Peña Nieto, el Edomex y Celaya ganan el Dinosaurio de oro a lo peor en políticas de movilidad
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Peña Nieto, el Edomex y Celaya ganan el Dinosaurio de oro a lo peor en políticas de movilidad

Las peores prácticas en materia de movilidad fueron premiadas durante la cumbre de alcaldes C40; entre los nominados también estuvo Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la Ciudad de México.
Cuartoscuro
Por Juan Mayorga
3 de diciembre, 2016
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La cumbre de alcaldes C40 sirvió de vitrina para exhibir lo mejor y lo peor de las políticas de movilidad  adoptadas en ciudades mexicanas, así como la diferencia entre unas y otras.

Mientras que el tema del transporte permaneció en el centro de los diálogos entre alcaldes, como vía para mejorar la calidad del aire, aumentar la productividad económica, combatir el cambio climático o simplemente mejorar la calidad de vida en las más de 85 ciudades que integran el Grupo de Liderazgo Climático o C40, también se entregaron los premios “Dinosaurios de oro”, a lo peor de México en materia de movilidad urbana.

 

“Se trata de señalar incongruencias e inconsistencias, políticas urbanas que son como del Precámbrico y que no nos dejan avanzar hacia las ciudades que queremos”, dijo Areli Carreón, activista por la movilidad urbana y campañista de ciudades sostenibles para Greenpeace México.

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Lo peor de la movilidad

Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, fue nominado a lo peor en la categoría “Gestión de Indigestión”, por la instalación de jardines verticales en las columnas del segundo piso del Periférico, una iniciativa por enverdecer la infraestructura gris que no tiene mucho de sostenible.

Los ganadores de la premiación simbólica —que será celebrada cada año, según sus organizadores— incluyeron:

  1. El “subsidio al automóvil privado” a nivel federal le valió al presidente Enrique Peña Nieto ser el máximo ganador de los Dinosaurios de Oro. Los organizadores consideraron que la medida es “inequitativa, antidemocrática y antiecológica”, ya que los autos privados son la principal fuente de contaminantes y reciben el 74% de los recursos destinados a la movilidad urbana, según un estudio del ITDP México.
  2. El “boicot al sistema de bicicletas públicas” en Toluca, Estado de México. El desmantelamiento del sistema Huitzi, luego de su inauguración a fines de 2015, le valió al alcalde Fernando Zamora el primer lugar en la categoría de “Gestión de Indigestión”.
  3. La banqueta más inaccesible de México en Celaya, Guanajuato. Esta obra le valió un premio al alcalde de la ciudad, Roberto Lemus, en la categoría “Obras que sobran”.

Entre otros nominados a los premios estuvieron: el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, y el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, por impulsar autopistas urbanas en lugar de transporte público en el Estado de México. Además del exgobernador de Chihuahua, César Duarte, por “la ciclovía más corta del mundo”.

Críticas al segundo piso

Pese al reconocimiento internacional a varias de las iniciativas impulsadas en la Ciudad de México, como la eliminación de microbuses, la implementación de taxis eléctricos e híbridos, la instalación de electrolineras y la expansión de ciclovías y el Metrobús, la política de transporte capitalina recibió duras críticas de especialistas y activistas. La mayoría de los señalamientos se centran en la construcción de autovías elevadas (segundos pisos), en paralelo a las otras acciones “verdes”.

Como lo ha demostrado un amplio cuerpo de investigaciones, las autovías elevadas implican un alfabeto de consecuencias indeseables, como fomento al uso de vehículo privado, aumento en la contaminación por automotores y altos costos sociales y económicos. Además, lo que resulta más irritante, no resuelven las congestiones de tránsito con que sus promotores las justifican. Al revés, lo complican.

Apenas en noviembre pasado, Mancera mismo inauguró la última autovía elevada de la ciudad: la Autopista Urbana Sur. En un recorrido con el presidente Enrique Peña Nieto, Mancera describió como “un hit” la obra de 7 kilómetros.

Los críticos de las autovías elevadas a menudo citan al filósofo de la tecnología Lewis Mumford, quien aseguró en 1955 que “atacar la congestión (vehicular) aumentando el número de carriles es equivalente a atacar la obesidad aumentando el tamaño del cinturón”.

O en las palabras del experto en movilidad sostenible del World Resources Institute, Darío Hidalgo, atender la congestión vehicular con vías elevadas puede bien equivaler a “apagar el fuego con gasolina”.

Varios asistentes al C40, incluidos la ex comisionada de transporte en Nueva York, Janette Sadik-Khan, y el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, describieron en estos días la importancia de impulsar obras que reten la hegemonía del automóvil privado, y no que la reproduzcan.

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Qué es el 'efecto Matilda' que invisibiliza a las mujeres en la ciencia

Existe un prejuicio sistemático en contra de reconocer sus logros y cuyo trabajo a menudo se atribuye a sus colegas masculinos. El "efecto Matilda" responde a este fenómeno y una campaña busca visibilizarlo y revertirlo.
8 de marzo, 2021
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Fotografía del libro de cuento de @NoMoreMatildas

@NoMoreMatildas
¿De qué se trata el “efecto Matilda”?

“¿Te imaginas qué hubiera pasado si Einstein habría nacido mujer? Probablemente hoy no sabríamos quién es Einstein”.

Con esta pregunta disparadora y una respuesta para la reflexión, comienza la campaña “No more Matildas” (No más Matildas), impulsada por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de España.

La iniciativa -que empezó en el país europeo en enero y ya traspasa fronteras traducida a varios idiomas- busca concientizar a la sociedad sobre la poca visibilidad que tienen las mujeres en el ámbito científico.

También pretende recuperar los nombres de las mujeres de la ciencia que fueron silenciados y olvidados, llevándolos a los libros escolares con la idea de despertar ejemplos y la vocación científica de las niñas.

“Ya iba siendo hora que se recuperen tantas figuras perdidas, no solo porque es de justicia histórica, sino porque pueden ser modelos que cambien para siempre la percepción que tienen las niñas acera de la ciencia y lo adecuadas que son para ellas”, le dice a BBC Mundo Carmen Fenoll, presidenta de AMIT.

Pero ¿por qué les dicen Matildas a las mujeres de diferentes ámbitos de la ciencia que fueron silenciadas? ¿Quién empezó a llamarlas así?

“Efecto Matilda”

Este fenómeno de suprimir la contribución de las mujeres en el desarrollo de inventos o en la investigación, y también el reconocimiento frecuente de su trabajo a sus colegas masculinos no es nuevo. Ha pasado durante siglos.

Una de las primeras mujeres en denunciarlo públicamente fue Matilda Joslyn Gage, una sufragista y abolicionista de finales del siglo XIX en Estados Unidos que luchó por los derechos de las mujeres y de las minorías.

Matilda Joslyn Gage

Getty Images
Matilda Joslyn Gage fue una de las primeras que denunció la invisibilidad de las mujeres en la ciencia.

Ella escribió un ensayo publicado en 1883 con el nombre Woman as an inventor (“Mujeres inventoras”) en el que describe este fenómeno pero no le pone un nombre.

“Aunque la educación científica a la mujer le fue negada enormemente, algunos de los inventos más importantes del mundo se deben a ella”, escribió enumerando varios ejemplos.

Sin embargo, “la proporción de inventores femeninos (con patentes) es mucho menor que la de masculinos, lo que se debe al hecho de que la mujer no posee la misma de libertad que el hombre“, analizó Gage en el artículo publicado en la revista The North American Review.

Ella fue víctima de ese mismo efecto que denunciaba. No porque fuera una inventora opacada por un hombre que le robara crédito sino porque fue silenciada por sus colegas y no reconocida debidamente por la historia, opinan investigadores.

Gage era una ferviente luchadora del derecho al voto de las mujeres y, sin embargo, fue apartada por sus propias compañeras feministas Susan B. Anthony o Elizabeth Cady Stanton (con quién escribió History of Woman Suffrage) y escasamente recordada en la historia del movimiento.

“Se pelearon y luego, cuando se escribió la historia, se eliminó a Matilda (…) Ella no recibió crédito”, dice Margaret W. Rossiter, la historiadora científica estadounidense que acuñó la expresión “efecto Matilda”.

Ilustración de una científica con una brújula.

@NoMoreMatildas
Aún existen muchos estereotipos que alejan a las mujeres de la ciencia.

Rossiter, quien es profesora retirada de la Universidad Cornell, de Estados Unidos, dedicó toda su vida a buscar nombres perdidos de mujeres científicas no documentadas en los libros. Y escribió tres. “Mientras más buscaba, más encontraba”, asegura.

En su investigación, observó que este patrón de invisibilidad femenina se repetía una y otra vez en la ciencia.

Desde el hecho de que los hombres toman el crédito del trabajo de las mujeres, que las mujeres no ganan tantos premios como ellos, que no consiguen empleo en campos científicos o que son recluidas.

Claro que hay nombres conocidos como la doble Premio Nobel Marie Curie. “Ella era notable, pero era la excepción”, advierte Rossiter.

Así en 1993 la historiadora decidió que este efecto de invisibilizar a las mujeres debería tener el nombre de Matilda Gage y lo escribió en un artículo académico.

“Fue más como una broma, pero llamó la atención de todo el mundo, lo cual es sorprendente”, cuenta en una conversación telefónica con BBC Mundo.

“Microdesigualdades”

La desigualdad de género no es una novedad. Hasta hace no mucho tiempo, las mujeres en países occidentales no tenían derecho a estudiar en una universidad, por ejemplo.

Y pese a que esto ya no es así, hay muchas inequidades y prejuicios que siguen vigentes en la sociedad.

Marie Curie.

PA Media
La científica Marie Curie es la excepción al “efecto Matilda”.

“En muchas disciplinas científicas no es fácil entrar, tampoco hay modelos para las propias universitarias y las aguerridas interesadas que se animan a hacerlo pueden encontrarse con entornos que son bastante hostiles, muchas veces de un modo subconsciente o no explícito”, describe Fenoll.

“Los estereotipos que hay acerca del papel que juegan las mujeres en la ciencia siguen estando: ‘las mujeres son menos brillantes’, ‘las mujeres se esfuerzan menos’; ‘está bien que las mujeres estén en los equipos de investigación, pero los que son brillantes normalmente son ellos'”, enumera.

A nivel global, las mujeres son menos de un tercio de los investigadores y solo el 3% de Nobel en ciencia han sido otorgados a mujeres, señala la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres en un estudio de septiembre de 2020.

“Para la región de América Latina y el Caribe, en 2017, del total de investigadores en ingeniería y tecnología, solo el 36% eran mujeres en Uruguay; el 26%, en Colombia; el 24%, en Costa Rica; el 17%, en El Salvador; en Honduras el 21,5%; y en Bolivia y Perú alrededor del 19%”, añade el reporte.

Según la presidenta de la AMIT, en el mundo científico español hay solo entre un 20 y 25% de mujeres.

Y con la pandemia este número se agravó. “El 40% de las científicas tuvo que dedicar bastante tiempo a los cuidados de los hijos y a veces al de sus padres, contra solo el 15% de los hombres”, añade Fenoll, citando fuentes del Ministerio de Ciencia e Innovación de España.

Entre las disciplinas donde hay menos mujeres están las ciencias más duras y las tecnologías, como matemática, física, informática y el desarrollo de la inteligencia artificial.

Fenoll ve una probable explicación de este escaso número es el perjuicio.

Una parte importantísima del problema es la percepción que tiene la sociedad de que las niñas son peores en matemáticas, que no tienen visión espacial, que son incapaces… Y si son capaces, se piensa que no les va a ir bien. Si eso te lo están diciendo en tu casa o en el colegio continuamente terminas creyéndotelo”, opina.

Ilustración de una científica con hombres detrás.

@NoMoreMatildas
Si hay menos mujeres en la ciencia, también hay pocas mujeres en la toma de decisiones.

“Hay menos mujeres tomando las decisiones. Claro que no todo el mundo quiere estar en la cúspide, pero no me creo que de entrada las mujeres prefieran no llegar a ser catedráticas”, afirma.

“Hay muchas microdesigualdades, por sí solas ninguna de ellas es suficiente para explicar lo que pasa pero cuando todas se suman terminan siendo determinantes”.

“No encajaba”

El movimiento #NoMoreMatildas no solo está respaldado por científicas, sino por escritoras, instituciones y medios de comunicación.

La iniciativa incluye la publicación gratuita de cuentos sobre Einstein, Fleming y Schödinger, como si hubiesen sido mujeres, y biografías de científicas reales como la geóloga danesa Inge Lehmann, la bióloga estadounidense Bárbara Mcclintock y la química británica Rosalind Franklin, por nombrar algunas.

Ilustración científica.

@NoMoreMatildas
“Hay muchas microdesigualdades” en la ciencia, dice Carmen Fenoll, presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de España.

La campaña busca visibilizar e inspira a las niñas a que persigan carreras científicas.

“No se dejen intimidar por las científicas famosísimas. La mayoría de las científicas no somos famosas, somos personas normales que hacemos un trabajo que nos gusta mucho”, dice Fenoll.

La historiadora científica Margaret Rossiter también alienta a las niñas a que sigan sus pasiones científicas.

“Siempre me dijeron que no encajaba. Y pensé. Entonces eso es algo bueno. Yo no quiero encajar. No es mi objetivo en la vida”, afirma.

“¡Sigue adelante, no sabes lo que depara el futuro! Y si los niños aún dicen que las niñas no pueden estudiar matemáticas. Deberías responder: ‘¡Oye, lo hacemos igual de bien!'”.


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