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Cuartoscuro

Las 7 claves detrás de la corrupción policiaca en México (y cómo combatirla)

Un estudio de Causa en Común A.C. revela problemas estructurales que favorecen la corrupción y propone un Modelo ya aceptado por seis estados para remediar el problema.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
31 de enero, 2017
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La corrupción de las distintas corporaciones de policía en México tiene causas y detonantes generales. Un estudio ciudadano las identificó y planteó un modelo para solucionarlo.

El problema es grave: en promedio uno de cada dos mexicanos que ha tenido contacto con una institución de seguridad pública ha dicho ser víctima o cómplice en un acto de corrupción policial de acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental. De hecho, según la misma encuesta, la policía es percibida como la institución más corrupta de todas.

La corrupción tiene sus causas. Un diagnóstico elaborado por la organización Causa en Común identificó los factores claves que propician o favorecen la corrupción: falta de leyes y mecanismos claros de disciplina y sanción; ausencia de protocolos para el uso de la fuerza  y carencia de unidades de investigación realmente independientes.

A su vez dicha organización planteó un modelo de tres fases de implementación para revertir y disminuir los niveles de corrupción en las instituciones de seguridad pública. Ayer cuatro  gobernadores del país (Hidalgo, Estado de México, Morelos y Veracruz) y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, firmaron un acuerdo para adoptar y aplicar ese modelo.

“La corrupción policial puede atacarse, si se empiezan a aplicar estrategias que en primer lugar dejen de ver al problema como una cuestión individual, de “malos policías” y empiecen a generarse mecanismos por los que se identifiquen los factores estructurales e institucionales que hacen que los policías y los mandos sigan cometiendo perpetuando este tipo de conductas” dijo Marcela Figueroa, investigadora de Causa en Común.

Las causas de la enfermedad

El estudio denominado “Diagnóstico del Régimen Disciplinario Policial en México” realizado por Causa en Común analizó la normatividad que rige los sistemas disciplinarios de las corporaciones de seguridad públicas de los 32 estados del país; además estudió en terreno la operación de las Unidades de Asuntos Internos de policía en siete entidades.

Animal Político presenta las siete claves que resumen las deficiencias encontradas de acuerdo con el referido diagnóstico

1. Leyes y reglamentos confusos, obsoletos o inexistentes

El sistema de leyes y reglamentos que rige la actuación de los policías en los estados presenta múltiples deficiencias de acuerdo con Causa en Común.

Por ejemplo, hay estados donde ni siquiera existen estas normas que regulen los sistemas disciplinarios, es decir, no hay un reglamento que explique cómo debe de aplicarse lo que las leyes anticorrupción dicen. Tampoco existe claridad sobre que sanción  corresponde a cada falta y el motivo para ello.

A esto se suma que en casi todos los casos no existe un sistema que contemple la reparación del daño cuando un policía es erróneamente acusado, e incluso no existe la posibilidad de impugnar una sanción.

2. No hay protocolos de detenciones y uso de la fuerza

Los investigadores de Causa en  Común corroboraron al visitar seis estados (Chihuahua, Morelos, Nuevo León, Querétaro, Tabasco y Tamaulipas) que dos de ellos carecen por completo de un protocolo para realizar detenciones y emplear el uso de la fuerza. Esta situación hace imposible al policía conocer cómo actuar en cada situación y  no incurrir en abusos.

3. Deficientes Unidades de Asuntos Internos

Los investigadores detectaron que en las unidades de Chihuahua o Tlaxcala no hay investigación de campo de las posibles irregularidades internas, sino solo un análisis de reportes documentales. En la Unidad de Nuevo León no se atiende de forma debida a los ciudadanos mientras que en la de Tamaulipas no se investiga de plano a ningún mando.

Incluso los expertos alertaron que en varios casos las indagatorias de Asuntos Internos solo se hacen por orden expresa de los jefes superiores.

4. Castigo solo para individuos, no instituciones

En ninguno de los casos analizados Causa en Común encontró que existan mecanismos institucionales para revertir situaciones de corrupción. Los sistemas de sanciones contemplan solamente castigos para los agentes en particular que incurran en una falta sin que siquiera existan recomendaciones a nivel de una base o corporación para evitar malas prácticas.

5. No se fomenta la denuncia ciudadana

Los investigadores de Causa en Común detectaron que en las secretarías de Seguridad Pública de los estados se fomenta muy poco la denuncia ciudadana de los hechos de corrupción e incluso, aunque esta existe, hay prácticas que no contribuyen a que se realice.

6. No hay programas preventivos

Causa en Común detectó que no existen a nivel institucional programas preventivos para prevenir hechos graves de corrupción.

En el análisis a fondo realizado a los seis estados mencionados se detectó que solo uno de ellos (Querétaro) cuentan con algo denominado “sistemas de alerta temprana” que si pueden contribuir a detectar a tiempo situaciones que luego derivan en riesgo de corrupción lo que permite revertirlas con anticipación.

7. Graves violaciones a derechos procesales

Los investigadores encontraron que los policías se encuentran en un total estado de indefensión al no existir elementos normativos que estructuren una posibilidad de una defensa adecuada en caso de denuncias en su contra.

La cura en tres pasos

Para revertir el problema de la corrupción en el país Causa en Común propuso el denominado “Modelo de Prevención y Combate a la Corrupción Policial”. La premisa es que la clave pasa por el fortalecimiento de las Unidades de Asuntos Internos, así como la introducción de mecanismos de control civil interno y externo

En los hechos se trata de una estrategia que requiere tres fases de implementación:

Primera Fase: La investigación interna

El objetivo de esta fase, de acuerdo con el Modelo, es fortalecer las Unidades de Asuntos Internos responsables de indagar los actos de corrupción.

Para ello se sugiere crear una base de ética y normativa con (entre otras cosas) un adecuado régimen disciplinario, un catálogo de faltas y sanciones, un código de ética actualizado, protocolos de uso de la fuerza en todos los casos, entre otros.

También se instruye poner en marcha un sistema de quejas y denuncias seguro para los ciudadanos y que funcione.

Segunda fase: supervisión a fondo

Lo que propone Causa en Común en esta fase es que se integre en cada estado un área de Disciplina y un área Combate a la Corrupción, cada una con su equipo independiente, que se encargue de investigar de forma diferenciada los hechos que sean meras faltas de conducta de aquellos que puedan representar incluso un delito.

Además se sugiere que dichas áreas no solo indaguen la actuación de los policías sino también de personal de civil que labora en las corporaciones de seguridad pública.

Causa en Común propone en esta fase la creación de comités que participen en el funcionamiento de estas áreas y que cuenten con representantes de la sociedad civil separados de las dependencias policiales.

Tercera fase: vigilancia externa

Como tercera fase del modelo para prevenir y erradicar la corrupción Causa en Común propone el diseño de un órgano externo y autónomo a la Policía que supervise periódicamente el funcionamiento de las áreas de Disciplina y Combate a la Corrupción de las corporaciones y que incluso tenga la facultad de ordenas investigaciones totalmente independientes cuando la gravedad de un caso lo amerite.

De acuerdo con la organización este nuevo órgano deberá contar con su presupuesto propio para funcionar adecuadamente y sus protocolos de operación.

Dicho órgano podrá su vez recibir quejas ciudadanas que remitirá a las áreas responsables de investigarlas. Incluso tendrá la capacidad de remitir al Ministerio Público evidencias de la comisión de un delito, de ser el caso.

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'Son terribles y muy costosos': cómo una empresa estadounidense quiere reinventar los cementerios

Una empresa en EU se plantea "rediseñar la experiencia del fin de la vida". Para ello está comprando bosques y vendiendo sus árboles a quienes deseen tener sus cenizas esparcidas en un lugar "hermoso", y "menos caro" que los cementerios tradicionales.
9 de julio, 2019
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Bosque.

Cortesía de Better Place Forests
Better Place Forests considera a los cementerios “terribles” y “costosos”. Apuestan a que el lugar donde enterrar a los seres queridos sea recordado con placer.

Siempre se ha dicho que la muerte es un “negocio redondo”. Las funerarias y los cementerios nunca tendrán que cerrar por falta de clientes.

Parece un área donde no hay mucho que hacer en términos de innovación. A fin de cuentas, cuando una persona muere, las opciones de sus seres queridos son limitadas: a saber, cremar el cuerpo o llevarlo a una tumba.

Pero una empresa start-up en California, EE.UU., piensa que esta manera de “pasar la eternidad” no es solo “terrible” sino “muy costosa”.

“En este país, el precio promedio por enterrar a alguien es US$10.000“, cuenta a BBC Mundo Sandy Gibson, director ejecutivo de Better Place Forests.

Millones de residentes estadounidenses no solo viven con la preocupación por el aumento del costo de la vida; el costo de morirse también está en ascenso desde hace varias décadas.

Según el Departamento de Trabajo de EE.UU., de 1986 a 2017, el precio de los servicios funerarios aumentó en un 227,1%. En este mismo período, por ejemplo, los fabricantes de ataúdes aumentaron sus precios un 230%.

La idea de Gibson para “rediseñar la experiencia del fin de la vida” es esta: comprar hermosos bosques privados y luego venderles a las personas interesadas un árbol que será su lugar de descanso.

Sandy Gibson.

Cortesía de Better Place Forests
Sandy Gibson, director ejecutivo de Better Place Forrest, dice que él mismo ya escogió el árbol donde quiere que rieguen sus cenizas.

Su empresa ofrece a esos clientes una ceremonia en la que las cenizas son mezcladas con fertilizante y luego plantadas en la base del árbol.

“Puedes tener uno privado con nosotros por unos US$2.900. Así que es mucho menos costoso que un entierro tradicional“, explica.

Y lo principal, dice, esta opción tiene la ventaja de saber que vas a descansar en un lugar “hermoso e inspirador”. O, que al recordar a tu familiares y amigos, la imagen que tendrás en la cabeza será mucho más placentera que la de una tumba de cemento.

Gibson nos explica que ya miles de personas han llamado para reservar su árbol. Que estas familias están “entusiasmadas” con la idea, aunque suena extremadamente raro pensar que a alguien le parezca atractiva la idea de planificar su propia muerte o la de otra persona.

Banco para visitantes.

Cortesía de Better Place Forests
Los bosques de Better Place Forests contarán con bancos y centros para visitantes.

En el sitio oficial de la empresa aparecen los testimonios de algunos de esos clientes.

“Decidí que el bosque será el lugar para mí y mi familia”, escribió Lawrence Walters. Mientras otra persona llamada Pacia Dewald dijo que “el proceso de seleccionar un árbol fue profundamente espiritual, así como divertido”.

Los clientes de la start-up, dice Gibson, tienen una edad promedio de 60 años.

Morir no es gratis

La compañía ha comenzado por adquirir bosques en dos localidades de California (Point Arena y Santa Cruz), pero el plan es expandirse hacia otros estados del país.

Como en muchos otros lugares del mundo, morirse no es gratis. Incluso si has escogido descansar en un árbol.

Hay cuatro tipos de árboles para escoger: secuoyas (“elevadas y antiguas”), madroños (“impactantes y expresivos”), tanoaks (“peculiares y bondadosos”) y abetos (“señoriales y reverentes”).

Varían en tamaño y locación —algunos gozan de vista a un lago o al mar, por ejemplo— y en función de estos factores pueden llegar a costar hasta alrededor de US$30.000.

Centro de visitantes.

Cortesía de Better Place Forests
Gibson asegura que la iniciativa de su empresa es también un esfuerzo por la preservación de los bosques.

Aquellos que deseen pagar menos y no tengan problemas con ser esparcidos junto a extraños, por US$970 la compañía deposita las cenizas en un árbol comunitario.

Una vez que estas han sido plantadas en el árbol, se le coloca en la base una placa metálica dorada con el nombre del fallecido, que sería el equivalente a una lápida de cementerio.

Los árboles más grandes sirven para familias de cuatro a 12 personas. Si deseas ubicar varias personas en uno más pequeño y económico, lo que tienes que hacer es comprar el derecho de regar las cenizas ahí y hacer la ceremonia”.

En caso de que un árbol muera, la compañía promete reemplazarlo con otro, plantándolo justo en el mismo lugar.

Durante la ceremonia de esparcimiento, las cenizas son mezcladas con tierra local y agua, con el objetivo de “rebalancear el ph de esas cenizas, para que las bacterias en el suelo las descompongan”. Esa mezcla le servirá de nutriente al árbol.

“De lo que se trata la ceremonia es de crear un momento donde las personas vean a su ser amado retornar a la tierra y convertirse en parte del ciclo de la vida. De esta manera cuando piensen es ella pensarán en ese momento final: en las hojas, los árboles, el viento”, comenta el emprendedor estadounidense.

En nombre de la conservación

Better Place también está vendiendo la idea como una manera de conservar los bosques, pues la empresa garantiza un mecanismo legal para que, una vez adquiridos, no puedan ser usados como zonas de desarrollo en el futuro.

“Cuando una persona compra un árbol, está contribuyendo a que nosotros podamos preservarlo para siempre”, dice Gibson.

Y es que el empresario entiende que si a través de este negocio se pueden proteger los bosques de manera permanente, “eso es algo que cualquiera que se dedique a causas medioambientales verá como positivo”.

Árbol.

Cortesía de Better Place Forests
Sandy Gibson: “Yo tuve que pensar en la muerte desde una edad muy temprana, por desgracia. Tenía 10 años cuando murió mi padre y 11 cuando murió mi madre”.

Pero al menos una organización ambientalista consultada por BBC Mundo expresó preocupación por el hecho de que compañías privadas como esta usen el “pretexto” de la conservación ambiental como justificación para la expansión corporativa.

Los esfuerzos privados de conservación rara vez, si acaso, han tenido éxito a largo plazo.

“En cambio, a menudo terminan desplazando a comunidades indígenas y locales de sus tierras tradicionales“, comenta Emma Rae Lierley, portavoz de la organización ambientalista Rainforest Action Network.

Lierley señala que las comunidades indígenas y locales fuertes y bien organizadas son algunas de las mejores defensas contra la expansión empresarial en los bosques nativos.

“De hecho, no es una coincidencia que el 80% de la biodiversidad del mundo se encuentre en tierras administradas por pueblos indígenas, a pesar de que solo poseen el 25% de la reserva mundial de tierras”.

Para la ambientalista, cualquier esfuerzo de preservar los bosques necesita “un cambio de paradigma audaz e inmediato, que se aleje de un enfoque basado en los productos y se centre en el valor inherente de los ecosistemas prósperos”.

Pensando en la muerte desde niño

Gibson confiesa que la idea de reinventar los cementerios no se le ocurrió por casualidad.

Él mismo tuvo que pensar en la muerte desde niño. Su padre murió cuando tenía 10 años y su madre al cumplir los 11.

Pacific Mandrone

Cortesía de Better Place Forests
Los interesados visitan el bosque de su preferencia para escoger el árbol que sea más afín a su personalidad.

“Mi madre fue una mujer hermosa e inspiradora y el final de su historia de vida fue en una tumba oscura de piedra, en un cementerio. Así no es como yo quisiera recordarla”, cuenta.

“Cuando pienso en ella quiero pensar en algo hermoso, pero lo que recuerdo es su tumba”.

Gibson, de 36 años, dice que está consultándolo con su familia, pero que también tiene intenciones de trasladar los restos de sus padres a un lugar en el bosque.

Y asegura haber elegido una secuoya como su propio destino final. Es un árbol frondoso que da a un lago y que, en cuanto lo vio, supo que era el sitio que quería.

“Hay algo increíblemente reconfortante en el hecho de que puedas controlar el final de tu historia”.


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