Tras décadas de empujones, 4 estudiantes de la UNAM enseñan a capitalinos cómo entrar al Metro
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Tras décadas de empujones, 4 estudiantes de la UNAM enseñan a capitalinos cómo entrar al Metro

El proyecto consta de líneas de vinil pegadas en el andén del Metro de la CDMX, que señalan dos zonas de espera en los costados de las puertas y una salida para quienes bajan del vagón.
Cuartoscuro Archivo
Por Diana Delgado/MásporMás
18 de diciembre, 2016
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En un principio todo mundo hizo caso de las líneas en el piso de la estación del Metro Balderas que indicaban dónde habría que esperar la llegada del tren sin estorbarle la salida a nadie.

Tan sorprendente fue la imagen de la gente formada que se volvió viral en redes sociales y, tras una semana, las filas se han descompuesto un poco, pero funcionan.

Después de varios años de empujones en el Metro, dos estudiantes de doctorado en Matemáticas, un especialista en sistemas computacionales de la UNAM y una diseñadora idearon un diagrama para enseñarle a los capitalinos cómo usar el Metro.

Gustavo Carreón, Jorge Zacatecatl, Carlos Gershenson y Tania Pérez, pusieron en marcha el proyecto en el que usaron modelos hechos por computadora para reorganizar a quienes se mueven por la estación.

Una explicación científica

La idea de su propuesta se basa en el manejo de “flujos” —en este caso de gente— que en el Metro de la ciudad son dos muy evidentes: de entrada y de salida. El problema ocurre cuando estos flujos se encuentran y se bloquean el uno al otro, sostiene Gustavo Carreón, aspirante a doctor en Matemáticas por la UNAM.

La tarea de los matemáticos fue evitar que esos flujos se bloquearan y canalizarlos para que circulen sin interrupción.

De esta manera pusieron en marcha, desde la semana pasada, el piloto de este proyecto llamado “Ascenso y descenso eficiente en vagones del Metro” y que fue ganador del premio a la Innovación Tecnológica Ing. Juan Manuel Ramírez 2014.

La idea ha causado tanto revuelo, que especialistas en transporte público como Víctor Alvarado, de la organización El Poder del Consumidor, sostienen que el proyecto ha demostrado su funcionalidad y debería implementarse en las estaciones más saturadas como Pino Suárez, Pantitlán, San Lázaro e Insurgentes.

“Es un modelo que a largo plazo debe aplicarse por completo en el Sistema para optimizar el funcionamiento de todas las líneas en todo su recorrido”, dice.

Ahorrando tiempo

El proyecto piloto consta de líneas de vinil pegadas en el andén que señalan dos zonas de espera en los costados de las puertas y una salida para quienes bajan del vagón.

Lo ideal es que cuando llegue el tren y las puertas se abran se creen tres flujos que agilicen el ascenso y descenso, eviten el bloqueo de puertas y con ello las pérdidas de segundos que al término del recorrido se convierten en retrasos de minutos.

“De manera regular las puertas se abren entre 15 y 20 segundos, pero en horas pico se pierden otros segundos porque las personas se aglomeran en las puertas, insisten en entrar y bloquean los accesos. Si sumamos todos esos periodos en un viaje y se multiplica por la cantidad de trenes que están en servicio, tenemos incluso minutos que se perdieron por retrasos”, explica Gustavo Carreón, titular del proyecto.

Antes de implementar el proyecto, tardaron dos años en analizar grabaciones para conocer el comportamiento de los usuarios. Incluso, ahora que está en marcha, se sigue videograbando, entre 6:00 y 10:00 horas, a los usuarios para documentar cómo reaccionan a la propuesta.

Con estas observaciones se podrá saber con exactitud cuánto tiempo más se puede ahorrar si el ascenso y descenso se hace de manera ordenada.

En esta etapa piloto se invirtieron alrededor de 20 mil pesos y Tania Pérez fue la diseñadora de los materiales que se utilizaron en la estación Balderas.

Funcionamiento incierto

Una semana después de que se puso en marcha el piloto hay usuarios que aún se resisten a abordar el tren de forma ordenada. En diversos recorridos hechos por Máspormás se encontró gente que no acepta recorrerse ni respeta la señalización propuesta por los estudiantes de la UNAM.

“Todavía hay gente que aunque se le diga que se recorra no lo hace, pero en la mayoría de los casos hay aceptación, incluso nos sorprendió que el primer día de aplicación la gente hiciera filas, nosotros pensamos en cúmulos pero formarse es más efectivo”, dice Gustavo Carreón.

Especialistas ajenos a la investigación coincidieron en que la medida experimental debe aplicarse en todo el Sistema de Transporte Colectivo Metro, para mejorar las condiciones del servicio.

“Es una buena alternativa, pero debe ir acompañada de un mecanismo que aliente al usuario a generar un control al interior de la estación. Ya tenemos un mecanismo externo, ahora se necesita hacer conciencia en los usuarios que se tienen que recorrer y acomodarse para no entorpecer la circulación”, recomienda Víctor Alvarado, de El Poder del Consumidor.

El experto en transporte eficiente considera que la aplicación debe ser gradual y asemejó el proceso con la separación de los vagones para mujeres, que pasó de ser una prueba a un programa bien establecido.

“Se trata de un trabajo en fases, tanto para dar tiempo a la instalación como a que los usuarios se acostumbren”, dice.

En cifras:

2 semanas durará la prueba piloto de este proyecto para reoganizar el Metro.
2 años tardaron en hacer los cálculos necesarios para idear la estrategia.
4 estaciones, las más saturadas, serían susceptibles de aplicar la medida.

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Quiénes eran las Panteras Negras, el grupo radical de los años 60 en EU que aún tiene integrantes en prisión

La Corte Suprema de Nueva Jersey anunció esta semana que otorgaba la libertad condicional a Sundiata Acoli, el exintegrante de las Panteras Negras de mayor edad que aún queda en la cárcel. El grupo de izquierda reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense en los 60.
15 de mayo, 2022
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Por casi medio siglo, ha vivido detrás de la rejas en una prisión de Nueva Jersey. Ahora, a sus 85 años, volverá a respirar la libertad.

La Corte Suprema de ese estado anunció esta semana que decidió liberar a Sundiata Acoli, el exintegrante de mayor edad de las Panteras Negras que aún queda en la cárcel. Se trata del controvertido grupo de izquierda que reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense a finales de 1960.

Acoli era elegible para libertad condicional desde hace 29 años, pero cada vez que sus abogados la solicitaron, se le negó.

Fue considerado sistemáticamente una “amenaza pública”, pese a que su salud, los años y diversos reportes médicos y psiquiátricos sugerían lo contrario.

Lo habían condenado a cadena perpetua en 1974, luego de un extraño incidente un año antes en el que un policía terminó muerto.

Acoli viajaba con Assata y Malik Shakur, otros dos integrantes de las Panteras Negras, cuando dos oficiales pararon el carro para una inspección rutinaria en la autopista de peaje de Nueva Jersey: llevaban una luz rota.

Lo que siguió después nunca ha quedado claro: hubo un tiroteo, Malik y un policía murieron, Acoli y otro agente resultaron heridos.

Acoli y Assata huyeron, pero fueron detenidos pocos días después y condenados a pasar el resto de su vida tras las rejas.

En una de las fugas más memorables de las cárceles de Estados Unidos, Assata logró escapar y se refugió años después en Cuba, donde se cree que todavía vive (sigue aún en la lista de los más buscados del FBI).

Acoli ha pasado su vida en la cárcel, pero no es el único.

Al menos 12 miembros del movimiento siguen todavía presos, con condenas que se acercan o superan los 50 años de cárcel.

Sus sentencias son todavía el testimonio de una época controvertida de luchas por los derechos civiles en EU y una muestra de la brechas raciales y sociales de la sociedad en que se generó.

Pero, ¿qué fue este grupo y por qué sigue generando polémica más de medio siglo después?

El partido

Boinas negras y chaquetas de cuero negro, puños cerrados y pistolas en mano… las Panteras Negras crearon su propia moda que era, a la vez, su símbolo.

Propugnaban la autodefensa armada, especialmente contra la policía, y se definían como un “partido socialista” en una época en la que el comunismo era visto como el mayor enemigo de EU.

El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale, quienes se habían hecho conocidos unos años antes por protestar en un acto en California que obvió el legado negro en la colonización del oeste americano.

Huey Newton y Bobby Seale

Getty Images
El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale.

Desde entonces, se habían envuelto en el activismo político pero hubo dos hechos que los llevaron a dar un paso más allá.

En febrero de 1965, fue asesinado el líder de los derechos civiles Malcom X y, un año después, la policía de San Francisco mató a tiros a un adolescente negro desarmado: Matthew Johnson.

Fue entonces cuando decidieron crear el Partido Pantera Negra para la Autodefensa, cuyas principales metas en un inicio eran monitorear las actividades policiales contra las comunidades negras en Oakland y otras ciudades.

Su activismo y carisma muy pronto multiplicaron la popularidad del grupo: del monitoreo pasaron a crear programas sociales, incluyendo desayunos gratuitos para niños o personas con anemia, a la vez que se involucraron en actividades políticas.

En un par de años, las filiales del grupo se habían multiplicado en más de 30 estados.

En su libro Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party, Joshua Bloom y Waldo E. Martin estiman que para 1969 ya tenía más de 5 mil miembros y sus ideas eran populares tanto en comunidades pequeñas como en grandes ciudades, desde Los Ángeles y Chicago hasta Nueva York o Filadelfia.

A diferencia de otros grupos por los derechos civiles de los afroaestadounidenses, las Panteras Negras portaban armas y defendían el derecho a la autodefensa con ellas.

Bloom y Martin señalan en su libro que era una respuesta activa ante la violencia policial que vivía la población negra y que buscaba “empoderar a la comunidad negra frente a un sistema racista”.

Sin embargo, su desafío a las autoridades y su uso de armas fue visto como desafiante y en ocasiones se les describía como pandillas o grupos violentos, algo que sus líderes negaban.

El peligro marxista

Las Black Panthers eran parte de un grupo todavía mayor, el llamado Black Power, que defendía el orgullo negro y la unidad por los derechos de las minorías raciales.

Sin embargo, Newton y Seale no se conformaron con la ideología de esa organización y se basaron en el marxismo.

Creían fervientemente en la “lucha de clases” y pensaban que la organización representaba “la batalla de la vanguardia proletaria contra el capitalismo”.

Fueron estas ideas en las que basaron su plataforma política, a la que llamaron Programa de Diez Puntos, en el que pedían, entre otras cosas, el fin inmediato de la brutalidad policial, empleos para los afroestadounidenses y mayor acceso a tierra, vivienda y justicia para todos.

Su cercanía al marxismo, el enfoque nacionalista negro y una serie de actos violentos que cometieron entonces los pusieron en la mira de las autoridades, en especial del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Edgar Hoover.

El FBI, de hecho, creó un programa secreto de contrainteligencia, COINTELPRO, solo para seguir de cerca a los miembros de las Panteras Negras.

panteras negras

Getty Images

Fue solo el comienzo.

Para 1969, el FBI los declaró una “organización comunista” y “enemiga del gobierno”, y Hoover llegó incluso a considerarlas “una de las mayores amenazas para la seguridad interna de la nación”.

Las rivalidades con la policía

El libro de Joshua Bloom y Waldo E. Martin cuenta cómo la creciente persecución de las autoridades llevó a una rápida radicalización del grupo.

Los enfrentamientos con la policía se hicieron frecuentes y varios agentes murieron en tiroteos que implicaban a las Panteras Negras. El grupo, sin embargo, siempre aseguró que solo usaban las armas como método de autodefensa y que solo respondían a la policía si esta los agredía.

La organización también se volvió un foco de la violencia policial.

En uno de los casos más sonados, en 1969, la policía de Chicago disparó más de 100 tiros a dos miembros del partido que dormían en su apartamento.

panteras negras

Getty Images

Las autoridades aseguraron que había ocurrido un feroz intercambio de disparos, pero luego se demostró que solo una bala provino del arma de uno de miembros del grupo.

En el libro The Black Panther Party , el historiador Charles E. Jones asegura que fue tanta la persecución a la que se vieron sometidos los miembros del grupo que una especie de paranoia colectiva comenzó también a manifestarse entre sus miembros… y a dividirlos.

Esto llevó no solo a numerosas discusiones y temores, sino que hubo también denuncias de que algunas “panteras negras” asesinaron o golpearon a otros del mismo grupo que creían que eran informantes de la policía.

Ciertas partes del movimiento fueron también asociadas con actividades delictivas y una ruptura interna entre sus principales líderes y organizadores pronto los debilitó como fuerza política.

Para mediados de los 70, las Panteras Negras siguieron perdiendo seguidores y popularidad, aunque hicieron esfuerzos por sobrevivir a la debacle, incluyendo crear una rama armada, el Ejército Negro de Liberación.

En las décadas siguientes, el nombre del grupo pasó a quedar como un asunto para investigaciones académicas y libros de historia, mientras algunos de sus principales activistas morían, escapaban a otros países o consumían sus vidas en la cárcel.


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