El asesinato de dos autodefensas atemoriza a una comunidad indígena de Michoacán
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Heriberto Paredes

El asesinato de dos autodefensas atemoriza a una comunidad indígena de Michoacán

Un grupo de al menos 15 sujetos encapuchados secuestró y asesinó a dos autodefensas de la comunidad nahua de San Pedro Naranjestil, Michoacán, lo que incrementó al miedo a ser víctima de "los malandros".
Heriberto Paredes
Por Heriberto Paredes
21 de noviembre, 2016
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El pasado 24 de octubre, un grupo de por lo menos 15 sujetos encapuchados y fuertemente armados irrumpió en las casas de una ranchería ubicada en la comunidad nahua de San Pedro Naranjestil, municipio de Aquila, Michoacán.

Este grupo, que la población relaciona con los Caballeros Templarios, secuestró a dos campesinos, Luis Olascón y Juan Cruz, quienes pertenecían al grupo de policía comunitaria o autodefensa local.

Desde mediados de 2013 se habían comenzado a organizar pero no fue sino hasta finales de marzo de 2014 que la comunidad indígena encontró finalmente las condiciones para levantarse contra el crimen organizado, detener las extorsiones, los asesinatos y las desapariciones.

«Cayeron en la mañanita y mataron a mi jefe, lo mataron y lo quemaron, cuando lo encontramos había pasado todo esto»,  dice Juan Diego, hijo de Luis Olascón, uno de los dos comunitarios asesinados la madrugada del 24 de octubre en las inmediaciones de San Pedro.

«No sé quién fue la verdad, dicen que los malandros de enfrente, pero yo no los miré; ya no se puede estar tranquilo, mi única defensa es esta –toca su arma– y nomás esperando cuándo le toca a uno», comenta Juan Diego.

En la imagen, Juan Olascón, hijo de uno de los comunitarios asesinados

En la imagen, Juan Olascón, hijo de uno de los comunitarios asesinados

La lucha por San Pedro

Habitado por una población que en su mayoría es mestiza y campesina, San Pedro es parte de un extenso territorio montañoso de clima húmedo que pertenece a la comunidad indígena nahua de Pómaro dentro de uno de los municipios más violentos en la entidad.

En sus tierras existen yacimientos de hierro y oro, cuenta con una gran diversidad en recursos naturales, desde amplias extensiones de tierra altamente fértil hasta una conexión con la costa michoacana, siempre a través de brechas y caminos de terracería.

Quienes cuidan de la entrada de la comunidad, casi en su totalidad hombres, no rebasan los 25 años, la mayoría se integró desde el inicio del movimiento y otros tienen alrededor de un año.

«Los vamos a ir escoltando, las cosas acá están muy peligrosas, no es como en el otro extremos del municipio, allá ya está más controlado y limpio todo el territorio, de este lado estamos en la mera frontera con la maña», advierte el Tuzo, un joven que con un chaleco antibalas, un fusil de asalto y un cigarro en la boca, será nuestro guía en este recorrido.

Subimos por el camino de terracería, no hay rastros de tránsito pero a lo lejos se alcanzan a ver algunas casas con techos de lámina. Son las rancherías que circundan San Pedro y en donde tuvieron lugar dos asesinatos a integrantes de la policía comunitaria o grupo de autodefensa de esta zona el pasado 24 de octubre de 2016.

Nadie en la única plaza del pueblo. Chava, otro de los comunitarios, comenta que en los cerros que están enfrente están escondidos los “malandros”, es por eso que siempre están  en alerta, “porque si nos descuidamos nos chingan”.

“Ya nos mataron a algunos compañeros antes y ahora mataron a otros dos, nos hacen emboscadas, hace poco hubo una, yo no iba pero hubo seis heridos, entre ellos mi hermano y ahora está hospitalizado».

El Chava termina su cigarro, hace unas bromas con el Tuzo y nos pide esperar un momento a que las familias de los comunitarios asesinados nos puedan recibir.

Uno de los autodefensas de San Pedro Naranjestil

Uno de los autodefensas de San Pedro Naranjestil

Los asesinatos de Luis y Juan

A Luis Olascón lo sacaron de su casa en la madrugada, según relata su esposa María, quien se resiste a llorar o doblegarse frente a nosotros y guarda el temple para seguir denunciando lo que vivió.

«Los malandros entraron y se llevaron a nuestros maridos y se llevaron todo lo que uno tenía, ellos vienen también a cobrar la cuota y nosotros ya no queremos eso».

Luis Olascón apoyó a las autodefensas de esta población pero no estuvo involucrado en «alguna muerte de los malandros», según nos cuenta su hijo Juan Diego.

Luego de tres años en los que el movimiento de autodefensas ha mantenido el control de la seguridad en la región de la sierra-costa michoacana (municipios de Coahuayana, Chinicuila y Aquila) los Caballeros Templarios no sólo no han sido perseguidos por la policía federal, la marina o el ejército, sino que hay graves denuncias de que se les ha proporcionado ayuda para mantenerse impunes.

Tras varios comunicados emitidos por las comunidades indígenas de esta región, se han hecho públicos los nombres de los supuestos jefes templarios que han organizado los ataques, selectivos o emboscadas, contra comunitarios y algunos habitantes de estos municipios.

A pesar de las numerosas denuncias que los pobladores han hecho de la presencia y reorganización de los líderes templarios, al oriente del municipio, éstos continúan en libertad, aseguran los pobladores de San Pedro Naranjestil.

«Los autodefensas son los únicos que han estado al pendiente de los ranchos, de las familias, de esta zona. Juan tenía tres años en la lucha de las autodefensas», dice Margarita, viuda de Juan Cruz, el otro comunitario asesinado luego de ser secuestrado por un grupo de hombres vestidos de negro y encapuchados que irrumpió en su casa del rancho Los Parajes mientras dormía junto con su familia.

A los dos hijos que estaban en el domicilio los pusieron boca abajo, les amarraron las manos por la espalda con alambre y los encañonaron, su padre, Juan, pidió que no los mataran y los hombres armados se lo llevaron.

Margarita explica que luego de que se llevaron a su esposo ella no sabía qué hacer, así que esperó a que amaneciera antes de moverse de su casa, pero que justo antes de salir escuchó muchos disparos; de camino a San Pedro, a pie, llegó a un crucero de brechas y terracería en donde estaba el cuerpo de Juan, amarrado con alambre y con varios disparos.

Luego de este asesinato, «todos los vecinos del rancho se han ido, unos están en San Pedro y otros están escondidos en el cerro. Si los malandros ya avanzaron hasta acá, es posible que vengan a San Pedro, por eso vivimos con miedo pero no tenemos a dónde ir, perdimos todo».

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“No necesito GPS ni mapa, todo lo tengo en la cabeza”: el camionero de 90 años que se rehúsa a jubilarse

Brian Wilson conduce camiones desde que era adolescente y por ahora no piensa en abandonar el volante.
13 de noviembre, 2022
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Brian Wilson, de 90 años, es uno de los camioneros activos más longevos del mundo.

Y, después de más de 70 años en la carretera, aún no tiene planes de poner el freno de mano.

Brian ni se preocupa por tener un GPS. Sí tiene un atlas de carreteras, aunque dice que es de hace “unos 40 años” y que, de todos modos, lo tiene guardado en el maletero del coche.

“No necesito GPS ni mapa”, asegura. “Todo está aquí arriba”. Sonríe y se golpea la sien para reforzar el punto.

Estamos sentados en la cabina del camión de 1993 de Brian. Junto a los modernos camiones Scania alineados en este predio logístico en las afueras de Sheffield, Inglaterra, el suyo se destaca.

La palanca de cambios está pegada con cinta adhesiva, la tapicería ha tenido días mejores y huele a tabaco.

Según Guinness World Records, el hombre de mayor edad con una licencia para conducir vehículos de gran peso es el británico Jack Fisher, con 88 años y cuatro días, al 27 de enero de 2021.

Brian Wilson al volante de su camión.

BBC
Brian ha sido invitado por Guinness World Records a presentarse para ser reconocido como el conductor de vehículos pesados más longevo del mundo.

Ahora, Brian ha sido invitado a hacer su propio reclamo en el registro mediante la presentación de pruebas de edad y ocupación. “Realmente no pienso en eso”, dice. “Solo salgo a trabajar”.

Si solo está siendo modesto o práctico es difícil saberlo.

Imposible no trabajar

Un paquete de 20 cigarrillos, un encendedor, una copia del Daily Mirror y trapos ocupan el espacio entre nuestros asientos.

“Me inquieto cuando no estoy trabajando”, dice.

Brian muestra algunas fotografías, mientras hacemos un viaje por el camino de la memoria, desde que era un joven soldado hasta la etapa nonagenaria.

Hay una imagen suya de vacaciones. Está sentado en una mesa, leyendo un periódico. No parece un hombre de vacaciones.

“Dos o tres días sin trabajar, sin hacer nada, y ya tuve suficiente”, dice. “Tengo que estar haciendo algo. Siempre quiero volver al trabajo“.

En la industria del transporte, se le conoce como “un original”. Mientras que otros confían en las cinchas de amarre con hebillas para asegurar las cargas, Brian prefiere la forma antigua, usando cuerdas y láminas.

Es un arte que se está muriendo, dice.

Brian le da crédito a su tío por haberle enseñado a conducir a los 16 años, aunque su carrera militar en la década de 1950 indudablemente agudizó sus habilidades.

En la década de 1960, después de un periodo repartiendo gasolina para Esso, Brian se unió a la empresa de transporte de su padre Edward: E. Wilson e Hijo.

Hoy es dueño del negocio familiar, que principalmente transporta resortes de acero.

“Todos los jueves me levanto a las 4:00 en punto, listo para salir de casa a las 5:15”, narra.

Brian desgrana sus “gotas” del día. “Leicester, Tamworth, Redditch, Birmingham, Telford (…) haré unas 300 millas (casi 500 kilómetros)”.

La lejana jubilación

Brian es un hombre de pocas palabras y las hace valer. Su actitud se suaviza cuando veo su anillo de bodas.

“Llevamos casados ​​67 años”, dice sonriendo. “Tenía 15 años cuando Mavis y yo nos conocimos en una feria”.

Me muestra una fotografía con su pareja tomada en su aniversario de bodas de rubí, es decir, cuatro décadas juntos. “Todavía nos cuida a todos”, dice.

A Brian puede que le ocurra como a su madre, Gertrude, que vivió hasta los 102 años.

Al igual que su camión, Brian tiene que pasar por un control de salud completo cada año, y el próximo vence antes de Navidad.

Si su médico de cabecera lo considera apto para trabajar, Brian tiene la intención de continuar durante al menos otro año antes de considerar jubilarse.

“También depende de cómo esté mi mujer”, añade.

Otros transportistas hablan muy bien de él.

De vuelta en la cabina de su camión, Brian reconoce que habrá algunos que crean, a los 90 años, que es demasiado mayor para conducir un automóvil y mucho menos un camión.

“Lo sé, lo sé”, dice, mirando por la ventana. “Pero sabré cuando sea el momento”.

“Es un sorteo quién se retirará primero”, agrega Brian. “Si el camión o yo”.

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