Negocios en México pierden 138 mdp por inseguridad y robos durante 2015
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Negocios en México pierden 138 mdp por inseguridad y robos durante 2015

Los negocios gastaron un estimado de 73.3 mil millones de pesos en medidas de seguridad; mientras que las pérdidas económicas como consecuencia de estos delitos ascendieron a 66.6 mil millones de pesos.
Cuartoscuro
Por Notimex
29 de noviembre, 2016
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De las 4.5 millones de unidades económicas en México, 35.5 por ciento fue víctima de algún delito durante 2015, es decir 1.6 millones, lo que significa un incremento de 2.84 por ciento respecto a 2013, informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Victimización de las Empresas (ENVE) 2016, el costo total por la inseguridad y el delito en unidades económicas representó un monto de 138.9 mil millones de pesos en 2015.

El director general de Estadísticas de Gobierno, Seguridad Pública y Justicia del INEGI, Adrián Franco Barrios, detalló que esta cantidad representa 0.73 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y es mayor en 16.7 por ciento a la de 2013, cuando fue de 119 mil millones de pesos.

Detalló que las medidas preventivas representaron un gasto estimado para las unidades económicas de 73.3 mil millones de pesos o 52.8 por ciento del costo total de la inseguridad y el delito, mientras que las pérdidas económicas como consecuencia de estos delitos ascendieron a 66.6 mil millones de pesos, 47.2 por ciento restante.

En conferencia de prensa, apuntó que el costo promedio del delito por unidad económica como consecuencia del gasto en medidas de protección y de las pérdidas a consecuencia delito fue de 57 mil 779 pesos en 2015, monto 3.7 por ciento superior al de 2013, cuando fue de 55 mil 738 pesos.

De acuerdo con la ENVE, se estima que durante 2015, el 40.7 por ciento de las unidades económicas del Gran Sector Comercio fue víctima del delito; 31.7 por ciento del Gran Sector Industria y 30.4 por ciento del Gran Sector Servicios.

El funcionario del INEGI apuntó que, por tamaño, 61 por ciento de las Unidades Económicas Grandes fue víctima del delito, 59.9 por ciento de las Medianas, 49.9 por ciento de las Pequeñas y 34.7 por ciento de las Micros durante 2015.

Señaló que las 1.6 millones de unidades económicas víctimas de delito, representan una tasa de tres mil 548 víctimas por cada 10 mil unidades económicas, y por tipo de delito, el de mayor prevalencia fue el “robo hormiga” con una tasa de mil 352.

Indicó que a partir de la ENVE, se estima que en 2015 se generaron cuatro millones de delitos asociados a 1.6 millones de unidades económicas víctimas, lo que representa una tasa de concentración de 2.5 delitos por unidad económica víctima.

Detalló que el delito con mayor incidencia sigue siendo el “robo o asalto de mercancía, dinero, insumos o bienes”, con 22.3 por ciento del total, mismo que además presentó un incremento de 28.7 por ciento con respecto de 2013.

Resaltó que la “extorsión” ha superado al “robo hormiga” como el segundo delito con mayor incidencia al presentar un incremento de 34.3 por ciento con respecto del nivel estimado para 2013.

Mencionó que 88 por ciento de los casos de “extorsión” fue vía telefónica; en 9.1 por ciento de los casos, la extorsión fue en el establecimiento o cobro de piso, y en 5.9 por ciento de los casos, la víctima entregó lo solicitado.

Barrios refirió que en 2015 se denunció 11.8 por ciento de los delitos, de los cuales 81.7 por ciento llevó el inicio de una averiguación previa o carpeta de investigación ante el Ministerio Público.

Con respecto al total de delitos, se inició una averiguación previa o carpeta de investigación en 9.7 por ciento de los casos, lo que implica que la “cifra negra” de los delitos ocurridos durante 2015 al sector privado asciende a 90.3 por ciento, en los cuales no hubo denuncia o no se inició averiguación previa o carpeta de investigación.

Esta cifra resulta ser estadísticamente superior al 88.1 por ciento estimado para 2013, comparó.

De igual forma, la “cifra negra” se ha incrementado en las unidades económicas comerciales al pasar de 86.9 a 89.9 por ciento de 2013 a 2015, así como en las pequeñas y medianas, en donde pasó de 80.8 a 84.9 por ciento y de 68.4 a 73.7 por ciento, respectivamente.

En cuanto a la percepción sobre seguridad pública, la ENVE estima que, a nivel nacional, 57.4 por ciento de las unidades económicas considera a la inseguridad y delincuencia como el problema más importante que les afecta.

Le siguen el bajo poder adquisitivo de la población con 39.2 por ciento, y la falta de apoyos del gobierno con 33.5 por ciento, expuso el director general de Estadísticas de Gobierno, Seguridad Pública y Justicia del INEGI y responsable de la ENVE 2016.

Indicó que en 2016, el 70.2 por ciento de las unidades económicas manifiesta que la entidad federativa en la que operan es insegura, ligeramente mayor a la cifra de 70 por ciento estimado para 2014.

Sobre la percepción de desempeño, 75.9 por ciento de las unidades económicas considera que la policía de tránsito es corrupta, seguida de la policía preventiva municipal con 68.4 por ciento, y los jueces con 66.2 por ciento.

En cuanto a la percepción sobre la efectividad del trabajo que realizan autoridades encargadas de la seguridad pública, seguridad nacional, procuración e impartición de justicia, 84.7 por ciento de las unidades económicas manifiesta que la Marina desempeña un trabajo muy efectivo o algo efectivo, seguida del Ejército con 82.2 por ciento.

En contraste, esta cifra llega a 35.5 por ciento para la policía de tránsito, mientras que para la policía preventiva municipal esta percepción es de 38.5 por ciento.

Respecto a los cambios en comportamiento como consecuencia de haber sido víctimas de algún delito, Franco Barrios informó que a nivel nacional, 21.1 por ciento de las unidades económicas dejó de manejar efectivo y 18.6 por ciento redujo los horarios de producción o comercialización.

Además, a nivel nacional, 14.6 por ciento canceló inversiones; 7.5 por ciento dejó de comercializar o hacer negocios, y en 5.4 por ciento los dueños dejaron de asistir.

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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