Indígena pierde a su bebé por negligencia y luego le colocan anticonceptivo sin su permiso
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Médicos Sin Fronteras

Indígena pierde a su bebé por negligencia y luego le colocan anticonceptivo sin su permiso

Una joven de origen náhuatl enfrentó que un hospital no contara con médicos para atender su labor de parto, que la ambulancia no tuviera gasolina ni chofer para trasladarla a otro centro, y que en otro hospital la dejaran sin atender durante ocho horas hasta que perdió a su bebé.
Médicos Sin Fronteras
Por Manu Ureste
23 de enero, 2017
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Una mujer indígena de 21 años de edad perdió a su hija recién nacida luego de que un hospital de Puebla le negara la atención porque no contaba con ginecólogos ni pediatras, ni tampoco con insumos básicos como gasolina para trasladarla en ambulancia a otro centro médico.

Además de la pérdida de la bebé por una cadena de negligencias, médicos de otro hospital en Hidalgo le colocaron un método anticonceptivo sin su consentimiento plenamente informado.

Una praxis violatoria de derechos humanos que no es un caso aislado en México: solo en 2016, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) documentó otros cinco casos en los que se implantó un Dispositivo Intrauterino (DIU) a mujeres indígenas sin su permiso.

Mientras que las negligencias médicas durante las labores de parto son mucho más reiterativas: según documentó en un informe el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), en 18 meses –de 2014 a junio de 2015- 266 mujeres denunciaron que fueron objeto de violencia obstétrica en hospitales estatales, principalmente en el estado de Guerrero (144, el 48%), Morelos (54) y la Ciudad de México (18).

La policía también negó el apoyo 

En el caso más reciente de violencia obstétrica documentado por la CNDH en un informe que puedes leer aquí, Martha –cuya verdadera identidad queda protegida- acudió de urgencia a las 21 horas de la noche del 6 de septiembre al Hospital Integral de Pahuatlán de Valle, en el estado de Puebla, ya que su bebé de 31 semanas “estaba por nacer”.

En la entrada del centro médico, que depende de la Secretaría de Salud poblana, un servidor público la recibe, pero de inmediato le comunica que tendrá que ser trasladada a otro hospital, ya que en ese centro no cuentan con “ginecólogo, anestesiólogo ni pediatra”.

El empleado del hospital de Pahuatlán pide entonces una ambulancia para trasladar de emergencia a Martha al Hospital General de Huauchinango, en el estado vecino de Hidalgo.

Sin embargo, el traslado no se realiza porque la ambulancia “no tenía gasolina ni había chofer”.

Ante la emergencia –Martha ya estaba prácticamente de parto, perdiendo “mucho líquido, rompiéndose la fuente”-, el empleado pide ayuda por teléfono a la comandancia de policía de Pahuatlán para trasladar a la joven indígena. Pero los uniformados también niegan el apoyo argumentando que “no hay personal disponible”.

Los familiares de Martha deciden entonces llevarla por sus propios medios al Hospital General de Huauchinango, al que llegan en la madrugada del  7 de septiembre.

Una vez allí, y luego de horas de no ser atendida en el hospital poblano, comienza la segunda parte de la odisea de Martha.

La bebé se asfixió durante más de 8 horas

En el Hospital de Huauchinango, el personal médico atiende a Martha a las 02.00 horas de la noche. Sin embargo, la CNDH documentó que hasta las 8.57 horas de la mañana no fue atendida de nuevo, “por lo que mediaron aproximadamente más de seis horas sin tener conocimiento del estado” de Martha y su bebé, “lo que desencadenó una inadecuada vigilancia del binomio madre-hijo”, produciendo complicaciones perinatales que pusieron en peligro la vida de la bebé.

Además, a las 2.08 horas se solicitó un ultrasonido del feto, para ver en qué situación se encontraba. Sin embargo, dicho estudio no se realizó hasta las 10 horas de la mañana; es decir, 8 horas después de que se ordenó.

Dicho estudio reflejaba que la bebé llevaba ocho horas sufriendo ‘oligohidramnios severo’, que dio como resultado una “disminución importante del líquido amniótico” y comprensión del cordón umbilical, lo que puso seriamente en riesgo la vida del feto.

O en otras palabras: la bebé se estaba asfixiando.

En este punto, el personal médico de la CNDH que documentó el caso, concluye que los médicos que atendieron a Martha “debieron realizar de manera urgente” un parto vía cesárea para salvar la vida de su hija.

Sin embargo, a pesar de que desde las 10 de la mañana los médicos sabían que la bebé presentaba “sufrimiento fetal”, éstos no realizan la cesárea hasta las 12.30 horas, dos horas y media después.

A las 13.25 horas, nace la niña. Pero poco después, a las 14.55 horas, muere. Según el reporte médico, el fallecimiento se produce por “asfixia perinatal severa” y “síndrome Dismórfico”.

Según concluye la CNDH, el fallecimiento se pudo haber evitado si los médicos del Hospital General Huauchinango hubieran vigilado y atendido a tiempo a Martha y a su hija.

“No saldrás del hospital hasta que te pongan el DIU”

Pero las negligencias no terminan aquí.

Tras el parto, personal médico del hospital deja por escrito que Martha aceptaba la colocación de un Dispositivo Intrauterino (DIU), como método anticonceptivo.

No obstante, la CNDH documentó que “no existe constancia” de que Martha, quien no habla bien español según relataron sus familiares, autorizara “de manera debidamente informada” la implantación de este método anticonceptivo, a pesar de la cual, le fue colocado por el personal médico del hospital.

Incluso, Martha denunció a la CNDH que una doctora le dijo que “no saldría de ahí hasta que le pusieran el DIU”.

Por todo lo anterior, la CNDH emitió la recomendación 58/2016, que puedes leer aquí, dirigida a los gobernadores de Puebla e Hidalgo, Rafael Moreno Valle y Omar Fayad, respectivamente, por violaciones a os derechos a la salud y al consentimiento informado en servicios de anticoncepción.

En la recomendación, la CNDH pide al mandatario poblano que provea al Hospital Integral de Pahuatlán de Valle de especialistas en ginecología, obstetricia y pediatría, “y contar con el servicio de ambulancia y de un operador de vehículos que esté disponible todo el año”.

Mientras que al gobernador de Hidalgo le recomendó reparar el daño a Martha con atención médica y psicológica, e iniciar una investigación ministerial contra tres médicos del Hospital Huauchinango que atendieron a la mujer indígena.

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La familia que no tiene huellas dactilares

Una familia en Bangladesh tiene una rara mutación genética que les ha representado dificultades en un mundo cada vez más dependiente de datos biométricos.
26 de diciembre, 2020
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Apu Sarker me mostró la palma abierta de su mano durante una videoconferencia desde su casa en Bangladesh. Al comienzo nada me pareció raro, pero cuando miré más de cerca me percaté de lo lisas que eran las superficies de sus dedos.

Apu, de 22 años, vive con su familia en una aldea en el distrito norteño de Rajshahi. Hasta hace poco, trabajaba como asistente médico. Su padre y abuelo eran agricultores.

Los hombres en la familia de Apu parecen compartir una rara mutación genética que se cree que solo afecta a un puñado de personas en el mundo: no tienen huellas dactilares.

Antes, en las épocas del abuelo de Apu, no tener huellas digitales no era gran lío. “Nunca lo pensé como un problema”, dijo Apu.

Pero después de décadas, esos pequeños surcos que se arremolinan en las puntas de nuestros dedos -llamados dermatoglifos– se han convertido en el dato biométrico más recopilado del mundo.

Se usan para todo, desde el paso por un aeropuerto hasta para abrir nuestros teléfonos inteligentes.

Un teléfono inteligente que se abre con la huella digital

AFP
Hoy en día, las huellas digitales se utilizan para operar un sinnúmero de dispositivos, como el teléfono inteligente.

En 2008, cuando Apu era niño, Bangladesh introdujo una Tarjeta de Identidad Nacional para todos los adultos y la base de datos requería una huella del pulgar.

Los funcionarios confundidos no sabían si emitirle una tarjeta al padre de Apu, Amal Sarker. Finalmente, recibió una tarjeta con el sello “SIN HUELLA DIGITAL”.

En 2010, las huellas dactilares se volvieron obligatorias para pasaportes y licencias de conducción.

Después de varios intentos, Amal logró conseguir un pasaporte mostrando un certificado de una junta médica. Nunca lo ha usado, en parte porque teme que haya problemas en el aeropuerto. Y, aunque conducir una motocicleta es esencial para su trabajo de agricultor, nunca ha obtenido una licencia.

“Pagué la tarifa, pasé el examen, pero no me dieron la licencia porque no podía dar una huella digital”, explicó.

Registro de datos biométricos en Bangladesh

Getty Images
Bangladesh ha realizado una extensa recopilación de datos biométricos de sus habitantes, sin los cuales no se puede aquirir un pasaporte, o una licencia de conducir, ni siquiera una tarjeta SIM para el teléfono.

Amal carga consigo el recibo de pago de la licencia, pero no siempre le ayuda cuando lo detienen. Le han multado dos veces. En ambas ocasiones explicó sobre su dolencia a los policías, dijo, y les mostró las puntas de sus dedos para que vieran. Ninguno le perdonó la multa.

“Siempre es un experiencia vergonzosa para mí”, contó Amal.

En 2016, el gobierno hizo obligatorio comparar la huella digital con la base nacional de datos para poder comprar una tarjeta SIM para un celular.

“Parecieron confundidos cuando fui a comprar una SIM, el software de su sistema se congelaba cada vez que ponía mi dedo en el sensor”, dijo Apu, con una sonrisa irónica.

Le rechazaron la compra. Todos los hombres de su familia tienen que usar tarjetas SIM bajo el nombre de su madre.

Amal

BBC
Los dedos de Amal Sarker no tienen los patrones distintivos que se encuentran en la mayoría de las personas.

La dolencia rara que afecta a la familia Sarker se llama adermatoglifia.

Se dio a conocer ampliamente en 2007 cuando Peter Itin, un dermatólogo suizo, fue contactado por una mujer de su país que tenía problemas entrando a EE.UU.

Su cara correspondía a la foto de su pasaporte, pero los agentes de inmigración no podían registrar sus huellas dactilares. No tenía.

Tras examinarle, el profesor Itin encontró que la mujer y ocho miembros de su familia sufrían una rara condición, con las yemas de los dedos planas y un número reducido de glándulas sudoríparas en las manos.

Trabajando con otro dermatólogo, Eli Sprecher, y la estudiante de posgrado Jann Nousbeck, el profesor Itin examinó el ADN de 16 miembros de la familia -siete con huellas digitales y nueve sin éstas.

“Los casos aislados son muy raros y no se han documentado más que unas pocas familias”, contó el profesor Itin a la BBC.

Agente de inmigración en EE.UU. verifica las huellas digitales de una pasajera

Getty Images
En muchos países, como en EE.UU., los agentes fronterizos verifican las huellas digitales de los viajeros antes de permitir su entrada.

En 2011, el equipo se enfocó en un gen, SMARCAD1, que mutó en los nueve miembros sin huellas de la familia y pudieron identificarlo como la causa de la rara dolencia. Prácticamente no se conocía nada de este gen. La mutación no parecía causar otros efectos negativos aparte de los cambios en las manos.

La mutación que se buscó durante todos esos años afectaba un gen “del que nadie sabía nada”, expresó el profesor Sprecher. Por eso tardaron años en encontrarlo.

Una vez descubierto, la enfermedad fue nombrada adermatoglifia, pero el profesor Itin la apodó “enfermedad de demora migratoria”- por su primera paciente que tuvo problemas entrando a EE.UU.- y el nombre resultó.

Amal y Apu

BBC
Amal y Apu Sarker. “No está en mis manos, es algo que heredé”, dijo Amal.

La enfermedad de demora migratoria puede afectar a varias generaciones de una familia. El tío de Apu Saker, Gopesh, que vive en Dinajpur, a unos 350km de Daca, tuvo que esperar dos años antes de que le autorizaran un pasaporte.

“Tuve que viajar a Daca cuatro o cinco veces en los últimos dos años para convencerles de que sufría la mutación”, declaró Gopesh.

Cuando su oficina empezó a utilizar un sistema de control de asistencia con huellas digitales, Gopesh tuvo que convencer a sus jefes que le permitieran utilizar el sistema antiguo: firmando una planilla de asistencia todos los días.

Un dermatólogo en Bangladesh ha diagnosticado la condición de la familia como queratodermia palmoplantar congénita, que el profesor Itin cree que evolucionó en adermatoglifia secundaria, una versión de la enfermedad que también puede producir resequedad cutánea y reducción de la transpiración en las palmas de las manos y plantas de los pies.

Los Sarker na reportado todos estos síntomas.

Se necesitarían hacer más exámenes para confirmar si la familia tiene alguna forma de adermatoglifia.

El profesor Sprecher expresó que su equipo estaría “muy contento” de ayudar a la familia con pruebas genéticas.

Los resultados de esas pruebas podrían darles a los Sarker alguna certidumbre, pero no les aliviaría la carga de navegar diariamente por un mundo sin huellas digitales.

El hermano menor de Apu Sarker, Anu

BBC
El hermano menor de Apu Sarker, Anu, también heredó la rara mutación genética.

Los Sarker que padecen de esta mutación están viviendo en una sociedad que no solo les resulta más difícil de manejar, sino que no ha evolucionado para acomodar su problema.

Amal Sarker pasó la mayoría de su vida sin mucho traspié, pero ahora dice que siente tristeza por sus hijos.

“No está en mis manos, es algo que heredé”, declaró.

“Pero la manera en que mis hijos y yo nos estamos metiendo en todo tipo de problemas, es realmente doloroso para mí”.

Amal y Apu acaban de recibir un nuevo tipo de tarjeta de identidad nacional emitida por el gobierno bangladesí, tras presentar un certificado médico. La tarjeta utiliza otros datos biométricos –un escaneo de la retina y reconocimiento facial.

Pero todavía no pueden comprar una tarjeta SIM ni obtener una licencia de conducción. Expedir un pasaporte es un largo y arduo proceso.

“Estoy cansado de explicar mi situación una y otra vez. He pedido consejo a mucha gente, pero nadie puede darme una respuesta definitiva”, se quejó Apu. “Alguien me sugirió ir a un tribunal. Si todas las otras opciones fallan, eso es lo que tendré que hacer”.

Apu espera poder conseguir un pasaporte, dijo. Le encantaría viajar fuera de Bangladesh. Sólo tiene que empezar a llenar la solicitud.

Las fotos son cortesía de la familia Sarker.


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