Por qué el precio del dólar no deja de subir y cómo puede impactar a países de América Latina
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Por qué el precio del dólar no deja de subir y cómo puede impactar a países de América Latina

Si el precio del dólar continúa en plan ascendente puede ser un dolor de cabeza para los países endeudados, como los de América Latina.
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Por BBC Mundo
10 de diciembre, 2016
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Desde México hasta Turquía, una marejada de devaluaciones está llenando de preocupación a muchos de los encargados de manejar estas economías. Desde la elección de Donald Trump, éstos y muchos otros países han visto una depreciación sustancial de sus monedas frente al dólar estadounidense.

Un dólar fuerte es el resultado, entre otras cosas, de los anuncios de Trump de expandir el gasto público en Estados Unidos al tiempo que las autoridades monetarias de ese país anticipan una política de intereses más altos.

Pero la combinación de altos intereses, dólar caro y restricciones a las importaciones, también prometidas por Trump, recuerda a muchos el ambiente que existió a comienzos de la década de 1980 y que llevó a la tristemente célebre crisis de la deuda latinoamericana de ese momento.

Dólar al alza

Desde la victoria electoral de Trump, el peso mexicano ha caído frente al dólar un 10%.

Ronald ReaganImage copyrightGETTY IMAGES
Image captionEn la década de 1980, durante el gobierno de Ronald Reagan, una combinación de dólar fuerte y altos intereses contribuyó a la crisis de la deuda externa latinoamericana.

En Turquía, la caída ha sido tan acelerada que el presidente Recep Tayyip Erdogan ha urgido a los ciudadanos de su país que posean divisas extranjeras a que las cambien por liras, la moneda nacional, como un acto de patriotismo para proteger el valor de la misma.

A 3,5 liras por dólar, la divisa turca está en su nivel más bajo en una década.

Y en muchas otras partes del mundo desarrollado se observa una tendencia similar.

El euro ha sufrido una caída del 4% y el yen japonés del 7% menos desde la derrota de Hillary Clinton ante Donald Trump en las presidenciales del 8 de noviembre.

La receta del dólar fuerte

DolarImage copyrightAFP
Image captionEl dólar se ha fortalecido en muchos países.

La subida en el precio del dólar refleja por una parte una creciente confianza en el desempeño, al menos en el corto plazo, de la economía estadounidense.

El saliente presidente Barack Obama entrega esa economía dinámica, cercana al pleno empleo con una tasa de desocupación menor al 5%.

El presidente electo Donald Trump, a su vez, ha prometido bajar los impuestos a las empresas y reducir toda clase de regulaciones laborales, ambientales y de otra índole.

Una estrategia que enardece a la izquierda estadounidense y preocupa a quienes piensan que sin regulación federal se empeorará la desigualdad y otros males sociales del país, pero que ha sido recibida con beneplácito por muchos empresarios.

Se espera, por lo tanto, un importante aumento de la inversión privada.

Al mismo tiempo, el presidente electo anuncia que quiere un muy ambicioso plan de infraestructura pública. Con lo que la economía estadounidense aparentemente va a recibir en el futuro próximo una fuerte inyección de recursos que le dará más vitalidad.

Todo esto, independientemente de lo que pueda ocurrir en el largo plazo bajo el impredecible mandato de Trump.

“El dólar está fuerte porque la gente ve con buen pronóstico a la economía de Estados Unidos”, sostenía a la cadena estadounidense CNBC William Dudley, jefe regional de la Reserva Federal estadounidense en Nueva York.

Una economía en fuerte crecimiento empieza a generar presiones inflacionarias, por lo que el banco central estadounidense ha anunciado que irá subiendo las tasas de interés, para evitar que la economía se “recaliente”.

Con la economía estadounidense presentando atractivas oportunidades de inversión, y los bancos en ese país pagando más por los depósitos en dólares, el capital está fluyendo en esa dirección, y con más demanda por la divisa estadounidense, ésta sube de precio.

Las consecuencias en el sur

Para algunos latinoamericanos, el dólar caro significa apenas que las vacaciones en Florida o el nuevo iPhone, se hacen más inalcanzables.

Pero las consecuencias, en el peor escenario, pueden ser bastante más serias.

En América Latina en particular, este es un escenario que a muchos les trae malos recuerdos.

Hombre con dólaresImage copyrightAFP
Image captionLas remesas aumentarían con un dólar fuerte.

Específicamente por lo que ocurrió en la década de 1980, durante el gobierno de Ronald Reagan.

En ese entonces, aumentaban las dificultades para pagar la deuda externa de los países en desarrollo, que estaba denominada en dólares cada vez más caros, mientras que los ingresos de los gobiernos llegaban en una moneda local cada vez más barata.

Al mismo tiempo, los intereses en los bancos de Wall Street aumentaban, haciendo más complejo cualquier intento de refinanciar la deuda.

El resultado final fue la catastrófica crisis de la deuda latinoamericana, un episodio de depresión económica cuya gravedad se resume en el apodo que se le dio entonces: la década perdida.

Los gobiernos latinoamericanos han aprendido mucho desde entonces acerca de cómo manejar su deuda y por lo general están mucho mejor preparados para aguantar choques externos que en esa época.

Pero las preocupaciones subsisten. En la década de 1980 una de las maneras como los países de la región salieron del problema de la deuda fue con un aumento grande en sus exportaciones, que se hizo posible en parte por la devaluación de sus monedas, lo que hacía que sus productos fueran más baratos y competitivos.

En ese momento el gobierno estadounidense estaba plenamente comprometido con el libre comercio.

Hoy, en cambio, el presidente electo Trump habla de imponer barreras a las importaciones, por lo que el alivio generado por más exportaciones podría no estar disponible en la misma proporción para las naciones en desarrollo que se vean afectadas ahora por la fortaleza del dólar.

Otro posible punto positivo del dólar fuerte, el aumento del valor en moneda local de las remesas que mandan los inmigrantes a sus países, también se ve en entredicho en el caso mexicano por las amenazas de Trump de retenerlas para forzarlos a pagar por un muro fronterizo.

¿Durará?

MexicoImage copyrightAFP
Image captionLa devaluación se ha sentido en México

Otras voces dicen que no hay que preocuparse tanto por un dólar fuerte, pues no se sabe cuánto durará así. Incluso señalan que el problema puede ser el opuesto.

Si Trump cumple con algunas de sus promesas más extremas en campaña, como la de resistirse a pagar una parte de la propia deuda pública de Estados Unidos, la actual confianza en el vigor económico estadounidense podría disiparse muy rápido. Y con ello, la fortaleza de su divisa.

Este año ha mostrado los riesgos de hacer pronósticos de largo plazo, en medio de la serie de sorpresas que ha caracterizado al escenario mundial en los últimos meses.

Por lo que resulta aventurado predecir que pasará con la economía estadounidense en cinco o diez años.

Por el momento, sin embargo, muchos dicen que en el corto plazo el dólar muestra señales de fortaleza.

Lo que quiere decir que muchos de los productos y servicios que los extranjeros compran en dólares, desde vacaciones en Florida hasta leche, trigo y autos importados, se harán más caros para los latinoamericanos.

Pero sobre todo, para un continente endeudado en dólares, no es gran noticia que esa deuda se esté haciendo más onerosa.

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Qué es "tan ping", el movimiento social nacido en pandemia en China y por qué preocupa al presidente Xi Jinping

Los trabajadores jóvenes en China están desafiando las presiones sociales que los impulsan a trabajar hasta que se agoten.
19 de marzo, 2022
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“Sigo deshaciéndome de la energía negativa en mi vida. Creo que en 2022 habrá una mejora con respecto a 2021, pero todavía no quiero hacer nada. Seguiré ‘acostado’. Disfruto este estado”.

Cuando Jeff (no es su nombre real), dejó su ciudad natal de Hangzhou por un trabajo muy bien remunerado como desarrollador de aplicaciones en Pekín hace varios años, igual que muchos jóvenes profesionales chinos, el trabajo se convirtió en su vida.

El poco tiempo libre que tenía fuera del trabajo lo pasaba jugando a lo que él describe como juegos de computadora “sin sentido”.

No desarrolló un círculo social en su nueva ciudad y finalmente dejó de intentarlo.

Pero cuando llegó la pandemia, la vida tal como la conocía se detuvo abruptamente. Como a muchos otros trabajadores, la covid lo hizo reevaluar sus prioridades en la vida.

Cuando hablaba con sus amigos artistas en su ciudad natal, se dio cuenta de que, aunque ellos tenían poco dinero, siempre tenían algo interesante que decir sobre su día y lo que estaban haciendo, mientras que él todo lo que tenía era trabajo.

estudiantes chinos

Getty Images

Cuando su empresa comenzó a despedir personal debido a la pandemia, se vio obligado a trabajar entre 60 y 70 horas a la semana.

Finalmente no pudo más y se tomó un tiempo libre para viajar.

Durante su estancia en la ciudad de Ho Chi Minh en Vietnam, tuvo una epifanía después de ver grupos de ancianos reunidos en un bar cercano simplemente relajándose, charlando y viendo fútbol durante horas.

Su mente seguía volviendo a ellos. ¿Por qué no podía ser como ellos, simplemente relajarse y acostarse?

Y entonces hizo exactamente eso. Regresó a casa y renunció a su trabajo.

Es uno de los muchos ciudadanos chinos que renunciaron o redujeron su compromiso laboral en los últimos dos años.

La idea de “acostarse boca arriba”, o tang ping” en chino, significa tomarse un descanso del trabajo implacable.

El movimiento tang ping despegó durante 2021, ya que muchos sintieron que estaban bajo una presión cada vez mayor para trabajar siempre más y superar a sus compañeros.

joven leyendo acostado

Getty Images
Tang ping es un movimiento de protesta y un estilo de vida.

Cansado de trabajar de lleno

El trasfondo de esta tendencia es un mercado laboral cada vez más reducido en China, lo que significa que los jóvenes ahora están bajo presión para trabajar muchas más horas y están agotados.

La gente “se siente muy apática ahora que tiene que lidiar con el coronavirus y está exhausta. Literalmente, solo quiere acostarse con un libro, o sentarse y mirar televisión, en lugar de mantener el impulso trabajando duro”, dice Kerry Allen, analista de medios de China de la BBC.

Esto significa que si bien la pandemia de covid podría estar disminuyendo, el movimiento tang ping no lo está.

En los sitios de redes sociales chinos, los usuarios publican mensajes que dicen que no quieren volver a ser como eran antes de la pandemia y que ahora tienen la confianza para llevar una vida con un ritmo más lento.

La anterior política china de un solo hijo ha significado que muchos jóvenes profesionales crecieron sin hermanos o hermanas, y esto ha aumentado la sensación de tensión de muchas personas.

Jack Ma

Getty Images
El fundador de Alibaba, Jack Ma, fue criticado por apoyar una cultura de trabajar largas horas.

Los valores tradicionales de poder ser propietario de una casa y tener hijos siguen siendo muy importantes en China.

Sin embargo, muchas personas de entre 20 y 30 años se preocupan de que nunca podrán lograr estas cosas.

Aquellos que son hijos únicos argumentan, por ejemplo, que también tendrán que cuidar a sus padres ancianos y que para muchas personas los precios de las propiedades están cada vez más fuera de su alcance.

En 2019, el magnate tecnológico y fundador del grupo Alibaba, Jack Ma, fue criticado por respaldar la llamada cultura laboral 996 de China, donde la gente trabaja de 9:00 a. m. a 9:00 p.m., seis días a la semana.

El año pasado, el máximo tribunal y el Ministerio del Trabajo del país dictaminaron que estas prácticas eran ilegales.

Sin embargo, si trabajar 996 sigue siendo lo que se necesita para tener éxito profesionalmente, tal vez no sorprenda que algunos jóvenes opten totalmente por no hacerlo.

Las tendencias demográficas significan que es probable que se intensifiquen las presiones sociales sobre los jóvenes.

Para 2035, la OCDE pronostica que el 20% de la población de China tendrá más de 65 años, lo que ejercerá una mayor presión sobre los jóvenes para apoyar a las generaciones mayores.

Jeff, que no quiso ser identificado por temor a una respuesta negativa, describe su propia decisión de abandonar su trabajo y su vida en Pekín como “una protesta silenciosa las reglas actuales. No aceptar cuando la gente te dice que debes aprender más y trabajar más duro”.

Xi Jinping

Getty Images
El presidente de China, Xi Jinping, advirtió recientemente en contra de “acostarse”.

Esto puede sonar casi subversivo en China. El sentimiento que expresa está tan generalizado que incluso justificó una advertencia explícita del presidente Xi Jinping, en un artículo en el diario del Comité Central del Partido Comunista publicado el pasado octubre.

“Es necesario evitar la solidificación de los estratos sociales, suavizar los canales de flujo ascendente, crear oportunidades para que más personas se enriquezcan, formar un entorno de desarrollo donde todos participen y evitar la ‘involución’ y el ‘aislamiento'”, escribió.

Ninguna de estas tensiones entre generaciones es exclusiva de China.

Tanto en EE.UU. como en Europa, los economistas hablan de una ‘Gran Renuncia’, con millones de trabajadores que se jubilan, renuncian o se niegan a aceptar trabajos que consideran inútiles o poco gratificantes.

Entonces, ¿puede ser el “acostarse boca arriba” la versión china de estas tendencias?

La doctora Lauren Johnston, investigadora asociada del Instituto de China de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, dice que la situación en China tiene diferentes causas.

En primer lugar, hay jóvenes migrantes rurales en Pekín o Shanghái, que ahora se dan cuenta de “cuán atrasados están, en términos de poder ganar suficiente dinero para comprar una casa, o competir con los jóvenes de la ciudad que crecieron hablando inglés y vistiendo ropa sofisticada”.

Johnston explica que parte de este grupo ahora puede estar pensando en regresar a sus ciudades de origen y aceptar trabajos peor pagados para poder estar con sus familias.

Por otro lado, están los hijos de padres más ricos y exitosos que no tienen “tanta hambre como los niños super triunfadores de familias más pobres”.

La experta cree que la llamada “cultura del tigre” de China es una barrera adicional, donde los padres se sienten bajo una intensa presión para ayudar a sus hijos a tener logros, algo que la escuela por sí sola no puede hacer.

Sienten que tienen que pagar lecciones adicionales de matemáticas, chino, inglés y música, o prepararse para exámenes de ingreso competitivos.

Estudiantes chinos

Getty Images

Queda por ver cómo se desarrollará todo esto en un momento en que China se enfrenta a un panorama económico difícil: una desaceleración del crecimiento, aumento de la deuda y una posible retracción total del sector inmobiliario del país.

En cuanto a Jeff, después de la presión de sus padres, finalmente consiguió otro trabajo, pero dice que es un empleo mucho menos exigente.

Gana la mitad de lo que solía ganar, pero asegura que tiene mucha más flexibilidad y por ahora planea quedarse.

“Podré seguir haciendo todos mis pasatiempos que descubrí durante mi tiempo de ‘acostado’, como esquiar y escalar rocas. Tengo tiempo para hacer lo que amo, estoy muy satisfecho”.


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