Trump arma equipo con políticos de ultraderecha y a favor de la tortura
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Trump arma equipo con políticos de ultraderecha y a favor de la tortura

Steve Bannon, Rudolph Giuliani y Reince Priebus los tres hombres claves del presidente electo Donald Trump, sin embargo tienen un pasado ríspido en materia de derechos humanos.
AP
Por Tania L. Montalvo
15 de noviembre, 2016
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Con una semana como presidente electo de Estados Unidos, Donald J. Trump inició la selección de quienes lo acompañarán en el gobierno. Los primeros anuncios incluyen a un extremista de derecha conocido en el país por la publicación de contenidos abiertamente xenófobos; y al líder del Partido Republicano que podría ser clave para la relación con el Congreso.

A ello se suman los rumores cada vez más fuertes sobre la permanencia del exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, en el equipo del candidato electo.

¿Asesor de política exterior?

Giuliani podría ser confirmado en las siguientes horas como Secretario de Estado, según publicó la noche de este lunes la agencia de noticias AP.

Los primeros rumores lo señalaban como el próximo fiscal general, pero ahora se habla de que se convertiría en el principal asesor de política exterior de Trump,  incluida la política de inmigración del país.

Como alcalde de Nueva York (1994-2001), Rudy Giuliani implementó la política de paradas de revisión aleatorias para detectar a posibles criminales. Fue criticado por implementar una política de seguridad discriminatoria, basada en perfiles raciales. Donald Trump aplaudió durante su campaña esa política.

Pero además, Giuliani defendió las ideas de Trump respecto a permitir la técnica de tortura al simular asfixia bajo el agua o ‘waterboarding’. En septiembre pasado, el exalcalde dijo que es “mucho más humano” aplicar la técnica de waterboarding que utilizar drones para asesinar a terroristas.

“Al menos si yo siento que me estás asfixiando yo puedo tomar una decisión: puedo darte información, puedo elegir hablar para terminar con eso”, dijo Giuliani.

Un extremista de derecha

Steve Bannon fue uno de los dos primeros hombres confirmados en el próximo equipo del candidato electo. Será el consejero senior y estratega en jefe.

De 62 años de edad, Bannon tomó las riendas de la campaña de Trump en agosto pasado, cuando Paul Manafort renunció al cargo de jefe de campaña por un caso de corrupción en Ucrania en el que se le involucró.

Antes de entrar al equipo de Trump, Steve Bannon dirigió el sitio de noticias Bretbart News, considerado como el brazo mediático de la extrema derecha del país, con información ultranacionalista y de supremacía blanca.

Sobre la designación de Bannon, diarios de Estados Unidos dijeron que se institucionalizaba la xenofobia y el antisemitismo.

Bannon, un exbanquero de Goldman Sachs, se graduó de la Universidad de Georgetown y de la Escuela de Negocios de Harvard. Antes de estar a cargo del sitio Bretbart News dirigió documentales sobre la derecha estadounidense, particularmente el Tea Party, el ala radical de los republicanos.

En octubre de 2015, Bloomberg News publicó un reportaje amplio sobre Steve Bannon y lo tituló: “Este hombre es el operador político más peligroso en América”; y señaló que estaba a cargo de una “conspiración” de la ultraderecha estadounidense.

Hace casi diez años, su exesposa lo acusó de antisemita. Dijo que le prohibió llevar a sus hijas a una escuela de Los Ángeles porque “no quería que estuvieran en una escuela con judíos”.

La publicación que solía dirigir acusó a Barack Obama de importar a más musulmanes que odiar, utilizó calificativos como “judío renegado” y dijo a las víctimas femeninas de acoso por Internet que “solo se desconectaran” y dejaran de arruinar la diversión en línea para los hombres.

Un político clave en el Congreso

El presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, será el jefe de gabinete de Donald Trump.

El político republicano fue clave durante la campaña para que Trump no perdiera más apoyo entre las figuras más destacadas en el partido, incluyendo al presidente de la Cámara de Representantes y el republicano más importante del país, Paul Ryan.

Priebus y Ryan son originarios de Wisconsin y han hecho su carrera política juntos. Cuando en octubre se dio a conocer la cinta en la que Trump hizo comentarios misóginos sobre cómo su fama le permitía hacer lo que quisiera con las mujeres, Paul Ryan tomó distancia del candidato republicano.

Columnistas estadounidenses aseguran que el cabildeo de Reince Priebus fue lo que evitó que Ryan se desmarcara abiertamente de Trump.

Ahora como presidente electo, Donald Trump eligió a Reice como jefe de gabinete, puesto con el que estará a cargo de negociar con el Congreso, discutir la agenda política y evitar obstáculos legislativos en su implementación.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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