Dinero para notarías, registro civil y reclusorios acabó en empresas fantasma de Javier Duarte
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Gobierno de Veracruz

Dinero para notarías, registro civil y reclusorios acabó en empresas fantasma de Javier Duarte

En un día la administración de Javier Duarte adjudicó directamente más de 70 millones a empresas fantasma con presupuesto que era para fortalecer servicios clave del gobierno
Gobierno de Veracruz
Por Arturo Angel
12 de diciembre, 2016
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En un solo día más de 70 millones de pesos que estaban destinados a mejorar el sistema de notarías públicas, el registro civil y la seguridad de los reclusorios en Veracruz  fue desviado a la red de empresas fantasma creada en la administración del exgobernador Javier Duarte, actualmente prófugo de la justicia.

Datos obtenidos por Animal Político,  vía una serie de solicitudes de transparencia, ponen en evidencia que la red de empresas fantasma no solo fue utilizada para el desvío de recursos de programas sociales o para supuestamente fortalecer la imagen del gobierno veracruzano,  sino también del presupuesto destinado para el mejoramiento de áreas claves del gobierno.

Fue el 12 de julio de 2012 cuando la Secretaría de Gobierno de Veracruz asignó, el mismo día,  cinco contratos a las empresas Abastecedora Romcru, Centro de Recursos de Negocios CERENE, CYMANED, Pefraco y Rinoxa por un total de 70 millones 835 mil 872 pesos.

Todas estas compañías forman parte de la red fantasma revelada en mayo pasado por este portal. En noviembre el SAT confirmó de forma definitiva que eran empresas falsas con operaciones simuladas, mientras que el nuevo gobierno estatal de Veracruz anunció una indagatoria a los 13 notarios que avalaron la inscripción de dichas compañías.

Los contratos, asignados vía adjudicación directa por la Secretaría de Gobierno y sin ninguna clase de competencia, fueron por servicios de análisis, capacitación o evaluación que en teoría estaban destinados a mejorar los servicios estatales mencionados.

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Uno de los contratos, por cinco millones de pesos, fue entregado a la empresa CERENE .El objetivo de este contrato era que la empresa realizara un servicio de análisis que arrojara si era factible aumentar o disminuir la cantidad de notarías que operaban actualmente en la entidad.

Dado que CERENE es una compañía inexistente, las autoridades presumen que ni este ni ningún otro servicio que se la haya adjudicado fue realizado realmente por esta empresa, e incluso pudieran ser servicios que nunca existieron.

De hecho, la actual administración de Miguel Ángel Yunes ya anunció una investigación al sistema notarial veracruzano pues se presume que están en funciones un mayor número de notarios de los que se necesitan.

El mismo  12 de julio de 2012 la Secretaría de Gobierno entregó otro contrato por diez millones de pesos a Abastecedora Romcru. El objetivo de dicho contrato era proporcionar un servicio de capacitación a 212 oficinas del Registro Civil estatal en materia de “registros extemporaneos”.

Y en la misma jornada se entregó un contrato por 16 millones 248 mil pesos a la empresa Pefraco, este por un concepto similar al anterior: capacitación y actualización en sitio al personal de las 212 oficialías del Registro Civil en Veracruz.

Ni las cárceles se salvaron

Veracruz es uno de los 16 estados del país que actualmente presentan un problema de sobrepoblación en sus centros penitenciarios. En el arranque de la administración de Javier Duarte la Comisión Nacional de Derechos Humanos advirtió que por lo menos ocho de los reclusorios estatales estaban realmente controlados por los propios reos.

Los datos obtenidos vía transparencia indican que el mismo 12 de julio de 2012 la Secretaría de Gobierno de Veracruz entregó dos contratos por adjudicación directa, que tenían como objeto mejorar las condiciones de seguridad de los penales. Pero ambos contratos fueron asignados a  empresas fantasma.

Uno de los contratos, por 19 millones 888 mil pesos, era para proporcionar un  “Servicio de Revisión, Análisis, Diagnóstico y Detección de Oportunidades de Mejora de la Infraestructura Penitenciaria, consistentes en Sistemas Eléctricos y Barda Perimetral a los 17 Centros de Readaptación Social”. Dicho contrato fue adjudicado a la compañía CYMANED.

El otro contrato, por 19 millones 698 mil pesos, estaba titulado “Servicio de Evaluación y Diagnóstico de los Sistemas, Procedimientos, Equipos y Medidas de Seguridad en las áreas de Recursos Humanos, Recursos Fiancieros, Recursos Materiales, Dirección General, Subdirección (…)  y Colchón de Seguridad de los 17 Centros de Readaptación Social”. Este fue entregado a la empresa Rinoxa.

Tanto CYMANED como Rinoxa son empresas falsas. Amas fueron incluidas por el Servicio de Administración Tributaria en el listado definitivo de empresas que simularon operaciones y emitieron facturas por las mismas.

Compañías multiusos

Esta nueva información deja en evidencia que la administración de Javier Duarte llegó al extremo de utilizar una misma empresa fantasma para adjudicarle múltiples contratos aunque en realidad tuvieran poca o ninguna relación los conceptos de los mismos.

Uno de los casos más representativos es el de la empresa Centro de Recursos de Negocios CERENE (SA de CV). Esta compañía formaba parte de una red de empresas falsas y que el DIF de Veracruz le había adjudicado un contrato por cinco millones de presos para la compra de juguetes en 2013.

Pero al parecer CERENE podía hacer de todo. En 2014 facturó más de 33 millones de pesos a múltiples dependencias del gobierno de Veracruz para la supuesta promoción de actividades del gobierno de Veracruz.

En julio 2012, como ya se dijo, esta compañía fue contratada para analizar el funcionamiento del sistema notarial de Veracruz. Por si lo anterior no fuera suficiente, datos revelados por transparencia revelan que al mismo tiempo, CERENE también fue contratada por la Secretaría de Turismo del estado para difundir una serie de spots del gobierno de Veracruz a través de la cadena Univisión en los Estados Unidos. Por ello se le adjudicaron 24 millones 421 mil pesos.

Respuesta Turismo by http://www.animalpolitico.com on Scribd

La empresa CERENE no es un conglomerado de compañías multifacéticas. En realidad su sede es una casa con techo de lámina en la calle Cervantes y Padilla del puerto de Veracruz. En esa casa vive Jacqueline Terrón quien dijo que su dirección fue utilizada para dar de alta una empresa que ahí nunca ha existido.

Por citar otro ejemplo, la empresa Abastecedora Romcru la cual recibió entre 2012 y 2013 más de 180 millones de pesos a través de diez contratos entregados por las secretarías de Educación y Desarrollo Social de Veracriuz, así como por el DIF Estatal. Dichos contratos eran por la venta desde materiales de construcción, hasta despensas o juguetes didácticos para escuelas.

Pero en el mismo 2012, Romcru también era contratada por la Secretaría de Gobierno para dar servicios de capacitación a personal del Registro Civil.

La dirección de la compañía Abastecedora Romcru es en realidad un patio con un cuarto en el centro del puerto de Veracruz. Sus socios son dos músicos que tocan en las calles para obtener e sustento diario.

Otro involucrado con fuero

Cuando la Secretaría de Gobierno entregó en un solo día, en julio de 2012, más de 70 millones de pesos a la red de compañías fantasma el titular de esa dependencia era Gerardo Buganza, amigo de Javier Duarte y originario de la misma ciudad que el hoy exgobernador prófugo: Córdoba Veracruz.

Actualmente, Buganza es diputado estatal independiente por el estado de Veracruz y cuenta con al protección del fuero estatal. Otro exfuncionario de Duarte involucrado en la adjudicación de contratos, Vicente Benítez, también es diputado local actualmente.

A ellos se le suman seis exfuncionarios más de la administración de Javier Duarte que consiguieron una diputación federal. Todos ellos son parte de un entramado de servidores públicos revelado por Animal Político el 24 de mayo, a través del cual se desviaron recursos que de acuerdo con el SAT podrían superar los tres mil millones de pesos.

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Los momentos que pudieron haber terminado accidentalmente con la humanidad

En la historia reciente, algunas personas tuvieron el destino de todos en sus manos. Y puede repetirse.
20 de febrero, 2021
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A finales de la década de 1960, la NASA se enfrentó a una decisión que podría haber cambiado el destino de nuestra especie.

Después de la llegada del Apolo 11 de la Luna, los tres astronautas de la misión esperaban a ser recogidos dentro de su cápsula, flotando en el océano Pacífico, con mucho calor e incómodos.

Los trabajadores de la NASA decidieron asistir a sus tres héroes nacionales rápidamente. Sin embargo, existía una pequeña posibilidad de desencadenar una invasión de microbios alienígenas mortales en la Tierra.

Otro ejemplo sucedió un par de décadas antes, cuando un grupo de científicos y militares se encontraron ante un punto de inflexión similar.

Mientras esperaban para observar la primera prueba de arma atómica, se dieron cuenta de un resultado potencialmente catastrófico. Existía la posibilidad de que sus experimentos incendiaran accidentalmente la atmósfera y destruyeran toda la vida en el planeta.

En algunos momentos del siglo pasado, unos pocos grupos de personas tuvieron el destino del mundo en sus manos.

Fueron responsables de la posibilidad, pequeña pero real, de causar una catástrofe total. No solo el final de sus propias vidas, sino el final de todo.

¿Cómo se llegó a estas decisiones? ¿Y qué nos dice todo ello sobre nuestra actitud frente a los riesgos y crisis que enfrentamos hoy?

Contaminación

Cuando por primera vez la humanidad hizo planes para enviar sondas y personas al espacio a mediados del siglo XX, surgió el problema de la contaminación.

En primer lugar, existía el miedo a la contaminación “futura, es decir, la posibilidad de que la vida terrestre pudiera perjudicar el cosmos.

Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin Jr. en sus trajes espaciales en 1969.

Getty Images
Una de las teorías que se estudió es que los astronautas podrían haber traído microbios alienígenas a la Tierra.

La nave espacial necesitaba ser esterilizada y cuidadosamente sellada antes del lanzamiento. Si los microbios se infiltraban a bordo, confundiría cualquier intento de detectar vida extraterrestre.

Y si hubiera organismos extraterrestres por ahí, podríamos terminar matándolos inadvertidamente con bacterias o virus terrestres, como el destino de los extraterrestres al final de la novela “La guerra de los mundos” (War of the Worlds).

Estas preocupaciones son tan importantes hoy como en la era de la carrera espacial.

Una segunda preocupación fue la contaminación “posterior”, la idea de que los astronautas, los cohetes o las sondas que regresaban a la Tierra pudieran traer vida que podría resultar catastrófica, ya sea superando a los organismos terrestres o algo mucho peor, como consumir todo nuestro oxígeno.

La contaminación posterior era un temor que la NASA debió tomar en serio durante la planificación de las misiones Apolo a la Luna.

¿Y si los astronautas traían algo peligroso?

En ese momento, la probabilidad no se consideraba alta, pocos pensaban que era probable que la Luna albergara vida, pero aun así, el escenario tenía que estudiarse, porque las consecuencias podrían ser muy graves.

Rescate de lo astronautas en el océano Pacífico en 1969.

Getty Images
Se realizó una operación titánica para el rescate de los astronautas pero había riesgos.

“Tal vez haya un 99% de que el Apolo 11 no traiga organismos lunares”, dijo un científico influyente en ese momento, “pero incluso ese 1% de incertidumbre es demasiado grande para ser complacientes”.

La NASA implementó varias medidas de cuarentena, aunque en algunos casos las cumplió protestando.

Funcionarios del Servicio de Salud Pública de EE.UU. estaban preocupados y pidieron medidas más estrictas de las planeadas inicialmente argumentando que tenían el poder de negar la entrada a los astronautas contaminados en la frontera.

Después de las audiencias en el Congreso, la NASA acordó instalar una costosa instalación de cuarentena en el barco que recogería a los hombres de su amerizaje en el océano Pacífico.

También se acordó que los exploradores lunares pasarían tres semanas aislados antes de poder abrazar a sus familias o estrechar la mano del presidente.

El astronauta Edwin E. Aldrin Jr., piloto del módulo lunar, es fotografiado caminando en la Luna.

NASA
En 1969 hubo temor de que la misión a la Luna trajera a la Tierra material alienígena peligroso.

Sin embargo, hubo una brecha importante en el procedimiento de cuarentena, según el académico de Derecho Jonathan Wiener de la Universidad de Duke, quien escribió sobre el episodio en un artículo sobre percepciones erróneas del riesgo catastrófico.

Cuando los astronautas llegaron al agua, el protocolo original señalaba que debían permanecer dentro de la nave espacial.

Pero la NASA lo pensó mejor después de que surgieran preocupaciones sobre el bienestar de los astronautas en ese momento, esperando de un espacio caluroso y sofocante, azotado por las olas.

Pese al protocolo, se decidió abrir la puerta y rescatar a los hombres en balsa y helicóptero (así lo muestra la primera imagen de este artículo).

Mientras se ponían los trajes de biocontaminación y entraban a las instalaciones de cuarentena en el barco, el aire interior de la cápsula se esparció en el exterior.

Afortunadamente, la misión Apolo 11 no trajo vida extraterrestre mortal a la Tierra. Pero podría haber pasado en ese corto período, como consecuencia de esa decisión de priorizar el bienestar a corto plazo de los hombres.

Aniquilación nuclear

Veinticuatro años antes, los científicos y funcionarios del gobierno de EE.UU. llegaron a otro punto de inflexión que implicaba un riesgo pequeño pero potencialmente desastroso.

Antes de la primera prueba de armas atómicas en 1945, los científicos del Proyecto Manhattan realizaron cálculos que apuntaban a una posibilidad escalofriante.

Foto del físico estadounidense, "padre de la bomba higrógena", Edward Teller, señalando una fórmula en una pizarra. Teller trabajó en el Proyecto Manhattan en Los Alamos, Nuevo México entre 1943 y 1946 que desarrolló la bomba atómica y luego trabajó en el desarrollo de la bomba de hidrógeno.

Getty Images
En los cálculos de las primeras armas atómicas hubo errores.

En un escenario que plantearon, el calor de la explosión de fisión sería tan grande que hubiera podido desencadenar una fusión descontrolada.

En otras palabras, la prueba podría haber incendiadoaccidentalmente la atmósfera y quemar los océanos, destruyendo la mayor parte de la vida en la Tierra.

Estudios posteriores sugirieron que probablemente eso era imposible, pero hasta el día de la prueba los científicos verificaron una y otra vez su análisis.

Finalmente llegó el día de la prueba Trinity y los funcionarios decidieron seguir adelante.

Cuando el destello fue más largo y brillante de lo esperado, al menos un miembro del equipo pensó que había sucedido lo peor.

Uno de ellos fue el presidente de la Universidad de Harvard, cuyo asombro inicial se convirtió rápidamente en miedo.

“No sólo no tenía confianza en que la bomba funcionara, sino que cuando funcionó él creyó que la habían arruinado con consecuencias desastrosas y que estaba presenciando, como él mismo dijo, ‘el fin del mundo'”, dijo su nieta Jennet Conant al diario The Washington Post después de escribir un libro sobre los científicos del proyecto.

Foto en exhibición en el Museo de Ciencias de Bradbury muestra la primera prueba de bomba atómica el 16 de julio de 1945, a las 5:29:45, en Trinity en Nuevo México, EE.UU.

Getty Images
La primera prueba de armas atómicas marcó el comienzo de una nueva era.

Para el filósofo Toby Ord de la Universidad de Oxford, ese momento fue un punto significativo en la historia de la humanidad.

Él menciona la fecha y hora específicas de la prueba Trinity -05:29 del 16 de julio de 1945- como el comienzo de una nueva era para la humanidad, marcada por un cambio radical en nuestras habilidades para destruirnos a nosotros mismos.

“De repente, estábamos liberando tanta energía que estábamos creando temperaturas sin precedentes en toda la historia de la Tierra”, escribe Ord en su libro The Precipice (“El precipicio”).

A pesar del rigor de los científicos de Manhattan, los cálculos nunca fueron sometidos a la revisión de pares, de una parte desinteresada, señala, y tampoco hubo evidencia de que se informara a ningún representante electo sobre el riesgo y mucho menos a otros gobiernos.

Los científicos y los líderes militares siguieron adelante por su cuenta.

Ord también destaca que, en 1954, los científicos obtuvieron un cálculo asombrosamente incorrecto en otra prueba nuclear: en lugar de una explosión esperada de 6 megatoneladas, obtuvieron 15.

“De los dos cálculos termonucleares principales realizados ese verano… obtuvieron uno correcto y otro incorrecto. Sería un error concluir que el riesgo subjetivo de incendiar la atmósfera era tan alto como un 50%. Pero ciertamente no era un nivel de confiabilidad en el que arriesgar nuestro futuro“, dijo.

Un mundo vulnerable

Desde nuestra posición informada en el siglo XXI, sería fácil juzgar estas decisiones específicas de su época.

El conocimiento científico sobre la contaminación y la vida en el Sistema Solar es mucho más avanzado hoy y la guerra entre los aliados y los nazis ya pasó.

Réplica a tamaño real de la bomba atómica 'Fat Man' que fue lanzada sobre Nagasaki, Japón el 9 de agosto de 1945, y que se encuentra entre las exhibiciones en el Museo de Ciencias Bradbury en Los Alamos, Nuevo México.

Getty Images
A pesar del rigor de los científicos de Manhattan, los cálculos nunca fueron sometidos a la revisión de pares de ua parte desinteresada, señala el filósofo Toby Ord de la Universidad de Oxford.

En la actualidad, nadie volvería a correr riesgos así, ¿verdad?

Tristemente, no. Ya sea por accidente o por otro motivo, la posibilidad de una catástrofe es, en cualquier caso, mayor ahora que en ese entonces.

Es cierto que la aniquilación alienígena no es el mayor riesgo al que se enfrenta el mundo.

Si bien puede haber políticas de “protección planetaria” para cuidarnos contra la contaminación extraterrestre es una pregunta válida saber qué tan bien se aplicarán estas regulaciones y procedimientos a las empresas privadas que visitan otros planetas y lunas en el Sistema Solar.

Además de la amenaza de catástrofe extraterrestre, esparcir nuestra presencia por la galaxia puede arriesgarnos a un encuentro potencialmente funesto con extraterrestres, especialmente si son más avanzados. La historia sugiere que fenómenos adversos tienden a suceder a las poblaciones que se encuentran con culturas tecnológicamente más competentes (si no, mira el destino de los pueblos indígenas que se encuentran con los colonos europeos).

Más preocupante aún es la amenaza de las armas nucleares.

Una atmósfera ardiente puede ser imposible, pero un invierno nuclear similar al cambio climático que ayudó a hacer desaparecer a los dinosaurios no lo es.

En la Segunda Guerra Mundial, los arsenales atómicos no eran lo suficientemente abundantes o poderosos para desencadenar este desastre, pero ahora sí lo son.

Ord estima que el riesgo de extinción humana en el siglo XX fue de alrededor de 1 de 100. Pero él cree que ahora es mayor.

Además de los riesgos existenciales naturales que siempre estuvieron ahí, el potencial de una desaparición provocada por el hombre se ha incrementado significativamente en las últimas décadas, argumenta.

"Gadget", la primera bomba atómica explota en Alamogordo, Nuevo México, el 16 de julio de 1945.

Getty Images
Los especialistas sostienen que el riesgo de extinción humana está cada vez más presente.

Aparte de la amenaza nuclear, ha surgido la perspectiva de una inteligencia artificial desalineada, las emisiones de carbono se han disparado y ahora podemos inmiscuirnos en la biología de los virus para hacerlos mucho más letales.

También nos volvemos más vulnerables debido a la conectividad global, la desinformación y la intransigencia política, como ha demostrado la pandemia de covid-19.

“Con todo lo que sé, pongo el riesgo de este siglo en alrededor de 1 de cada 6, una ruleta rusa“, escribió Toby Ord.

“Si no hacemos las cosas adecuadamente, si seguimos permitiendo que nuestro crecimiento en términos de poder supere al de la sabiduría, deberíamos esperar que el riesgo sea aún mayor el próximo siglo, y así sucesivamente”, añadió.

Otra forma en que los investigadores del riesgo existencial han caracterizado este peligro creciente es pidiendo que te imagines sacando bolas de una urna gigante.

Cada bola representa una nueva tecnología, descubrimiento o invención. La gran mayoría de ellas son blancas o grises.

Una bola blanca representa un buen avance para la humanidad, como el descubrimiento del jabón. Una bola gris representa un logro mixto, como las redes sociales.

Sin embargo, dentro de la urna hay un puñado de bolas negras. Son extremadamente raras, pero elige una y habrás destruido a la humanidad.

Esto se llama la “hipótesis del mundo vulnerable” y destaca el problema de prepararse para eventos muy raros y muy peligrosos en nuestro futuro.

Hasta ahora, no hemos elegido una bola negra, pero es muy probable que sea porque son muy poco comunes y nuestra mano ya ha rozado una o dos cuando la metimos en la urna.

En resumen: tuvimos suerte.

Astronautas del Apolo 11

Getty Images
Los astronautas del Apolo 11 fueron puestos en cuarentena después del aterrizaje, pero hubo una brecha cuando fueron recogidos en el mar.

Hay muchas tecnologías o descubrimientos que podrían acabar siendo bolas negras. Algunos ya los conocemos, pero no los hemos implementado, como las armas nucleares o los virus de bioingeniería.

Otras son incógnitas conocidas, como el aprendizaje automático (machine learning) o la tecnología genómica. Y otras son incógnitas desconocidas: ni siquiera sabemos que son peligrosas, porque aún no fueron concebidas.

La tragedia de lo poco común

¿Por qué no tratamos estos riesgos catastróficos con la gravedad que merecen?

Wiener tiene algunas sugerencias. Él describe la forma en que la gente percibe erróneamente los riesgos catastróficos extremos como “tragedias de lo poco común”.

Probablemente hayas oído hablar de la tragedia de los comunes: describe la forma en que las personas interesadas en sí mismos administran mal un recurso comunal.

Cada uno hace lo mejor para sí mismo, pero todos terminan sufriendo. Es la base del cambio climático, la deforestación o la sobrepesca.

Una tragedia de lo “poco común” es diferente, explica Wiener. En lugar de que las personas administren mal un recurso compartido, aquí la gente está percibiendo mal un riesgo catastrófico poco común.

Sitio d prueba Trinity.

Getty Images
El sitio de la prueba Trinity hoy, bajo una atmósfera que afortunadamente no se incendió.

Él propone tres razones por las que esto sucede:

La primera es la “falta de disponibilidad” de catástrofes raras.

Los acontecimientos recientes y destacados son más fáciles de recordar que los acontecimientos que nunca sucedieron.

El cerebro tiende a construir el futuro con un collage de recuerdos sobre el pasado. Si un riesgo encabeza las noticias (terrorismo, por ejemplo), aumenta la preocupación pública, los políticos actúan, se inventa la tecnología, etc.

Sin embargo, la dificultad especial de prever las tragedias de los infrecuentes es que es imposible aprender de la experiencia. Nunca aparecen en los titulares. Pero una vez que suceden, se acabó el juego.

La segunda razón por la que percibimos mal las catástrofes muy raras es el efecto “adormecedor” de un desastre masivo.

Los psicólogos observan que la preocupación de la gente no crece linealmente con la gravedad de una catástrofe.

O para decirlo más simple, si preguntas a las personas cuánto les importa que mueran todas las personas en la Tierra, no es 7.500 millones de veces más preocupante que si les dijeras que una persona moriría. Tampoco consideran las vidas de las generaciones futuras perdidas.

En grandes cantidades, hay cierta evidencia de que la preocupación de las personas incluso disminuye en relación con sus preocupaciones sobre la tragedia individual.

En un artículo reciente para BBC Future, la periodista Tiffanie Wen cita a la Madre Teresa, quien dijo: “Si miro a la masa, nunca actuaré. Si miro a uno, lo haré”.

Finalmente, Wiener describe un efecto de “subestimación” que fomenta una actitud de no actuar entre quienes toman los riesgos, porque no hay responsabilidad.

Si el mundo se acaba debido a tus decisiones, entonces no puedes ser demandado por negligencia. Las leyes y reglas no tienen poder para disuadir la imprudencia de acabar con las especies.

Foto de la Tierra tomada desde la Luna.

Getty Images

Quizás lo más preocupante es que una tragedia poco común podría suceder por accidente ya sea por arrogancia, estupidez o negligencia.

“En igualdad de condiciones, no mucha gente preferiría destruir el mundo. Incluso las corporaciones sin rostro, los gobiernos entrometidos, los científicos imprudentes y otros agentes de la catástrofe necesitan un mundo en el que lograr sus objetivos de lucro, orden, tenencia u otras canalladas”, escribió una vez el investigador de Inteligencia Artificial Eliezer Yudkowsky.

“Si nuestra extinción avanza lo suficientemente lenta como para permitir un momento de horrorizada comprensión, los autores de la acción probablemente se sorprenderán bastante… si la Tierra es destruida, probablemente será por error”, añadió.

Podemos estar agradecidos de que los trabajadores del proyecto Apolo 11 y los científicos de Manhattan no fueran esos horribles individuos.

Pero en el futuro, alguien llegará a otro punto de inflexión en el que el destino de la especie estará en sus manos. O quizás ya están en este camino, lanzándose hacia el desastre con los ojos cerrados.

Con suerte, por el bien de la humanidad, tomarán la decisión correcta cuando llegue su momento.

Puedes ver aquí el artículo original en inglés


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