¿Viajas estas vacaciones? Estas son las carreteras federales con más asaltos
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¿Viajas estas vacaciones? Estas son las carreteras federales con más asaltos

La ‘México-Piedras Negras’ acumula el mayor número de robos en los últimos tres años. Sin embargo, la ‘México-Zacatepec’ es la carretera federal con más asaltos por kilómetro, según datos de la Policía Federal.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste
12 de diciembre, 2016
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Los apenas 180 kilómetros de carretera federal que van de Zacatepec, en el estado de Puebla, hasta Los Reyes Acaquilpan, en el Estado de México (Edomex), se han convertido en los más peligrosos para los automovilistas mexicanos en estos últimos tres años.

En respuesta a una solicitud de transparencia pública realizada por Animal Político, la Policía Federal (PF) informó que entre 2014 y octubre de este año ha contabilizado 55 asaltos en la carretera ‘México-Zacatepec’, en la ruta 136.

Este camino tiene un total de 187 kilómetros de longitud, lo que nos da un promedio de un asalto cada 3.4 kilómetros.

Aunque esta carretera conecta Puebla con el Edomex, la Policía Federal detalló que todos los asaltos se cometieron cuando los usuarios de la pista circulaban por el estado de Tlaxcala, a excepción de un caso ocurrido en Puebla.

En segundo lugar se encuentra la ‘México-Tizayuca’ (ruta 85D), con 41 asaltos en 169 kilómetros, y un promedio de un robo por cada 4.1 kilómetros.

La ‘México-Veracruz’ (rutas 190, 150 y 140) es la tercera con 74 asaltos, un trazo de 390 kilómetros que conecta México-Puebla -Veracruz, y un promedio de un robo cada 5.2 kilómetros.

Cabe subrayar que más de 9 de cada 10 de los robos en esta pista se cometieron en territorio de Veracruz (69 de 74).

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‘México-Piedras Negras’, la que más robos acumula en números totales

La carretera México-Palmillas (ruta 57-D) ocupa el cuarto lugar con 54 asaltos en los últimos tres años. La longitud de esta pista es de 342 kilómetros, lo que nos da un promedio de un asalto cada 6.3 kilómetros.

Otra de las carreteras más peligrosas es la ‘México-Piedras Negras’ (ruta 57 y 57D). De hecho, según datos de la Policía Federal, es la que en número totales acumula más robos en el país: 165.

Sin embargo, hay que matizar que la longitud de esta carretera, mil 295 kilómetros, es casi 10 veces mayor que la ‘México-Zacatepec’ o la ‘México-Tizayuca’. De ahí que la frecuencia de incidentes sea inferior: un robo cada 7.9 kilómetros.

Cabe resaltar que 8 de cada 10 robos en este camino se produjeron o bien en el estado de Querétaro (68), o bien en San Luis Potosí (59).

Otro foco rojo en la red de carreteras federales mexicanas es la ‘México-Ciudad Juárez’ (ruta 45 y 45-D), con 106 robos a lo largo de mil 920 kilómetros; y un promedio de un asalto cada 18 kilómetros.

Del total de robos en esta pista en los últimos tres años, 5 de cada 10 se produjeron cuando el automovilista circulaba por algún punto del estado de Guanajuato (58 casos).

En el noroeste, la ‘México-Nogales’ (rutas 15 y 15D) registra 43 asaltos; 28 de ellos en el estado de Sinaloa. El promedio es de un robo por cada 54 kilómetros.

Carreteras de la CDMX y Veracruz, las que más robos registran

En total, la PF tiene registro de mil 819 asaltos en carreteras y caminos de jurisdicción federal del 1 de enero de 2014 al 30 de octubre de este año. O en otros números: un promedio en los últimos tres años de casi 54 robos al mes a lo largo de los 9 mil 174 kilómetros de carreteras federales que tiene México. Es decir, un robo por cada 5 kilómetros.

Por entidades, las carreteras federales de la Ciudad de México son las que registran mayor número de asaltos en los últimos tres años, con 331 casos; el 18% del total. No obstante, cabe precisar que en la capital del país inician muchas de las rutas carreteras más transitadas del país, como la ‘México-Veracruz’, la ‘México-Puebla’ o la ‘México-Piedras Negras’ para viajar al norte.

Además de las mencionadas ‘México-Tizayuca’ y ‘México-Palmillas’, otra carretera federal peligrosa en esta entidad es la ‘México-Pachuca’, con 24 asaltos.

En segundo lugar, Veracruz acumula 224 robos (12% del total) en sus carreteras y caminos federales. La ruta 145-D ‘La Tinaja-Cosoleacaque’, con 33 asaltos es otra de las carreteras más ‘violentas’ para los automovilistas en esta entidad.

Mientras que Guanajuato acumula 196 robos (10%), siendo las ya citadas ‘México-Piedras Negras’ y ‘México-Ciudad Juárez’ las carreteras federales más peligrosas.

Por el contrario, Yucatán es de las entidades con carreteras federales con menos asaltos. La ‘Campeche-Mérida’ (ruta 180) registró dos robos en tres años. Mientras que Aguascalientes contabilizó tres asaltos desde 2014.

Y a nivel estatal, más robos que en los últimos 4 años

Cabe subrayar que los datos anteriores hacen referencia a delitos cometidos en carreteras federales. A nivel estatal, el número de averiguaciones por robos en carretera es mucho mayor. De acuerdo con los datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre enero y septiembre del presente año se han cometido 2 mil 212 robos en las diferentes carreteras del país.

Dicha cantidad de atracos es la más alta en los 4 años del sexenio. Además consolida una tendencia al alza que inició en 2014 y que representa un repunte del 33.4 % en la incidencia de este ilícito en el país en los últimos 2 años

En promedio, en lo que va del año se han cometido un promedio de 8 asaltos diarios en las carreteras. Un promedio de un robo cada 3 horas.

Tlaxcala es el estado con el mayor número de averiguaciones previas abiertas por asaltos en carreteras con 646 casos. Esto significa que, en promedio, uno de cada cuatro casos registrados en el país ocurren en este estado.

Puebla, que también es atravesado por las mismas carreteras que Tlaxcala, ocupa el segundo sitio nacional con 477 averiguaciones previas por asaltos carreteros.

En tercer sitio se encuentra el estado de Guerrero con 391 casos registrados. Chiapas es la cuarta entidad con más casos registrados de este delito con 250 y le sigue Oaxaca con 242.

A nivel estatal, los datos oficiales no registran los asaltos por el nombre de la carretera en la que se cometen, sino por la entidad en donde se encuentra la agencia del Ministerio Público que toma conocimiento de los hechos.

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Segunda Guerra Mundial: la monja que salvó en secreto a 83 niños judíos de la persecución nazi

Un convento del sur de Francia refugió a decenas de niños judíos durante la invasión alemana.
6 de septiembre, 2020
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Denise Bergon

BBC
La hermana Denise Bergon se convirtió en la salvadora de muchas familias judías.

Dos niñas judías de la región de Alsacia corrieron un gran peligro cuando Alemania invadió Francia hace 80 años.

Mientras sus padres y hermana menor fueron capturados y asesinados, ellas sobrevivieron junto a decenas de niños judíos.

Y todo gracias a la valentía de una monja de un convento cerca de Toulouse.

Hélène Bach tenía 12 años y jugaba en el jardín junto a Ida, su hermana pequeña. Entonces vieron cómo se acercaba rápido un camión militar.

Las dos niñas y su madre abandonaron su casa en Lorena, al noreste de Francia, tras la invasión alemana en mayo de 1940. Se dirigieron hacia la “zona libre” en el sur del país.

Para evitar que toda la familia fuese capturada, decidieron que el padre, Aron y la hija mayor, Annie, viajaran separados.

Pero cuando Aron y Annie fueron arrestados en 1941 y llevados a un campo de detención cerca de Tours, la madre de Hélène rentó una casa en la zona.

Allí se quedaron viviendo durante un año, hasta que llegó un vehículo con soldados alemanes.

Hélène e Ida, de ocho años, corrieron a la cocina para avisar a su madre.

“Mi madre nos dijo que huyéramos y nos escondiéramos en el bosque. Tomé la mano de mi hermana pequeña pero no quería venir conmigo. Quiso regresar con su madre. La dejé ir y volvió”, dice Hélène.

Escape

Cecile Bach, la madre de Helene y Anne.

BBC
Cecile Bach, la madre de Helene y Anne.

Sola en el bosque, Hélène permaneció escondida hasta que todos se fueron.

Entonces volvió a la casa y encontró algo de dinero que su madre dejó sobre la mesa.

“Sabía que regresaría”, dijo.

Hélène se fue a la casa de unos amigos en la zona. Jamás volvió a ver a su madre y hermana pequeña.

La hermana mayor de Hélène, Annie, también logró escapar. Tras pasar un año en el campo de Tours, consiguió escabullirse entre las verjas y salir corriendo.

Annie, de 16 años, viajó sola hasta la casa de su tía en Toulouse, pero ni siquiera allí estaba a salvo.

La familia de su tía no estaba registrada como judía y podía hacerse pasar por católica, pero Annie no podía.

Un día en otoño de 1942, la policía llamó a la puerta. Ordenaron que se les mostrara el libro de familia de todos.

“La suerte de mi vida fue que Ida, mi prima, había ido a comprar el pan. Así que mi tía me presentó como Ida. Por eso a veces creo en los milagros”, cuenta Annie.

Poco después de la llegada de Annie a Toulouse, su tía recibió una carta de Hélène desde su escondite. Entonces coordinó su rescate.

Así, una joven mujer de la Resistencia Francesa se presentó una noche en la casa donde Hélène se estaba quedando.

“Dijo que venía a buscarme”, recuerda.

Para mostrar confianza, la mujer le enseñó una fotografía suya que su tía le había dado.

La familia Bach antes de la guerra.

BBC
La familia Bach tuvo que huir de forma separada. No todos corrieron con la misma suerte.

Fue un viaje difícil. La mujer llevaba documentos falsos en que ambas eran descritas como estudiantes. Fueron detenidas e interrogadas en varias ocasiones.

Políticas antijudías

El gobierno del mariscal Philippe Pétain, con sede en Vichy, aprobó leyes antijudías, permitió que los detenidos en Baden, Alsacia y Lorena fueran internados en su territorio y confiscó varias propiedades y negocios.

El 23 de agosto de 1942, el arzobispo de Toulouse, Jules-Geraud Saliège, escribió una carta a sus clérigos pidiéndoles que la leyesen a sus congregaciones.

“En nuestra diócesis han ocurrido escenas perturbadoras. Están separando familias y mandando a sus miembros a destinos desconocidos. Los judíos son hombres y mujeres, parte de la raza humana. Son nuestros hermanos. Un cristiano no puede olvidarse de eso”, decía la carta.

El arzobispo protestó ante las autoridades por las acciones contra los judíos, pero la mayoría de la jerarquía católica francesa guardó silencio.

De 100 obispos franceses, Saliège fue uno de los únicos seis que se pronunciaron en contra del régimen nazi.

“Respuesta al llamado”

La monja Denise Bergon atendió al llamado de Saliège. Esta joven era la madre superiora del Convento de Nuestra Señora de Massip en Capdenac, situado a 150 kilómetros del noreste de Toulouse.

“Este llamado nos conmovió profundamente y tal emoción se apoderó de nuestros corazones. La respuesta favorable a esta carta fue testimonio de la fuerza de nuestra religión sobre cualquier raza o partido“, escribió Bergon en 1946, tras terminar la guerra.

El arzobispo de Toulouse.

BBC
El arzobispo de Toulouse fue uno de los pocos obispos que se pronunció en contra del nazismo.

“También fue un acto de patriotismo, ya que al defender a los oprimidos estábamos desafiando a los perseguidores”, añadió.

El convento gestionaba un internado y Bergon confiaba en que fuese posible esconder niños judíos entre sus alumnos católicos. Sin embargo, le preocupaba poner en peligro a las otras monjas y el acto de deshonestidad que supondría su idea.

Pidió consejo al arzobispo Saliège y la respuesta fue clara: “Mintamos, hija mía, siempre y cuando salvemos vidas humanas”.

83 niños judíos

En el invierno de 1942, la hermana Bergon recogió a varios niños judíos que se escondían en los bosques y valles en las inmediaciones de su región.

Mientras las tropas alemanas y fascistas intensificaron la búsqueda de judíos, el número de niños refugiados en el convento llegó a ascender a 83.

Entre ellos se encontraba Annie, cuya tía consideró que allí estaría más segura que en Toulouse. Poco después, también llegó Hélène, acompañada por su guía de la Resistencia.

Denise Bergon junto a una chica, posiblemente Annie.

BBC
Annie junto a la hermana Bergon.

“Al llegar, la hermana Bergon me llevó a una habitación e intentó hacerme sentir que mis padres seguían aquí. Se portó como si fuera mi madre”, describe Hélène.

Pero a la chica le pesaba mucho lo que había sucedido con Ida, su hermana pequeña.

“Siempre pensaba que si mi hermana no me hubiera soltado la mano, ahora estaría en el convento conmigo”, dice.

Albert Seifer era otro de los niños de Alsacia que se refugió en el convento.

“Estábamos rodeados por muros altos, como en un fuerte. Estábamos muy contentos. No sentimos la guerra a pesar de estar rodeados de peligro”, cuenta Albert.

El jardín actualmente.

BBC
El convento dio refugio a 83 niños y a varias pertenencias de valor de sus familias.

Parientes y cuidadores enviaban s sus niños con dinero, joyas y otros bienes de valor para pagar por el refugio antes de intentar salir de Francia.

La hermana Bergon registró cómo transcurrieron esos días.

“Desde comienzos de 1944, la búsqueda de judíos se volvió más estrecha y numerosa. Nos llegaban solicitudes de refugio de todas partes. Recibimos cerca de 15 niñas pequeñas. Algunas de ellas consiguieron escapar milagrosamente de la persecución de la Gestapo”, escribió en 1946.

“Se convirtieron en nuestros niños. Nos comprometimos a devolverlos a salvo a sus familias”, añadió.

Además de Bergon, las únicas personas que sabían la verdad sobre el origen de los niños eran la directora de la escuela, el capellán y otras dos hermanas.

Las otras 11 monjas sabían que los niños eran refugiados de la región de Alsacia y Lorena, pero desconocían que eran judíos.

Como los niños no estaban familiarizados con los ritos católicos, la forma que encontraron de no levantar sospechas fue haciéndose pasar por comunistas.

“En el este de Francia había muchas ciudades industriales cuyos trabajadores eran comunistas. Hacíamos como que no sabíamos nada sobre religión”, dijo Annie.

Peligro extremo

Mientras la guerra se alargaba, los niños corrían más peligro y esto preocupaba a la hermana Bergon.

“Aunque todos los documentos comprometedores y la joyería de las familias de los niños estaban escondidos en varias esquinas del convento, no nos sentíamos seguros. Así que una noche, mientras todos dormían, cavamos un agujero profundo en el jardín del convento y enterramos todo lo que pudiera ser comprometedor”, escribió Bergon en su diario.

Ventana en uno de los dormitorios de los niños.

BBC
Mientras más se alargaba la guerra, más peligro corrían los niños.

Annie recuerda el día de 1944 en que abrió la puerta a un miembro de la Resistencia que se presentó en el convento con una advertencia.

“Rápido, debo hablar con tu directora. ¡Es muy urgente!”

El hombre contaba que el convento había sido denunciado, que se había corrido la voz de que ocultaba niños judíos.

La hermana Bergon trazó un plan con la Resistencia, quien accedió a lanzar tiros de advertencia si el enemigo se acercaba.

“Los niños dormirían emparejados: los mayores con los menores. A la primera detonación, se irían deprisa pero en silencio hacia los bosques y abandonarían la casa”, apuntó Bergon en su diario.

Pero pronto decidió esconder a los niños sin esperar a que llegaran los invasores. Un grupo, donde estaba Annie, fue llevado a la capilla.

“El capellán era un hombre fuerte y podía levantar los bancos. Abrió una trampilla en el suelo y nos metieron allí”, recuerda Annie.

El agujero medía 2,5 metros de largo y tenía 1,5 metros de altura.

Annie junto a la trampilla de la capilla.

BBC
Annie junto a la trampilla de la capilla.

Allí se escondieron siete niños durante cinco días.

No podían pararse o acostarse. Solo se les permitía salir por tiempos cortos, a primera hora de la mañana, para ejercitarse, comer, beber e ir al baño.

Aquellos días bajo el suelo marcaron a Annie para siempre. Desde entonces no puede dormir sin un pequeña luz encendida.

Hélène tuvo algo más de suerte y fue llevada a una casa con otra familia local.

Trampilla.

BBC
La trampilla donde escondieron a los niños es diminuta.

Las tropas alemanas no entraron en el convento, pero dejaron rastros de destrucción en las inmediaciones.

“Encontramos miembros de la Resistencia muertos y abandonados en el camino”, cuenta Annie.

Como muestra de respeto, depositaron flores encima de los cadáveres.

En junio de 1944, las tropas fascistas que rondaban el aire se desplazaron al norte para repeler los desembarcos de los Aliados en Normandía.

En el camino participaron en dos masacres para castigar a los lugareños por las actividades de la Resistencia en la zona.

Una vez en Normandía, fueron aplastadas por la Segunda División Blindada de Estados Unidos. Perdieron 5,000 hombres, más de 200 tanques y otros vehículos de combate.

Fin de la guerra

Tras la liberación del sur de Francia en agosto de 1944, los niños judíos comenzaron a abandonar el convento.

Albert Seifer se reunió con su familia, incluyendo su padre, quien logró regresar con vida del campo de concentración de Auschwitz.

Annie y Hélène no tuvieron tanta suerte.

Las hermanas Hélène y Annie en las puertas del convento.

BBC
Hélène y Annie siguen visitándose tanto como pueden.

Su tía sobrevivió, pero sus padres e Ida, la hermana pequeña, fueron asesinados en Auschwitz.

Annie se instaló en Toulouse, se casó, tuvo hijos y recientemente se convirtió en bisabuela. Todavía se reúne con Albert, ahora de 90 años.

Hélène se casó y tuvo un hijo, instalándose en Richmond, al oeste de Londres. Con 94 y 90 años, las hermanas viajan entre Londres y Toulouse para verse tan a menudo como pueden.

A ambas les entristeció despedirse de la hermana Bergon y la visitaron de forma regular el resto de su vida.

Cuando los hijos de Annie eran pequeños, los llevaba a menudo consigo para recordarles esa etapa de la historia, lo que soportó el pueblo judío.

La hermana Bergon permaneció en el convento y continuó trabajando hasta su muerte en 2006 a la edad de 94 años. Más adelante ayudó a niños desfavorecidos y luego a inmigrantes del norte de África.

Denise Bergon

BBC
La hermana Betgon continuó realizando labores humanitarias durante el resto de su vida.

En 1980 recibió honores por parte del Centro Conmemorativo del Holocausto y fue nombrada como “Justa de la Naciones”.

Una calle lleva su nombre en Capdenac, pero aparte de eso, el único monumento de su hazaña se encuentra en los terrenos del convento.

Foto de sobrevivientes junto a Bergon.

BBC
Hélène (a la izquierda), Annie (a la derecha) junto a la hermana Bergon en el memorial del convento.

“Este cedro fue plantado el 5 de abril de 1992 en memoria de la salvación de 83 niños judíos (de diciembre de 1942 a julio de 1944) por Denise Bergon (…) a petición de Monseñor Jules-Geraud Saliège, arzobispo de Toulouse”, dice la conmemoración.

Se encuentra cerca del lugar donde Bergon enterró las joyas, el dinero y los artículos valiosos que dejaron los padres, y que devolvió intactos después de la guerra para ayudar a las familias a comenzar de nuevo.


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