Simio en tacones: la publicación en Facebook sobre Michelle Obama que causó indignación
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Simio en tacones: la publicación en Facebook sobre Michelle Obama que causó indignación

El comentario racista sobre Michelle Obama derivó en la renuncia de una alcaldesa del estado de Virginia Occidental, en Estados Unidos.
BBC Mundo
Por BBC Mundo
16 de noviembre, 2016
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Un comentario racista sobre Michelle Obama generó una controversia que derivó en la renuncia de una alcaldesa del estado de Virginia Occidental, en Estados Unidos.

Pamela Ramsey Taylor, quien lidera una organización sin fines de lucro en el condado de Clay, se refirió a la primera dama de EU como un “simio”.

Y, en lugar de censurarla, la alcaldesa de la localidad celebró el comentario públicamente, lo que le terminó costando el puesto.

“Será refrescante tener una elegante, bella y digna primera dama en la Casa Blanca. Estoy harta de ver a un simio con tacones”, escribió primero Ramsey.

“Esto acaba de alegrarme el día, Pam”, fue la respuesta de la alcaldesa de Clay, Beverly Whaling, al comentario.

Clay tiene una población de nada más 491 personas y, según el censo de 2010, ahí no reside ningún afroestadounidense.

De acuerdo con dicho censo, el 98% de los habitantes del condado son blancos.

El comentario de Facebook apareció publicado en el canal local de noticias WSAZ3WSAZ
El comentario de Facebook apareció publicado en el canal local de noticias WSAZ3: “Será tan refrescante tener a una elegante, bella y digna primera dama en la Casa Blanca. Estoy cansada de ver a un simio en tacones”.

Reacción

La controvertida publicación de Facebook se difundió por todo el país y apareció en medios de comunicación internacionales.

Una petición que pide que ambas mujeres sean despedidas recolectó más de 85,000 firmas en unas pocas horas.

En un comunicado entregado al periódico The Washington Post, la alcaldesa Whaling dijo: “Mi comentario no tuvo la intención de ser racista en lo absoluto”, y se disculpó “porque se salió de proporción”.

“¡Me refería a que me había alegrado el día por el cambio que tenemos en la Casa Blanca! ¡Me disculpo sinceramente por el mal sentimiento que esto haya causado! ¡Aquellos que me conocen saben que de ninguna forma soy racista!“, dijo.

No obstante, en la tarde de este martes, el Concejo del Condado de Clay le aceptó la renuncia a Whaling y anunció que una nueva persona será designada con celeridad para llevar adelante la tarea durante los tres años de mandato que restan.

La futura y actual primera dama se reunieron en la Casa Blanca el pasado lunes luego de la victoria de Donald Trump.CASA BLANCA
El pasado lunes la primera dama Michelle Obama y Melania Trump, quien asumirá ese rol en enero, se reunieron en la Casa Blanca.

Jason Hubbard, miembro del concejo, calificó la publicación de Facebook como “horrible e indecente”, y aclaró que el racismo y la intolerancia expresados en ese mensaje no representan a la comunidad.

“Por favor, no juzguen a una comunidad entera por uno o dos actos individuales”, afirmó.

Además, en nombre de todo el condado, Hubbard le envió sus disculpas a Michelle Obama y a todas las personas ofendidas por el mensaje.

Por su parte, Taylor le dijo al canal local de noticias WSAZ, el primero en publicar la historia, que reconocía que su comentario podía ser “interpretado como racista, pero de ninguna manera tuvo esa intención”, y que allí expresaba su opinión personal sobre la belleza física, no el color de la piel de una persona.

Le dijo a la estación de noticias que estaba considerando emprender acciones legales contra varias personas, cuyos nombres se desconocen.

Protesta contra el racismo en la campaña de Donald TrumpGETTY IMAGES
La campaña de Donald Trump estuvo marcada por acusaciones de racismo.

La organización de desarrollo del condado de Clay, cuya directora es Taylor, está parcialmente financiada a través de subvenciones estatales y federales, y se encarga de proveer servicios a residentes mayores de edad y de bajos ingresos.

“Matices racistas”

No es la primera vez que la primera dama recibe este tipo de comentarios.

El año pasado el presentador de la cadena de televisión Univisión Rodner Figueroa fue despedido tras decir que Michelle Obama se parecía a un personaje del filme “El planeta de los simios”.

Owens Brown, director en la sección de Virginia Occidental de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), dijo que era “lamentable que la gente todavía tenga estos matices racistas”.

El estado de Virginia Occidental votó por Donald Trump en la elección presidencial, con 68,7% de apoyo.GETTY IMAGES
El estado de Virginia Occidental votó por Donald Trump en la elección presidencial, con 68,7% de apoyo.

“Desafortunadamente, esta es una realidad con la que lidiamos en Estados Unidos hoy en día. No hay lugar para este tipo de actitudes en nuestro estado“, expresó.

La presidenta del Partido Demócrata de Virginia Occidental, Belinda Biafore, presentó una disculpa a Michelle Obama “en nombre de mis compañeros montañeses”, refiriéndose al apodo que reciben los habitantes del estado.

Virginia Occidental realmente es mucho mejor que esto. Estas ideas de odio, radicales y racistas son exactamente lo que el Partido Demócrata continuará enfrentando en este estado”, dijo en un comunicado.

El republicano y presidente electo Donald Trump ganó en el estado de Virginia Occidental con el 68,7% del apoyo popular.

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Cuartoscuro

Familias de Guerrero logran cruzar a EU para pedir asilo con el fin del programa 'Quédate en México'

Sandra Ocampo fue expulsada en agosto con su hijo recién nacido y ahora pudo cruzar la frontera legalmente. Las autoridades de EU aceptaron a los mexicanos del campamento de Matamoros a pesar de que no estaban dentro del programa.
Cuartoscuro
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Sandra Ocampo Atanasio, de 26 años, es una de las primeras mexicanas que cruza a Estados Unidos para pedir asilo desde hace más de un año. En febrero de 2020 llegó con su esposo y sus hijos a Matamoros, Tamaulipas, huyendo de la violencia de Guerrero. Pero se atravesó la pandemia por COVID-19 y el expresidente Donald Trump cerró las fronteras, suprimiendo el derecho a solicitar refugio. Durante un año malvivió en el campamento levantado a orillas del Río Bravo. Su desesperación llegó hasta tal punto que llegó a saltar al Río Bravo embarazada de nueve meses en agosto de 2020. Pero fue detenida, dio a luz y la devolvieron a México con su recién nacido estadounidense en brazos. El pasado 3 de marzo logró cruzar la frontera al ser incluida dentro de los grupos recibidos al otro lado de la frontera tras la decisión de Joe Biden de abrir las puertas a 25 mil solicitantes de asilo que habían sido expulsados por el programa “Quédate en México”.

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“Fuimos de los últimos en entrar. Ya casi pensábamos que no nos incluirían, pero al final lo conseguimos”, dice Ocampo Atanasio en entrevista telefónica desde Georgia, donde se ha instalado en casa de un familiar. Su voz suena radiante. Se está cumpliendo todo lo que soñó cuando se marchó a la carrera de Tecpán de Galeana, Guerrero, por miedo a ser la próxima víctima del crimen organizado. Estaba embarazada de Joshua, su tercer hijo, su tío había sido asesinado y el crimen organizado ya rondaba a otros miembros de su familia. Así que ella y su esposo decidieron que, si México era incapaz de protegerles, deberían ir a probar suerte a otro país. 

Suerte. O casualidad. O estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Una mezcla de todo esto es lo que, en última instancia, ha permitido que la familia de Ocampo Atanasio y un puñado de mexicanos más logren cruzar a Estados Unidos. Durante un año sufrieron las penurias del campamento: malas condiciones higiénicas, hacinamiento, incertidumbre. Eso fue lo que les permitió cruzar. Pero son una excepción y lo saben. 

Actualmente nadie puede pedir asilo al otro lado de la frontera. Aunque el presidente Biden ha tomado medidas que flexibilizan las condiciones de migrantes y solicitantes de refugio, sigue vigente el Título 42, una norma que suspende las garantías en la frontera y que impide que nadie pueda pedir protección bajo la excusa de la emergencia por COVID-19. Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés), más de medio millón de personas fueron devueltas a México desde marzo de 2020 según esta nueva normativa. La gran mayoría de ellas eran mexicanos, como Ocampo Atanasio. 

En realidad, el plan de puertas abierta de Biden estaba dirigido únicamente a quienes tenían su caso abierto dentro de “Quédate en México”. Este fue el programa pactado entre Trump y Andrés Manuel López Obrador para dificultar el acceso al refugio de los centroamericanos y que provocó la expulsión de más de 70 mil personas a ciudades peligrosas como Matamoros. El nuevo mandatario estadounidense lo terminó nada más llegar a la Casa Blanca y anunció que los afectados podrían seguir su caso al interior del país. Pero esto dejaba fuera a Ocampo Atanasio y su familia, que llegaron a la frontera y no tuvieron tiempo de pedir asilo porque las puertas se cerraron por la COVID-19. 

Los mexicanos pudieron aprovechar la decisión de acabar con el campamento. Ellos llevaban viviendo en esa miserable sucesión de carpas tanto tiempo como muchos de sus compañeros. Así que, en el momento de hacer el censo, fueron incluidos. 

Animal Político consultó con Acnur sobre el proceso, pero la institución respondió que no hace referencias a casos individuales como parte del protocolo para su protección. Sí que recordó que “cualquier persona que sufra violencia o persecución tiene el derecho básico de pedir asilo y debe poder acceder a procesos humanos, seguros y eficientes”. 

Eso es lo que, durante los últimos años, Estados Unidos negó a centroamericanos y, también, a mexicanos. 

El campamento de Matamoros llegó a tener 2 mil 500 habitantes en sus momentos de mayor afluencia. Aunque en su cierre había menguado. Allí convivía la miseria y la desesperación con el miedo al crimen organizado, que es el que controla la frontera. Según el Instituto Nacional de Migración (INM), un total de 731 personas abandonó el campamento de Matamoros para cruzar a Estados Unidos tras el anuncio de Biden de que los recibiría. No hay cifras exactas sobre cuántos de ellos eran mexicanos, aunque Ocampo Atanasio cree que no eran más de 15 familias. Atrás quedaron unas 70 personas, centroamericanos en su mayoría, con el caso de asilo cerrado o con orden de deportación en EU. Actualmente se encuentran en la casa del migrante de Matamoros. 

“La entrada fue muy distinta”

“La entrada ahora fue muy distinta, una experiencia muy bonita”, dice Ocampo Atanasio. Esto era exactamente lo que ella deseaba. Entrar por la puerta grande, sin violar la ley americana, hacer todo conforme a ley y sin quebrantar las leyes”, explica. Relata que, tras hacerse las pruebas COVID-19, llegaron al puente internacional que conecta Matamoros con Brownsville donde les acompañó la hermana Norma Pimentel, una religiosa conocida por su activismo a favor de los migrantes. “Fue muy distinto, la experiencia muy diferente porque no se portaron groseros con nosotros”, dice, en referencia a los agentes del CPB. 

Su último contacto con estos oficiales fue traumático. Ocurrió el 22 de agosto cuando ella, de pura desesperación, cruzó Río Bravo embarazada de nueve meses. Su esposo y sus hijos fueron expulsados inmediatamente a Matamoros. Ella, por el contrario, se quedó en el hospital ya que llegó con dolores de parto. Le dieron el tiempo justo para dar a luz a Joshua, que nació estadounidense, y ser devueltos los dos, la madre y el bebé de dos días en brazos. 

Todo eso quedó atrás. 

“El recibimiento que nos hicieron los americanos cuando llegamos a la estación de autobuses fue muy bonito. Con aplausos y abrazos nos dieron la bienvenida”, explica. “Se siente esa emoción tan bonita. ¿Cómo es posible que personas que ni siquiera te conocen te reciban con tanto cariño, con tanta felicidad?”, relata. Frente a la imagen de EU cultivada por Trump, la de un lugar hostil y amurallado que rechaza al que es diferente, Ocampo Atanasio pone en valor el trabajo de las organizaciones que durante dos años estuvieron apoyando a las víctimas de las políticas xenófobas. 

Ahora que todo queda atrás, la mexicana recuerda las lecciones del campamento. “Allí aprendimos a sobrevivir”, dice. El cambio ha sido grande. “Antes dormíamos en una colchoneta, ahora en una cama. Ya cocinamos en una estufa y vamos a un baño normal, no a una letrina como las que estaban en el campamento. Es algo muy diferente. Esto nos sirve de aprendizaje para valorar lo que nos da la vida”, asegura.

Lee más: México solo dio trabajo a 64 solicitantes de asilo devueltos por EU, y no a miles como prometió

El desplazamiento forzado en México 

Su caso habla de un fenómeno que en México pasa desapercibido: el de los desplazados internos. Mexicanos que se ven obligados a dejarlo todo por miedo a ser víctimas de la violencia y del crimen organizado. Desde que Felipe Calderón inició lo que llamó la “guerra contra el narcotráfico” se contabilizan más de 300 mil muertos, más de 84 mil desaparecidos y cerca de 40 mil cuerpos sin identificar. 

En 2020, México se convirtió en el cuarto país con más trámites de asilo en los juzgados de Estados Unidos. De los 59 mil 712 casos que se procesaron, 6 mil 175 eran peticiones de protección de ciudadanos mexicanos, que solo fueron superados por los guatemaltecos, salvadoreños y hondureños. Los resultados no son esperanzadores para Ocampo Atanasio y su familia. Únicamente 760 fueron aceptados como refugiados, mientras que otros 208 recibieron algún tipo de protección complementaria. El resto fue rechazado y, por lo tanto, se giró una orden de deportación.

Regresar es algo que la mujer no quiere ni pensar. “Me aterra. Me daría miedo que esto pasara (que la obligasen a volver a México)- En esto regresamos y vienen las personas que nos quisieron hacer daño. Regresar sería muy malo. También estuvimos en Michoacán, allí también está muy difícil. ¿A qué le tiramos si regresamos? A nada bueno”, dice. 

El fin del campamento de Matamoros es solo un símbolo. A lo largo de la frontera, miles de personas aguardan su oportunidad para pedir asilo. No son solo quienes fueron expulsados por “Quédate en México”. Los desastres naturales, la pobreza y la violencia en Centroamérica ha provocado un incremento en los flujos hacia el norte, según han constatado organizaciones como el Movimiento Migrante Mesoamericano. En México cada año son más quienes, como Sandra Ocampo Atanasio, creen que nadie podrá protegerles en su país y tratan de cruzar a Estados Unidos. 

Para la joven que escapó de Guerrero después del asesinato de su tío todo esto son temores que van superándose. Ahora, mientras se adapta a su nueva vida, piensa en las oportunidades que tendrán sus hijos y que ella no pudo ni soñar: una buena educación y seguridad. Crecer sin el miedo de que alguien pueda hacerte daño.

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