El dramático relato del fotógrafo que retrató la muerte del embajador de Rusia en Turquía
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AP/BURHAN OZBILICI/BBCMundo

El dramático relato del fotógrafo que retrató la muerte del embajador de Rusia en Turquía

El fotógrafo Burhan Ozbilici acudió a un evento cultural, pero en cuestión de segundos estuvo frente a un crimen a sangre fría, el asesinato del embajador ruso. 
AP/BURHAN OZBILICI/BBCMundo
Por BBC Mundo
20 de diciembre, 2016
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El fotógrafo Burhan Ozbilici fue a una exhibición de fotografía en Ankara, capital de Turquía, por gusto propio. La agencia de noticias para la cual trabaja, Associated Press (AP), no le había asignado la cobertura del evento.

De salida de la oficina, la galería le quedaba de camino a su casa.

Así que decidió hacer una parada en lo que apuntaba a ser un evento eminentemente cultural, pero que en cuestión de segundos se transformó en la escena de un crimen a sangre fría y en una noticia que estremeció a la comunidad internacional el lunes en la noche.

Y aunque Ozbilici no estaba trabajando, su cámara captó ese momento.

Un hombre vestido de civil abrió fuego contra el embajador de Rusia en Turquía, Andrei Karlov, quien se encontraba ofreciendo un discurso en la galería.

El atacante era un policía vestido de civil, que, segundos después de abrir fuego, gritó: “No olviden a Alepo, no se olviden de Siria“, dijo el atacante hablando en turco y en árabe. “Allahu Akbar” (Dios es grande), añadió.

A través de un escrito de la agencia AP, el fotógrafo resumió el escalofriante momento que vivió:

Rayita

“El evento se veía rutinario, era la inauguración de una exhibición de fotografías de Rusia, hasta que un hombre con corbata y traje oscuro sacó un arma. Me quedé estupefacto, pensé que se trataba de una obra de teatro.

En cambio, fue un asesinato fríamente calculado, que se estaba desarrollando frente a mí y frente a otras personas que se dispersaron velozmente, aterrorizadas, y que buscaban protegerse del hombre de pelo corto que disparaba contra el embajador ruso.

Los disparos, al menos ocho de ellos, fueron audibles en la prístina galería de arte. El pandemónium se desató. La gente gritaba, se escondía detrás de las columnas y debajo de las mesas, se tiraban en el suelo. Estaba asustado y confundido, pero me vi parcialmente tapado por una pared e hice mi trabajo: tomar fotografías”.

“La exhibición, titulada ‘De Kaliningrado a Kamchatka, a través de los ojos de los viajeros’ mostraba fotos de la península de Kamchatka, la región más occidental de Rusia, en el Báltico. Decidí asistir simplemente porque me quedaba de camino a casa.

Cuando llegué, los discursos ya habían empezado. Después de que el embajador ruso Andrei Karlov inició su discurso, me acerqué para fotografiarlo, pensando que esas fotos podrían llegar a ser útiles para noticias vinculadas con las relaciones entre Turquía y Rusia.

 Hablaba con suavidad y, en mi opinión, con amor por su patria. Se detenía ocasionalmente para permitir que el traductor dijera sus palabras en turco. Recuerdo haber pensado cuán tranquilo y humilde se veía.

De repente comenzaron los disparos en una sucesión veloz y el pánico se apoderó de la audiencia. El cuerpo del embajador estaba en el piso, a solo metros de mí. No vi sangre cerca de él. Creo que le dispararon en la espalda.

Me llevó unos pocos segundos darme cuenta de lo que había ocurrido: un hombre había muerto en frente de mí; una vida había desaparecido frente a mis ojos.

Hombre armadoAP/BURHAN OZBILICI
Hombre armadoAP/BURHAN OZBILICI

Me moví hacia atrás y hacia la izquierda, mientras el pistolero, posteriormente identificado como Mevlut Mert Altintas, hacía gestos con su arma a los asistentes que se agrupaban atemorizados en el lado derecho del salón.

Al principio no se me ocurría qué había motivado al hombre armado. Pensé que podía ser un militante checheno. Pero la gente después dijo que había gritado cosas sobre la ciudad siria de Alepo.

Probablemente estaba enfurecido por los bombardeos rusos en Alepo, cuyo objetivo era expulsar a los rebeldes antigubernamentales. Muchos civiles han muerto en los enfrentamientos.

También gritó “Allahu Akbar”, pero no pude entender las otras cosas que dijo en árabe.

El pistolero estaba muy perturbado. Caminó alrededor del cuerpo del embajador, destruyendo algunas de las fotos que colgaban en la pared.

Por supuesto, yo estaba aterrorizado y sabía el peligro que enfrentaba si el sujeto se volteaba hacía mí. Pero, avancé un poquito y lo fotografié mientras intimidaba a su desesperada y cautiva audiencia.

Esto era lo que yo pensaba: ‘Estoy aquí. Incluso si me dispara, me hiere o me mata, soy un periodista. Tengo que hacer mi trabajo. Podría haber salido corriendo sin tomar ni una foto. Pero después no hubiese tenido una respuesta apropiada si la gente me preocupaba después: ¿Por qué no tomaste fotos?’

Gente saliendo de la galeríaAP/BURHAN OZBILICI
La exposición estaba dedicada a la región rusa de Kamchatka.
Un niño es arrastradoAP/BURHAN OZBILICI
Los asistentes, de diferentes edades, trataban de dispersarse en medio del caos.

Incluso pensé en los amigos y colegas que ha muerto tomando fotos en zonas de conflicto durante años.

Mientras mi mente pensaba con rapidez, vi que el hombre estaba agitado, pero aún y extrañamente bajo control de sí mismo. Le gritó a todos que se apartaran. Los guardias de seguridad nos ordenaron dejar el salón y nos fuimos.

Andrei Karlov, el embajador ruso en la galeríaAP/BURHAN OZBILICI
Andrei Karlov, el embajador ruso en la galería. Atrás se observa a su atacante.

Ambulancias y vehículos blindados llegaron poco después y una operación policial entró en acción. El pistolero murió después en un tiroteo (con la policía).

Cuando regresé a la oficina para editar mis fotos, me impresionó ver que el hombre estaba de hecho detrás del embajador mientras hablaba. Como un amigo o un guardaespaldas“.

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Cuartoscuro

UNAM ofrece al gobierno 20 ultracongeladores para almacenar las vacunas contra COVID

Los ultracongeladores, en conjunto, tienen una capacidad de almacenamiento de 10 mil 500 litros, lo que equivale a tres o cuatro millones de vacunas.
Cuartoscuro
18 de enero, 2021
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La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) puso a disposición del gobierno federal y de la Ciudad de México 20 ultracongeladores para almacenar las vacunas contra COVID que lo requieran.

En un comunicado, la UNAM detalló los ultracongeladores, en conjunto, tienen una capacidad de almacenamiento de 10 mil 500 litros, lo que equivale a tres o cuatro millones de vacunas Pfizer, las cuales requieren estar a una temperatura aproximada de 70 grados bajo cero parra no perder su efectividad.

Cada ultracongelador, por lo regular, tiene capacidad de aproximada 500 litros; son equipos de casi 300 kilogramos; su tamaño es mayor al de un refrigerador casero, y tienen cerca de 36 pies cúbicos.

La UNAM señaló que el objetivo de esta ayuda es que, en poco tiempo, las universidades de todo el país sumen esfuerzos y puedan integrar un red de ultracongeladores que facilite la logística de la cadena de frío en todo México durante la campaña de vacunación.

De acuerdo con William Lee Alardín, coordinador de la Investigación Científica de la UNAM, diversas universidades tienen la posibilidad de brindar esta ayuda porque sus unidades de investigación suelen usar este tipo de congeladores para almacenar muestras de diferentes tipos, principalmente biológicas.

En el caso de la UNAM, las unidades que los usan son las facultades de Química, Medicina y Medicina Veterinaria y Zootecnia. Así como los institutos de Química Investigaciones Biomédicas, Neurobiología o Biotecnología, o las escuelas nacionales de Estudios Superiores.

La aportación de los 20 ultracongeladores se logró gracias a un censo realizado por orden de la Rectoría General, con el fin de saber cuántos equipos tenían disponibles para almacenar vacunas.

La mayoría de esos 20 equipos se encuentran en Ciudad Universitaria, en CDMX, otros en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala; Cuernavaca, Morelos; Juriquilla, Querétaro, y Morelia, Michoacán.

Lee Alardín agregó que si el gobierno así lo determina, los ultacongeladores podrían ser llevados al lugar donde llegue la vacuna y no precisamente dentro de las universidades.

Sin embargo, es necesario saber con antelación sobre su posible traslado ya que no solo se trata de desenchufarlos, sino que es un proceso que puede tomar varios días.

Los dispositivos requieren un suministro de corriente eléctrica regulado y garantizado, así como un entorno estable en términos de temperatura.

“Por lo general están respaldados con plantas de luz de emergencia o a diésel por si hay un apagón. Si fallan y se calientan, se echa a perder todo lo que está adentro”, explicó William Lee Alardín.

La UNAM esperará la respuesta de las autoridades federales y de la CDMX para iniciar con la etapa de planeación y poner a disposición los equipos.

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