México presume donación a la CIDH aunque da menos dinero que años anteriores
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México presume donación a la CIDH aunque da menos dinero que años anteriores

La Cancillería anunció en agosto pasado que hizo una aportación extraordinaria ante la crisis de la CIDH, para demostrar que México es un aliado de la Comisión, sin embargo el monto es 84% menor al realizado en 2014.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán 
21 de noviembre, 2016
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En agosto pasado, la canciller Claudia Ruiz Massieu presumió que el Estado mexicano había hecho una “aportación extraordinaria” a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para superar su crisis financiera, como una muestra que México era un “aliado” del organismo internacional, pero no informó el monto.

Animal Político solicitó, vía transparencia, la prueba documental de dicha aportación y, según la respuesta, el Estado mexicano dio 50 mil dólares, es decir, 915 mil pesos, al tipo de cambio de 18.3 pesos. Sin embargo, esa cantidad apenas representa 16% de la aportación ordinaria que el gobierno mexicano realizó en 2014, que ascendió a 300 mil dólares.

“Hemos confirmado una contribución voluntaria extraordinaria a la Comisión Interamericana atendiendo al llamado urgente hecho recientemente a todos los estados miembro”, dijo Ruiz Massieu el 26 de agosto pasado, durante la inauguración del seminario Derecho Nacional e Internacional, Desafíos Compartidos, en el 55 Periodo extraordinario de sesiones de la CIDH.

Esta aportación fue para reiterar el compromiso de México como “uno de los aliados más activos y comprometidos” del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, según se publicó en el comunicado oficial de la Secretaría de Relaciones Exteriores. 

La prueba de la aportación que la Secretaría entregó vía transparencia es un oficio firmado por Erasmo Lara, titular de la Dirección General de Derechos Humanos y Democracia de la dependencia a la CIDH el 23 de agosto, donde se informa el monto.

El documento advierte que el Estado mexicano haría la contribución extraordinaria con el “fin que la CIDH en posibilidad de continuar con las actividades de promoción y protección de derechos humanos”.

A diferencia del resto de documentación entregada, con copia del recibo de las transferencias a los organismos internacionales, la Cancillería no proporcionó la prueba financiera de esta aportación extraordinaria.

El comisionado presidente de la CIDH, James Cavallaro, emitió el oficio número OEA-02068, para informar que el Estado mexicano había respondido favorablemente a la solicitud de la Comisión para recibir donaciones que le permitiera continuar operando.

“El Estado mexicano es sensible a la preocupación que ha mantenido la Comisión por las consecuencias que pudiera tener la crisis financiera, por lo que continuará buscando alternativas para atender la situación y presentar propuestas a fin de fortalecer la sustentabilidad financiera de la CIDH a mediano y largo plazo”, dijo Cavallaro en el oficio fechado el 19 de agosto de 2016.

El exsecretario ejecutivo de la CIDH, Emilio Álvarez Icaza, aseguró que México había dejado de entregar cuotas voluntarias y, por lo tanto, tenía responsabilidad en la crisis financiera del organismo internacional, según publicó el diario Reforma.

La labor de la CIDH es importante porque representa la última instancia internacional para que las víctimas de violaciones a derechos humanos accedan a la justicia, después de agotar todas las instituciones y no encontrar respuesta en sus propios países.

Las víctimas en México, además, son quienes más acuden al organismo. De las mil 164 peticiones que se presentaron en 2015, 849 correspondieron a México, por lo que es el país con más denuncias de violaciones a derechos humanos.

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20 de septiembre, 2020
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Protestas en Bielorrusia

Getty Images
Las protestas no violentas tienen más posibilidades de éxito.

La lucha de los sindicatos agrupados en Solidaridad en Polonia en la década de 1980; el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica; el derrocamiento del presidente serbio Slobodan Milosevic; la Revolución del Jazmín que forzó la salida del presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali y desencadenó la Primavera Árabe…

Todos estos son ejemplos de movimientos populares que culminaron con un cambio político sustancial.

Y el último en ser noticia está en Bielorrusia, donde decenas de miles de personas han salido a las calles en las últimas semanas tras unas polémicas elecciones en las que el presidente Alexander Lukashenko se adjudicó la victoria.

Las autoridades han reaccionado con brutalidad: muchos manifestantes han sido arrestados y hay numerosas denuncias de torturas a manos de la policía.

Protestas en Bielorrusia

Reuters
Las protestas en Bielorrusia han movilizado a mucha gente. ¿En cantidades suficientes?

A pesar de esto, sin embargo, el movimiento de momento se ha mantenido fundamentalmente pacífico.

Pero, ¿cuán probable es que tenga éxito?

Lecciones de la historia

Una buena forma de evaluarlo es mirando la historia.

Que es lo que ha hecho la politóloga de Harvard Erica Chenoweth.

La profesora Chenoweth ha centrado su trabajo sobre todo en protestas contra dictaduras, no democracias.

A diferencia de los demócratas, los dictadores no pueden ser destituidos mediante el voto popular. En una democracia, si una política es impopular, otros políticos pueden ser elegidos con la promesa de abolirla. No existe tal mecanismo en una dictadura.

Erica Chenoweth

Kris Snibbe / Harvard Gazette
La politóloga de Harvard Erica Chenoweth ha estudiado la efectividad de las protestas.

Estas definiciones, sin embargo, son a menudo cuestionadas. ¿Dónde está la frontera entre democracia y dictadura? A menudo, de hecho, hay todo un espectro: un sistema político puede ser más o menos democrático.

Y también está el problema de cómo se clasifica la violencia y la no violencia.

¿Los ataques a la propiedad deben considerarse “violentos”? ¿Qué pasa con las personas que gritan insultos racistas pero sin agresión física? ¿Qué pasa con los actos de autosacrificio, como la autoinmolación o las huelgas de hambre? ¿Son violentos?

Las ventajas de la no violencia

A pesar de estas dificultades de categorización, existen algunas formas de protesta que son claramente no violentas y otras que son claramente violentas.

El asesinato es claramente violento. Las manifestaciones pacíficas, las peticiones, los carteles, las huelgas y los boicots, las sentadas y las huelgas no son violentas.

De hecho, según una clasificación bien conocida, existen 198 formas de protesta no violenta.

Y al analizar cada movimiento de protesta sobre el que había datos suficientes, desde 1900 hasta 2006, Erica Chenoweth y Maria Stephan llegaron a la conclusión de que un movimiento tenía el doble de probabilidades de éxito si no era violento.

La siguiente pregunta entonces es: ¿por qué?

La respuesta parece ser que la violencia reduce la base de apoyo de un movimiento, mientras que mucha más gente se une activamente a las protestas no violentas.

Protestas en Bielorrusia

Getty Images
La no violencia atrae a mucha más gente a las manifestaciones.

La no violencia es generalmente de menor riesgo, requiere menos capacidad física y ningún entrenamiento avanzado.

Y, por lo general, también requiere menos tiempo.

Por todas estas razones, los movimientos no violentos tienen mayores tasas de participación de mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad.

Pero, ¿por qué importa esto?

Bueno, tomemos la llamada Revolución Bulldozer contra Slobodan Milosevic. Cuando los soldados fueron entrevistados sobre por qué nunca apuntaron con sus armas a los manifestantes, explicaron que conocían a algunos de ellos. Se mostraban reacios a disparar contra una multitud que contenía a sus primos, amigos o vecinos.

El 3,5%

Obviamente, cuanto mayor sea el movimiento, más probable es que los miembros de la policía y las fuerzas de seguridad conozcan a algunos de sus participantes.

Y Erica Chenoweth ha dado una cifra muy precisa de cuán grande debe ser una manifestación antes de que su éxito sea casi inevitable: esa cifra es el 3,5% de la población.

Puede parecer un número pequeño, pero no lo es.

La población de Bielorrusia, por ejemplo, es de poco más de nueve millones, por lo que el 3,5% supera los 300.000. Y se estima que en las grandes manifestaciones en la capital, Minsk, participaron decenas de miles, quizás hasta 100.000 (aunque la agencia Associated Press una vez las estimó en 200.000).

La regla del 3,5% tampoco es estricta.

Muchos movimientos tienen éxito con tasas de participación más bajas que esta, y uno o dos fracasan a pesar de contar con el apoyo de las masas: el levantamiento de Bahréin de 2011 es uno de esos ejemplos que cita Chenoweth.

Menos efectivas

Los datos originales de Chenoweth llegan hasta 2006, pero la académica acaba de completar un nuevo estudio que examina los movimientos de protesta más recientes.

Y aunque sus últimos hallazgos generalmente refuerzan la investigación inicial, que muestra que la no violencia es más efectiva que la violencia, también ha identificado dos nuevas tendencias interesantes.

La primera es que la resistencia no violenta se ha convertido, con mucho, en el método de lucha más común en todo el mundo, mucho más que la insurrección armada o la lucha armada.

De hecho, entre 2010 y 2019 hubo más levantamientos no violentos en el mundo que en cualquier otra década de la historia registrada.

Argelia

Getty Images
Las protestas de Argelia en 2019 obligaron a dimitir al presidente Bouteflika.

La segunda tendencia es que la tasa de éxito de las protestas ha disminuido.

Ha caído drásticamente en lo que se refiere movimientos violentos: actualmente alrededor de nueve de cada diez movimientos violentos fracasan, dice Chenoweth.

Pero la protesta no violenta también tiene menos éxito de lo que solía.

Antes, alrededor de una de cada dos campañas no violentas tenía éxito; ahora es alrededor de una de cada tres.

Aunque, por supuesto, también se han producido algunos éxitos desde 2006.

Por ejemplo, el presidente sudanés Omar al-Bashir fue depuesto en 2019. Y unas semanas más tarde, el malestar popular obligó a dimitir al presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika.

Pero estas salidas son cada vez más raras.

¿Por qué? Bueno, podría haber muchas explicaciones, pero una parecería ser el impacto de doble filo de las redes sociales y la revolución digital.

Durante unos años, parecía que Internet y el auge de las redes sociales habían proporcionado a los organizadores de protestas una nueva y poderosa herramienta, facilitando la transmisión de información de todo tipo: por ejemplo, dónde y cuándo reunirse para la próxima marcha.

Pero los regímenes despóticos ahora han encontrado formas de darle la vuelta a esa arma y de usarla contra sus oponentes.

Policía en Bielorrusia

Reuters
Los gobiernos despóticos también utilizan la tecnología.

“La organización digital es muy vulnerable a la vigilancia y la infiltración”, dice Erica Chenoweth.

Y los gobiernos también pueden utilizar las redes sociales para hacer propaganda y para difundir desinformación.

Lo que nos lleva de regreso a Bielorrusia, donde los teléfonos de los manifestantes detenidos son examinados de forma rutinaria para establecer si siguen los canales de la oposición en la aplicación de mensajería Telegram.

Cuando las personas que manejan estos canales han sido arrestadas, Telegram se ha apresurado a cerrar sus cuentas con la esperanza de hacerlo antes de que la policía haya podido verificar la lista de seguidores.

¿Podrá el presidente Alexander Lukashenko aferrarse al cargo? ¿Realmente conseguirá sobrevivir ahora que está tan claro que existe una oposición tan generalizada a su gobierno?

Tal vez no. Pero si la historia sirve de guía, es demasiado pronto para descartarlo.


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