Entre bombas y francotiradores: un refugiado cuenta el infierno de la guerra en Siria
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Entre bombas y francotiradores: un refugiado cuenta el infierno de la guerra en Siria

Desde 2011, la guerra civil en Siria ha dejado al menos 250 mil muertos en uno de los conflictos más brutales de este siglo 21. Animal Político entrevistó en Suecia a Mohammed Al-Nasef, un refugiado que vivió una odisea para huir de las bombas y los francotiradores.
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Por Manu Ureste
26 de diciembre, 2016
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Proyectiles que silban cruzando el cielo de la noche. Francotiradores de uno y otro bando que cuentan cadáveres apostados en azoteas. Traficantes y cibercafés en Turquía. Un barco hacinado que navega por aguas del Mediterráneo. Un pasaporte falso. Policías. Adrenalina. Y miedo.

No es una película de espías. Esta es la realidad que enfrentan miles de personas en Siria desde que en 2011, en plena efervescencia de la ‘Primavera árabe’, estalló la guerra civil entre el ejército del régimen de Bashar al-Asad y grupos rebeldes. Un conflicto que suma al menos 250 mil muertos, y cuya resolución aún está lejana a pesar de que el pasado 22 de diciembre el gobierno sirio anunció que recuperó el control de Alepo; la ciudad que simboliza una guerra brutal que ha dejado escenas de civiles atrapados entre las bombas, los tiroteos y la miseria.

Animal Político viajó a Estocolmo, en Suecia, país que junto con Alemania ha recibido a más refugiados sirios en Europa. Allí platicamos con Mohammed Haytam Al-Nasef, un profesor de inglés cuya vida cambió cuando el disparo seco de un tanque reventó literalmente su casa.

Esta es su historia.

Esta foto difundida por SANA, agencia noticiosa oficial de Siria, muestra a soldados sirios y combatientes pro-gobierno marchando a través de calles del este de Alepo, Siria, el martes 13 de diciembre del 2016.

Esta foto difundida por SANA, agencia noticiosa oficial de Siria, muestra a soldados sirios y combatientes pro-gobierno marchando a través de calles del este de Alepo, Siria, el martes 13 de diciembre del 2016.

“Lo sentimos, no queríamos bombardear su casa”

Era una noche del mes de diciembre de 2012 en Damasco, capital de Siria.

El teléfono celular de Mohammed sonó y al otro lado del aparato la voz trémula de su esposa se amontonaba.

-Tienes que venir rápido. Han destruido nuestra casa.

Mohammed salió corriendo de la Universidad de Damasco, donde trabajaba como profesor de inglés, y subió a su coche para dirigirse al edificio donde vivía en el centro de la ciudad con su esposa e hijas.

En el departamento, el panorama era dantesco: escombros y cristales estaban regados por el suelo y las llamas aún consumían los muros que quedaban en pie.

Todo fue muy rápido, le contó su esposa. Primero, se escuchó un lejano estruendo violento. Y segundos después un proyectil cruzó de punta a punta el departamento, hasta explotar en la habitación de las niñas.

-Mis hijas y mi esposa estaban en la cocina. Se salvaron porque no habían terminado de cenar.

Cuatro años después, Mohammed entorna los ojos azul cielo evocando la escena. Respira aliviado y se recarga en la silla de esta sala de juntas del Instituto Sueco, un centro de estudios ubicado a orillas del Mar Báltico en el casco antiguo de Estocolmo.

Tras el impacto del proyectil -continúa narrando-, un camión cisterna del bando de los rebeldes acudió al vecindario para sofocar el fuego.

-Llegaron unos tipos vestidos de negro y nos dijeron: ¡oh, lo sentimos mucho! –Mohammed encoge los hombros, como si la disculpa fuera por haberles marcado por error al teléfono y no por estrellar un misil en su casa-. Queríamos apuntar al retén del Ejército y fallamos el disparo.

Pero los milicianos no solo fueron a ofrecer una disculpa por el error. También querían advertirles que lo mejor sería abandonar el edificio, puesto que éste se encontraba a unos metros del puesto militar y no descartaban futuros errores en la puntería de los artilleros.

Mohammed y su esposa tomaron muy en serio la advertencia. Metieron en una bolsa sus documentos de identidad, algo de ropa, y salieron a la calle.

Ahora solo faltaban dos cosas: convencer a los soldados de que les dejaran huir. Y que los francotiradores ocultos en las azoteas no hicieran blanco mientras ellos corrían con sus hijas por las calles de Damasco.

En esta imagen del domingo 27 de noviembre de 2016, proporcionada por el grupo activista sirio Rumaf, cuya autenticidad fue certificada debido a su contenido y otra información de AP, aparece gente huyendo de barrios rebeldes en el este de Alepo hacia la zona de Sheikh Maqsoud, controlada por combatientes curdos, en Siria.

En esta imagen del domingo 27 de noviembre de 2016, proporcionada por el grupo activista sirio Rumaf, cuya autenticidad fue certificada debido a su contenido y otra información de AP, aparece gente huyendo de barrios rebeldes en el este de Alepo hacia la zona de Sheikh Maqsoud, controlada por combatientes curdos, en Siria.

Siria: 470 mil muertos y 5 millones de refugiados

Al día siguiente, y tras pasar la noche en casa de su hermana, Mohammed intentó regresar al edificio. Pero esta vez los soldados no le permitieron el paso: el fuego entre francotiradores de uno y otro bando se había intensificado y salir a la calle era una ruleta rusa.

La esposa de Mohammed llamó por teléfono a sus vecinos para ver cómo seguía la situación. Todos rechazaron la posibilidad de abandonar sus casas porque los milicianos les habían prometido “que todo volvería pronto a la normalidad”.

-Todos teníamos esa esperanza –dice Mohammed todavía con aire resignado-. Siempre pensábamos que al día siguiente todo se resolvería.

Pero la “normalidad” nunca volvió. Al contrario, días después del ataque a su departamento, uno de los vecinos que decidió quedarse murió destrozado por otro proyectil extraviado. Otro vecino fue asesinado por un francotirador de un disparo certero en la cabeza. Y otro más, un doctor de 38 años, “desapareció sin más” tras salir una mañana a la calle.

Y esto solo fue el comienzo de lo que poco después sería una brutal guerra: desde que estalló el conflicto en 2011, la cifra de muertos asciende en este 2016 a más de 250 mil, según la Organización de Naciones Unidas (ONU). Mientras que el Observatorio Sirio de Derechos Humanos eleva la cifra a 273 mil 520 muertos, de los cuales 79 mil 585 eran civiles; y Human Rights Watch, citando datos del think tank Syrian Center for Policy Research, eleva aún más la cifra: 470 mil fallecidos.

De hecho, la expectativa de vida en el país retrocedió 20 años desde que inició el conflicto, según la ONU. Además, los enfrentamientos han llevado a Siria a una crisis humanitaria extrema con 6,6 millones de desplazados internos, casi 5 millones de refugiados, 9 millones de personas en situación de hambruna, miles de desaparecidos, y violaciones sistemáticas de derechos humanos tanto del bando del régimen de Bashir al-Assad, como de los rebeldes.

-Tuvimos mucha suerte –suspira Mohammed-. Fuimos los primeros en abandonar ese edificio y ahora sé que tomamos la decisión correcta.

Efectivos sirios y paramilitares que apoyan al gobierno recorren el interior de la mezquita Gran Imayyad en el sector antiguo de Aleppo, Siria, el martes 13 de diciembre de 2016, de acuerdo con esta imagen facilitada por la agencia noticiosa oficial siria SANA.

Efectivos sirios y paramilitares que apoyan al gobierno recorren el interior de la mezquita Gran Imayyad en el sector antiguo de Aleppo, Siria, el martes 13 de diciembre de 2016, de acuerdo con esta imagen facilitada por la agencia noticiosa oficial siria SANA.

“Soy Mohammed y quiero huir a Europa ¿Puedes ayudarme?”

Luego de perder la casa y los empleos, la familia huyó a Egipto, uno de los países vecinos que más refugiados sirios ha recibido junto con Turquía –el que más con 1.9 millones-. Aunque Mohammed cuenta que allí “fue imposible encontrar un trabajo digno” por las condiciones de inestabilidad política y social que vive el país tras el derrocamiento del dictador Hosni Mubarak en 2011, al inicio de la llamada ‘Primavera árabe’.

A los tres meses regresaron a Siria. Y pronto comprobaron que, además de la guerra, la inflación también estaba estrangulando al país.

-Como profesor universitario, yo ganaba 3 mil dólares al mes –asegura Mohammed-. Durante la guerra, pasé a ganar 300.

Además, luego de unos meses alejados de las bombas, estaba la preocupación de que las niñas resintieran el estrés psicológico de la guerra, como muchos otros menores en Siria.

De hecho, según datos de Unicef, se estima que 8.4 millones de menores –más del 80% de la población infantil siria- se han visto afectados de alguna manera por el conflicto, bien sea por padecimientos de salud mental o físicos ante la destrucción de hospitales –en un día se ha llegado a bombardear 7 centros, propiciando la reaparición de enfermedades erradicadas como la polio-, porque han sufrido directamente la violencia –mutilados tras bombardeos-, o porque se vieron obligados a dejar la escuela –en 2015 se registraron 40 ataques a centros educativos-.

Esta foto difundida por la agencia noticiosa oficial siria SANA muestra fuerzas sirias y milicianos al servicio del gobierno marchando dentro de la Gran Mezquita Omeya en la ciudad vieja de Aleppo, Siria, 13 de diciembre de 2016.

Esta foto difundida por la agencia noticiosa oficial siria SANA muestra fuerzas sirias y milicianos al servicio del gobierno marchando dentro de la Gran Mezquita Omeya en la ciudad vieja de Aleppo, Siria, 13 de diciembre de 2016.

Ante esta situación, la pareja concluyó que Europa era la única salida para recuperar sus vidas. Mohammed tomó parte de los ahorros de toda la vida y una agenda con teléfonos que elaboró tras tejer una red de más de 60 contactos repartidos por Europa.

El primer destino fue Estambul, Turquía. Allí, nada más aterrizar, Mohammed puso en marcha el engranaje de la red de traficantes.

-Hice una llamada al contacto que me recomendaron. Le dije: ‘hola, mi nombre es Mohammed y necesito huir a Europa. ¿Me puedes ayudar?’

Al otro lado del hilo telefónico, Mohammed cuenta que un silencio incómodo se prolongó varios segundos hasta que una voz cortante le dijo malhumorada: “Lo siento, número equivocado”.

Pero antes de que se cortara la llamada, el migrante sirio insistió:

-Mi primo me dio tu número. Huyó contigo.

Minutos más tarde, Mohammed ya estaba en un viejo hotel de Estambul junto a otros sirios, afganos y kurdos.

Y a los cinco días, navegaba en un barco hacinado junto a 72 personas por las aguas turbulentas del Mediterráneo. La tumba para miles de migrantes que se ahogaron en la búsqueda de un futuro en algún lugar de Europa.

Lee mañana la segunda entrega.

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La estratégica relación de México con Belice, el país con el que comparte su tercera y más pequeña frontera terrestre

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, incluyó al país centroamericano y vecino en su primera gira por América Latina. ¿Cuál es la importancia de esta relación?
8 de mayo, 2022
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México tiene una estratégica frontera terrestre de la que no se habla mucho.

Además de los temas de economía, migración y seguridad que suelen protagonizar los debates sobre su frontera norte con Estados Unidos y la que tiene en el sur con Guatemala, también ahí comparte límites con otro país mucho más pequeño y menos poblado: Belice.

Pero convencido de su importancia, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, lo incluyó en su primera gira latinoamericana que celebra estos días para “profundizar la agenda política, de cooperación, turística, cultural y comercial” entre ambos países.

“Belice se ha posicionado como un importante interlocutor de México en el Caribe, no solo por la vecindad geográfica que nos une (…) sino porque este país mantiene sólidos lazos con los estados del sureste de México (Quintana Roo, Yucatán y Campeche) y representa un puente relevante con esa región caribeña”, dice la agenda de este viaje oficial.

La embajadora de México en Belice, Martha Zamarripa, reconoce que para muchas personas el país centroamericano “no está en el radar” y que algunas incluso llegan a pensar que es parte de México.

“Pero lo que es cierto es que Belice es un aliado estratégico para México. Siempre que le solicitamos su voto en foros regionales, nos lo da. Y si por razones políticas se puede ver afectada su relación con Caricom (Comunidad del Caribe), en contadas ocasiones se abstiene, pero nunca vota contra una posición de México”, dice en entrevista con BBC Mundo.

Mercado de Balmopán

Getty Images
En los mercados de Belmopán, la capital beliceña, pueden encontrarse prendas con la inscripción “Cancún, México”.

Su contraparte en México, el embajador beliceño Oscar Lorenzo Arnold, coincide y opina que el hecho de que su idioma oficial sea el inglés, como antigua colonia inglesa, puede explicar el hecho de que muchos mexicanos vean su relación más lejana de la que tienen con el resto de Centroamérica.

“Nuestra relación con México es histórica. Fue el primer país que reconoció nuestra independencia en 1981 al mandar a su embajador solo dos días después. El apoyo de México fue clave”, asegura el diplomático.

Frontera

Además de la línea divisoria marítima en la bahía de Chetumal, la frontera en tierra firme de México y Belice es de unos 150 kilómetros, la mayoría delimitada por el río Hondo.

Tres puntos fronterizos regulan el paso de uno a otro lado. En 2019, se registraron más de 560 mil entradas en la frontera México-Belice. Con motivo de la pandemia, este último mantuvo cerrada su frontera hasta el pasado febrero.

Map

En situación de normalidad, la vida a ambos lados de la frontera transcurre de manera cotidiana con personas cruzando al otro lado —especialmente, beliceños hacia México— para hacer sus compras, turismo, buscando entretenimiento o incluso servicios médicos.

“Es una gran ventaja para comunidades fronterizas en Belice que pueden salir a conseguir tratamiento de enfermedades como el cáncer a Mérida o Campeche. Es un turismo médico”, dice a BBC Mundo el embajador Arnold, quien también destaca la existencia de una zona franca en suelo beliceño a donde acuden algunos mexicanos a comprar.

Zamarripa subraya cómo esta llegada de beliceños deja enormes beneficios económicos en la frontera mexicana.

“El dólar beliceño les cunde mucho en México, pasar a Chetumal es paseo obligado para muchos los fines de semana. En cambio, la ausencia de beliceños por la pandemia nos afectó mucho económicamente porque buena parte de sus ingresos provienen de Belice”.

Puente fronterizo entre México y Belice.

Getty Images

Como en la mayoría de zonas fronterizas, sin embargo, también existen problemas de seguridad relacionados con narcotráfico, crimen organizado o migración irregular aunque, dado su pequeño tamaño, los embajadores descartan que pueda compararse a otras grandes fronteras.

“Hay situaciones que hay que resolver, como el tema de cruzar droga que Belice trata de controlar. Pero realmente, del lado mexicano, no se podría decir que represente un grave problema para México”, según Zamarripa.

Arnold destaca por su parte el incremento en la llegada de migrantes que tratan de cruzar su frontera de manera irregular hacia México y después a Estados Unidos.

“Las rutas están cambiando y ahora algunos llegan a Belice. Antes eso no pasaba. Obviamente, no son los números que vemos pasando de Guatemala a México, pero ya estamos poniendo recursos para evitar que crucen”, dice, a la vez que subraya el “impacto” que podría tener la llegada de miles de migrantes a la frontera de un país, Belice, con menos de 400 mil habitantes.

Relación comercial y turismo

La relación comercial entre ambos países —que el año pasado generó cerca de 139 millones de dólares— es también importante, especialmente para Belice, que tiene en México a su segundo socio después de Estados Unidos.

México es, por ejemplo, el principal proveedor de electricidad y segundo de gas natural para Belice, que se ve obligado a comprar más del 50% de la energía nacional para su población.

De Belice a México, por su parte, se exportan animales vivos de la especie bovina o camarones, entre otros.

Visita de los duques de Cambridge a Belice

AFP
En marzo, los duques de Cambridge visitaron Belice como miembro de la Mancomunidad de Naciones.

Desde hace años, ambos países negocian un tratado que facilite el comercio entre ambos y que, según el embajador Arnold, podría materializarse pronto tras un cambio en la visión estratégica beliceña.

“Antes, el gobierno de Belice estaba más enfocado a Caricom que a Latinoamérica. Pero ese pensamiento está cambiando y trabajamos para ser más parte de Centroamérica y la región. El trabajo respecto a este tratado se avanzó más en un año que en todo el tiempo anterior”, asegura.

Estudiantes en Belice

AFP

La relación es tan cordial que, según la embajadora Zamarripa, Belice les ha ofrecido aprovechar su pertenencia a la Comunidad del Caribe para poder vender allí productos mexicanos.

“Nos dijeron que podríamos entregar nuestros productos a Belice, donde le añadirían algo adicional, para exportarlo a las islas del Caribe y que ese producto mexicano entrara sin pagar aranceles. Es una relación excelente”, cuenta.

Sin embargo, gran parte de la inversión mexicana en Belice se centra en el turismo, un sector para el que el país centroamericano tiene grandes atractivos como el segundo arrecife de coral más grande del mundo, su famoso sumidero Gran Agujero Azul o los resorts de lujo en cayos paradisiacos.

Los beliceños, por su parte, cruzan a México para disfrutar de los cercanos arenales de Cancún, Playa del Carmen o Bacalar.

Agujero Azul

Aquatica
El Gran Agujero Azul de Belice, el sumidero más grande del mundo.

Áreas de mejora

Hay, sin embargo, otras áreas en las que se podría avanzar en la relación bilateral.

El embajador Arnold apunta a temas culturales. “Somos una gran hermandad desde que ambos somos parte del mundo maya y que tenemos familiares que viven en uno u otro país”.

Por ello, dice que promoverá su país para que Belice sea más conocido en el centro y norte de México.

Zamarripa apuesta por la inclusión de Belice en el Tren Maya, deseo que el gobierno beliceño ya expresó en 2021 pero que no se ha concretado.

“Imaginemos todo lo que puede implicar para los dos países y como primer paso para la integración de América Latina y el Caribe”, dice la embajadora sobre uno de los proyectos estrella de López Obrador y cuya construcción entre Cancún y Tulum permanece paralizada por orden de los jueces, hasta que se aclare su impacto ambiental.

Briceño y AMLO

Gobierno de México
El primer ministro beliceño visitó México el año pasado.

Puede que alguno de estos puntos haya sido tratado en el viaje que López Obrador realizó este sábado a Belice y que, en palabras de ambos diplomáticos, ha despertado gran interés después de que el primer ministro beliceño, John Briceño, visitara México en dos ocasiones y se reuniera con su homólogo mexicano.

Según Zamarripa, “en Belice hay gran expectativa y el gobierno nos ha dicho que la visita de un presidente mexicano es algo muy grande después de que en conversaciones previas se viera que había muchos puntos en común entre ambos mandatarios”.

“Esperamos que nuestra relación crezca. Tenemos que agradecer a México por el envío de vacunas contra la COVID-19, por la oferta de becas… y porque, pese a que somos un país pequeño, los mexicanos cuando estamos en la mesa de diálogo nos dan todo el respeto y la importancia que a cualquier otro país”, concluye Arnold.


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