Casi la mitad de las bicicletas de Ecobici operan aunque ya superaron su vida útil
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Cuartoscuro/Archivo

Casi la mitad de las bicicletas de Ecobici operan aunque ya superaron su vida útil

En la Ciudad de México, hace seis años había una ecobici para 20 usuarios, actualmente hay una por cada 50.
Cuartoscuro/Archivo
Por Arturo Angel
14 de diciembre, 2016
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El 40% de las bicicletas de Ecobici que circulan en las calles de la Ciudad de México ya superaron su periodo de vida útil. Desde hace al menos dos años, estas bicis operan fuera del tiempo que el fabricante recomienda para garantizar que no haya fallas durante su uso.

Asientos que no se quedan fijos, velocidades inservibles y pedales sueltos son las fallas que con mayor frecuencia reportan los usuarios de este sistema público de préstamo de bicicletas que entró en funcionamiento desde febrero de 2010 en la capital mexicana.

Desde entonces, el sistema ha crecido al grado de que ahora hay una bicicleta destinada para cada 50 usuarios, en cicloestaciones ubicadas en 42 colonias de las delegaciones Benito Juárez, Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo. Al arrancar el proyecto, cada 20 personas disponían de una bici. 

Estoy súper agradecida por tener Ecobici y lo seguiré usando, pero sí hay muchas cositas que se pueden mejorar. Creo que en general hay un problema del estado de las bicis. Yo diría que como el 60 por ciento del tiempo hay un problema y tengo que estar cambiando la bicicleta”, dijo Kelly Guevara, quien desde hace cinco años es usuaria habitual de este sistema.

Lee:  Absuelven a chofer que atropelló y mató a una usuaria de Ecobici; Procuraduría de la CDMX apela

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Alta demanda, vida breve

De acuerdo con el gobierno capitalino, el periodo de vida de las bicicletas es de tres años por la alta demanda, pero puede extenderse con mantenimiento. Sin embargo, los datos revelan que las bicis están por duplicar el periodo de uso recomendado.

Datos entregados a Animal Político revelan que hasta octubre pasado había 4 mil 529 bicicletas operando en las calles, las cuales cumplen con el servicio de forma adecuada, según la Secretaría del Medio Ambiente.

Pero en realidad 4 de cada 10 de las bicicletas son viejas.

De acuerdo con la información entregada a través de solicitudes de transparencia, entre 2014 y 2015 el gobierno capitalino adquirió dos mil 746 bicicletas nuevas. Aún suponiendo que todas esas bicicletas se encuentren en operación, son solamente 60% de las que están operando actualmente.

Lo anterior significa que hay mil 850 bicicletas en las calles en funcionamiento que corresponden al grupo de las dos mil 770 compradas en 2011 o, peor aún, a las mil 603 adquiridas desde 2009. Es decir, se trata de modelos que tienen de cinco a siete años de antigüedad. Esto excede el periodo de vida útil de dichos vehículos que es de tres años.

La Secretaría del Medio Ambiente argumenta que el mantenimiento puede incrementar el periodo de vida de las bicicletas. A pesar de ello, el próximo año estas bicis por lo menos estarán duplicando el periodo que se recomendaba para su operación.

Los datos también revelan que el sistema Ecobici ya ha sacado de circulación mil 91 bicicletas por el riesgo de sufrir un daño estructural debido al uso y a los kilómetros que ya tienen recorrido. Además, 88 bicicletas han sido robadas.

Los números anteriores dejan en el aire casi mil 350 bicicletas, también con varios años de antigüedad, que no se sabe si están en reparaciones o pueden ser reutilizadas.

Crece demanda; percances debajo del promedio

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En los seis años que tiene en operación el sistema ECOBICI se ha incrementado la demanda de usuarios de este servicio. Conforme hay más usuarios en las calles se ha elevado el número de percances, pero el promedio de estos está por debajo del de otros sistemas de transporte similares en el mundo.

En cuanto a la demanda, el sistema ECOBICI cerró su primero año (2010) con 18 mil 985 nuevos usuarios. El siguiente año el número de usuarios nuevos tuvo un ligero descenso al cerrar con 18 mil 18 mil 408. Pero en 2012 la cifra de nuevas personas suscritas subió a casi 21 mil y para 2013 fueron 53 mil.

En 2014 el registro de usuarios nuevos bajó a 34 mil y en 2015 repuntó hasta 50 mil. En tanto hasta octubre de este año ya se habían registrado 33 mil personas más.

Conforme el sistema ha crecido también lo han hecho los accidentes de los usuarios de ECOBICI. En 2010 apenas se contabilizaron 16 percances con un saldo de doce personas heridas. Para 2015 la cifra ascendió hasta 463 accidentes con 350 personas lesionadas.

En total, en los seis años de funcionamiento de este servicio se han registrado mil 391 percances con un saldo de mil 24 personas lesionadas.

Pero puesto en proporción estas cifras significan apenas un incidente por cada 200 usuarios a bordo de una bicicleta. ECOBICI es el sistema de transporte público de bicicletas más grande de América Latina pero tiene el menor promedio de incidentes del continente. Y aunque es el cuarto sistema más grande a nivel mundial, su promedio de percances está por debajo del de otros países como España.

Además todos los usuarios de ECOBICI cuentan con un seguro de accidentes y responsabilidad civil. En caso de necesitarlo, basta marcar al 50052424.

La Secretaría del Medio ambiente también reveló las causas  de los percances que sufren los usuarios de ECOBICI. La más común son las colisiones con algún objeto o estructura con 563 casos, le siguen las caídas con 452 casos, los choques con autos con 349  incidentes, y los atropellamientos con 27 accidentes.

Percances y zonas mortales

En seis años, tres usuarios de Ecobici han muerto tras ser atropellados.

El primer incidente ocurrió el 14 de noviembre de 2014 cuando el ciclista fue atropellado por un camión del transporte público concesionado en el Corredor Chapultepec. El percance llevó a la suspensión temporal de todas las unidades de ese corredor. En tanto el chofer de la unidad enfrentó cargos por homicidio culposo.

Dos meses después, el 17 de enero de 2015, un tráiler que presuntamente iba con exceso de velocidad arrolló a otro usuario de ECOBICI en el cruce de Horacio y Platón en la colonia Polanco. La secretaria del Medio Ambiente de la ciudad ,Tanya Muller, lamentó los hechos e informó en ese momento que el conductor del vehículo pasado fue detenido.

El tercer y último accidente mortal ocurrido hasta ahora se registró el 17 de noviembre de 2015, cuando una usuaria fue atropellada por un autobús del transporte público que cambió su ruta de forma intempestiva para rebasar otro coche en Paseo de la Reforma. El responsable escapó del sitio del percance.

Se preguntó al sistema ECOBICI sobre las zonas que tienen registradas como las de mayor riesgo para sus usuarios debido a la frecuencia de accidentes. La respuesta, sin dar más detalles, es el que el área de mayor peligro es Paseo de la Reforma en dos tramos: el del cruce con Insurgentes y el de la incorporación de Circuito Gandhi.

La voz de los usuarios

Animal Político entrevistó a quince usuarios de Ecobici en tres zonas: Buenavista, donde se ubican tres de las estaciones de mayor demanda de bicicletas, así como Reforma e Insurgentes y Reforma con Ghandi, que son áreas con el mayor número de incidentes. Todos están contentos con este sistema pero señalaron aspectos con los que batallan a diario y que deberían mejorarse.

“Yo tengo tres años usando ecobicis. Lo uso los cinco días de la semana para ir y volver del trabajo (…) Yo la falla que veo es que no se da el mantenimiento adecuado porque hay bicicletas que no están bien calibradas en los cambios o inclusive que no tienen suficiente aire en las llantas. También hay un tema de saturación de las estaciones”, dijo Jorge Herrera.

“A mí me ha tocado que las bicis no tienen timbre y también fallas en los pedales. Van sonando todo el tiempo como si fuera matraca. Yo he tenido dos accidentes en la bici pero esos son más bien por el descuido de otras personas que se cruzan distraídas (…) y si he notado que s eha incrementado la demanda, a veces hay que recorrer varias estaciones para encontrar una bici”, dijo Lucia Griselda Badillo.

“Yo llevo medio año usando (las bicis) y ha sido muy gratificante porque me evito de manifestaciones y desvíos. El problema mas común que yo veo es con el ajuste de los asientos porque normalmente queda flojo y es algo demasiado incómodo”, dijo Ivonne Barrios Martínez

Por su parte Kelly Guevara dijo que además de fallas en asientos o en velocidades, hay problemas que pueden poner en riesgo al usuario: “Muchas bicis les falta la campanilla y a veces lo notas cuando ya quieres sonarla para avisarle a un coche que vas y resulta que no la tares. Eso es peligroso”

¿Cuánto cuestan las bicis?

En 2009, según los datos oficiales proporcionados, se invirtieron 11 millones 846 mil pesos en la compra de mil 603 bicicletas. El costo unitario de cada bicicleta fue de seis mil 426 pesos. Para 2015 la inversión fue de 12 millones 808 mil pesos, y cada bicicleta tuvo un costo unitario de siete mil 651 pesos.

Lo anterior significa que el costo unitario de las bicicletas compradas entre 2009 y 2015 se incrementó casi 20%. De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente esta alza del costo obedece a “la inflación y el tipo de cambio”.

Hasta ahora todas las bicicletas del sistema ECOBICI han sido adquiridas con un único proveedor: la empresa Clear Channel Outdoor México SA de CV. La matriz de esa compañía se encuentra en los Estados Unidos.

El primer contrato por la venta de mil 603 bicicletas fue ganado por Clear Channel a través de una licitación pública peor los otros tres en 2011, 2014 y 2015 han sido por adjudicación directa. En total la empresa ha recibido casi 263 millones de pesos.

Clear Channel, según su página web, es una empresa dedicada fundamentalmente a la publicidad exterior. No obstante también ofrece el servicio de “smartbike” que define como una propuesta innovadora de transporte público. Antes de llegar a México la empresa ya operaba sistemas similares a ECOBICI en varios países europeos, entre ellos Italia, España y Francia.

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¿Por qué muchas mujeres aún se cambian el nombre para usar el apellido de sus maridos?

Tomar el apellido del esposo tiene un origen patriarcal histórico, ¿por qué entonces tantas mujeres mantienen esta tradición?
27 de septiembre, 2020
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Novia con brazo apoyado en el de su novio.

Getty Images
En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan.

Planear una boda en tiempos de pandemia es algo lleno de incertidumbres, pero Lindsey Evans, de 30 años, tiene clara una certeza: “cuanto más se acerca la fecha, más segura estoy de que quiero adoptar su apellido”.

La boda entre esta californiana y su pareja está prevista para julio de 2021.

En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan. En concreto un 70%, según uno de los análisis de datos más exhaustivos en los últimos años.

En Reino Unido, esa cifra asciende a casi un 90%, según datos de 2016. Y el 85% de esas mujeres tiene entre 18 y 30 años.

Aunque la tendencia es menor que hace una generación, queda claro que esta norma cultural aún persiste con fuerza en varios países del mundo occidental. Incluso a pesar de que hoy vivimos en una era más individualista y con mayor conciencia de género.

Aunque las definiciones de feminismo pueden variar, un 68% de mujeres menores de 30 años se definen como feministas en EE.UU. y alrededor del 60% en Reino Unido.

“Es bastante sorprendente, ya que esta tradición viene de la historia patriarcal, de la idea de que una mujer casada se convertía en una de las posesiones del hombre”, dice Simon Duncan, profesor de la Universidad de Bradford, en Reino Unido, quien ha estado investigando esta práctica.

Lindsay Evans

Lindsay Evans
Lindsey Evans, de 30 años, quiere adoptar el apellido de su futuro marido.

Es una tradición arraigada en la mayoría de países de habla inglesa, aunque el concepto de “adueñar” esposas hace más de un siglo que no se usa en Reino Unido y actualmente no hay ningún requerimiento legal para adoptar el nombre del marido.

Gran parte de Europa occidental sigue el mismo patrón, con las excepciones de España e Islandia, donde las mujeres mantienen sus apellidos y Grecia, que estableció un requerimiento legal en 1983 para que las mujeres retuvieran su apellido de por vida.

Incluso en Noruega, categorizado como uno de los países líderes en igualdad de género y con una historia patriarcal menor, la mayoría de mujeres siguen tomando el apellido de sus maridos. Allí, sin embargo, alrededor de la mitad de las mujeres que adoptan otros nombres mantienen su apellido de solteras como segundo nombre, que funciona como apellido secundario.

“¿Es esto solo una tradición inofensiva o hay algún tipo de significado que se filtra desde esos tiempos hasta ahora?”, se pregunta Duncan, quien recientemente se asoció con académicos de la Universidad de Oslo y la Universidad del Oeste de Inglaterra para ahondar en por qué persiste esta tradición.

Tradiciones patriarcales

Por supuesto, hay numerosas razones por las que una mujer puede querer cambiar su apellido de soltera, ya sea porque le disgusta o por desasociarse de padres ausentes o abusivos miembros de la familia.

Pero a través de un intenso análisis de investigaciones y entrevistas con parejas recién casadas o comprometidas en Reino Unido y Noruega, el equipo de Duncan identificó dos motivos especiales.

El primero fue la persistencia del poder patriarcal. El segundo, el ideal de “buena familia”; la creencia de que compartir el nombre de tu pareja simboliza el compromiso y te une a ti y a tus posibles hijos dentro de una unidad.

Algunas parejas aceptan el cambio de nombre simplemente por ser una tradición, mientras que otras adoptan con entusiasmo la idea de transmitir los apellidos del hombre.

“Algunos hombres todavía insisten en mantener ese tipo de suposición patriarcal que viene del pasado. Algunas mujeres están de acuerdo con eso y lo tienen internalizado. Hay mujeres realmente ansiosas en asumir el apellido de su esposo”, explica Duncan.

Hombre proponiendo matrimonio.

Getty Images
Cambiar al nombre del esposo está asociado con otras tradiciones como que sea el hombre el que pide matrimonio.

La investigación de su equipo expone que el hecho de que las mujeres cambien su nombre está vinculado a otras tradiciones patriarcales como que los padres entreguen a sus hijas antes de la boda o que los hombres sean los que proponen matrimonio.

Estos elementos, dice Duncan, forman parte del “paquete de matrimonio” para muchas parejas.

“Es parte del romance”, coincide Corinna Hirsh, alemana de 32 años residente en Estocolmo, Suecia, quien tomó el apellido de su marido al casarse el año pasado.

“Dormimos en habitaciones separadas la noche anterior. Mi padre y mi marido dieron un discurso, pero yo no”, agrega.

Hirsh cree que estas tradiciones le ayudan a ella y su pareja a desarrollar un vínculo más profundo, a pesar de ya llevar más de ocho años juntos. “No esperábamos sentirnos más cerca tras la boda, pero el hecho de haberla organizado a lo grande y tener un solo apellido hicieron el truco”.

La “buena familia”

El segundo motivo que Duncan y su equipo indagaron se basa más en percepciones públicas. Concluyeron que tomar el apellido de tu pareja se percibe como una forma de mostrar compromiso y unión hacia el exterior.

“Siento que nos da una identidad como familia y no como individuos”, concuerda Lindsey Evans en California.

Familia.

Getty Images
Muchas mujeres eligen tener el mismo apellido que sus parejas para dar más sentido de unidad familiar.

La investigación de Duncan concluyó que esta narrativa de “buena familia” era especialmente fuerte entre las mujeres que ya habían tenido hijos. Incluso algunas de las que no adoptaron el nombre de sus parejas lo hicieron después de dar a luz.

“Quise hacerlo para tener una mejor conexión con mi hijo, no solo en nuestra relación, sino también sobre el papel”, dice Jamie Berg, bailarina y gimnasta estadounidense de 36 años residente en Oslo, Noruega.

Tras mantener su nombre de nacimiento durante varios años, sobre todo porque era importante para su identidad profesional, añadió el nombre de su marido a su pasaporte y otros documentos cuando su hijo nació para “así tener los tres el mismo apellido”. Esto, esperaba, evitaría líos administrativos, por ejemplo, al viajar fuera del país.

El estudio de Duncan destacó otro sentimiento común entre muchos padres, y es que los niños pueden terminar confundidos o infelices como resultado de que los padres tengan nombres diferentes.

Pero argumenta que si bien esto puede crear incomodidad en los adultos, la investigación sociológica sugiere un impacto limitado en los niños, y la mayoría no se confunde en absoluto sobre quién conforma su familia, independientemente de su apellido.

¿Tradición contra el feminismo?

Los académicos están divididos sobre cómo esta norma juega en contra de los esfuerzos para conseguir la igualdad de género.

Duncan describe como “bastante peligroso” si las parejas lo hacen porque adoptan la tradición o simplemente la asumen por defecto.

“Perpetúa la idea de que el marido es la autoridad… reproduciendo la tradición de que el marido es el líder de la casa”, explica el investigador.

Ese argumento es fuertemente apoyado por mujeres como Nikki Hesford, de 34 años y propietaria de un negocio en el norte de Inglaterra. Ahora está divorciada, pero se negó a tomar el nombre de su exmarido cuando se casaron, y dice que le sorprende ver que pocas esposas hacen lo mismo.

Mujer con mano extendida.

Getty Images
Algunas mujeres piensan que asumir el apellido de la pareja masculina no ayuda al movimiento feminista.

“Las mujeres se quejan de que siempre terminan siendo las cuidadoras, las que dejan de lado el trabajo cuando se enferma el niño, lo llevan al hospital o la que sufren con sus carreras profesionales. Pero es que desde el principio sientan el precedente (con el cambio de nombre) al decir ‘tú eres más importante que yo, tú el principal y yo la secundaria'”, argumenta Hesford.

“Algunas personas me dicen que lo estoy pensando demasiado y que no significa nada, pero yo no estoy de acuerdo”, amplía.

Sin embargo, Hilda Burke, una terapeuta de parejas irlandesa, cree que las mujeres que eligen conservar sus apellidos no deberían juzgar tan rápido a las otras. La especialista apunta que estos conceptos de “romance retro”, reforzados por el cine y la literatura, se han amplificado con las redes sociales.

Esto significa que las mujeres seguirán influenciadas por este tipo de mensajes, a pesar de que el feminismo cuenta con una mayor plataforma hoy en día.

“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso aunque esas mujeres se identifiquen como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”, dice Burke.

La especialista opina que, para muchas, cambiar al apellido de sus maridos es una opción pragmática y no necesariamente tiene que ver con ser más o menos feminista.

Pareja de casados en la playa.

Getty Images
“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso si esas mujeres se identifican como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”.

Otro argumento es que, a fin de cuentas, el feminismo también se trata de dar a las mujeres libertad de decisión. Esto significa que siempre y cuando sean ellas las que decidan qué nombre tomar, no debería importar si va a favor o no de las normas patriarcales.

“Mi novio jamás me ha dicho que debo adoptar su apellido. Como feminista, soy capaz de tomar la decisión que es mejor para mí sin preocuparme por los roles de género“, dice Evans.

¿Seguirá así en el futuro?

Los investigadores debaten acaloradamente cuán prevalente será la tradición de tomar el apellido de los maridos en el futuro. Hay poca investigación académica predictiva, aunque hay indicios de que, a pesar del lento progreso hasta la fecha, tanto mujeres como hombres están cada vez más abiertos a alternativas.

En Reino Unido, una encuesta de 2016 a más de 1.500 personas mostró que al 59% de las mujeres todavía les gustaría tomar el apellido de su cónyuge al contraer matrimonio, y el 61% de los hombres todavía quiere que lo hagan así.

Aunque estas cifras son altas, son alrededor de un 30% más bajas que la proporción de británicos que actualmente siguen la tradición.

Otra encuesta mostró que el 11% de los jóvenes de 18 a 34 años en Reino Unido ahora están usando apellidos compuestos cuando se casan. Se trata de un práctica que tradicionalmente hacían las familias más adineradas.

“Lo hablamos antes y decidimos que como íbamos a compartir todo en nuestras vidas, también tenía sentido compartir los nombres”, explica Nick Nillsson-Bean, un británico de 36 años residente en Suecia, quien tiene el mismo apellido compuesto de su esposa.

Hombre poniendo anillo a su mujer.

Getty Images
Muchas parejas, por otra parte, optan por llevar apellidos compuestos.

“Se sentía un poco arcaico que tomara mi apellido”, explica.

En Estados Unidos, un número cada vez mayor de mujeres también está optando por apellidos compuestos sin guiones para ser más visibles online por motivos profesionales.

Mientras tanto, algunas parejas mezclan sus nombres o inventan otros nuevos para compartir y los hombres adoptan los apellidos de sus esposas, aunque ambos fenómenos siguen siendo inusuales.

“No estaba obsesionado con toda la masculinidad y la patriarcal y sabía lo importante que era conservar la identidad para mi esposa“, dice Ciaran McQuaid, un ingeniero británico de 39 años que cambió su nombre y se puso el apellido de su esposa.

Dado que las mujeres tienden a casarse más tarde (la edad promedio es ahora de 35 años o más en países europeos, incluidos Reino Unido, Italia y España, y alrededor de 28 en EE.UU.) esto también puede tener un impacto en la elección de nombres futuros.

Una investigación conjunta de Noruega y EE.UU. expone que las mujeres mayores, más educadas y económicamente independientes tienen más probabilidades de mantener sus nombres de nacimiento, mientras que la práctica es menos popular entre las más jóvenes, con salarios más bajos y dentro de la comunidad afroestadounidense.

Pareja casada.

Getty Images
Las mujeres de la comunidad afroestadounidense son menos propensas a conservar sus apellidos tras casarse.

“Ya tenía casa, título, automóvil…si cambiaba de nombre tendría que cambiar todos esos documentos y licencias”, explica America Nazar, una dentista de 50 años residente en Noruega que no cambió su nombre tras casarse el año pasado.

Otros investigadores destacan la influencia de la comunidad LGBTIQ, donde ya hay tendencia a ser más flexibles a la hora de cambiar de nombres.

La doctora Heath Schechinger, psicóloga y terapeuta de la Universidad de Berkeley en California, predice que se puede alentar a las parejas heterosexuales a mantener sus propios nombres a medida que “el concepto de ‘familia’ se expande”.

Es hora de que esto se convierta en una discusión abierta dentro de las asociaciones y no en algo que se asuma o esté predeterminado”, coincide la gerente de marketing Verity Sessions, de 35 años, de Inglaterra, que mantuvo su propio nombre cuando se casó con su esposa.

“Algunos de mis amigos han decidido tomar el apellido de su esposa”, dice.

Sin embargo, dice que entiende que otras parejas “simplemente aman una tradición” o podrían optar por nombres que simplemente “hacen que un árbol genealógico sea un poco más fácil de elaborar”.

En Londres, la psicoterapeuta Burke también cree que las nomenclaturas convencionales van a cambiar, aunque ahora con la batalla contra la covid-19 están teniendo lugar otras prioridades,

Los fanáticos de la tradición de los nombres masculinos como Corinna Hirsch, sin embargo, esperan que no se extinga. “Sería bueno si continúa, pero solo si no es forzado”, opina.


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