Tradición de riesgo: ¿Por qué a los mexicanos les gusta la pirotecnia?
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Cuartoscuro

Tradición de riesgo: ¿Por qué a los mexicanos les gusta la pirotecnia?

Pese a hechos como la tragedia de Tultepec, las familias siguen acudiendo a los mercados y romerías de la Ciudad de México para adquirir pirotecnia y celebrar las fiestas decembrinas.
Cuartoscuro
Por Lizbeth Padilla
22 de diciembre, 2016
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Quemar cohetes en los días festivos es una tradición para muchas familias capitalinas, pese a los riesgos que conlleva.

Cada año, al iniciar las vacaciones los papás de Jorge lo llevaban a él y a sus dos hermanos menores al mercado de la Merced a comprar cohetes para la Nochebuena y el Año Nuevo.

Una vez un cohetón explotó en la pierna de uno de sus primos, se quemó el pantalón y el incidente quedó en un susto.

“Es una tradición familiar desde que era niño mis papás compraban. Ahora yo le compro a mis hijos”, dice Jorge de 36 años.

Este miércoles, Jorge acudió al mercado de la Merced a comprar cohetes para las próximas fiestas, solo un día después de que una explosión en el mercado de San Pablito, en Tultepec mató a 33 personas.

“¿Miedo? Pues no, nunca nos ha pasado nada, responde.

“Solo si no los sabes usar son peligrosos. Yo solo compro de los chiquitos, no de las palomas”, dice Fátima Contreras, de 62 años, mientras señala una bolsa con pequeños cohetes llamados brujas y cerillos para sus nietos.

Sin embargo, estos productos no son tan inofensivos, pues fueron los que provocaron el incendio en 2006 del mercado de San Pablito, por lo que su comercialización fue prohibida por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) para evitar accidentes.

Tener los mejores juegos pirotécnicos era una competencia para la familia de Lourdes Moreno.

Recuerda que de pequeña sus primos y ella salían a la calle a “tronar cohetes” después de la cena de Navidad, “eran competencias con los vecinos para ver quién tenía los cohetes más ruidosos o los que sacaban más luz”.

20 años después, sus hijos continúan la tradición navideña.

En las romerías de los mercados de la Merced, Sonora y Tepito se pueden encontrar puestos – sin los permisos correspondientes – donde se adquieren productos desde 20 pesos la bolsa.

“Esta chido, es divertido. Yo siempre los consigo en el (mercado de) Sonora, ahí hay de todo”, dice Miguel, de 28 años.

Apenas la madrugada de este martes, la policía capitalina decomisó dos toneladas de juegos pirotécnicos en el mercado de San Ciprián, en el barrio de la Merced, en la delegación Venustiano Carranza.

En agosto pasado, las autoridades decomisaron 14.4 toneladas de pirotecnia que estaba almacenada en una casa de la delegación Magdalena Mixhuca.

Cohetes, una tradición a la baja

Sin embargo las ventas no son como en otros años, dice un locatario del mercado de Sonora que prefiere no dar su nombre.

Desde hace 20 años vende en esa romería la pirotecnia que le traen desde el municipio de Tultepec, “capital autodeclarada de los fuegos artificiales”, según el Instituto Mexiquense de la Pirotecnia.

En los últimos años los decomisos y las bajas ventas han mermado el negocio. “Ya no vendemos igual, a los niños de hoy ya no les gusta como antes”.

Hace unos cinco años, diariamente vendía cerca de 800 pesos, y actualmente solo logra entre 200 y 300 pesos.

Una de las vendedoras del mercado de la Merced señala que accidentes como el ocurrido este martes en San Pablito “espantan” a la clientela, pues “ya cuando hay muertos, la gente prefiere no comprar”.

 

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Afganistán: qué ocurre ahora con la economía del país tras la llegada de los talibanes (y cuál puede ser el papel de China)

Ahora que los talibanes tienen de nuevo el control del país, ¿puede funcionar su sistema financiero?
18 de agosto, 2021
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La economía de Afganistán está “moldeada por la fragilidad y la dependencia de la ayuda internacional”.

Este es el problemático panorama económico que describió el Banco Mundial muchos meses antes de que los talibanes se hicieran otra vez con el control del país, algo que se concretó este fin de semana.

Y con la situación actual, las perspectivas económicas son mucho más precarias, con una nube de incertidumbre que se cierne sobre la asistencia financiera que le llega a este país.

Por una parte, Afganistán tiene recursos minerales, pero la crisis política ha impedido su explotación.

Entiende mejor: Afganistán: cómo surgió el Talibán y otras 5 preguntas clave sobre el grupo islamista

La dependencia económica es llamativa. En 2019, el Banco Mundial mostró que la ayuda para el desarrollo representaba el 22% del ingreso general nacional (que no es lo mismo que el PIB, pero sí muy parecido).

Esta es una cifra muy alta, pero es mucho menor que la de unos 10 años atrás, cuando llegaba al 49%.

Ahora esas ayudas están bajo un manto de duda. La ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Heike Maas, le dijo a las cadenas de su país que “no le vamos a dar otro centavo si los talibanes toman el control del país y reintroducen la ley sharia”.

Otros países que son proveedores de ayuda van a estar mirando la situación muy de cerca.

El mal de la corrupción

La fragilidad a la que se refiere el Banco Mundial se ilustra con los altos gastos en defensa y seguridad antes de que los talibanes retomaran el control: Afganistán dedica el 29% del PIB a estos gastos, una cifra muy superior al 3% promedio que tienen los países de bajos ingresos.

Además de la seguridad y los serios problemas de corrupción, detrás hay otro aspecto crítico persistente en Afganistán: la poca inversión extranjera que hay en el país.

De acuerdo con Naciones Unidas, en los últimos años no se han hecho anuncios sobre nuevas inversiones, por parte de capitales extranjeros iniciando nuevos negocios.

Desde 2014 solo se han contado cuatro inversiones de este tipo.

Pastor de ovejas en Afganistán.

Getty Images
Cerca del 60% del ingreso promedio de los hogares en Afganistán dependen de la agricultura y el campo.

Solo para comparar con dos países del sur de Asia con poblaciones parecidas, en Nepal el número de nuevos negocios con inversión extranjera es 10 veces superior al logrado por Afganistán, y Sri Lanka multiplica por unas 50 veces esa cifra en ese mismo período.

El Banco Mundial describe el sector privado afgano como “estrecho”. El empleo está concentrado en una producción agrícola limitada: el 60% de los ingresos de los hogares en Afganistán vienen de este rubro.

A esto se suma que en el país funciona una enorme economía informal e ilegal. Por ejemplo, hay minería ilegal y, por supuesto, la muy conocida producción de opio y su contrabando asociado.

El tráfico de drogas también es una fuente de financiamiento para los talibanes.

Riqueza mineral

Dicho todo esto, la economía afgana ha crecido desde la invasión en 2001.

Aunque las cifras económicas de Afganistán no son del todo confiables, lo que estas muestran, de acuerdo con el Banco Mundial, es un crecimiento promedio anual del 9% desde 2003 hasta 2013.

Después de ese año, los números del crecimiento caen un poco (que coinciden con la reducciòn de los niveles de ayuda) a un promedio de 2,5% desde 2015 hasta 2020.

Amapolas

EPA
El tráfico de drogas ha sido una importante fuente de ingresos para los talibanes.

Ahora, el país cuenta con abundantes recursos naturales y, en la medida en que mejore la seguridad y reduzca la corrupción, puede ser atractivo para los negocios internacionales.

Se pueden encontrar grandes cantidades disponibles de cobre, cobalto, carbón y hierro. También hay yacimientos de gas y petróleo.

Un material particular destaca sobre otros: el litio, que tiene una alta demanda para la producción de baterías para celulares y vehículos eléctricos.

Y va a ser fundamental para la industria automotriz en su transición hacia un modelo de “emisión cero” de gases contaminantes.

De vuelta en 2010, un general estadounidense le dijo al New York Times que el potencial minero de Afganistán era impresionante. Eso sí, como muchas salvedades.

El diario también reportó que el departamento de Defensa de EE.UU. había dicho en un informe que el país podía convertirse en la “Arabia Saudita del litio”.

Pero a pesar ello, este potencial no está ni cerca de ser explotado. Ni los afganos están cerca de percibir algún beneficio por ello.

Poderes extranjeros

Se han presentado muchos informes que revelan la voluntad de China de tomar parte. El gigante asiático parece tener mejores relaciones con los talibanes que las potencias occidentales, por lo que puede tener una ventaja si el nuevo régimen se mantiene en el poder.

Ahora, lo cierto es que las empresas chinas obtuvieron contratos para desarrollar operaciones de cobre y petróleo, pero no pasó mucho.

Es de esperar que China esté interesada. Las oportunidades están allí y los dos países comparten un corto segmento de frontera.

Pero cualquier empeño chino, ya sea oficial o empresarial, va a necesitar cierta certeza de que tendrá éxito.

Y los chinos se mostrarán reacios a comprometerse a menos que sientan que los problemas de seguridad y corrupción están lo suficientemente resueltos -o al menos, contenidos- como para permitirles extraer cantidades valiosas de estos productos de uso industrial.

Mineros en Afganistàn.

Getty Images
Afganistán posee un gran potencial de explotación de minerales.

Una pregunta clave para cualquier inversionista potencial, de China o de cualquier otro lugar, será si es probable que los talibanes serán más capaces de crear el tipo de entorno que necesita el negocio de lo que lo fue el anterior gobierno afgano.

Otro factor que puede afectar la economía es el empleo de las mujeres. En la última década, el porcentaje de la población femenina de más de 15 años con empleo ha aumentado drásticamente, aunque en 2019 era del 22%, todavía bajo los estándares internacionales.

Bajo control de los talibanes, es probable que este cambio se revierta, lo que podría dañar aún más las perspectivas económicas.

En el futuro inmediato, también existe una gran incertidumbre sobre la estabilidad financiera. En estos días se han visto largas filas de personas que intentan sacar su dinero de los bancos.

El Afghan Islamic Press, con sede en Pakistán, informó que un portavoz talibán ofreció garantías a los propietarios de bancos, cambistas, comerciantes y tenderos de que sus vidas y propiedades estarán protegidas.

Que incluso haya dudas sobre la seguridad física de los operadores financieros es impactante.

Necesitan tener confianza para que funcione el sistema financiero de Afganistán. Pero también se necesita que los clientes sientan que su dinero está seguro y eso seguramente no sucederá pronto.


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