¿Por qué los delitos quedan impunes en la CDMX? Policías narran qué pasa en los MP
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Cuartoscuro

¿Por qué los delitos quedan impunes en la CDMX? Policías narran qué pasa en los MP

El exceso de casos, las largas jornadas y la burocracia para realizar su trabajo dificultan a los policías de investigación de la capital avanzar en los casos; solo un 20% de éstos se resuelven.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
26 de diciembre, 2016
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En mayo pasado, Guillermo y Eduardo circulaban por Iztapalapa y un vehículo les cerró el paso. Parecía un incidente de tránsito cualquiera pero los conductores del otro auto llevaban armas y les dispararon. Ambos fallecieron. Lo único que se sabe, gracias a la investigación de sus familiares, es la descripción física de los agresores: son regordetes y pelones.

Los fallecidos eran cuñados de Heriberto Vital, un policía de investigación con 19 años de experiencia. A diferencia de un ciudadano común, él sabe perfectamente por qué el caso sigue impune: no hay una verdadera investigación.

En la Ciudad de México existe una estructura dedicada a la atención de víctimas del delito, desde el Ministerio Público hasta peritos, policías de investigación y jueces, pero no funciona como debería.

Un policía de investigación –dependiente de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal– recibe seis carpetas de investigación en promedio por día. Esto significa que en una semana tiene 30 casos. En una sola agencia del ministerio público acumula 2 mil 600 carpetas en 2016 y sólo hay 30 policías dedicados a esclarecer los casos.

Aunque existen 2 mil 990 policías de investigación, su tiempo no está dedicado cien por ciento a la investigación. Cada tercer día deben patrullar por las colonias durante 12 horas, aunque los encargados de esto sean los policías de la Secretaría de Seguridad Pública (SSPDF).

Para tener derecho a descansos semanales deben cumplir con la cuota de al menos una detención en flagrancia por mes. Eso, dice Vital, es “casi imposible porque un asaltante no va a robar cuando ve una patrulla”, pero si se niegan a la “orden”, pueden incluso ser arrestados por 24 o 48 horas.

Además, también son enviados a actos multitudinarios como juegos de futbol, conciertos o manifestaciones, aunque “no sabemos cómo reaccionar ante la multitud porque no estamos capacitados para eso”, dice Heriberto Vital.

Largas jornadas

El horario de los policías de investigación está conformado por diferentes esquemas: pueden tener turnos de “guardia” con 24 horas de labores continuas; franca o de descanso de 24 horas e “imaginaria”, que son 12 horas de trabajo por 12 de descanso. Ello sin un rol fijo, sino a discreción de los mandos.

Aunque un aumento de salario sería bienvenido, dicen, lo que buscan son horarios de trabajo legales. Según la Ley Federal del Trabajo, la jornada laboral es de ocho horas, “pero nosotros trabajamos 12 diarias y si el mando está de malas, trabajamos más”, dicen los policías.

“El ciudadano nunca va a tener justicia si la Procuraduría no tiene bien a sus empleados”, dice Heriberto. Tener mejores condiciones laborales no sólo beneficiaría a los policías sino a la sociedad. “Si hay más personal, las investigaciones pueden avanzar. Si hay patrullas con gasolina podemos acudir rápido”.

En el día de “oficina” trabajan de 9 de la mañana a 9 de la noche y las condiciones no son mejores. Álvaro Oropeza ha sido policía de investigación durante 13 años y explica que en todos los lugares que ha trabajado las carencias se repiten.

Deben gastar 240 pesos mensuales para comprar sus propias hojas y poder imprimir sus informes. El mantenimiento de las seis patrullas que tienen en una agencia y la gasolina que consumen también es solventado de su bolsa. Sólo les dan 30 balas al año y pagan la renta mensual de 800 pesos para dos equipos celulares con internet cuando están en la calle haciendo labores de investigación.

Después de meses de escritos y quejas, recibieron tres computadoras nuevas, pero con una memoria que no es capaz correr el software donde registran las entrevistas con las víctimas y los avances de los casos. “A veces se traba y hay que esperar a que funcione mientras estamos tomando las declaraciones”, dice Álvaro Oropeza.

Hace dos años recibieron un traje, porque es obligatorio usar pantalón de vestir en la oficina y hace 10 años recibieron dos corbatas. Recién les entregaron un comando (uniforme negro para los operativos), pero a la mayoría no les quedó. Cuando reclamaron, sus mandos respondieron ‘o lo tomas o lo dejas’.

Durante la investigación de los casos, hasta para pedir antecedentes penales, datos de dueños de las placas de automóviles, hay que cumplir con trámites burocráticos que al menos tardan 15 días.

A veces hay que revisar ocho horas de videos para conseguir algunos datos, pero las cámaras instaladas en la ciudad ni siquiera permiten hacer acercamientos, lo que obviamente dificulta la identificación de personas. “Cuando alguien viene a preguntar cómo va su caso, ¿qué le decimos? Pues no, no hay avances, porque no podemos avanzar”, reconoce Oropeza.

Del total de los casos recibidos en una Agencia del Ministerio Público, se puede resolver 20%, pero gracias a otros elementos como la detención de algún presunto delincuente que es presentado en medios de comunicación, la gente los reconoce y denuncia. Con eso se arma el caso y se esclarecen.

Una detención puede esclarecer el modus operandi y establecer la relación con otros casos. Llaman a las víctimas y si los identifican el detenido es presentado ante el juez con una carpeta de investigación sustentada. Pero en otros casos, dicen, la gente desiste de la denuncia por miedo a represalias, porque también saben que los jueces pueden ser corruptos y dejar en libertad a los acusados.

Un policía de investigación gana entre 12 y 17 mil pesos mensuales, pero debe descontar gastos para todo lo que necesitan, desde material de oficina hasta el pago de licencias de conducir o multas por superar los límites de velocidad. Uno de los comandantes que prefirió no dar su nombre, pagará 3 mil 500 pesos de multas “por trabajar, cuando hay una emergencia hay que salir corriendo, pero aún así hay que pagar las multas”.

Además de eso, los policías cargan con el estigma que algunos de sus compañeros han forjado: la corrupción. Como en todos lugares, dicen, hay buenos y malos elementos. Los policías consultados reconocen que algunos de sus compañeros son corruptos, pero “no somos todos”, dicen.

“Yo estuve cinco años en antisecuestros. Gracias a Dios nunca me mataron a ninguna víctima. Uno tiene que aprender muchas cosas estando en un área así para resolver los casos”, dice un comandante. Insiste, hay quienes sí hacemos nuestro trabajo. 

Denuncias a la baja 

La Agencia del Ministerio Público de la delegación Gustavo A. Madero parece un edificio abandonado. Al entrar, en el estacionamiento hay autos chocados, implicados en delitos pero que no han sido investigados. Cuando alguien quiere denunciar debe preguntar a quien vea cerca dónde está el Ministerio Público, porque ni siquiera hay un letrero de orientación.

Los policías tienen un altar a San Judas Tadeo puesto sobre un destartalado escritorio gris. Las oficinas tienen la pintura descarapelada. Sólo hay sillas para quienes trabajan ahí y, esta vez, están unos minutos sin luz, quien sabe por qué. Sólo se  escucha una voz masculina gritar desde fuera: ‘guarden lo que estén haciendo en la computadora, se va a bajar la luz’.

Quien llega a denunciar un delito puede tardar hasta cuatro horas. Rinde declaración ante el Ministerio Público y en algunas ocasiones también es interrogado por los policías de investigación.

El trato no siempre es bueno. Será por eso que los delitos no se denuncian. De acuerdo con el Reporte del Índice Delictivo de la Ciudad de México (RINDE), elaborado por el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México, la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal y la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, las denuncias de delitos han bajado en los últimos cinco años.

Los delitos con violencia pasaron de 146.5 diarios en promedio en 2011 a 88.1 en 2015. Sin embargo, según el Instituto de Geografía y Estadística (INEGI) se cometen diez mil delitos diarios en la Ciudad de México.

Esto significa que la cifra negra (los delitos que suceden pero no llegan a averiguaciones previas) es superior. Se ubica en 94.7%, esto significa que sólo 5.3% de los delitos se denuncia, según la Encuesta Nacional de Victimización sobre la Seguridad Pública (ENVIPE) sobre la desconfianza en las instituciones.

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La Mona Lisa: el detalle oculto que revela un nuevo significado del cuadro de Leonardo da Vinci

La pintura de 1503 de Leonardo da Vinci es la obra de arte más famosa del mundo. Kelly Grovier explora un objeto que suele ser pasado por alto y que ofrece una perspectiva diferente de la obra maestra.
2 de marzo, 2021
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Museo del Louvre

Getty Images
La Gioconda es una de las joyas del Museo del Louvre en París.

Algunas cosas son tan obvias que nunca las notas.

Y eso ocurre en una imagen omnipresente como la Mona Lisa.

El inagotable retrato de Leonardo da Vinci de 1503 protagonizado por Lisa del Giocondo, mujer de 24 años, madre de cinco hijos y esposa de un rico comerciante de seda florentino, es sin duda la obra de arte más famosa del mundo.

Sin embargo, ¿cuántos de nosotros hemos notado alguna vez conscientemente el objeto del cuadro que está más cerca de nosotros que cualquier otro: la silla en la que se sienta la misteriosa mujer?

No importa que sea lo único que la modelo de Leonardo agarra con su mano (literalmente todos los dedos de su mano la tocan o señalan), la silla seguramente debe ser el aspecto que más pasa desapercibido de una pintura que ha sido sobreobservada.

Escondida a simple vista, también puede ser la flecha que nos señala el camino hacia los significados más profundos de la obra.

Más allá de la sonrisa

Durante siglos, nuestra atención se ha centrado en gran medida en otro lugar en el pequeño panel de óleo sobre álamo (77×53 centímetros) que Da Vinci nunca terminó por completo y con el que se cree que continuó jugando obsesivamente hasta su muerte en 1519.

Museo del Louvre

Getty Images
La Gioconda es una de las obras más vistas y fotografiadas, pero aún guarda muchos misterios.

La preocupación por la sonrisa inescrutable de Mona Lisa es casi tan antigua como la pintura, y se remonta al menos a la reacción del legendario escritor e historiador renacentista Giorgio Vasari, que nació pocos años después de que Da Vinci comenzara a trabajar en la imagen.

“La boca, con su abertura y sus puntas unidas por el rojo de los labios a los tintes de la carne del rostro”, observó Vasari en sus célebres “Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos”.

“Parecían, en verdad, no ser colores sino la propia piel (…) en el fondo de la garganta, si uno lo miraba con atención, se podía ver el latido del pulso”.

Y concluyó: “En esta obra de Leonardo, había una sonrisa tan agradable que era algo más divino que humano de contemplar, y se consideraba como algo maravilloso, en el sentido de que era algo vivo”.

El fascinante misterio de la sonrisa de Mona Lisa y de cómo Leonardo la aprovechó mágicamente para crear “algo más divino que humano” y, sin embargo, “nada más y nada menos que con vida” resultaría ser demasiado intenso para muchos.

La Gioconda

Getty Images
La sonrisa es lo más estudiado, pero sus manos también guardan secretos.

El crítico de arte francés del siglo XIX Alfred Dumesnil confesó encontrar la paradoja de la pintura completamente paralizante.

En 1854, afirmó que la “sonrisa está llena de atracción, pero es la atracción traidora de un alma enferma que retrata locura”.

“Esta mirada, tan suave pero ávida como el mar, devora”.

Si hay que creer en la leyenda, la “atracción traicionera” de la sonrisa irresoluble de la Mona Lisa consumió también el alma de un aspirante a artista francés llamado Luc Maspero.

Según el mito popular, Maspero, quien supuestamente terminó sus días al saltar desde la ventana de su habitación de hotel en París, fue conducido a una distracción destructiva por los susurros mudos de los labios absortamente alegres de la Gioconda.

“Durante años he luchado desesperadamente con su sonrisa”, se dice que escribió en la nota que dejó. “Prefiero morir”.

Las manos y los párpados

Sin embargo, no todo el mundo se ha contentado con localizar el centro de la mística magnetizante de la Mona Lisa en su enigmática sonrisa.

El escritor victoriano Walter Pater creía que era la “delicadeza” con la que se pintan sus manos y párpados lo que nos paraliza e hipnotiza haciéndonos creer que la obra posee un poder sobrenatural.

“Todos conocemos el rostro y las manos de la figura”, observó en un artículo sobre Da Vinci en 1869, “en ese círculo de rocas fantásticas, como en una tenue luz bajo el mar”.

Pater procede a meditar sobre la Mona Lisa de una manera tan singularmente intensa que en 1936 el poeta irlandés William Butler Yeats se vio obligado a tomar una frase de la descripción de Pater, dividirla en versos libres e instalarlos como poema de apertura en el Oxford Book of Modern Verse que Yeats estaba compilando entonces.

El pasaje que Yeats no pudo evitar replicar comienza: “Es más vieja que las rocas entre las que se sienta; como el vampiro, ha muerto muchas veces y ha aprendido los secretos de la tumba; se ha sumergido en mares profundos, y guarda sus últimos días en torno a ella; traficó por redes extrañas con comerciantes orientales, y, como Leda, era la madre de Helena de Troya, y, como Santa Ana, la madre de María; y todo esto fue para ella como un sonar de liras y flautas “.

El retrato “vive”, concluye Pater, “en la delicadeza con que ha moldeado los rasgos cambiantes y teñido los párpados y las manos”.

Manos de la Gioconda

Getty Images
Todos los dedos de la Mona Lisa o tocan la silla o la señalan.

La descripción de Pater aún asombra. A diferencia de Dumesnil y del desafortunado Maspero antes que él, Pater ve más allá de la trampa seductora de la sonrisa del retrato.

Se fija en una vitalidad más grande que se filtra como desde lo más profundo de la superficie.

Al argumentar que la pintura representa una figura suspendida en una incesante lanzadera entre el aquí y ahora y algún reino de otro mundo que se encuentra más allá, Pater señala la esencia mística del atractivo perenne del cuadro: su sentido surrealista de flujo eterno.

Al igual que Vasari, Pater es testigo de una presencia que late y respira -“características cambiantes”- que trasciende la materialidad inerte del retrato.

El agua

La clave de la fuerza del lenguaje de Pater es la insistencia en las imágenes acuáticas que refuerzan la fluidez del ser esquivo de la modelo (“luz tenue bajo el mar”, “sumergida en mares profundos” y “traficó… con comerciantes orientales”), como si la Mona Lisa fuera una fuente inagotable de agua viva, una ondulación interminable en los remolinos sin fin del tiempo.

Quizás lo sea. Hay motivos para pensar que tal lectura, que ve a la modelo como un manantial de eterno resurgimiento que cambia de forma, es precisamente lo que pretendía Leonardo.

Flanqueado a ambos lados por cuerpos de agua que fluyen y que el artista coloca ingeniosamente de tal manera que sugiere que son aspectos del ser mismo de su modelo, el sujeto de Da Vinci tiene una cualidad extrañamente submarina que se acentúa con el vestido verde algas.

La Mona Lisa usa una segunda piel anfibia que se vuelve más turbia y oscura con el tiempo.

La silla pozzetto

Al girar su mirada ligeramente hacia la izquierda para encontrarse con la nuestra, la Mona Lisa no está sentada en cualquier banco o taburete viejo, sino en la conocida popularmente como silla pozzetto.

Con el significado de “pozo pequeño”, el pozzetto introduce un sutil simbolismo en la narración que es tan revelador como inesperado.

Detalle de la cara de la Mona Lisa

Getty Images
La Mona Lisa es un paisaje en sí misma, dicen algunos expertos.

De repente, las aguas que vemos serpenteando con un movimiento laberíntico detrás de la Mona Lisa (ya sea que pertenezcan a un paisaje real, como el valle del río italiano Arno, como creen algunos historiadores, o enteramente imaginarias, como sostienen otros) ya no están distantes y desconectados de la modelo, sino que son un recurso esencial que sustenta su existencia. Literalmente fluyen hacia ella.

Al situar a la Mona Lisa dentro de un “pozo pequeño”, Da Vinci la transforma en una dimensión siempre fluctuante del universo físico que ocupa.

Martin Kemp, historiador del arte y destacado experto en Da Vinci, también ha detectado una conexión fundamental entre la representación de la Mona Lisa y la geología del mundo que habita.

“El artista no estaba retratando literalmente el Arno prehistórico o futuro”, afirma Kemp en su estudio “Leonardo: 100 hitos (2019)”, “sino que estaba dando forma al paisaje de la Mona Lisa sobre la base de lo que había aprendido sobre el cambio en el ‘cuerpo de la Tierra’ para que acompañara a las transformaciones implícitas en el cuerpo de la mujer como un mundo menor o microcosmos”.

La Mona Lisa no está sentada frente a un paisaje. Ella es el paisaje.

El significado del pozo

Al igual que con todos los símbolos visuales empleados por Leonardo, la silla pozzetto es multivalente y sirve más que simplemente para vincular a la Mona Lisa con la conocida fascinación del artista por las fuerzas hidrológicas que dan forma a la Tierra.

La sutil insinuación de un “pocito” en la pintura como el canal a través del cual la Mona Lisa emerge a la conciencia reposiciona la pintura por completo en el discurso cultural.

Este ya no es un retrato simplemente secular, sino algo espiritualmente más complejo.

Las representaciones de mujeres “en el pozo” son un elemento básico a lo largo de la historia del arte occidental.

Cristo y la Samaritana, de Duccio di Buoninsegna (1310-1311)

Getty Images
El símbolo del pozo es habitual, como en la obra “Cristo y la Samaritana”, de Duccio di Buoninsegna (1310-1311)

Las historias del Antiguo Testamento de Eliezer encontrándose con Rebeca en un pozo y de Jacob con Rachel en el pozo se hicieron especialmente populares en los siglos XVII, XVIII y XIX, ya que todos, desde Bartolomé Esteban Murillo hasta Giovanni Antonio Pellegrini, de Giovanni Battista Tiepolo a William Holman Hunt, probaron suerte con estas narraciones.

Además, las representaciones apócrifas de la Anunciación en el Nuevo Testamento (el momento en que el arcángel Gabriel informa a la Virgen María que dará a luz a Cristo) junto a un manantial fueron habituales entre los ilustradores de manuscritos medievales, e incluso pueden haber inspirado el retrato más antiguo que sobrevive de María.

Como emblema infinitamente elástico, como sugiere Walter Pater, la Mona Lisa es sin duda capaz de absorber y reflejar todas esas resonancias y muchas más. No hay nadie que ella no sea.

“Agua viva”

Pero quizás el paralelo más pertinente entre la Mona Lisa de Da Vinci y los precursores pictóricos es uno que se puede dibujar con las muchas representaciones de un episodio bíblico en el que Jesús se encuentra en un pozo manteniendo una conversación críptica con una mujer de Samaria.

La Gioconda

Getty Images
El agua es un elemento fundamental para entender la Mona Lisa, la gran obra de Leonardo Da Vinci.

En el Evangelio de San Juan, Jesús hace una distinción entre el agua que se puede extraer del manantial natural -agua que inevitablemente dejará a uno “sediento”- y el “agua viva” que él puede proporcionar.

Mientras el agua de un pozo sólo puede sostener un cuerpo perecedero, el “agua viva” es capaz de saciar el espíritu eterno.

Las notables representaciones de la escena del pintor italiano medieval Duccio di Buoninsegna y del maestro renacentista alemán Lucas Cranach el Viejo tienden a sentar a Jesús directamente en la pared del pozo, lo que sugiere su dominio sobre los elementos fugaces de este mundo.

Sin embargo, al colocar a su modelo metafóricamente dentro del pozo, Da Vinci confunde la tradición y sugiere, en cambio, una fusión de los reinos materiales y espirituales, una difuminación del aquí y del más allá, en un plano compartido de creación eterna.

En la apasionante narrativa de Da Vinci, la Mona Lisa es ella misma una milagrosa ola de “agua viva”, serenamente contenta al ser consciente de su propia e intensa infinitud.

Lee la historia original en inglés en BBC Culture.


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