¿Por qué en México creen que los presidentes demócratas de EU son mejores que los republicanos?
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¿Por qué en México creen que los presidentes demócratas de EU son mejores que los republicanos?

Contrario a la creencia popular, las decisiones de algunos presidentes republicanos han beneficiado más a México, que las que han tomado los mandatarios demócratas. Aquí te contamos cuáles son.
AP
Por BBC Mundo
17 de noviembre, 2016
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Los titulares de un par de diarios de Ciudad de México al día siguiente de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, definen el ánimo en el país:

“A temblar”, publicaron en primera plana los periódicos Reforma y Excélsior.

Y es que después de la contienda hay un temor real por que el magnate cumpla las amenazas y promesas de campaña, sobre todo en la relación con México.

Pero además de la posibilidad de que eventualmente se deporte a 3 millones de personas, o cancelar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) como anunció el magnate, entre los mexicanos aparece un viejo elemento: muchos creen que los presidentes del Partido Republicano son, tradicionalmente, más severos con su país.

Una percepción que, según especialistas y varios episodios de la historia binacional, puede ser contradictoria.

Desde los primeros años del siglo pasado los gobiernos del Partido Demócrata han tomado decisiones que afectan a su vecino del sur.

En los dos períodos de Barack Obama, por ejemplo, unos 3 millones de personas fueron deportadas, la mayoría originarias de México.

Es la cifra más alta en la historia para ambos países.

Pero en cambio, durante una administración republicana se estableció la única regularización migratoria que ha habido en Estados Unidos.

El proceso, conocido como Ley de reforma y control de inmigración (IRCA, por sus siglas en inglés), lo firmó en 1986 el entonces mandatario Ronald Reagan.

Afiche sobre Barack Obama y sus deportaciones.Se calcula que durante el gobierno de Obama se han deportado a tres millones de personas.

Lecciones

El tema supera la percepción y llega incluso a la academia, como señala Silvia Núñez García, directora del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Muchos colegas han hecho el análisis de que ha habido más coincidencias con gobiernos republicanos que con demócratas”, le dice a BBC Mundo.

Esto se nota “en temas de beneficio mutuo entre México y Estados Unidos”.

La diferencia ha sido más clara en algunos momentos, sobre todo en lo que se refiere la migración irregular.

Un caso ocurrió en los años 30 del siglo pasado, durante el período conocido como La Gran Depresión, cuando cerca de 1,5 millones de mexicanos fueron expulsados de Estados Unidos.

El proceso, conocido como Repatriación Mexicana, empezó en 1931 y se prolongó hasta 1944.

En esa época el presidente era Franklin Delano Roosevelt, del Partido Demócrata.

A muchos de los deportados se les detuvo durante redadas en lugares públicos, especialmente en California y Arizona.

De acuerdo con el investigador Francisco Balderrama, de la Universidad Estatal de California, miles no tuvieron la oportunidad de despedirse de sus familias, que quedaron separadas.

Ronald ReaganLa mayor amnistía migratoria estadounidense de los últimos tiempos la firmó Ronald Reagan.

Un proceso muy similar a lo que ocurrió a partir de 2008, cuando Barack Obama asumió el poder y el Departamento de Seguridad Nacional empezó una estrategia de redadas en todo el país.

Las deportaciones masivas separaron a miles de familias, según organizaciones como Human Rights Watch.

Libre comercio

En la década de los 90 ocurrieron otros episodios contrastantes entre republicanos y demócratas hacia México.

Después de varios años de negociaciones, en 1992 se firmó el TLCAN, uno de los pilares de la economía de México, Canadá y Estados Unidos, con el apoyo del entonces presidente republicano George W. Bush.

En cambio su sucesor, el demócrata Bill Clinton, promovió una revisión del documento en los primeros días de su gobierno.

El resultado fueron los Acuerdos Paralelos que establecieron nuevas condiciones en medio ambiente y condiciones laborales de los trabajadores en los países firmantes.

También durante el gobierno de Clinton, a partir de 1993 se empezó a construir un muro en la frontera con México a través de las operaciones Guardián en California y Río Grande en Texas.

Simpatizantes de Donald Trump.La propuesta de construir un muro en la frontera con México generaba gran entusiasmo entre los simpatizantes de Donald Trump.

En contraste, un año después el ex senador republicano Jack Kemp –quien después fue candidato a la vicepresidencia- se opuso abiertamente a la Proposición 187 en California.

La enmienda prohíbe a los inmigrantes irregulares utilizar los servicios de salud y educación.

Los inmigrantes son para Estados Unidos un beneficio económico neto”, escribió entonces Kemp en el diario The Wall Street Journal.

“Han hecho importantes contribuciones intelectuales a la nación”.

Iniciativa Mérida

En el tema de seguridad también hay diferencias. En 2008 el gobierno del expresidente George W. Bush impulsó la Iniciativa Mérida.

Se trata de un convenio diplomático con el cual Estados Unidos apoya con tecnología, entrenamiento y equipo artillado a su vecino para combatir a los carteles de la droga.

La cooperación se mantuvo en la administración Obama, aunque en 2010 la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, criticó la estrategia mexicana contra el narcotráfico.

Por los resultados hasta ese momento, dijo, México “se parece más a la Colombia de hace 20 años”.

Durante el gobierno de Obama también aumentó la privatización de sistemas carcelarios en Estados Unidos, subraya Jorge Bustamante, ex relator Especial de Naciones Unidas sobre los derechos humanos de los migrantes.

“El resultado fue un incremento en las violaciones a los derechos humanos de los mexicanos presos”, le dice a BBC Mundo.

Mexicanos deportados comen en un mesón de la iglesia católica en Tijuana.Muchos mexicanos son deportados por la frontera con Tijuana. Bastantes se quedan en esa ciudad.

Sin embargo, a pesar de esto los mexicanos mantienen su idea de que los presidentes demócratas son “amigos”.

Antes de las recientes elecciones en EE.UU., la empresa de opinión pública Gabinete de Comunicación Estratégica hizo una encuesta para saber por quién votarían los mexicanos, si pudieran hacerlo.

El 82% dijo que apoyaría a la demócrata Hillary Clinton.

“Hay que ponderar”

¿Pero realmente le va mejor a México con un presidente republicano en Estados Unidos?

“Depende a quién. ¿A los mexicanos o a la élite? Porque para ésta ha sido muy benéfica la relación con los republicanos, sobre todo con el TLCAN”, le dice a BBC Mundo Leticia Calderón Chelius, especialista en migración e investigadora del Instituto Mora.

Y es que resulta complicado definir la relación entre los dos países sólo a partir del partido en la Casa Blanca, añade.

Por ejemplo, la construcción del muro fronterizo en el gobierno de Clinton coincidió con un proceso de grupos conservadores estadounidenses para fortalecer a las agencias migratorias.

Y la regularización de 1986 no fue gratuita.

Los republicanos “han sido muy favorables al libre comercio, pero también a legalizar el tema de la migración pensando en beneficiar a sectores como el agrícola o de servicios”.

Es decir, los presidentes estadounidenses de cualquier partido toman sus decisiones de acuerdo con los intereses del momento en su país.

Donald Trump y Hillary Clinton.Según encuestas, el 82% de los mexicanos habrían votado por Hillary Clinton.

“Mal con los dos”

En esto coincide Jorge Bustamante. “Nos ha ido mal con los dos” partidos, asegura.

“Tendríamos que ponderar, ha habido factores negativos en administraciones demócratas y republicanas”.

Pero con Donald Trump hay pocas certezas, porque está obligado a cumplir sus compromisos de campaña relacionados con México, coinciden los especialistas.

Una tarea en la que tampoco está claro si tiene el respaldo del Partido Republicano.

En todo caso, dice Silvia Núñez, México podría aceptar el argumento del magnate contra la migración irregular.

Así, puede ser el momento de incluir en el TLCAN el flujo controlado de mano de obra mexicana a su país, propone.

“La migración debe ser ordenada, debemos buscar un nuevo rumbo de mutuo beneficio”, explica.

A Trump México le debería proponer “que revisemos la movilidad laboral. A ver qué responde”.

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Quién vigila la radiación del 5G (y cuáles son sus verdaderos riesgos)

Esta nueva tecnología regresa el eterno debate sobre los efectos sobre la salud de las radiaciones electromagnéticas. Estos, sin embargo, son descartados por todas las agencias internacionales.
27 de octubre, 2020
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Seúl

Getty Images
Corea del Sur ya tiene una red 5G en todo el país.

Decenas de antenas, dispositivos bluetooth y cientos de teléfonos móviles nos rodean e irradian cada día. Por no hablar de la telefonía 5G que, al parecer, acabará con la vida en la Tierra. ¡Tanta radiación no puede ser buena!

¿Quién controla los niveles de exposición y los posibles efectos sobre la salud?

Percepción del riesgo

Los campos electromagnéticos están presentes en la naturaleza desde antes de la aparición del ser humano. La luz solar, los rayos cósmicos, las tormentas y la radiación natural terrestre son fuentes de exposición a estos campos.

A mediados de los años 90, se comenzaron a desplegar las redes de antenas de telefonía móvil. Aunque se hacían con estándares técnicos internacionales, que ya tenían en cuenta la protección de la población, no se ofreció la suficiente información al respecto.

A pesar de una reacción rápida por parte de organismos, operadoras y expertos, la percepción de riesgo se instaló entre los ciudadanos. También caló en instituciones, administraciones locales y asociaciones.

Así, se produjo una situación paradigmática. Por un lado, el rechazo a las antenas era un fenómeno global. Por el otro, crecía la demanda universal del servicio.

Ilustracion 5G

Getty Images
La red 5G es mucho más que la mejora de la red 4G.

La OMS parece tenerlo claro

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Unión Europea fueron conscientes a principios de los 2000 de esa carencia y de la necesidad de dar respuesta a una inquietud y percepción social del riesgo asociado a la telefonía móvil.

Aunque esta percepción e inquietud estaban sobredimensionadas.

A pesar de los esfuerzos realizados para informar y tranquilizar a la población, la OMS reconoció en 2006 que “algunas personas consideran probable que la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia entrañe riesgos y que éstos puedan ser incluso graves”.

En la revisión de 2014, la OMS aseguraba que “hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud”.

En otro documento publicado a comienzos de este 2020 sobre el 5G, insiste en que en las últimas décadas no hay estudios científicos que demuestren una relación causal que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

“El calentamiento de tejidos es el principal mecanismo de interacción entre los campos electromagnéticos de radiofrecuencia y el cuerpo humano”.

Ese posible efecto, a los niveles habituales de exposición, es insignificante. Por eso es importante que los niveles se mantengan por debajo de los límites establecidos por agencias internacionales independientes.

Mujer con una tablet.

Getty Images
La OMS ha dicho que no hay estudios científicos que demuestren una relación causal del 5G que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

Quién y cómo se establecen los límites de exposición

En 1992 se estableció en Alemania la Comisión Internacional de Protección frente a Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP). Esta organización científica, independiente y sin ánimo de lucro, revisa periódicamente y de forma sistemática las evidencias científicas para determinar los niveles a los cuales se producen efectos biológicos.

No solo de los campos electromagnéticos de radiofrecuencia, sino también de otras radiaciones electromagnéticas como la luz visible, los infrarrojos y los ultravioletas que, por encima de ciertos niveles, también pueden resultar muy peligrosos.

Por eso se fijan niveles de seguridad y, por eso mismo, no debemos preocuparnos de la radiación que emite el mando a distancia de nuestra tele. Tampoco del router wifi de nuestra casa o de nuestro teléfono inalámbrico.

El proceso de revisión es abierto y su publicación se realiza en una revista científica tras un proceso de revisión por pares.

Así, una vez se establecen los niveles a los cuales se observan efectos para cada frecuencia, se aplica un factor de precaución o seguridad de 50.

Estos valores son aceptados por la mayor parte de los países occidentales desde hace décadas y se adoptan en las correspondientes legislaciones.

Además, existen otras agencias u organismos que realizan una revisión similar. Por ejemplo el Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) y la Food and Drug Administration de Estados Unidos.

Estos tres organismos, en los últimos meses y coincidiendo con el despliegue de la 5G, han revisado y publicado sus guías de límites seguros de exposición humana.

La mano negra de la industria

Que la industria está detrás de todas estas regulaciones e instituciones es un argumento reiterado por los movimientos antiantenas -ahora anti-5G- que parecen acoger toda clase de creencias conspiranoicas con respecto, también, a las mascarillas, las vacunas y la COVID-19.

En realidad han sido la industria y los profesionales del sector los más interesados en garantizar que las radiaciones emitidas por las antenas fueran seguras y que los niveles de potencia estuviesen dentro de los límites permitidos.

Transmisión de eventos deportivos en dos pantallas.

Getty Images
Con la conexión 5G se podrán conectar muchos dispositivos al mismo tiempo.

El Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT), como entidad de derecho público al servicio de la sociedad, fue la primera organización que ya en 2001 elaboró un informe sobre las radiofrecuencias de telefonía móvil.

Con ello se pretendía informar a la ciudadanía y mitigar la inquietud que ya surgía ante el desconocimiento de esta tecnología y la normativa que la regula.

La labor de difusión se centró en ayuntamientos y asociaciones ciudadanas, aunque se ha seguido trabajando durante todos estos años con todo tipo de administraciones e instituciones.

En 2006, se creó el Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS), comité independiente compuesto por profesionales de gran prestigio -en campos como la medicina, física, química, biología, ingeniería de telecomunicación y derecho-, que, desde entonces, ha elaborado cinco informes trienales de referencia.

En ellos recogen las evidencias científicas existentes sobre el impacto de los campos electromagnéticos en la salud.

Además, ha publicado numerosos documentos sobre tecnologías concretas -el último sobre 5G-, con el ánimo de informar verazmente a la sociedad, manteniendo siempre el conocimiento científico riguroso como referencia.

Sus informes han tratado siempre de arrojar luz y evitar cualquier tergiversación que de forma interesada se intentara hacer sobre el efecto de estas tecnologías sobre la salud.

Incluidas comparaciones sin fundamento con sustancias, como el tabaco o el alcohol, que la ciencia sí ha demostrado como perniciosas incluso en pequeñas cantidades.

5G

Getty Images
Los verdaderos riesgos de estas tecnologías son los asociados a la dependencia, problemas musculares, malas posturas y al condicionamiento de nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Los verdaderos riesgos para la salud

Decir que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia son inocuos es falso si no se acompaña de la frase “a los niveles habituales de exposición”.

Dichos niveles están decenas o centenas de miles de veces por debajo de los de seguridad marcados por ICNIRP.

Es lo que han demostrado numerosos estudios y revisiones sistemáticas de exposición personal en condiciones reales.

Pero hay efectos constatados derivados del uso de dispositivos y que no son consecuencia de las radiaciones que emiten.

Así, se ha demostrado que su uso puede provocar dependencia, problemas musculares, malas posturas y que condicionan nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Dichos efectos, sin embargo, no son denunciados por los movimientos en contra de estas tecnologías.

Ilustración 5G

Getty Images
Hay una proliferación de un cierto “negocio del miedo” vinculado a las nuevas tecnologías.

Negar la evidencia, ¿con qué fin?

Quizá piense que existe cierta controversia científica en este tema.

Habrá oído que “numerosos científicos alertan de los efectos” en cuestionables llamamientos internacionales, algún pseudoinforme como el Bioinitiative o declaración política ajena a la Unión Europea, como la declaración 1815 del Consejo de Europa.

Todos tienen en común su falta de rigor, el establecimiento de límites de forma arbitraria o la extrapolación inadecuada de estudios en animales o de laboratorio sin tener en cuenta las condiciones reales.

En 30 años, no se ha publicado una revisión sistemática o metaanálisis -los estudios con mayor fortaleza en ciencia- que demuestre sus alarmantes augurios y peligros para la salud (efectos sobre el sueño, la concentración, fisiológicos, hipersensibilidad o, incluso, cáncer).

En cambio, sí es constatable la relación de sus promotores con la proliferación de un cierto “negocio del miedo” a partir de datos tergiversados, erróneos y en ningún caso avalados por la evidencia científica.

Y ese negocio que se basa en esos datos afecta tanto a ámbitos como el médico-sanitario, con diagnósticos o prescripciones no fundamentados en el conocimiento médico; el legal, con denuncias insostenibles basadas en opiniones de supuestos expertos, medios de información carentes de credibilidad (webs pseudocientíficas) o, incluso, empresas que ofrecen aparatos y dispositivos de protección completamente innecesarios.

Todo un negocio basado en el miedo y el desconocimiento que sigue alimentando esa falsa percepción de que vivimos radiados al límite.

*Alberto Nájera López es doctor en radiología y medicina física y profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y Juan Carlos López es ingeniero de telecomunicaciones y catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.


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