Los delitos que más se cometen en la CDMX y las delegaciones más peligrosas
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Cuartoscuro Archivo

Los delitos que más se cometen en la CDMX y las delegaciones más peligrosas

El robo a transeúnte con violencia es actualmente el delito más frecuente de todos en la Ciudad de México, de acuerdo con la Procuraduría local; también han aumentado los homicidios y los robos de bicicletas.
Cuartoscuro Archivo
Por Arturo Angel
10 de enero, 2017
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La Ciudad de México registró  en once meses de 2016 casi 165 mil denuncias en las agencias del Ministerio Público. Más del 40 por ciento de las denuncias corresponden únicamente a diez delitos, que son los que se cometen con mayor frecuencia en la capital del país, varios de forma violenta.

El balance oficial de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México arroja que el robo a transeúnte con violencia es actualmente el delito más frecuente de todos. De enero a noviembre de 2016 se registraron 11 mil 953 casos, que equivalen a casi 40 nuevos casos que se denuncian a diario. En comparación con 2015 los robos violentos a transeúntes se redujeron poco más de seis por ciento.

El segundo delito más frecuente en la Ciudad de México es el robo negocio sin violencia, que se comete generalmente cuando no hay nadie en el comercio o cuando los dueños no se percatan del mismo. En total son 11 mil 888 denuncias de este ilícito, que equivalen a un promedio diario de 39 a 40 casos.

Lo grave, además de la frecuencia de los robos  a negocios, es que este delito repuntó 18 por ciento respecto a 2015.

El tercer delito más frecuente son los fraudes, ilícito que se comete por lo general cuando una persona llega a un acuerdo en el que invierte bienes o dinero, sin recibir la contraparte pactada. Las denuncias por fraude en once meses de 2016 llegaron a diez mil 654 casos que son un promedio diario de 35 casos diarios. Este delito se mantuvo estable respecto a 2015.

El daño a propiedad ajena es el cuarto delito que más se comete en la capital: nueve mil 324 denuncias de enero a noviembre de 2016, por lo menos 31 nuevas denuncias al día. Además,  respecto al mismo periodo de 2015 es un incremento de casi el 8 por ciento en la incidencia de este delito.

El quinto delito más común en la ciudad es el robo de vehículo sin violencia, que se presenta cuando los delincuentes se apoderan de autos estacionados. En once meses de 2016 sumaron siete mil 299 casos denunciados, un promedio de 24 robos de autos al día.  Este delito bajó nueve por ciento respecto al año anterior.

Los robos a casa habitación sin violencia, que ocurren por lo regular cuando no hay alguien en el departamento o vivienda, son el sexto delito más común con cinco mil 311 casos, que equivalen a casi 18 saqueos diarios. En comparación con 2015, los robos a casas han crecido más de 16 por ciento.

Las lesiones culposas se ubican como el séptimo delito de mayor frecuencia en el Distrito Federal. De enero a noviembre sumaron cinco mil 107 casos que es un incremento del once por ciento en este delito. Las lesiones culposas son, por lo general, producto de accidentes de tránsito o percances no intencionales.

Los robos sin violencia cometidos a transeúntes son el octavo delito más frecuente con cuatro mil 884 casos. En noveno sitio está otro delito grave: los robos de vehículo que se cometen con violencia con tres mil 377 casos, un promedio de al menos once nuevos casos cada 24 horas. El punto positivo es que es una reducción de 4 por ciento en la incidencia de este delito.

La lista de los diez ilícitos más frecuentes en la Ciudad de México la cierre el ilícito de despojo, que normalmente ocurre cuando una persona se apropia de un terreno, propiedad o algún bien de otra persona sin su entero consentimiento. En once meses de 2016 fueron tres mil 172 denuncias de este tipo, un promedio de entre diez y once casos diarios.

Delitos

Las delegaciones más peligrosas

El centro de la ciudad de México es actualmente la zona más peligrosa de la capital del país, como lo reflejan los números oficiales. La tasa de delitos de alto impacto en las delegaciones centrales, que permite conocer el promedio de delitos que se cometen por cada cien mil personas, es más elevada que en demarcaciones periféricas o limítrofes con el estado de México.

Los ilícitos de alto impacto son los considerados graves o que generan afectaciones inmediatas en la economía de las víctimas. Entre ellos están los homicidios, secuestros, violaciones, extorsiones, robos con violencia, robos de autos y a transeúntes con o sin violencia, entre otros.

Cuauhtémoc es la delegación con la mayor incidencia delictiva de todas y por un margen considerable. Su balance de enero a noviembre de 2016 fue de 580 delitos por cada cien mil habitantes. Para ponerlo en proporción, ninguna de las otras delegaciones llega a 400 delitos por cada cien mil habitantes.

La segunda demarcación más peligrosa por su nivel de delitos es Benito Juárez, ubicada también en la zona centro del Valle de México. En esta delegación donde se ubican colonias familiares como la Del Valle, Narvarte o Portales el promedio es de 395 ilícitos de alto impacto por cada cien mil personas.

En tercer sitio se encuentra la delegación Venustiano Carranza con un promedio de 370 denuncias por cada cien mil habitantes entre enero y noviembre de 2016. Es esta demarcación hay colonias cercanas al centro como Morelos, además del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Miguel Hidalgo, en donde se ubican entre otras las colonias Polanco y Anzures, es la cuarta delegación más peligrosa con un promedio de 348 delitos de alto impacto por cada cien mil personas. Y en quinto sitio aparece Azcapotzalco, en la zona norte de la Ciudad de México, con una tasa delictiva de 330 ilícitos.

Cabe señalar que Iztapalapa es en números absolutos la segunda delegación con más delitos denunciados después de Cuauhtémoc pero, debido a su alta densidad poblacional, tiene una tasa delictiva es inferior a los 300 delitos por cada cien mil habitantes.

En contraparte la delegación más segura de la Ciudad de México en el lapso de enero a noviembre de 2016 fue Cuajimalpa. Dicha demarcación tiene un registro de 78 delitos por cada cien mil habitantes. Le sigue Milpa Alta con una tasa de 99 ilícitos y Magdalena Contreras con un registro de 127 delitos.

Delegaciones

Delitos al alza

En 2016 se incrementaron varios delitos en la Ciudad de México, tanto de alto como de bajo impacto. El delito más grave que ha subido son los homicidios dolosos que pasaron de 782 casos entre enero y noviembre de 2015 a 848 en el mismo lapso de 2016. Lo anterior representa un alza superior al ocho por ciento de los asesinatos.

Animal Político también publicó que los robos en algunos medios de transporte también se han incrementado. En el Metro los asaltos se dispararon más del 60 por ciento, mientras que en Trolebús y Tren Ligero los robos se han incrementado más de diez por ciento.

Los datos oficiales revelan otros robos  que también se han subido. Por ejemplo en 2016 se registraron 948 robos de bicicletas que equivale a un alza de casi el 8 por ciento respecto al 2015.

Hasta en los cines se han incrementado los robos. En 2015 la Procuraduría capitalina no reporto ningún caso en esta modalidad mientras que en 2016 ya  se habían iniciado cuatro averiguaciones previas por asaltos en este tipo de establecimientos.

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Coronavirus: qué es el cerebro pandémico y cómo nos afecta en el día a día

La exposición al estrés crónico que ha traído la pandemia está teniendo más consecuencias de las que imaginamos. Te contamos algunas y cómo contrarrestarlas.
26 de julio, 2021
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Me siento a escribir este texto. Arranco. Voy bien, llevo 100 palabras. Bueno, pienso que esta última línea quizás no se entiende. La borro. Lo borro todo. ¿Cómo retomo? Página en blanco. Mente en blanco. Pasan los minutos. Reviso el teléfono. ¡Es imposible concentrarse!

Es muy probable que en el último año y medio hayas sentido algo parecido ante cualquier actividad.

Si es así, no te preocupes. Muchos lo comparten. Tenemos cerebro pandémico.

No se trata de un término clínico, pero es así cómo algunos científicos denominan a la serie de dolencias que está sufriendo nuestro cerebro a raíz de la pandemia.

El estrés crónico y los largos ratos de confinamiento no solo han afectado nuestra capacidad de memoria y concentración.

Hay expertos que creen que también es posible que hayan reducido en tamaño algunas zonas de nuestro cerebro.

Pero, ¿nos quedaremos así para siempre?

Estrés prolongado

Los especialistas coinciden en que el principal responsable de los cambios en nuestra cabeza es la larga exposición al estrés durante tanto tiempo, el estrés crónico.

“Hay niveles de estrés ‘buenos’. Si necesitas culminar una tarea en un tiempo ajustado, una vez lo haces el estrés se va. Se acaba todo”, ejemplifica Michael Yassa, neurólogo del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria en California.

Mujer mirando a través de la ventana durante el confinamiento.

Getty Images
El aislamiento social provoca una exposición al estrés prolongado, impactando el volumen de varias zonas de nuestro cerebro involucradas en nuestras actividades diarias.

“Pero cuando el fin no está la vista y el estrés continúa por una sesión prolongada, entonces se vuelve problemático”, le explica Yassa a BBC Mundo.

Es lo que nos está sucediendo con la pandemia. Vivimos un estado dilatado de espera, de confinamientos y relajaciones, restricciones y medidas sin saber cuándo recuperaremos lo que ahora llamamos normalidad.

El estrés prolongado libera cortisol, y si tienes problemas continuos con esta hormona, puede llegar a afectar el volumen de algunas zonas del cerebro.

La neuropsicóloga Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, ha estado analizando los efectos del distanciamiento social y la ansiedad por la pandemia en nuestra masa cerebral.

“A través de escáneres a personas socialmente aisladas hemos detectado cambios en el volumen de las regiones temporales, frontales, occipitales y subcorticales, así también como en el hipocampo y la amígdala”, le dice Sahakian a BBC Mundo.

“Ya en el pasado, altos y prolongados niveles de cortisol han sido asociados con disrupciones del humor y la reducción del hipocampo. Esto se observa sobre todo en pacientes con depresión”, añade.

En 2018, por ejemplo, un estudio publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología demostró que un alto nivel de cortisol en pacientes se asoció con una peor memoria y percepción visual, así como con volúmenes más bajos de materia gris total, occipital y lobar frontal.

Y esos cambios de volumen como los detectados por Sahakian pueden incidir directamente en las actividades que realizamos a diario.

“Ese conjunto de dolencias que afectan a la salud mental y nos generan depresión y ansiedad, es lo que coloquialmente estamos llamando cerebro pandémico”, apunta Yassa.

¿Cómo nos afecta el cerebro pandémico en el día a día?

La doctora Sahakian pone un ejemplo muy común.

“Aparcas tu auto en un estacionamiento público de múltiples niveles de un centro comercial. Regresas después de varias horas. Por un momento te pierdes y no recuerdas dónde dejaste tu auto. Pues bien, el hipocampo es la zona del cerebro responsable de aplicar esa memoria, precisamente una de las zonas más afectadas por los efectos de la pandemia”.

Aparcamiento en Santa Mónica, Los Ángeles, Estados Unidos.

Getty Images
Los efectos del llamado cerebro pandémico pueden notarse si tenemos dificultades para reencontrar nuestra plaza de aparcamiento.

El hipocampo también está involucrado en los procesos de aprendizaje. Además, es una zona que normalmente se deteriora con la edad.

“Es por ello que los ancianos pueden ser más vulnerables, aunque también hemos detectado que los niños pueden experimentar retrasos en su desarrollo social y del lenguaje”, argumenta Sahakian.

Pero los efectos del llamado cerebro pandémico van mucho más allá de una afectación leve de la memoria o un retroceso de la capacidad de aprendizaje.

Son muchos los receptores que son sensibles al cortisol, así que varias redes neuronales quedan afectadas, notándose en nuestros posibles cambios de humor frecuentes, sentimientos de miedo o la incapacidad para concentrarnos, realizar varias tareas a la vez o tomar decisiones sin titubear.

Esto se debe a su impacto en el sistema límbico y la amígdala, esta última encargada de hacernos sentir emociones.

“Muchos pacientes describen un sentimiento de “neblina mental” y se quejan de que ya no toman decisiones de la misma forma que lo hacían antes”, explica Yassa.

Por supuesto, esta carga psicológica también viene acompañada de irremediables consecuencias fisiológicas.

“La depresión y la ansiedad nos afectan el sueño, cambian el apetito y producen fatiga”, añade el neurólogo.

Escáner de cerebro.

Getty Images
Sahakian y su equipo han estado investigando las variaciones en nuestro cerebro que provoca la pandemia.

No afecta a todos por igual

Como en todo, el cerebro pandémico lastra más a unos que otros. En esto entra en juego la resiliencia individual y el nivel de estrés al que estemos sometido.

No sufren lo mismo quienes han padecido el aislamiento social que aquellos que perdieron un familiar o conocido, se quedaron desempleados o estuvieron infectados.

En estos casos, además del estrés crónico, también puede aparecer el estrés postraumático, incrementando la inestabilidad de la salud mental, la depresión, el dolor y la ansiedad.

Algunos hemos mostrado más resiliencia y creamos estrategias durante los confinamientos para mantenernos sanos, como seguir una rutina de ejercicio físico, pero para los más afectados este tipo de actividades puede ser más difícil de seguir”, diferencia Sahakian.

“La autogestión del estrés es algo personal que no todos logramos de la misma manera. Todos hemos tenido estrés en nuestra vida. Si logramos superarlo, este estrés hasta puede ser bueno en cierto punto” añade.

¿Es posible recuperarse?

El doctor Yassa quiere pensar que sí es posible superar los cambios sufridos, pero reconoce que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo.

“La gente se sobrepone a desastres naturales o la pérdida de seres queridos, así que de esto también deberíamos superarlo. Pero primero debe desaparecer la causa”, aclara.

“Según se vayan recuperando las libertades y la gente retome el contacto social, todos mejoraremos”, amplía Sahakian.

Persona llorando en una tumba en Indonesia en plena ola de coronavirus.

Getty Images
Las personas que han sufrido un ser querido pueden tardar más en recuperarse de los efectos psicológicos de la pandemia.

Mientras esperamos por la vuelta a la normalidad, los expertos igualmente aconsejan aplicar técnicas para traer de vuelta nuestras funciones cognitivas.

“Debemos retarnos con juegos de memoria para recuperarla, así también como ponernos a aprender cosas nuevas”, recomienda la doctora.

Yassa opina que debemos enfocarnos en crear una especie de armonía de ritmos.

“Levantarnos a la misma hora, comer regularmente y hacer ejercicio físico da mejores oportunidades al cerebro para recuperarse“.

Pero si bien estas actividades pueden ser suficientes para muchos, Sahakian reconoce que algunos podemos necesitar la ayuda de profesionales.


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https://www.youtube.com/watch?v=WhrDWNcNQEM

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