Cineastas buscan apoyo para un documental sobre la lucha de indígenas contra la soya transgénica
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¿Qué les pasó a las abejas?

Cineastas buscan apoyo para un documental sobre la lucha de indígenas contra la soya transgénica

Con el proyecto '¿Qué les pasó a las abejas?' su objetivo es narrar la lucha de indígenas mayas para que la ley prohíba de manera definitiva la siembra de soya transgénica; los cineastas utilizan la plataforma KICKSTARTER para buscar ayuda y cubrir las necesidades principales de una producción.
¿Qué les pasó a las abejas?
Por Redacción Animal Político
4 de diciembre, 2016
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¿Qué les pasó a las abejas? es un proyecto documental sobre las comunidades mayas y la lucha que sostienen para que la ley prohíba de manera definitiva la siembra de soya transgénica. Los pesticidas utilizados para el cultivo de este producto han causado un impacto directo en la apicultura y el medio ambiente de la región.

A través de “Kickstarter” los realizadores abrieron un proyecto para recaudar los fondos necesarios para la  producción de este documental, y hasta el momento han logrado reunir 43,345 pesos de los 120,000 que tienen por meta.

Adriana Otero, directora y productora del proyecto, aseguró que el documental es una forma de “apoyar el movimiento maya que lucha a favor de los derechos territoriales y humanos, los cuales han sido violados en repetidas ocasiones por malos manejos de las autoridades federales y de empresas como Monsanto”.

Lo anterior a pesar de que en noviembre de 2015, la Suprema Corte de Justicia de la Nación falló a favor de las comunidades mayas para prohibir la siembra de esta soya mientras se hacía una consulta indígena (la cual debió haber sido previa), pero aun así se sigue sembrando soya transgénica sin que las autoridades hagan nada.

La idea de hacer este documental surgió hace más de un año cuando su maestra de cine, la directora María Inés Roqué, le mostró una nota periodística sobre lo que estaba ocurriendo en Campeche con el tema de las abejas.

“Era una noticia sobre un apicultor campechano de nombre Gustavo Huchín que estaba solicitando firmas por medio de la plataforma CHANGE.ORG para exigirle a la Suprema Corte de Justicia que pararan el permiso de la siembra de soya transgénica y salvar la selva maya. Me sorprendió la visión y compromiso de Don Gustavo y siendo documentalista me pareció que sería una gran historia por contar”.

Fue así como ella en alianza con un pequeño equipo de cineastas independientes, yucatecos y campechanos, con experiencia en el campo del periodismo y cine documental, se unieron para realizar este documental.

El equipo de producción lo conforman: Maricarmen Sordo (Cinefotógrafa), Alberto Palomo (Sonidista y compositor musical), Juan Cervera (Productor en línea), Robin Canul (Director y fotógrafo) y Adriana Otero (Director y Productor general).

“En el equipo de rodaje de esta película coincidimos en producir el documental como una estrategia de cambio y acción ciudadana. Nuestro objetivo es dar a conocer a los mexicanos y al público extranjero lo que sucede en el sureste del país, en la Península de Yucatán.

De acuerdo con Adriana Otero financiar el documental es una forma de solidarizase con las comunidades indígenas, su lucha y la preservación del patrimonio biocultural de los ciudadanos.

De allí que hayan buscado a la plataforma KICKSTARTER, para que los ayuden a cubrir las necesidades principales para una producción cinematográfica de calidad.

“Estamos hablando de un proceso legal histórico para el pueblo maya, por lo tanto el apoyar la producción de esta película es apoyar la temática, es aliarse a las comunidades en su lucha para poder compartir esta experiencia de organización y resistencia con otros pueblos indígenas que atraviesan por procesos similares, es unirse a la defensa de un medio ambiente sano y visibilizar la forma en la que las autoridades federales tratan este tipo de situaciones que tienen que ver con la preservación de patrimonio biocultural de los ciudadanos”.

Si quieres conocer más sobre este proyecto y ayudar puedes hacerlo aquí, aún quedan 20 días para lograrlo.

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¡Salta el cráter si hay más bombardeos!: la feroz batalla dentro de la última línea de defensa de Járkiv

El periodista de la BBC Quentin Sommerville, acompañado del camarógrafo Darren Conway, llegaron al frente de batalla de la ciudad de Járkiv, en el este de Ucrania.
18 de marzo, 2022
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La segunda ciudad de Ucrania, Járkiv, ha sido el objetivo constante de los ataques rusos durante tres semanas. Quentin Sommerville, de la BBC, y el camarógrafo Darren Conway informan desde la línea del frente donde las tropas ucranianas continúan repeliendo el avance enemigo.

Entramos en la casa por donde solía estar la puerta trasera. Ahora solo hay una cortina que se mueve con el viento helado. Los propietarios, desaparecidos hace mucho tiempo, podían ver desde ahí las ricas tierras de cultivo al norte de Járkiv, pero gran parte de esas tierras también están irreconocibles.

En la cochera, junto a una patineta abandonada, hay una docena de cajas vacías de algunas de las mejores armas antitanques del mundo. Un soldado ruso muerto yace boca abajo en el jardín delantero.

La casa se ha convertido en una base de primera línea, y las cajas usadas son un indicativo de que los soldados han peleado aquí por sus vidas: una pelea por la independencia de Ucrania.

Hemos obtenido un acceso excepcional al ejército ucraniano que, después de tres semanas de duros combates, sigue firme en las afueras de Járkiv, impidiendo que las fuerzas rusas capturen la segunda ciudad más grande de Ucrania.

Bombardeos constantes

“¿Quieres ir más adelante?”, pregunta Yuri, un comandante del 22º Batallón de Infantería Motorizada del ejército ucraniano, señalando las ruinas de dos vehículos blindados de transporte de personal rusos y las piezas destrozadas de dos de sus tanques.

El batallón se reconstituyó en 2014 después de que Rusia invadió Crimea y respaldó a los separatistas de Donbas.

“Usaron drones, aviones, helicópteros de ataque, todo”, dice Yuri, mientras se oyen proyectiles rusos retumbando, golpeando las carreteras cercanas y los bloques de apartamentos.

La zona de un ataque en Járkiv

BBC
El lugar de un ataque de cohetes rusos Grad (múltiples cohetes lanzados en rápida sucesión) en un vecindario residencial.

Los rusos han seguido atacando y han sido repelidos muchas veces. En su frustración por fallar en su entrada, bombardean día y noche la ciudad, que alguna vez fue el hogar de 1,4 millones de personas.

El suelo está batido y el lodo espeso succiona las botas. Una mirada hacia atrás muestra las estructuras en ruinas de la hilera de casas por las que acabamos de pasar. Los jardines suburbanos se han convertido en campos de batalla como en el pasado de Europa.

“Los primeros tres días fueron los peores. Estaba lloviendo, estábamos cubiertos de barro, parecíamos cerdos”, dice Olexander, de 44 años, que está parado cerca.

Junto a uno de los vehículos blindados de transporte de personal destruidos -en el que su marca Z ya se ha desvanecido- hay un gran cráter de unos 6 m de ancho. El primer día de la invasión, el 24 de febrero, un ataque ruso mató a seis soldados ucranianos en este mismo lugar. Muchos más murieron aquí desde entonces, pero las cifras oficiales no se han publicado.

Un cráter de una bomba rusa en Járkiv

BBC

Una bota militar verde se alza sobre el borde del cráter, un cadáver ruso más allá. Un gran cuervo negro se sienta cerca, imperturbable por el rugido de los bombardeos y los cohetes Grad desde las posiciones rusas.

Los hombres aquí pueden decirte la fecha y la hora precisas en que llegaron al frente, lo que implica que si no estuviste aquí los primeros tres días, no conociste el combate real. “¡Salta al cráter si hay más bombardeos!”, dice Uri.

“Si pasan por aquí, entrarán en Járkiv”

Constantine, de 58 años, fue piloto de la fuerza aérea ucraniana hasta que se jubiló y se convirtió en periodista. Ahora está de vuelta al frente, camina cojeando y usa un palo de escoba roto como apoyo. La metralla rusa hirió su pierna, pero se niega a abandonar el frente.

“Esta es la última línea de defensa de la ciudad, si pasan por aquí, entrarán en Járkiv. Esta carretera te lleva desde Rusia hasta el corazón de la ciudad”, dice.

Olexander

BBC
Olexander, de 44 años, estaba luchando en Donbás.

Resuena un bum y un zumbido cuando un misil guiado por cable vuela justo sobre nuestras cabezas. Entramos en el cráter. El proyectil golpea cerca de la carretera, un gasoducto estalla en llamas.

Mientras nos refugiamos, un soldado de reconocimiento con una cinta azul en el casco nos dice que nos quedemos abajo. Roman tiene 34 años, aunque bromea diciendo que tenía 24 cuando comenzó la guerra hace tres semanas.

Dice que los rusos no se mostrarán ahora: “Son gallinas. Responderemos bien y de forma apropiada”. Se detiene y quiere un selfie. Más tarde nos enteramos de que transportó los cadáveres de sus compañeros caídos en su propio vehículo desde el frente hasta la morgue de la ciudad.

Cuando nos vamos, Constantine atrapa algo en el aire: un alambre de cobre delgado, que se extiende por millas. Sirvió para guiar el misil ruso que acaba de pasar sobre nuestras cabezas.

Nos espera Olexander, de 44 años, de la cercana región de Poltava. Ha estado con la unidad desde su fundación y ha luchado en Donbás.

“Esto es mucho peor”, dice. “Durante los primeros tres días, no podíamos entender lo que estaba pasando. Estábamos perdidos y no podíamos creer lo que sucedía. Pero después de eso nos recuperamos y nos mantenemos firmes y mantendremos nuestras posiciones”, agrega.

Un edificio habitacional dañado por un bombardeo en Járkiv

BBC

Le pregunto por qué está peleando. Se ríe y responde: “Por una Ucrania libre, por mi familia y por ustedes también. Por nuestra independencia y por la paz”.

“Resistan”

Yuri, el comandante, nos lleva de regreso al bloque de apartamentos de la era soviética aún habitados. Rusia dice que vino a Ucrania para desmilitarizar el país, pero aquí vemos lo que eso significa para los civiles. Un bloque de 20 pisos sigue humeando por un ataque ruso, fue hace dos días, según Yuri.

El número oficial de muertes de civiles en Járkiv se situó en 234, incluidos 14 niños, hasta el 16 de marzo. Los últimos días han sido duros, como se nos recordó en un instante.

Una ráfaga de cohetes rusos Grad cayó sobre el vecindario, golpeando a solo unos metros de distancia. Los soldados que nos rodeaban se habían puesto a cubierto y estaban ilesos.

En el mismo complejo de viviendas viven los esposos Svitlana y Sasha. Svitlana tiene 72 años y nos da la bienvenida a su casa, diciendo que no han hablado con nadie en semanas. “Nos alegra que hayas venido”, dice.

Svitlana

BBC
Svitlana. de 72 años, y su marido duermen dos horas por noche en su piso dañado por una bomba.

Su edificio ya ha sido atacado, las ventanas traseras ya no están y duermen en sofás. Descansan unas dos horas por noche, pues el bombardeo es implacable. “Cuando se detiene, es como la primavera”, dice.

Le pregunto si tiene un mensaje para Vladimir Putin. “No”, responde con firmeza. “Me parece que este hombre ya ha perdido la cordura y no piensa con claridad. Porque un humano cuerdo no puede hacer algo así: bombardear a ancianos, niños, jardines de infantes, escuelas, hospitales. Él no entendería lo que digo”.

Pero luego, cuando le pregunto por los hombres que no están lejos de su casa y que defienden la ciudad, llora. “Sí, les estoy muy agradecida por proteger su patria. Resistan muchachos. Siempre los apoyaremos. Son tan valientes, tanto los chicos como las chicas”.

Un soldado ucraniano

BBC

Todavía hay cientos de miles de personas viviendo en Járkiv, a pesar de los bombardeos. Si Rusia y Ucrania son hermanos, como profesa el Kremlin, entonces esto es un fratricidio.

Cuando salimos del vecindario, gran parte está encendido. La furia de Rusia con esta ciudad se ve y se escucha. Por la noche, todo Járkiv está cubierto por una nube de humo, el incesante golpeteo de las armas continúa, pero los defensores aún mantienen al enemigo alejado de las puertas de la ciudad.


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