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Cuartoscuro

Fiestas desechables: los capitalinos producen 30% más basura en diciembre y enero

Durante el último y el primer mes del año la generación de basura crece hasta 4,000 toneladas diarias. Es decir, cada capitalino pasa de producir 1.5 a 4 kilogramos de desechos al día.
Cuartoscuro
Por Diana Delgado / Más por Más
25 de diciembre, 2016
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Diciembre y enero son los meses en los que más basura se produce en la Ciudad de México. Datos de la Secretaría de Obras (Sobse) revelan que durante estas festividades la producción de residuos sólidos aumenta 30% en comparación con el resto del año.

En promedio, cada día se producen 12,843 toneladas de basura en la ciudad, este número ya incluye el aumento de residuos de diciembre y enero. Sin embargo, durante el último y el primer mes del año la generación de basura crece hasta 4,000 toneladas diarias. Es decir, cada capitalino pasa de producir 1.5 a 4 kilogramos de desechos al día.

Las delegaciones donde hay más basura en estas fechas son Iztapalapa, con 2.2 toneladas al día y Gustavo A. Madero, con 1.7 toneladas; esto se debe a que son las delegaciones con más población en la ciudad.

En tercer lugar está la delegación Cuauhtémoc con 1.2 toneladas diarias. En conjunto, las tres suman 41% de los desechos de la ciudad.

El resto del año la situación es distinta, ya que el Inventario de Residuos Sólidos, elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema), estima que los habitantes que más basura producen al día son los que viven en Cuauhtémoc, con 2.4 kilos diarios; Miguel Hidalgo, con 2.2; y Venustiano Carranza con 1.97.

La basura se incrementa al igual que otras conductas contaminantes que generan un impacto ambiental dañino en estas fechas.

“La compra de regalos, la utilización de empaques y productos no biodegradables, la realización de fiestas, el uso indiscriminado de propaganda publicitaria, el uso de electrodomésticos y sistemas de iluminación que aumentan el consumo de energía eléctrica y el desperdicio de comida son algunos ejemplos de conductas nocivas de esta temporada”, explica Oscar Vélez, consultor ambiental y director de la asociación Revive México AC.

Por tu basura te conoceré

El tipo de basura que más se produce en la Ciudad de México a lo largo del año, y de manera particular en diciembre, es de tipo inorgánico y representa 60% de toda la basura en la ciudad.

De este porcentaje, 35% proviene de empaques y contenedores vacíos.

Este tipo de desperdicios se incrementa durante fin de año porque la gente tiene más dinero en el bolsillo y consume más productos. Para disminuir este efecto negativo, especialistas y autoridades recomiendan evitar el uso de moños, bolsas y cajas para envolver regalos, ya que su vida útil es muy corta y terminarán convirtiéndose pronto en desperdicios.

También durante estas fechas, en la Ciudad de México incrementan los desechos electrónicos porque las personas aprovechan para reemplazar sus aparatos. El problema con este tipo de basura es que su manejo no es el adecuado.

Datos del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático detallan que 42% de quienes renuevan sus aparatos electrónicos los tira al camión de la basura, 34% los regala, 13% los almacena y 11% los vende.

Este tipo de desechos causa problemas porque su manejo debe ser realizado por especialistas que primero revisan qué partes son reutilizables y luego destruyen aquellas que pueden causar daños severos al suelo y al agua si llegan a los depósitos sanitarios.

Eco-Navidad

Una de las recomendaciones de especialistas para minimizar el problema de la basura durante esta temporada es el uso de bolsas o envolturas de medio uso o reciclables.

“Siendo realistas, no quiere decir que dejemos de festejar la Navidad, mucho menos que dejemos de obsequiar presentes a nuestros seres queridos, pero seamos conscientes y hagámoslo con corresponsabilidad, existen muchas alternativas para celebrar y ser respetuosos con el ambiente”, considera Oscar Vélez.

Incluso, en este aspecto, la Sedema mantiene una campaña en la que aconseja no utilizar bolsas ni envolturas o en caso de ser necesario, reciclarlas.

Otra alternativa, dice Óscar Vélez, es evitar regalos que requieran baterías y de preferencia hacer obsequios propios o adquirirlos en negocios locales para beneficiar la economía de la zona.

El especialista explica que no sólo la basura incrementa en las fiestas, sino que también otro tipo de afectaciones ambientales como el incremento en el consumo de energía eléctrica —por las luces navideñas—, se usa más el automóvil y se tiran alimentos que no se consumieron.

Las opciones para minimizar esto pueden ir desde desconectar los aparatos que no estén en uso, hasta usar iluminación navideña de buena calidad con focos led, cuyo gasto energético es menor.

Otra alternativa es usar el transporte público que durante esta temporada está más vacío porque mucha gente sale de la ciudad.

En cuanto a la comida, lo recomendable es cocinar lo justo o donar alimentos que no se terminaron para evitar desperdicios. Las donaciones son una buena idea para la ropa que se va a sustituir y que aún se encuentra en buenas condiciones, para evitar que termine en el bote de la basura.

En cifras:

  • 4 kilos de basura puede generar una persona al día en esta temporada.
  • 30% extra de desechos se produce entre diciembre y enero.
  • 3 delegaciones concentran casi la mitad de la basura de la ciudad.
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#YoSoyAnimal
Getty Images

¡Deja de tratar de ser feliz! No estamos diseñados para serlo

La industria de la felicidad ha contribuido a crear la fantasía de que la felicidad es un sueño que todos podemos alcanzar. Pero, como reflexiona el psiquiatra Rafael Euba, los humanos no evolucionamos para ello. Es más, el estado de ánimo fluctuante es lo que nos hace ser humanos.
Getty Images
22 de julio, 2019
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Una gigantesca industria de la felicidad y el pensamiento positivo, valuada en cerca de US$11,000 millones al año, ha contribuido a crear la fantasía de que alcanzar la felicidad es un objetivo realizable.

Perseguir el sueño de la felicidad es un concepto muy estadounidense, exportado al resto del mundo mediante la cultura popular.

De hecho, la “búsqueda de la felicidad” es uno de los “derechos inalienables” de los estadounidenses.

Desafortunadamente, esto ha contribuido a crear una expectativa que la vida real se niega obstinadamente a cumplir.

Porque incluso cuando todas nuestras necesidades materiales y biológicas estás satisfechas, el estado de felicidad sostenida sigue siendo una meta teórica y elusiva, tal y como lo descubrió Abderramán III, Califa de Córdoba, en el siglo X.

Él era uno de los hombres más poderosos de su época que había hecho grandes logros militares y culturales, y que disfrutaba también de los placeres terrenales que le proporcionaban sus dos harenes.

Hacia el final de su vida, sin embargo, decidió contar el número exacto de días en los cuales se sintió feliz. Sumaban exactamente 14.

La felicidad, como decía el poeta brasileño Vinicius de Moraes, “es como una pluma llevada por el viento. Vuela liviana, pero no por mucho tiempo”.

La felicidad es una construcción humana, una idea abstracta que no tiene equivalente en la experiencia humana.

Los afectos positivos y negativos residen en el cerebro, pero la felicidad sostenida no tiene una base biológica. Y, quizás esto sorprenda, creo que esto es algo de lo que hay que estar felices.

Naturaleza y evolución

Los humanos no están diseñados para ser felices o incluso estar contentos. En cambio, estamos diseñados primordialmente para sobrevivir y reproducirnos, como cualquier otra criatura en el mundo natural.

Mujeres con distintas expresiones faciales.

Getty Images
Al menos si no eres feliz, no es por tu culpa.

La naturaleza desalienta el estado de satisfacción porque bajaría la guardia contra posibles amenazas a nuestra supervivencia.

El hecho de que la evolución haya priorizado el desarrollo de un lóbulo frontal grande en nuestro cerebro (lo cual nos da capacidades analíticas y ejecutivas excelentes) por sobre la capacidad natural de ser felices, nos dice mucho sobre las prioridades de la naturaleza.

Distintas ubicaciones geográficas y circuitos en el cerebro están asociados con ciertas funciones neurológicas e intelectuales, pero la felicidad, al ser una mera construcción sin base neurológica, no se encuentra en el tejido del cerebro.

De hecho, expertos en este campo argumentan que el fracaso de la naturaleza en desterrar la depresión del proceso evolutivo (a pesar de sus obvias desventajas en términos de supervivencia y reproducción) se debe precisamente al hecho de que la depresión como adaptación juega un rol útil en tiempos de adversidad, ayudando al individuo deprimido a no involucrarse en situaciones riesgosas e imposibles en las que él o ella no pueden ganar.

Los pensamientos depresivos pueden también cumplir la función de resolver problemas en momentos difíciles.

Moralidad

La industria actual de la felicidad tiene parte de sus raíces en códigos de la moral cristiana, muchos de los cuales nos dirán que hay una razón moral por cada momento de infelicidad que podamos experimentar.

Dirán, con frecuencia, que se debe a nuestras propias carencias morales, nuestro egoísmo y nuestro materialismo.

Cerebro

Getty Images
Distintas ubicaciones geográficas y circuitos en el cerebro están asociados con ciertas funciones neurológicas e intelectuales, pero la felicidad, al ser una mera construcción sin base neurológica, no se encuentra en el tejido del cerebro.

Abogan por un estado de virtuoso equilibrio psicológico mediante la renuncia, el desapego y el control del deseo.

Pero estas estrategias solo tratan en realidad de encontrar un remedio a nuestra inhabilidad innata de disfrutar de la vida de forma consistente, por eso debemos consolarnos con el conocimiento de que la infelicidad no es nuestra culpa. Es la culpa de nuestro diseño natural. Está en nuestros genes.

Los defensores de un camino moralmente correcto hacia la felicidad también desaprueban el tomar atajos con la ayuda de drogas psicotrópicas.

George Bernard Shaw dijo: “No tenemos más derecho a consumir felicidad sin producirla que a consumir riqueza sin producirla”. Aparentemente, hace falta ganarse el bienestar, lo que prueba que no es un estado natural.

Los habitantes de la novela de Aldous Huxley “Un mundo feliz” viven perfectamente felices con la ayuda de “soma”, una droga que los mantiene dóciles y contentos.

En su novela, Huxley da a entender que un ser humano libre debe inevitablemente sentirse atormentado por emociones difíciles.

Si nos dan la opción entre tormento emocional y placidez feliz, sospecho que muchos elegirían la última.

Pero el “soma” no existe, por tanto el problema no es que el acceso a la satisfacción confiable y constante por medios químicos sea ilegal, sino que es imposible.

Las sustancias químicas alteran la mente (lo cual a veces puede se bueno), pero como la felicidad no está vinculada a un patrón de función cerebral en particular, no podemos replicarlo químicamente.

La infelicidad que te hace humano

Aldous Huxley

BBC
En la novela “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, la gente vive perfectamente feliz con la ayuda de una droga que los mantiene dóciles y contentos.

Nuestras emociones son mixtas e impuras, desordenadas, enredadas y, a veces, contradictorias. Investigaciones han mostrado que las emociones y afectos positivos y negativos pueden coexistir en el cerebro y ser relativamente independientes el uno del otro.

Este modelo muestra que el hemisferio derecho procesa preferencialmente las emociones negativas, mientras que las emociones positivas son procesadas por el lado izquierdo.

Cabe recordar que, entonces, no estamos diseñados para ser consistentemente felices. En cambio sí lo estamos para sobrevivir y reproducirnos.

Estas son tareas difíciles, por eso estamos preparados para luchar y esforzarnos, buscar gratificación y seguridad, combatir amenazas y evitar el dolor.

El modelo de emociones en competencia planteado por la coexistencia del placer y el dolor se acomoda a nuestra realidad mucho mejor que la dicha inalcanzable que nos quiere vender la industria de la felicidad.

Es más, pretender que cualquier grado de dolor es anormal o patológico solo generará sentimientos de que somos inadecuados y frustración.

Postular que no hay algo tal como la felicidad puede parecer un mensaje puramente negativo, pero el lado positivo, el consuelo, es el conocimiento de que la insatisfacción no es un fracaso personal.

Si a veces eres infeliz, esto no es una falta que exige una reparación urgente, como pregonan los gurúes de la felicidad.

Lejos de ser así. Esta fluctuación es, de hecho, lo que te hace humano.

*Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Rafael Euba es epecialista y profesor de psiquiatría de la tercera edad en el King’s College London. Está afiliado al Oxleas NHS FT y al London Psychiatry Centre.


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https://www.youtube.com/watch?v=0erzbX0Kg3k&t=15s

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