se parece mucho a los que vemos en las películas.

Hace una década, Holanda tenía una de las tasas de encarcelamiento más altas de Europa; ahora, una de las más bajas: 57 personas por cada 100.000 habitantes.

Sin embargo, las mejoras en la estrategia de rehabilitación no es la única razón de la fuerte disminución de la población penal holandesa -de 14.468 en 2005 a 8.245 años pasado- una caída del 43%.

El pico en 2005 se debió en parte a otra mejora: la de los sistemas de detección en el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam, que dio lugar a una explosión del número de mulas de drogas arrestadas por llevar cocaína.

Hoy en día, las prioridades de la policía de Holanda son distintas, según le dijo a la BBC Pauline Schuyt, profesora de Derecho Penal de la sureña ciudad de Leiden.

“Cambió su enfoque y ahora se concentra en la lucha contra la trata de personas y el terrorismo“, señala.

Además, los jueces holandeses suelen utilizar alternativas a la prisión, como períodos de servicio a la comunidad, multas o el marcado electrónico de los que violan la ley.

Angeline van Dijk
Angeline van Dijk: “Tenemos sentencias de cárcel más cortas y un índice de criminalidad decreciente”.

Angeline van Dijk, directora del servicio de prisiones de los Países Bajos, dice la cárcel es utilizada cada vez más para individuos demasiado peligrosos para que estén en libertad, o para los vulnerables que necesitan la ayuda disponible en el interior.

“A veces es mejor para las personas permanecer en sus puestos de trabajo, quedarse con sus familias y pagar el castigo de otra manera”, asegura.

“En los Países Bajos, tenemos sentencias de prisión más cortas y una tasa de criminalidad que está disminuyendo, lo que resulta en celdas vacías”.

Pero aunque los delitos registrados muestran una reducción de 25% en los últimos ocho años, algunos argumentan que eso es el resultado de la clausura de las estaciones de policía, debido a recortes presupuestarios, lo que hace más difícil denunciar crímenes.

Otros críticos, como Madeleine Van Toorenburg -ex directora de una cárcel y ahora portavoz de justicia criminal del partido de oposición Llamada Demócrata Cristiana- alegan que la escasez de los presos se debe a bajas tasas de detección.

La policía está abrumada y no puede manejar su carga de trabajo“, asegura. “¿Y cuál es la respuesta del gobierno? Cerrar las prisiones. Para nosotros, eso es sorprendente“.

Sendero que lleva al edificio donde los presos trabajan.
Por este sendero, los prisioneros van a sus trabajos.

Lo que está claro es que muchos de los funcionarios que trabajan con Angeline van Dijk no están contentos con la falta de gente para encerrar.

Frans Carbo, el representante de los funcionarios de prisiones de la unión FNV, dice que sus miembros están “enojados y un poco deprimidos”. Los jóvenes ya no quieren trabajar en el servicio de prisiones, añade “porque no hay futuro, nunca se sabe cuando van a cerrar tu prisión”.

Una de las cárceles vacías en Holanda es hoy un hotel de lujo al sur de Ámsterdam. Sus cuatro suites más caras se llaman El abogado, El juez, El gobernador y El carcelero.

Pero otras, convertidas en centros de recepción de asilo, le han dado empleo a algunos ex guardias de la prisión.

Niños en un centro de refugiados.
De cárceles sin presos a centros para recibir refugiados.

El deseo de proteger el empleo de los que trabajan para el servicio de prisiones de Holanda generó una solución sorprendente: la importación de los internos extranjeros procedentes de Noruega y Bélgica.

“En un momento nuestro secretario de Estado se reunió con el ministro noruego de la Justicia y le dijo que tenía algunas celdas de sobra, así que podía alquilar una de nuestras prisiones”, cuenta Jan Roelof van der Spoel.

Así que en septiembre pasado Noruega comenzó a enviar a algunos de sus condenados al sur de cumplir sus penas en la prisión de Van der Spoel, Norgerhaven.

El gobernador de la prisión es ahora un noruego, Karl Hillesland, pero los guardias que vigilan los 234 reclusos son holandeses.

Con sus modales suaves y su bigote espeso, Hillesland, quien solía vender libros, no parece un carcelero.

Su uniforme verde es muy formal, lo que contrasta con la ropa relajada de su colega holandés, pero, de hecho, Noruega tiene un régimen penitenciario más liberal que los Países Bajos, según dice.

A presos noruegos les permiten, por ejemplo, dar entrevistas a los medios y ver los DVDs que quieran porque el principio subyacente es la “normalización”.

Eso significa que la vida en prisión debe replicar la vida en el exterior lo más posible para ayudar a los ex delincuentes a reintegrarse en la sociedad.

“Pero en general”, dice Hillesland, “compartimos los mismos valores básicos acerca de cómo manejar una prisión“.

Prison gate

Al cruzar las puertas y portones de seguridad me pregunto qué pasará con Norgerhaven una vez que los noruegos se hayan ido en pocos años.

Los guardias saben que una de las cárceles de Veenhuizen -Norgerhaven o Esserheem- aparecerán en la lista de las que cerrarán el próximo año. Pero, ¿podría el número de presos en Holanda aumentar otra vez?

Un paseo por el pueblo es un recordatorio de que, en el pasado distante, los Países Bajos encerraron un gran número de ciudadanos.

Se encuentra ubicado en la remota y poco poblada provincia de Drenthe, una tierra de turberas, pantanos y brezos conocida como “la Siberia holandesa”, y un lugar a donde los mendigos, los vagabundos, los huérfanos sin dinero y otros “indeseables” fueron exiliados de las ciudades en el siglo XIX.

Un general del ejército fundó una colonia de reforma en Veenhuizen que, a su juicio, podía erradicar la pobreza. Con el tiempo la institución se transformó en una colonia penal cerrada hasta la década de 1980.

De acuerdo con un demógrafo, un millón de los 17 millones de ciudadanos vivos en Holanda hoy en día son descendientes de los exiliados a Veenhuizen.

“Eso es una gran parte de la población”, dice la autora Suzanna Jansen, cuyo abuelo fue enviado allí por mendigar.

“Y ser criado en la pobreza, en un entorno difícil, es algo que le puede pasar a cualquiera de nosotros, algo que todos deberíamos de recordar cuando pensamos en los que están detrás de las rejas en la actualidad”.

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Lula vs. Bolsonaro: "Es la elección más importante de Brasil tras el fin de la dictadura", afirma experto

José Murilo de Carvalho, uno de los principales historiadores de Brasil, dice en una entrevista con BBC Mundo que “el país está dividido al medio y el elegido, sea quien sea, tendrá que enfrentar una gran oposición”.
30 de octubre, 2022
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El balotaje presidencial de Brasil entre Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro este domingo es la elección más importante del país desde el fin de la dictadura militar en 1985, afirma, para BBC Mundo, el politólogo e historiador José Murilo de Carvalho.

En el mayor país de América Latina está en juego el “todavía frágil sistema democrático”, dijo el miembro de la Academia Brasileña de Letras y de la Academia Brasileña de Ciencias.

El expresidente Lula, un izquierdista de 77 años que obtuvo 48.4% de los votos en la primera vuelta de las elecciones este mes, llega al balotaje con una ventaja de entre cuatro y ocho puntos en distintas encuestas de intención de votos válidos publicadas este sábado.

Pero el actual presidente Bolsonaro, un ultraderechista de 67 años, obtuvo en la primera vuelta una votación mayor a la que anticipaban los sondeos (43,2%) y aspira a ser reelecto contra muchos pronósticos.

El ganador debe superar este domingo el 50% de los votos válidos (sin contar aquellos en blanco y anulados) para iniciar un nuevo mandato presidencial el 1 de enero de 2023.

El resultado puede variar por factores como el nivel de abstención o cómo se decanten los votantes indecisos y volátiles, que algunas encuestas ubican en torno a 5%.

La campaña estuvo marcada por una fuerte polarización política, hechos de violencia y dudas sobre si Bolsonaro, un excapitán del Ejército que buscó sembrar sospechas sin pruebas sobre el sistema electoral brasileño, aceptará una eventual derrota.

“No se puede descartar un espectáculo circense similar al que montó (Donald) Trump en Estados Unidos”, señala Carvalho en alusión a la negativa del entonces presidente de ese país y aliado de Bolsonaro a aceptar su propia derrota en las elecciones de 2020.

Tras su último debate con Lula, Bolsonaro sostuvo que “no hay la menor duda” de que respetará el resultado de la elección aunque le sea adverso: “Quien tenga más votos, gana”, declaró.

Lo que sigue es una síntesis del intercambio vía correo electrónico con Carvalho, quien tiene 83 años y ha recibido varios premios y títulos de doctor honoris causa a lo largo de su carrera:


Explique por favor cómo evalúa la importancia histórica de estas elecciones en Brasil que enfrentan al expresidente Lula con el actual presidente Bolsonaro.

La República brasileña tiene 133 años. La primera elección con participación popular significativa fue en 1945.

La segunda en 1950, cuando yo tenía 11 años, fue disputada por Getúlio Vargas, un exdictador civil, y por un brigadier de la Fuerza Aérea que ayudó a deponerlo en 1945, en representación de militares, élite y clase media.

Getúlio, en ese momento comparado con Perón, había adoptado un programa laboral fuerte y ganó con el apoyo de los obreros. En 1954, ante la fuerte oposición de militares y civiles, fue forzado a renunciar y se suicidó.

La lucha contra el laborismo y el nacionalismo, agravada por la Guerra Fría, llevó al golpe de 1964 y la dictadura militar (1964-1985).

José Murilo de Carvalho

Academia Brasileira de Letras/Guilherme Gonçalves
José Murilo de Carvalho anticipa que el presidente que sea electo en Brasil “tendrá que enfrentar una gran oposición”.

Hoy tenemos algo semejante. Un representante del laborismo (Lula) que intenta volver al poder enfrentando a un presidente apoyado por la clase media, los militares y por empresarios.

La gran diferencia hoy es la ausencia de la Guerra Fría y de la amenaza de intervención norteamericana, aunque los factores externos no estén del todo ausentes.

¿Ve esta elección como la más importante del país al menos desde el retorno de la democracia?

Es sin duda la más importante tras el fin de la dictadura por estar en juego nuestro aún frágil sistema democrático.

¿Observa algún riesgo de crisis o ruptura institucional en Brasil asociado al resultado de estas elecciones?

El riesgo sólo podría venir en caso de una derrota del presidente (Bolsonaro). No se puede descartar un espectáculo circense similar al que montó Trump en Estados Unidos.

Mi apuesta es que las Fuerzas Armadas no lo apoyarán y que la presión externa será fuerte en Estados Unidos, la Unión Europea y los principales países de Hispanoamérica.

¿En qué medida Bolsonaro y Lula representan dos formas diferentes de entender Brasil?

La diferencia es grande. Lula es como un nuevo Vargas con una base de apoyo entre obreros, pobres e intelectuales.

Una mujer mira material de campaña con las caras del candidato izquierdista Lula sa Silva y el presidente ultraderechista Jair Bolsonaro.

Reuters
Los brasileños eligen a su presidente entre dos opciones muy distintas.

Bolsonaro se basa en sectores de la clase media, el pentecostalismo, grandes empresas, la agroindustria y los militares de las Fuerzas Armadas y las policías.

Parte de la disputa también se da en el campo de los valores, especialmente en lo referente a la familia y la identidad de género.

En el caso de Bolsonaro llega a esta segunda vuelta tras un gobierno muy tumultuoso, acusado por sus críticos de actitudes autoritarias, de dividir al país, de responder de forma equivocada a la pandemia de coronavirus y, con esto, agravar durante su gobierno la situación crítica que ya tenía Brasil.

Aun así, tiene posibilidades de ganar un segundo gobierno, según encuestas de opinión.

¿Cómo explica este apoyo que tiene el presidente?

Es una pregunta de un millón de dólares. ¿Cómo un presidente irrespetuoso de la ley, que desprecia las instituciones, incluidos los poderes de la República, y los valores democráticos, intolerante con los avances en la igualdad de género y de raza, indiferente, si no hostil, a la protección del medio ambiente, por dar algunos ejemplos, fue electo y tiene posibilidad de ser reelegido?

Parte de la respuesta puede estar en el hecho de que también hay un gran rechazo al expresidente Lula.

Jair Bolsonaro

Getty Images
Bolsonaro a capitalizado en votos el rechazo a Lula y su Partido de los Trabajadores.

Las encuestas muestran el gran rechazo de los entrevistados hacia los dos, entre 47% (Bolsonaro) y 41% (Lula).

El país está dividido al medio y el elegido, sea quien sea, tendrá que enfrentar una gran oposición.

En el caso de Lula, busca volver a ser presidente tras los escándalos de corrupción que surgieron durante los gobiernos de su Partido de los Trabajadores y de una condena por corrupción anulada por el Supremo, sin que el expresidente haya hecho una gran autocrítica por los errores cometidos. ¿Cuál es el motivo principal por el que puede volver al palacio de Planalto?

Sin duda, tiene que haber un lado personal: demostrar que es inocente y no pasar a la historia como un presidente condenado.

También está la arrogancia de su partido, el Partido de los Trabajadores, que nunca quiso admitir que hubo corrupción.

Lula

Getty Images
Lula promete volver a los tiempos de bonanza económica que tuvo Brasil en su presidencia (2003-2010).

Para el partido, el expresidente es su único candidato que puede ganar la elección.

Brasil conmemoró el bicentenario de su independencia en septiembre. ¿Diría que estas elecciones sugieren que Brasil todavía está buscando qué país quiere ser?

No hay mucho que celebrar en este bicentenario.

Por el lado político, no pudimos construir una república democrática sobre bases sólidas, como se puede observar en lo que está ocurriendo hoy. Seguimos bajo la tutela de las Fuerzas Armadas, que se consideran guardianes de la República.

Por el lado social, somos el octavo país más desigual del mundo y el 84º en el Índice de Desarrollo Humano.

La independencia se hizo bajo el sueño de construir aquí un gran imperio. En la década de 1930, el austríaco Stefan Zweig escribió un libro elogioso titulado “Brasil, país de futuro”. Ese imperio y ese futuro están lejos, si es que alguna vez llegan.


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