Pemex perdió 300 millones de dólares en juicios por robo de combustible en Estados Unidos
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Cuartoscuro

Pemex perdió 300 millones de dólares en juicios por robo de combustible en Estados Unidos

Pemex demandó a 23 empresas estadounidenses por comprar combustible robado por cárteles del narcotráfico en México. Pero las resoluciones no fueron a su favor o no pudo cobrar el dinero que sí ganó.
Cuartoscuro
Por Raúl Linares
17 de noviembre, 2016
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Petróleos Mexicanos (Pemex) perdió 300 millones de dólares en tres juicios contra empresas estadounidenses en una Corte de ese país, a quienes acusó de realizar transacciones con combustible robado en México por el crimen organizado. No obtuvo ese dinero por dos razones: el juez consideró que la paraestatal no aportó evidencia suficiente para probar el delito, o no pudo cobrar el dinero que le tenía que ser restituido.

Pemex denunció en tres juicios distintos a 23 compañías estadounidenses y a seis personas por presuntamente comprar y distribuir combustible mexicano que fue robado por cárteles del narcotráfico en la región petrolera Cuenca de Burgos (Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila). De los 300 millones de dólares que pedía para la reparación del daño, Pemex recuperó judicialmente sólo 71 millones de cinco empresas y una persona de las que demandó, pero ninguna tuvo fondos para pagar. Al final, la empresa mexicana no obtuvo un solo dólar.

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Pemex y su filial Pemex Exploración y Producción (PEP) presentaron el 7 de junio de 2010 una primera ronda de demandas por el robo, almacenamiento y distribución de gas natural condensado. Después presentaron otras demandas el 29 de mayo del 2011 y el 10 de abril del 2012.

En una sentencia preliminar de 2013, el juez Sim Lake, de la corte de Houston, Texas, dijo que “la Corte concluyó que PEP carece de información para confirmar las denuncias interpuestas por fraude, incumplimiento de contrato, garantías y otros alegatos”. El 30 de mayo de 2014, el juez dictó sentencia final y confirmó lo establecido en ese documento previo: Pemex no aportó evidencia para probar sus alegatos.

Aunque la empresa mexicana apeló la sentencia en marzo de 2015, la Corte reafirmó su decisión. Incluso, el juez determinó que Pemex debía pagar a las empresas que demandó 830 mil dólares por gastos legales.

Pemex no ha realizado ese pago y señala que firmó un acuerdo con el despacho de abogados que la representó para que, en caso de que la resolución no fuera a su favor, éste pagara los gastos vinculados al proceso legal. No dio a conocer el nombre del despacho.

Estas acciones legales fueron las tres últimas que Pemex inició contra empresas estadounidenses por el robo de condensado de gas natural en 2009. Hasta la fecha, de todos los juicios iniciados —de los que no se conocen el número ni el monto total exigido como pago de reparación del daño— Pemex afirma que obtuvo 80 millones de dólares en los juicios, pero sólo recuperó efectivamente nueve millones, los cuales se cobraron antes de que iniciaran los tres juicios los cuales perdió.

Falta de pruebas

Además de los documentos desclasificados que posee Animal Político y que confirman las sentencias finales de estos juicios, abogados que participaron en dos litigios distintos iniciados por Pemex señalaron que la empresa mexicana nunca contó con evidencia para sostener sus alegatos.

Travis J. Sales, del bufete Baker Botts, —quien participó en el juicio H-10-1997— dijo en entrevista:  “Representé a las empresas BASF y a Shell en ese caso. Toda demanda en contra de ambas fue rechazada por la Corte. Ninguna de las empresas pagó nada a Pemex”.

Joel M. Androphy, quien representó a Murphy Energy Corporation,  —expediente H-12-1081— afirmó: “(Pemex) no logró probar nada, la mayoría de las demandas las perdió porque nunca pudo probar que ese producto fuera robado o que se cometiera algún crimen. No tenían suficiente evidencia. Todo se basó en una sospecha, nunca hubo pruebas”.

En julio pasado Animal Político solicitó vía transparencia información sobre los juicios, que ya habían concluido para entonces. La respuesta de Pemex fue: “No es conveniente dar a conocer la información, en virtud de que además de que se afectaría la estrategia procesal, dar a conocer quiénes son los demandados y las prestaciones reclamadas y su reparación, podría, conforme a la legislación de Texas, Estados Unidos, traer acciones por parte de los demandados, en perjuicio del patrimonio de PEP”.

Posteriormente, en un documento del 17 de octubre, la paraestatal agregó: “Derivado de estas acciones emprendidas en Estados Unidos, Pemex Exploración y Producción logró resoluciones y acuerdos en su favor por más de 80 millones de dólares. Todos los procedimientos se encuentran concluidos en definitiva y en todos los casos se emitió una respuesta favorable para Pemex”.

También que “los resultados de la estrategia implementada fueron las siguientes: inhibir el mercado ilícito de combustibles de origen mexicano en Estados Unidos; reparación del daño ocasionado a PEP; y desestimación de la contrademanda de los señalados como responsables”.

El abogado Joel M. Androphy —que representó a la firma Murphy Energy Corporation—, dijo en entrevista posterior: “No tengo idea de por qué dirían que las resoluciones fueron favorables para ellos”.

Al respecto la abogada Ileana M. Blanco, del bufete DLA Piper, que representó a Pemex en la corte estadounidense, dijo: “Nuestra política es que no estamos disponibles para hablar del caso o emitir comentarios. Se debe hablar con la oficina de relaciones públicas de Pemex en México para cualquier comentario”.

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Pemex sabía del crimen (que no pudo probar)

El primero de los tres juicios inició en 2010 aunque, según los documentos, Pemex sabía desde “mucho antes” que le estaban robando condensado de gas natural gracias a información entregada por agencias de seguridad estadounidenses.

Una investigación de estas agencias puso al descubierto el supuesto crimen, aunque en los juicios Pemex no pudo presentar más información que fuera concluyente.

Los documentos oficiales señalan que el combustible supuestamente comercializado por las empresas demandadas fue extraído por integrantes de los cárteles del Golfo y Los Zetas de la Cuenca de Burgos. Posteriormente fue transportado a Estados Unidos con apoyo de las petroleras estadounidenses y con la presunta complicidad de autoridades aduanales del Servicio de Administración Tributaria mexicano.

El 18 de septiembre de 2008 las autoridades de Estados Unidos realizaron un operativo en el que detuvieron en ese país a 170 personas. La operación Project Reckoning buscaba golpear a la mafia italiana conocida como la ‘Ndrangheta, asociada con cárteles mexicanos para exportar drogas a Italia.

Entre los detenidos estaba un hombre —que se convertiría en testigo protegido— identificado como Luis Ariel Rivera Rodríguez. Él señaló que desde 2006, además de drogas, la organización delictiva en la que trabajaba importaba a Estados Unidos condensado de gas natural robado en México.

Tras las detenciones en 2008, la consejería jurídica de Pemex recibió cintas con las conversaciones entre empresarios petroleros de los Estados Unidos que lamentaban la detención de integrantes del Cártel del Golfo y Los Zetas en la operación Project Reckoning.

En la cinta, y posteriormente en testimonios ante la Corte, empleados señalaron que tenían conversaciones y negocios con “el cártel”. También que sabían de la existencia de sobornos a funcionarios aduanales para poder contrabandear el combustible robado.

Los documentos de la Corte en Texas citan que, ya en 2010, “la evidencia señala que Pemex estaba muy consciente de que el condensado mexicano estaba siendo robado en México y comercializado en Estados Unidos al menos cuatro años antes de que demandara a cualquiera de las empresas”.

Al ser cuestionado por la Corte de Houston, Pemex reconoció que sabía que “en general fue víctima de robo —pero sin ser consciente del alcance— por lo menos desde 2006”.

De acuerdo con la respuesta oficial que Pemex dio a Animal Político, “en el mes de junio de 2007 la oficina de Inmigración y Control Aduanal de los Estados Unidos proporcionó al Gobierno de México información relacionada con el tráfico de productos petrolíferos robados a PEP hacia los Estados Unidos, así como la acusación penal a la empresa Tramo Petroleum por  haber recibido el equivalente a 2 millones de dólares en productos robados a PEP”.

Agrega: “Como resultado de dichas investigaciones, la empresa Trammo entregó a PEP la cantidad de 2.4 millones de dólares como compensación de los daños patrimoniales causados (…). Como resultado de dicha investigación se recuperaron cantidades adicionales que fueron entregadas al gobierno mexicano (por 208 mil dólares)”.

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El modus operandi

De acuerdo con los alegatos que Pemex presentó ante la corte, el modus operandi de las empresas que supuestamente compraron combustible robado durante los cuatro años que duró esta red binacional era este: las empresas estadounidenses compraban el condensado robado y mandaban a México camiones cargados con agua, que iban etiquetados como “nafta”. Al cruzar la frontera vaciaban los camiones y los llenaban con condensado de gas natural que había sido robado.

Además, creaban documentación falsa para justificar la posesión del combustible y sobornaban a funcionarios aduanales para cruzar la frontera. Los camiones volvían a Texas y el producto se almacenaba para ser revendido a otras empresas a cargo —según Pemex— de borrar las pistas sobre el origen ilícito.

Pemex acusó en el juicio que las compañías estadounidenses estaban tratando de evadir la justicia: “Ante la afirmación de que las grandes petroquímicas no sabían que compraban productos robados, Pemex alega que la venta del condensado robado requirió una conspiración concertada en los Estados Unidos para pasar el condensado robado a través de la frontera y lavar su origen para así distribuir y venderlo a los usuarios finales”.

Pemex

Así fue el proceso de los juicios

 

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Qué tan diferente será la toma de posesión de Biden en EU y cómo será el dispositivo de seguridad

Este año la tradicional transmisión de mando será muy atípica debido a la crisis política que vive Estados Unidos y a las medidas de precaución exigidas para hacer frente a la pandemia.
Getty Images
18 de enero, 2021
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La toma de posesión de Joe Biden como 46º presidente de Estados Unidos parece haber estado destinada a ser atípica.

Desde hace tiempo ya se sabía que los planes para este acto, previsto para el 20 de enero, tendrían que ser distintos para incorporar los protocolos sanitarios exigidos por la lucha contra el covid-19.

Pero a esa previsión se le han sumado tres circunstancias adicionales:

  1. La pandemia registra su momento más severo en Estados Unidos, con cifras récord de nuevos contagios confirmados y muertes.
  2. La crisis política desatada tras el asalto al Capitolio realizado el 6 de enero por partidarios del presidente Donald Trump, quien ahora debe enfrentar un juicio político por esos hechos y aún se niega a reconocer los resultados de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.
  3. La alerta de los cuerpos de seguridad ante la potencial amenaza de que se produzcan protestas o actos de violencia no solamente en Washington DC sino también en los capitolios de los estados.

La transferencia de mando ha sido considerada tradicionalmente en Estados Unidos como una fiesta democrática, con una asistencia multitudinaria. Esta vez las cosas serán diferentes.

BBC Mundo te cuenta los detalles.

¿Qué es la toma de posesión?

La toma de posesión es la ceremonia formal que marca el inicio de una nueva presidencia y tiene lugar en la capital del país.

Chapa conmemorativa de la toma de posesión de 2021.

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Históricamente, la toma de posesión es considerada como una fiesta de la democracia en EE.UU.

El único requisito de la ceremonia es que el mandatario electo recite el juramento presidencial: “Juro solemnemente que ejerceré fielmente el cargo de presidente de Estados Unidos y que, hasta el límite de mis capacidades, preservaré, protegeré y defenderé la Constitución de Estados Unidos”.

Una vez que pronuncie estas palabras, Biden ocupará su lugar como presidente número 46 y la toma de posesión estará completa (pero eso no es todo, luego siguen las celebraciones).

Kamala Harris se convertirá en vicepresidenta una vez que preste juramento en el cargo, lo que generalmente ocurre justo antes de que el presidente tome posesión.

¿Cuándo ocurrirá la ceremonia?

Por ley, el día de la toma de posesión es el 20 de enero.

Este año, los discursos de apertura generalmente están programados para alrededor de las 11:30 hora local (16:30 GMT), y Joe Biden y Kamala Harris tomarán posesión al mediodía.

Más tarde ese día, Biden se mudará a la Casa Blanca, donde residirá durante los próximos cuatro años.

Ronald y Nancy Reagan .

Getty Images
La tradición de hacer la juramentación al aire libre se inició con Ronald Reagan.

La toma de posesión no siempre ocurrió en enero. Inicialmente, la Constitución establecía el 4 de marzo como el día para que los nuevos líderes presten juramento.

Seleccionar una fecha a cuatro meses de las elecciones generales de noviembre tenía sentido en ese momento dado el tiempo que tardaban los votos de todo el país en llegar a la capital.

Con el tiempo, a medida que los avances modernos facilitaron el recuento y el informe de los votos, se modificó este largo plazo.

La 20ª Enmienda, ratificada en 1933, estableció que el nuevo presidente tomaría posesión el 20 de enero.

¿Cómo será el dispositivo de seguridad?

Por lo general, las tomas de posesión presidenciales requieren grandes despliegues de seguridad.

Esa exigencia se hace más importante ahora, después de que una turba de seguidores de Trump irrumpieron en el Capitolio el 6 de enero.

El Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) advirtió sobre protestas armadas en los capitolios de los estados y en Washington DC en los días previos a la ceremonia, lo que llevó a los funcionarios a aumentar la seguridad y cerrar grandes sectores de la ciudad.

En una evaluación conjunta realizada por esa agencia y por el Departamento de Seguridad Nacional se justifica el aumento de medidas para evitar ataques de terroristas internos, quienes “suponen la amenaza más probable” a la toma de posesión.

Partidarios de Trump dentro del Capitolio de EE.UU.

Getty Images
El asalto al Capitolio ejecutado por los seguidores de Trump obligó a elevar el nivel de alerta de seguridad.

Estos extremistas “siguen siendo una preocupación debido a su capacidad para actuar con poca o sin ninguna advertencia, su disposición a atacar civiles y blancos fáciles; y su habilidad para causar un número significativo de víctimas con el uso de armas que no requieren de conocimiento especializado”, señalaron estas autoridades en un documento citado por The New York Times.

Este viernes, el Pentágono anunció un incremento hasta 25.000 en el número de efectivos de la Guardia Nacional que podrán ser desplegados para la toma de posesión de Biden, unos 4.000 más de los que habían sido autorizados el jueves.

Efectivos de la Guardia Nacional en Washington DC.

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Hasta 25.000 efectivos de la Guardia Nacional podrán ser desplegados con motivo de la toma de posesión.

Un ensayo de la ceremonia que estaba previsto para el domingo fue pospuesto y reprogramado para el lunes debido a preocupaciones de seguridad, según informó el sitio web Politico.

Mientras tanto, un viaje en tren de 90 minutos planeado por Biden y su equipo desde sus oficinas en Delaware a Washington previsto para el lunes también ha sido suspendido por los mismos motivos, informó Associated Press.

Biden pidió a Lisa Monaco, la asesora contra el terrorismo del expresidente Barack Obama, que trabaje como asesora temporal sobre la seguridad para la toma de posesión.

La capital estadounidense se encuentra en estado de emergencia, por una orden que emitió la alcaldesa Muriel Bowser ante los disturbios en el Capitolio, y permanecerá así hasta la toma de posesión

Bowser advirtió este viernes que el sitio donde se realizará la ceremonia no es el único lugar que ha sido objeto de amenazas en línea.

El Servicio Secreto ha tomado el mando de los planes de seguridad, respaldado por la Guardia Nacional y de policías.

El agente Matt Miller, quien lidera el esfuerzo de seguridad en nombre del Servicio Secreto, dijo a los reporteros el viernes que la planificación del evento ha estado en marcha durante más de un año.

Y aunque Biden ha insistido en prestar juramento en un espacio abierto, como es tradición, la asistencia se reducirá.

¿Asistirá Trump a la ceremonia?

Es una costumbre que el presidente saliente presencie la juramentación de su sucesor, lo que en ocasiones puede hacer de la ceremonia algo incómodo.

Donald Trump y Barack Obama

Getty Images
Barack Obama acudió a la toma de posesión de Donald Trump.

Este año, será una incomodidad distinta: el presidente saliente no se presentará.

“Para todos los que han preguntado, no iré a la toma de posesión el 20 de enero“, tuiteó Trump el 8 de enero.

El mensaje fue divulgado poco después de que el mandatario se comprometiera con una transición de poder “ordenada” a un “nuevo gobierno” y eso es lo más cerca que ha estado de reconocer públicamente el triunfo de Biden.

Algunos de sus partidarios ya habían dado un paso más, planeando una “segunda toma de posesión” virtual para Trump el mismo día (y hora) en que Biden asume el cargo. Más de 68.000 personas han dicho en Facebook que asistirán al evento en línea para mostrar su apoyo a Trump.

El vicepresidente Mike Pence, sin embargo, ha dicho que sí asistirá a la ceremonia oficial.

Mike Pence.

Getty Images
Mike Pence, vicepresidente de Trump, sí acudirá a la ceremonia.

Cuando Trump prestó juramento en 2017, Hillary Clinton acudió junto a su esposo, el expresidente Bill Clinton, a la toma de posesión, solo dos meses después de su derrota electoral y de una dura campaña contra Trump.

Solo tres presidentes -John Adams, John Quincy Adams y Andrew Johnson- han optado activamente por no participar en la juramentación de sus sucesores, algo que no ha hecho ningún mandatario en el último siglo.

¿Cómo afectará la pandemia la ceremonia de este año?

En circunstancias normales, Washington DC vería a cientos de miles de personas acudir en masa a la ciudad para presenciar la toma de posesión, inundando el National Mall y ocupando todas las habitaciones disponibles de los hoteles.

Toma de posesión de Barack Obama

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Se estima que unos dos millones de personas acudieron a las celebraciones por la toma de posesión de Barack Obama en 2009.

Se estima dos millones de visitantes llegaron a la capital estadounidense cuando el presidente Obama asumió su primer mandato en 2009.

Pero este año, el tamaño de la celebración será “extremadamente limitado”, según ha dicho el equipo de Biden, que ha instado a los estadounidenses a evitar viajar a la capital.

Biden y Harris seguirán prestando juramento frente al Capitolio, en un lugar con vista a la icónica explanada del National Mall (una tradición que comenzó con el presidente Ronald Reagan en 1981), pero los puestos para observar la ceremonia que se habían instalado a lo largo de la ruta del desfile están siendo retirados.

Gran parte del parque del National Mall de 3,2 km de largo también estará cerrado al público.

En el pasado, había hasta 200.000 entradas disponibles para asistir a la ceremonia oficial pero este año, con las infecciones que siguen aumentando en EE.UU., solo estarán disponibles alrededor de 1.000 boletos.

Este año todavía habrá una versión de la tradicional ceremonia en la que el nuevo comandante en jefe inspecciona las tropas, pero en lugar del habitual desfile por la avenida Pennsylvania hasta la Casa Blanca, los organizadores dicen que organizarán un “desfile virtual”.

¿Cuáles artistas estarán invitados?

En los últimos años, los presidentes entrantes han agregado algunos de los artistas más queridos del país al programa del día. A pesar de la pandemia, este año no será diferente.

A Biden y a Harris se les unirá Lady Gaga, una acérrima defensora del presidente entrante que hizo campaña con él en los días previos a las elecciones.

Lady Gaga.

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Lady Gaga hizo campaña por Biden y ahora actuará en su toma de posesión.

Lady Gaga cantará el himno nacional y Jennifer López cantará durante la actuación musical de la ceremonia.

Después de que Biden preste juramento, el actor Tom Hanks hará de presentador de un programa de televisión en horario estelar que durará 90 minutos, un reemplazo compatible con la situación de pandemia de las celebraciones que normalmente se realizan en persona.

Contará con Jon Bon Jovi, Demi Lovato y Justin Timberlake, y se transmitirá en todas las principales redes y plataformas de EE.UU., con la excepción de Fox News, una red conservadora que ha apoyado a Trump durante su presidencia.

En 2009, Aretha Franklin cantó en la toma de posesión de Barack Obama, interpretando el tema “My Country ‘Tis of Thee”. Beyoncé también estuvo presente, cantando “At Last” para la pareja presidencial en el baile inaugural de su presidencia.

En su segunda toma de posesión en 2013, Obama pidió a Kelly Clarkson y a Jennifer Hudson que hicieran los honores. Beyoncé volvió de nuevo, esta vez para cantar el himno nacional.

Beyonce canta el himno nacional de EE.UU. en la toma de posesión de Obama en 2013.

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Beyonce participó en las dos tomas de posesión de Barack Obama.

Según la prensa estadounidense, Donald Trump tuvo más problemas para contratar artistas. Elton John rechazó la oferta para actuar y circularon informaciones según las cuales Celine Dion, Kiss y Garth Brooks hicieron lo mismo.

Al final, a la toma de posesión del mandatario republicano asistieron las Rockettes, el artista country Lee Greenwood y la banda 3 Doors Down.


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