Santiago Corcuera, el mexicano que ayuda a buscar a desaparecidos en el mundo, pero no en México
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Santiago Corcuera, el mexicano que ayuda a buscar a desaparecidos en el mundo, pero no en México

El Comité de Desaparición Forzada de la ONU designó al mexicano Santiago Corcuera como su nuevo presidente. En México hay unas 30 mil personas desaparecidas.
Cuartoscuro
Por Juan Paullier // BBC Mundo
16 de noviembre, 2016
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Santiago Corcuera es una especie de equilibrista.

Este abogado mexicano de 56 años es desde el mes pasado el presidente del Comité de Desaparición Forzada de la ONU.

Y apenas se supo de su nombramiento las suposiciones sobre qué significa su nueva responsabilidad, dada la crisis de desaparecidos que enfrenta un país con casi 30.000 personas en paradero desconocido, no se hicieron esperar.

Por su cargo hay muchas cosas que no puede decir en referencia a México y otras tantas que sólo las comenta, se encarga de aclarar, a título personal. Y en una entrevista con BBC Mundo, explica por qué es importante precisar ciertos puntos.

Las expectativas generadas porque haya un mexicano en la presidencia del comité, asegura, son “absolutamente erróneas” y apunta que no es que la ONU haya querido destacar la situación de México con su nombramiento. “Absolutamente no”, repite tres veces.

“Cualquier expectativa o psicoanálisis”, explica, “que haya querido hacer cualquier persona de que es una señal o un mensaje al gobierno diríamos pamplinas, son pamplinas”.

Es práctica corriente en los comités de Naciones Unidas que cuando se va a tratar la situación de un país determinado, el nacional de ese país se abstiene de participar. No es parte siquiera de las deliberaciones, abandona la sala, no puede conocer los documentos privados y se entera al mismo tiempo que la prensa de lo resuelto o discutido por el comité.

Es así que, en su cargo, Corcuera no puede hablar sobre la situación de desaparecidos “haciendo eco de las posiciones del comité”, pero sí puede hacerlo como abogado mexicano. Y es allí donde empieza el equilibrio que debe hacer.

“Tender puentes”

Protesta contra las desapariciones en MéxicoEn febrero de 2015 el comité recibió a una delegación del gobierno mexicano y emitió una serie de recomendaciones.

El comité que preside nació como consecuencia de la Convención Internacional para la protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, en vigor desde diciembre de 2010, que al ser un tratado relativamente joven, 96 países lo firmaron, 53 son parte y 32 lo han ratificado.

El artículo 2 de la convención define la desaparición forzada de la siguiente manera:

“El arresto, detención, secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con su autorización, apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de la libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley”.

De los 53 países que conforman el tratado, apenas 20 han realizado las declaraciones necesarias para que el comité tenga la competencia “para recibir y examinar las comunicaciones presentadas por personas que se encuentren bajo su jurisdicción o en nombre de ellas, que alegaren ser víctima de violaciones por este Estado Parte de las disposiciones de la presente Convención”.

Al no ser México uno de ellos, el país no acepta que particulares, luego de agotar las instancias de jurisdicción nacional, presenten casos ante el comité. De hecho, es tan inusual que ocurra esto que solamente una vez este órgano atendió una situación así.

Entonces, explica Corcuera, lo que puede hacer el comité es “tender puentes de comunicación con los Estados” y aclara que no están dedicados a buscar desaparecidos.

Protesta contra las desapariciones en MéxicoEl caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa es uno de los más emblemáticos de los últimos años.

Consultado sobre si la situación mexicana es la más grave en el mundo en cuanto a desapariciones, evita ir al grano: “De acuerdo con el más reciente informe, los países que más acciones urgentes han recibido son Irak y México”. El pedido está contemplado en el artículo 30 de la convención que determina que el comité podrá examinar “de manera urgente” una petición “a fin de que se busque y localice a una persona desaparecida”.

La labor del comité, explica, es “formularle al país observaciones y recomendaciones para la adecuada implementación de la convención (…) si se llevaran a la práctica, se solucionarían los problemas”.

Existe cierto escepticismo sobre la efectividad de un comité de este tipo a la hora de lidiar con una situación de la magnitud de la mexicana, pero Corcuera se defiende.

“La culpa no tiene la comunidad internacional, la tiene el gobierno de aquel país que no adopta las medidas por falta de voluntad“, afirma.

Para explicarlo utiliza una metáfora médica y dice que como quien va al doctor y se le formula un diagnóstico, se habla con el paciente y se emite una receta que, en este caso, serían las recomendaciones.

“Lo que se espera con el paciente”, señala Corcuera sin referirse de forma específica a México, “es que no se enoje con el doctor que le está formulando la receta y la recomendación sobre qué medidas debe adoptar para el mejoramiento de su salud”.

Búsqueda de desaparecidos en fosas comunesEl país, pese a la crisis, todavía debate una Ley General de Desaparición Forzada.

En febrero de 2015 el comité recibió a una delegación del gobierno mexicano y emitió una serie de recomendaciones. En ese entonces la ONU señaló que en México la desaparición de personas “es un fenómeno generalizado que ocurre en gran parte del territorio, y en muchos de estos delitos hay participación de servidores públicos”.

“Es urgente”, añadió, “que las autoridades lleven a cabo acciones para resolver dicho problema, entre ellas, crear una unidad especial de búsqueda y un registro único de víctimas a escala nacional”.

Las autoridades mexicanas señalaron en ese entonces que las observaciones de Naciones Unidas “no reflejan adecuadamente la información presentada” por el gobierno y que hubo “algunas inexactitudes en el reporte que realizó el comité”.

Poco ha cambiado desde entonces. El país, pese a la crisis, todavía debate una Ley General de Desaparición Forzada.

Falta de sensibilidad y empatía

Corcuera entra ahora en una fase de la entrevista en la que aclara que habla a título personal, como mexicano. Más suelto, se refiere a la falta de voluntad para enfrentar la situación de desapariciones en el país y de cómo parte de la sociedad carece de la empatía necesaria.

Protesta contra las desapariciones en MéxicoPor la magnitud del fenómeno de desapariciones que enfrenta México, Corcuera admite que “todos hemos perdido algo de sensibilidad”.

Cuenta que en una conferencia dijo la frase “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, que se ha convertido en lema de los familiares de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos desde septiembre de 2014, y que una persona le reclamó diciendo que eso era un cliché.

¿Cómo que ‘cliché’, ¿te parece? Tú le dices eso a una madre de un desaparecido y te insulta, eso no es un cliché es una realidad, habla con una hermana, con una esposa, de una persona desaparecida y ella qué grita desde el fondo de su corazón, vivo se lo llevaron, vivo lo quiero”.

Por la magnitud del fenómeno de desapariciones que enfrenta México, admite que “todos hemos perdido algo de sensibilidad”.

Cuando el gobierno mexicano dio su “verdad histórica” sobre lo ocurrido con los estudiantes, Corcuera recuerda que llegó a dar clases a la Universidad Iberoamericana y les contó a sus alumnos que no había podido dormir bieny que tenía un nudo en la garganta.

Y les dijo: “Sé que lo tengo que trabajar, esta sensación de angustia que tengo, pero si ustedes no sienten nada, ustedes están muchísimos más enfermos que yo, los que tendrían que ir al terapeuta serían ustedes”.

“Si creen que una situación como esa no les provoca ni siquiera inquietud”, continuó, “es que viven una realidad completamente ajena y que viven afuera de la realidad, y vivir fuera de la realidad es una enfermedad”.

“Nos falta a todos”, sentencia, “una educación en derechos humanos”.

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Lilly

Cómo funciona el bamlanivimab, el primer medicamento diseñado específicamente contra la COVID-19

La terapia, aprobada por la FDA en Estados Unidos para uso de emergencia, consiste en anticuerpos monoclonales que se unen al virus para bloquear la infección.
Lilly
16 de noviembre, 2020
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La agencia reguladora de medicamentos norteamericana, FDA (Food and Drug Administration), acaba de emitir una autorización de uso de emergencia (EUA, Emergency Use Authorization) para el tratamiento de la COVID-19 de intensidad leve a moderada en pacientes adultos y pediátricos que no han sido hospitalizados.

La terapia, todavía en investigación, está basada en anticuerpos monoclonales y tiene el nombre de bamlanivimab.

Este agente terapéutico, desarrollado por la compañía farmacéutica Eli Lilly, es un anticuerpo monoclonal similar a los que formaban parte del cóctel de medicamentos para la COVID-19 que se administró a Donald Trump.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Por lo general, los anticuerpos son grandes proteínas integrantes del sistema inmunológico necesarias para identificar y neutralizar objetos extraños al organismo, como bacterias y virus.

En el caso concreto de los anticuerpos monoclonales (mAbs, del inglés monoclonal antibodies), se trata de glicoproteínas producidas por el clon de una célula híbrida (creada a partir de la fusión de una sola célula madre del sistema inmune y una célula plasmática tumoral) y diseñada para atacar a un antígeno concreto.

Su producción se basa en el establecimiento de linfocitos B inmortales modificados para producir una inmunoglobulina específica.

Según el nivel de pureza de la inmunoglobulina, ésta puede ser completamente murina, quimérica, humanizada o completamente humana.

Los anticuerpos monoclonales se seleccionan cuidadosamente y se dirigen contra una molécula concreta que desempeña una función clave en un proceso patológico, y suelen utilizarse en el tratamiento de ciertas enfermedades como el cáncer o la artritis reumatoide.

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Pruebas de estabilidad de los materiales de los ensayos clínicos.

¿Y los anticuerpos neutralizantes?

Los anticuerpos neutralizantes constituyen una de las posibles defensas que tiene el sistema inmunitario frente a las infecciones.

Estos anticuerpos permiten contrarrestar y eliminar el efecto de microorganismos invasores, y su actividad se desencadena, por ejemplo, gracias a proteínas situadas en la superficie de los virus, a las que se unen para “bloquear” la infección.

En este sentido, la comunidad científica lleva tiempo estudiando si la respuesta defensiva mediante anticuerpos neutralizantes puede inducir inmunidad efectiva y duradera.

Y, más concretamente, se está investigando si los anticuerpos generados por pacientes que han estado en contacto con el coronavirus SARS-CoV-2 podrían utilizarse como base para nuevos tratamientos de la COVID-19.

Sin embargo, aunque los anticuerpos neutralizantes se generan cuando una persona sufre una infección y parece que juegan una función importante en la respuesta inmunitaria, su papel concreto en los engranajes de la COVID-19 no está del todo dilucidado.

Los estudios llevados a cabo hasta el momento con el virus SARS-CoV-2 señalan que los anticuerpos neutralizantes aparecen unas dos semanas tras comenzar la infección, y que su pico máximo de actividad se situaría entre las semanas 4 y 6.

Pero existen aún muchas incógnitas: no se ha confirmado si todos los pacientes infectados generan anticuerpos neutralizantes; qué factores determinan su aparición y actividad (edad del paciente, gravedad de la infección).

Tampoco si sus niveles de neutralización son siempre suficientes para conferir protección, ya que estos niveles son muy variables y no se detectan en el 10-30 % de los pacientes.

La entrada de SARS-CoV-2 en las células se inicia por la interacción del dominio de unión al receptor (RBD) de la glicoproteína viral Spike (S) con la enzima convertidora de angiotensina-2 (ACE2), que actúa como receptor del virus en la superficie de la célula diana.

Los mAb neutralizantes más potentes se dirigen al RBD y algunos pueden actuar simplemente compitiendo con el receptor para unirse a la proteína S.

¿Qué es el bamlanivimab?

El bamlanivimab es un anticuerpo monoclonal IgG1-kappa humano recombinante neutralizante contra la proteína Spike del virus SARS-CoV-2, y no está modificado en la región Fc.

Este agente está autorizado para el tratamiento de pacientes con resultados positivos en las pruebas del SARS-CoV-2 que tengan 12 años de edad o más y pesen al menos 40 kilogramos y que tengan un alto riesgo de progresar a COVID-19 grave u hospitalización.

Esto incluye a aquellos pacientes que tienen 65 años de edad o más, o que presenten ciertas afecciones médicas crónicas.

El bamlanivimab es un medicamento que debe ser aplicado por vía intravenosa, por lo que los pacientes deben acudir a un centro hospitalario para que les sea administrado.

Si bien se sigue evaluando la seguridad y la eficacia de esta terapia en fase de investigación, los ensayos clínicos han confirmado que el bamlanivimab, en comparación con placebo, reduce las hospitalizaciones o las entradas a los servicios de urgencia relacionadas con la COVID-19 en pacientes con alto riesgo de progresión de la enfermedad, dentro de los 28 días posteriores al inicio del tratamiento.

Por este motivo, su uso es recomendable en las primeras fases de la enfermedad, a ser posible en los primeros 10 días tras la aparición de los síntomas de la enfermedad.

Sin embargo, el bamlanivimab no está autorizado en el caso de pacientes hospitalizados por COVID-19 o que requieran oxigenoterapia, ya que no se ha demostrado un beneficio significativo del tratamiento con este anticuerpo monoclonal en pacientes hospitalizados con COVID-19.

Y, de hecho, los mAb, como el bamlanivimab, pueden estar asociados con peores resultados clínicos cuando se administran a pacientes hospitalizados con COVID-19 que requieren alto flujo de oxígeno o ventilación mecánica.

Con respecto al perfil de seguridad, los efectos adversos de los mAb, en general, se pueden agrupar en dos tipos diferentes: los derivados de la acción del anticuerpo, como infecciones oportunistas, infecciones comunes o desarrollo de fenómenos autoinmunes; y los derivados de la administración de proteínas: reacciones anafilácticas, síndrome de liberación de citoquinas y desarrollo de anticuerpos.

En el caso concreto del bamlanivimab, las reacciones adversas más frecuentemente comunicadas a la FDA han sido náuseas, mareos, dolor de cabeza, prurito, hipersensibilidad inmediata no grave, diarrea y vómitos.

hospital

Getty Images
Las hospitalizaciones por coronavirus en muchos países han aumentado durante las últimas semanas.

En conclusión

El bamlanivimab constituye una nueva herramienta terapéutica en la lucha contra la COVID-19 que ha sido autorizada de forma condicional en EE.UU., bajo el epígrafe de Emergency Use Authorization, lo que implica, al igual que ocurre en Europa, que satisface una necesidad médica no cubierta, en la medida en que el beneficio para la salud pública de su inmediata disponibilidad es superior a la incertidumbre derivada de la limitación de los datos clínicos disponibles.

Sin embargo, la compañía farmacéutica responsable del desarrollo, Eli Lilly, debe comprometerse a proporcionar más datos clínicos que completen la información sobre eficacia y seguridad del medicamento, a medida que se van obteniendo de los resultados de los ensayos clínicos en marcha.

Y solo cuando estos datos sean positivos se concedería la autorización completa y definitiva, mientras que, en caso contrario, habría que retirar el medicamento del mercado.

El bamlanivimab abre una nueva y esperanzadora ventana en la terapia de la COVID-19, pues, al contrario que otros fármacos disponibles en el mercado para otras enfermedades y que han demostrado una cierta eficacia en esta patología (remdesivir, plitidepsina, dexametasona, hidroxicloroquina, etc.), éste es el primer medicamento desarrollado y autorizado específicamente para el tratamiento de los pacientes de COVID-19.

La batalla final contra el virus ha comenzado.

*Francisco López-Muñoz es profesor de farmacología y vicerrector de investigación y ciencia de la Universidad Camilo José Cela y Jose Antonio Guerra Guirao es profesor de farmacología y toxicología de la Universidad Complutense de Madrid.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.


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