La COP22 termina con un acuerdo imparable contra el cambio climático pese a la crisis Trump
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La COP22 termina con un acuerdo imparable contra el cambio climático pese a la crisis Trump

“El Acuerdo de París es imparable”, indicó Ban Ki-moon a periodistas. La noción de que nada puede detener el consenso global contra el cambio climático fue repetida, entre otros líderes, por el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, y la ministra de Medio Ambiente alemana, Barbara Hendricks.
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Por Juan Mayorga
19 de noviembre, 2016
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MARRAKECH, Marruecos– La sesión 22 de la convención de Naciones Unidas contra el cambio climático llegó a su fin, después de sobreponerse al nerviosismo generado por la elección de Donald Trump.

La cumbre de dos semanas, irrumpida el miércoles pasado por la noticia de la elección de magnate en la presidencia de Estados Unidos, culminó con la emisión de dos posicionamientos políticos.

El primero, la Proclamación de Acción de Marrakech, da la bienvenida al Acuerdo de París —que entró en vigor el 4 de noviembre pasado— y repasa los principales pendientes de la convención.

Entre otros puntos, la proclamación urge a los países desarrollados a “reafirmar” su obligación de movilizar 100,000 millones de dólares para acciones climáticas en países en desarrollo. “Hacemos un llamado al más alto compromiso político para combatir el cambio climático, como un asunto de prioridad urgente”, indica.

El segundo documento abrazado en la recta final de la COP22 es la Sociedad de Marrakech para la Acción Climática Global, lanzada para “catalizar y apoyar la acción climática” entre naciones y actores no nacionales en el periodo 2017-2020. Es decir, durante los años previos a la entrada en vigor del Acuerdo de París

Acuerdo climático “imparable”

En su primera línea, la Sociedad de Marrakech hace un planteamiento firme que fue entendido entre varios asistentes a la COP22 como un gesto a Donald Trump. “El llamado de Marrakech es fuerte y claro: nada puede detener la acción climática”, indica.

El planteamiento recupera una idea que creció como bola de nieve durante la COP22, luego de que el secretario general de Naciones Unidas la esgrimiera cuando explotó el nerviosismo por Trump. “El Acuerdo de París es imparable”, indicó Ban Ki-moon a periodistas que se planteaban los futuros escenarios de la convención.

La noción de que nada puede detener el consenso global contra el cambio climático fue repetida, entre otros líderes, por el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, y la ministra de Medio Ambiente alemana, Barbara Hendricks.

“La transformación a un mundo climáticamente amigable acordada en París está claramente en marcha y ya no puede ser detenida”, indicó la ministra alemana.

El presidente de la COP22, el ministro de Exteriores marroquí Salaheddine Mezouar, coincidió por separado. “Nadie puede detener la historia”, dijo.

Luz y sombra

Durante la última semana de la convención, representantes de China, India, Brasil y la Unión Europea, entre otros, cerraron filas ante la amenaza de Trump y aseguraron que sus países cumplirían sus compromisos ante el acuerdo de París, independientemente de lo que decida Washington.

Más de 20 países (entre ellos México) presentaron sus planes de acción climática a 2050, lo cual apuntala al Acuerdo de París y contribuye al buen momento de las negociaciones climáticas.

Sin embargo, la COP22 cerró sin avances substanciales en los tecnicismos de las negociaciones. Por ejemplo, la definición de los pendientes para la canalización de los 100,000 millones de dólares, fue postergada reuniones de trabajo que tendrán lugar en mayo próximo.

“Después del jubileo por la entrada en vigor del Acuerdo de París, en Marrakech los países se hallaron en desacuerdo sobre lo que fue acordado”, indicó Meena Raman, the Third World Network, una de varias organizaciones sociales que expresaron su decepción por los resultados alcanzados.

Pero los resultados magros eran de esperarse en una cumbre en la que ni siquiera se anticipaba la validez de su documento medular. “Para mí esta cumbre es una celebración de la entrada en vigor del Acuerdo de París y la primera sesión de CMA (el órgano de gobierno del acuerdo)”, aseguraba el jueves la negociadora en jefe de la Unión Europea, Elina Bardram.

COP23, en Bonn

El jueves se definió que Bonn, Alemania, será sede de la próxima sesión de la Conferencia de las Partes (COP) de la convención, con Fiji a cargo de la presidencia de la cumbre. El asunto fue contencioso porque Fiji no cuenta con la infraestructura necesaria para albergar una cumbre del clima, pero esto no podría ser un argumento para excluirlo.

“Estamos felices de apoyar a Fiji para hacer de la próxima conferencia un éxito para la acción climática internacional. Bonn será un buen anfitrión”, dijo la ministra alemana Hendricks.

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Lula vs. Bolsonaro: "Es la elección más importante de Brasil tras el fin de la dictadura", afirma experto

José Murilo de Carvalho, uno de los principales historiadores de Brasil, dice en una entrevista con BBC Mundo que “el país está dividido al medio y el elegido, sea quien sea, tendrá que enfrentar una gran oposición”.
30 de octubre, 2022
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El balotaje presidencial de Brasil entre Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro este domingo es la elección más importante del país desde el fin de la dictadura militar en 1985, afirma, para BBC Mundo, el politólogo e historiador José Murilo de Carvalho.

En el mayor país de América Latina está en juego el “todavía frágil sistema democrático”, dijo el miembro de la Academia Brasileña de Letras y de la Academia Brasileña de Ciencias.

El expresidente Lula, un izquierdista de 77 años que obtuvo 48.4% de los votos en la primera vuelta de las elecciones este mes, llega al balotaje con una ventaja de entre cuatro y ocho puntos en distintas encuestas de intención de votos válidos publicadas este sábado.

Pero el actual presidente Bolsonaro, un ultraderechista de 67 años, obtuvo en la primera vuelta una votación mayor a la que anticipaban los sondeos (43,2%) y aspira a ser reelecto contra muchos pronósticos.

El ganador debe superar este domingo el 50% de los votos válidos (sin contar aquellos en blanco y anulados) para iniciar un nuevo mandato presidencial el 1 de enero de 2023.

El resultado puede variar por factores como el nivel de abstención o cómo se decanten los votantes indecisos y volátiles, que algunas encuestas ubican en torno a 5%.

La campaña estuvo marcada por una fuerte polarización política, hechos de violencia y dudas sobre si Bolsonaro, un excapitán del Ejército que buscó sembrar sospechas sin pruebas sobre el sistema electoral brasileño, aceptará una eventual derrota.

“No se puede descartar un espectáculo circense similar al que montó (Donald) Trump en Estados Unidos”, señala Carvalho en alusión a la negativa del entonces presidente de ese país y aliado de Bolsonaro a aceptar su propia derrota en las elecciones de 2020.

Tras su último debate con Lula, Bolsonaro sostuvo que “no hay la menor duda” de que respetará el resultado de la elección aunque le sea adverso: “Quien tenga más votos, gana”, declaró.

Lo que sigue es una síntesis del intercambio vía correo electrónico con Carvalho, quien tiene 83 años y ha recibido varios premios y títulos de doctor honoris causa a lo largo de su carrera:


Explique por favor cómo evalúa la importancia histórica de estas elecciones en Brasil que enfrentan al expresidente Lula con el actual presidente Bolsonaro.

La República brasileña tiene 133 años. La primera elección con participación popular significativa fue en 1945.

La segunda en 1950, cuando yo tenía 11 años, fue disputada por Getúlio Vargas, un exdictador civil, y por un brigadier de la Fuerza Aérea que ayudó a deponerlo en 1945, en representación de militares, élite y clase media.

Getúlio, en ese momento comparado con Perón, había adoptado un programa laboral fuerte y ganó con el apoyo de los obreros. En 1954, ante la fuerte oposición de militares y civiles, fue forzado a renunciar y se suicidó.

La lucha contra el laborismo y el nacionalismo, agravada por la Guerra Fría, llevó al golpe de 1964 y la dictadura militar (1964-1985).

José Murilo de Carvalho

Academia Brasileira de Letras/Guilherme Gonçalves
José Murilo de Carvalho anticipa que el presidente que sea electo en Brasil “tendrá que enfrentar una gran oposición”.

Hoy tenemos algo semejante. Un representante del laborismo (Lula) que intenta volver al poder enfrentando a un presidente apoyado por la clase media, los militares y por empresarios.

La gran diferencia hoy es la ausencia de la Guerra Fría y de la amenaza de intervención norteamericana, aunque los factores externos no estén del todo ausentes.

¿Ve esta elección como la más importante del país al menos desde el retorno de la democracia?

Es sin duda la más importante tras el fin de la dictadura por estar en juego nuestro aún frágil sistema democrático.

¿Observa algún riesgo de crisis o ruptura institucional en Brasil asociado al resultado de estas elecciones?

El riesgo sólo podría venir en caso de una derrota del presidente (Bolsonaro). No se puede descartar un espectáculo circense similar al que montó Trump en Estados Unidos.

Mi apuesta es que las Fuerzas Armadas no lo apoyarán y que la presión externa será fuerte en Estados Unidos, la Unión Europea y los principales países de Hispanoamérica.

¿En qué medida Bolsonaro y Lula representan dos formas diferentes de entender Brasil?

La diferencia es grande. Lula es como un nuevo Vargas con una base de apoyo entre obreros, pobres e intelectuales.

Una mujer mira material de campaña con las caras del candidato izquierdista Lula sa Silva y el presidente ultraderechista Jair Bolsonaro.

Reuters
Los brasileños eligen a su presidente entre dos opciones muy distintas.

Bolsonaro se basa en sectores de la clase media, el pentecostalismo, grandes empresas, la agroindustria y los militares de las Fuerzas Armadas y las policías.

Parte de la disputa también se da en el campo de los valores, especialmente en lo referente a la familia y la identidad de género.

En el caso de Bolsonaro llega a esta segunda vuelta tras un gobierno muy tumultuoso, acusado por sus críticos de actitudes autoritarias, de dividir al país, de responder de forma equivocada a la pandemia de coronavirus y, con esto, agravar durante su gobierno la situación crítica que ya tenía Brasil.

Aun así, tiene posibilidades de ganar un segundo gobierno, según encuestas de opinión.

¿Cómo explica este apoyo que tiene el presidente?

Es una pregunta de un millón de dólares. ¿Cómo un presidente irrespetuoso de la ley, que desprecia las instituciones, incluidos los poderes de la República, y los valores democráticos, intolerante con los avances en la igualdad de género y de raza, indiferente, si no hostil, a la protección del medio ambiente, por dar algunos ejemplos, fue electo y tiene posibilidad de ser reelegido?

Parte de la respuesta puede estar en el hecho de que también hay un gran rechazo al expresidente Lula.

Jair Bolsonaro

Getty Images
Bolsonaro a capitalizado en votos el rechazo a Lula y su Partido de los Trabajadores.

Las encuestas muestran el gran rechazo de los entrevistados hacia los dos, entre 47% (Bolsonaro) y 41% (Lula).

El país está dividido al medio y el elegido, sea quien sea, tendrá que enfrentar una gran oposición.

En el caso de Lula, busca volver a ser presidente tras los escándalos de corrupción que surgieron durante los gobiernos de su Partido de los Trabajadores y de una condena por corrupción anulada por el Supremo, sin que el expresidente haya hecho una gran autocrítica por los errores cometidos. ¿Cuál es el motivo principal por el que puede volver al palacio de Planalto?

Sin duda, tiene que haber un lado personal: demostrar que es inocente y no pasar a la historia como un presidente condenado.

También está la arrogancia de su partido, el Partido de los Trabajadores, que nunca quiso admitir que hubo corrupción.

Lula

Getty Images
Lula promete volver a los tiempos de bonanza económica que tuvo Brasil en su presidencia (2003-2010).

Para el partido, el expresidente es su único candidato que puede ganar la elección.

Brasil conmemoró el bicentenario de su independencia en septiembre. ¿Diría que estas elecciones sugieren que Brasil todavía está buscando qué país quiere ser?

No hay mucho que celebrar en este bicentenario.

Por el lado político, no pudimos construir una república democrática sobre bases sólidas, como se puede observar en lo que está ocurriendo hoy. Seguimos bajo la tutela de las Fuerzas Armadas, que se consideran guardianes de la República.

Por el lado social, somos el octavo país más desigual del mundo y el 84º en el Índice de Desarrollo Humano.

La independencia se hizo bajo el sueño de construir aquí un gran imperio. En la década de 1930, el austríaco Stefan Zweig escribió un libro elogioso titulado “Brasil, país de futuro”. Ese imperio y ese futuro están lejos, si es que alguna vez llegan.


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