Mujeres del mundo marcharán en defensa de sus derechos y contra Trump
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Mujeres del mundo marcharán en defensa de sus derechos y contra Trump

La convocatoria de la iniciativa Women’s March on Washington ha llegado a 62 países con un total de 616 marchas convocadas en distintas ciudades, 17 de ellas en México.
Por Redacción Animal
19 de enero, 2017
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El sábado 21 de enero es oficialmente el primer día de presidencia de Donald Trump y miles de mujeres se manifestarán alrededor del mundo bajo la consigna de que están listas para defender sus derechos en contra de la misoginia y discriminación que el presidente electo ha hecho evidente durante los últimos meses.

La convocatoria de la iniciativa Women’s March on Washington (Marcha de las Mujeres en Washington) ha llegado a 62 países con un total de 616 marchas convocadas en distintas ciudades, 17 de ellas en México. En Washington se espera que se manifiesten más de 200 mil personas.

El movimiento busca demostrar que hay unión entre las minorías que han sido amenazadas por Donald Trump y que están dispuestos a defender juntos sus derechos. Por eso, aunque la marcha esté dirigida por mujeres, la invitación está abierta para todos los que tengan la intención de defender la equidad de género, la igualdad entre razas, los derechos reproductivos, los derechos de la comunidad LGBTTTI, de los migrantes, los laborales, entre otros.

En entrevista con Rolling Stone, Linda Sasour representante de la marcha, dejó claro el mensaje que quieren compartirle a Donald Trump y a su gabinete el próximo sábado:“Estamos observando, vamos con todo y estamos listos para luchar por la protección de nuestras comunidades y grupos”.

El evento no busca ser político ni violento sino una demostración de apoyo y respeto por los derechos humanos básicos de mujeres, minorías, marginados y diferentes.

 “RESPETA MI EXISTENCIA O ESPERA RESISTENCIA”

La idea de la gran marcha de mujeres en resistencia contra Trump se le atribuye a Teresa Shook y a Bob Bland quienes la noche siguiente a las elecciones convocaron por separado en Facebook a una marcha contra el presidente electo. Ambas convocatorias terminaron uniéndose y el resultado es la manifestación agendada este 21 de enero.

Actualmente el movimiento tiene como representantes a Bob Bland, Linda Sarsour, Tamika Mallory and Carmen Pérez quienes ya participaron previamente en otros movimientos y cuentan con una trayectoria dentro del activismo de varios años. El día de la protesta darán discursos junto a activistas, actrices y artistas como Gloria Steinem, America Ferrera, Scarlett Johansson, Michael Moore , entre otros.

Women’s March on Washington en México

La cita en la Ciudad de México está programada el sábado 21 de enero a las 12:00 horas en la Embajada de Estados Unidos y además, habrá manifestaciones en las siguientes ciudades:

Ajijic, Jalisco                           14:00 horas
Campeche, Campeche           12:00 horas
Chetumal, QR                          9:00 horas
El Sargento, BCS                     9:00 horas
La Manzanilla, Jalisco           10:00 horas
Loreto, BCS                              20:00 horas
Mazatlán, Sinaloa                   16:00 horas
Ciudad de México                   12:00 horas
Mérida, Yucatán                      12:00 horas
Oaxaca de Juárez, Oaxaca     11:00 horas
Paseo, BCS                                10:00 horas
Playa del Carmen, QR             11:00 horas
San Miguel de Allende            13:00 horas
San Pancho, Nayarit                10:00 horas
Todos Santos, BCS                   10:00 horas
Tuxtla Gutierrez, Chiapas       9:30 horas
Zihuatanejo, Guerrero             10:00 horas

Consulta la página oficial para más información: https://www.womensmarch.com/sisters

 

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'No volverá a poblarse jamás': los 5 años en los que CDMX desapareció

Una tragedia tan importante como desconocida marcó a una generación entera de habitantes de la capital de lo que hoy es México y llevó incluso a plantear el traslado de la ciudad.
15 de mayo, 2021
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Quien vive en Ciudad de México sabe que su ubicación no solo la hace especialmente susceptible de sufrir terremotos.

Su fundación sobre un lago hace que sea también tremendamente vulnerable ante inundaciones. Es por eso que, desde hace siete siglos, los habitantes de esta zona miran con cierto recelo al cielo cuando llueve con fuerza ante el temor de dramáticas consecuencias.

Este 13 de mayo, el gobierno mexicano conmemoró los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, antigua capital mexica y actual Ciudad de México.

Y aunque hay grandes dudas sobre la veracidad de esta fecha —muchos historiadores creen que el aniversario se celebraría en 2025—, de lo que no hay duda es que la megaurbe se ha enfrentado a grandes inundaciones a lo largo de su historia.

Pero entre todas, destaca la registrada en 1629: un desastre que, aunque desconocido por muchos, fue sin duda una de las mayores tragedias de todos los tiempos para la ciudad.

La fuerza de la lluvia fue tal que la capital “desapareció” bajo las aguas durante nada menos que cinco años y se llegó a plantear su traslado a otro lugar. La ciudad tuvo que emerger, literalmente, y reconstruirse casi desde cero.

Aquella catástrofe que marcó a una generación entera es conocida como el diluvio o inundación de San Mateo.

Los problemas de vivir sobre un lago

Cuando los mexicas fundaron Tenochtitlan en el siglo XIV sabían el riesgo de ubicarla en medio del lago de Tezcuco. Por eso realizaron obras como diques y muros de piedra para controlar el nivel de las aguas que les rodeaban.

Mapa de Tenochtitlan

Getty Images
La ciudad de México-Tenochtitlan comenzó como una isla conectada por canales a los pueblos vecinos.

Cuando cayó ante los españoles dos siglos después, Hernán Cortés lideró la construcción sobre aquellas ruinas de una magnífica ciudad destinada a ser la capital del virreinato de Nueva España.

Entre lagos se levantaron palacios, iglesias, plazas y hospitales, pero no los sistemas de drenaje adecuados para aquel entorno.

A inicios del siglo XVII, Ciudad de México sufrió hasta cinco grandes inundaciones.

Las autoridades pensaron como solución en construir un gran desagüe que fuera drenando los lagos de la cuenca de México.

El proyecto le fue encomendado al ingeniero Enrico Martínez, que comenzó las obras del canal de Huehuetoca en 1607. Pero el desastre se veía cada vez más cerca.

“Enrico Martínez comprendió que la deforestación, el pastoreo sin discriminación y la expansión de los cultivos habían erosionado la capa de tierra. Año con año, las fuertes lluvias arrastraban más tierra a los lagos, elevando el nivel del agua”, escribió Richard Everett Boyer en su libro “La gran inundación”.

Monumento a Enrico Martínez

Marcos González
Una estatua junto a la catedral del Zócalo de Ciudad de México recuerda a Enrico Martínez. En su base, existen cuatro medidores que señalan los niveles de agua de otros tantos lagos.

Dos décadas después del inicio de su construcción, las constantes modificaciones y la falta de inversión hicieron que el canal aún no estuviera funcionando.

Una ciudad desierta

Cuando entre el 20 y 21 de septiembre de 1629 una gran tromba de agua azotó la capital, Martínez decidió bloquear la entrada del canal para evitar que el agua afectara a las reparaciones que se le estaban realizando.

Las consecuencias para los habitantes de la ciudad fueron dramáticas. La lluvia que cayó con furia durante 36 horas seguidas bajó imparable desde los montes hasta la ciudad, donde el nivel del agua superó los dos metros de altura.

El torrente arrasó con las frágiles casas de adobe de la población indígena que vivía en la periferia de Ciudad de México.

Mapa de la ciudad inundada

INAH
Este mapa representa la Ciudad de México anegada de agua tras la inundación de 1629.

Los muertos se contaban por miles, que flotaban entre animales y muebles llevados por la corriente que alcanzaba los pisos altos de las casas que habían quedado en pie.

Muchos de los habitantes de clases pudientes que sobrevivieron decidieron marcharse. Algunas fuentes apuntan a que de 20.000 familias que vivían antes de la inundación, quedaron solo 400.

“Aquella gran ciudad quedó casi abandonada, desierta. El panorama era desolador y las escenas que se veían eran apocalípticas”, le dice a BBC Mundo Enrique Ortiz García, escritor y cronista de Ciudad de México.

Una de ellas, destaca el divulgador cultural, es la procesión que se organizó sobre las aguas y en la que participaron unas 200 canoas encabezadas por la virgen de Guadalupe, a quienes los habitantes pedían que intercediera para que las aguas se disiparan.

O la llamada “isla de los perros”, un montículo en el desparejo suelo de la actual plaza del Zócalo a donde acudieron desesperados todos los perros callejeros de la ciudad para refugiarse y evitar ahogarse.

Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del llamado "Valle de México".

Getty Images
Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del valle de México sobre el lago.

Vivir inundados

Las aguas no bajaban, por lo que quienes se quedaron tuvieron que aprender a convivir con ellas.

Se colocaron puentes de madera en las azoteas y se recuperaron las canoas, como se usaban en la antigua Tenochtitlan, como única manera de desplazarse por la ciudad. A las casas solo se podía entrar por las ventanas del segundo piso.

Los sacerdotes celebraban misas en los techos de los conventos para tratar de confortar a los vecinos, que les escuchaban desde sus casas creyendo que estaban condenados, como aquella ciudad, a desaparecer.

Había carestía de alimentos y los saqueos eran continuos. La falta de higiene y el agua contaminada estancada en la ciudad inundada propagaron las enfermedades como la pólvora.

“Esta ciudad no volverá a poblarse jamás”, escribió fray Gonzalo de Córdoba, según destaca Héctor de Mauleón en su libro “La ciudad oculta”.

Dos años después de la inundación, e incapaces de descubrir un sistema para que las aguas desaparecieran, las autoridades discutieron sobre la posibilidad de trasladar la ciudad a otro lugar.

Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralvo y virrey de Nueva España, se planteó establecer la capital en Coyoacán o Tacuba.

Pero la idea fue finalmente desechada. La inversión para crear Ciudad de México había sido millonaria, por lo que reconstruir las obras y edificios afectados por el agua sería más barato que empezar una urbe desde cero.

Rodrigo Pacheco, virrey de Nueva España

Dominio público
Rodrigo Pacheco y Osorio, virrey de Nueva España, perdió a su hija dos años después de que la ciudad quedara inundada.

Una generación marcada

La ciudad siguió sufriendo lluvias torrenciales y permaneció bajo el agua nada menos que durante cinco años.

No fue hasta 1634 que una sequía disminuyó el nivel del agua. Muchos prefirieron pensar que fueron sus plegarias a la virgen de Guadalupe las que salvaron la capital.

Se estima que unas 30.000 personas murieron en total, ahogadas o por las enfermedades causadas por las inundaciones durante los años posteriores.

La catástrofe marcó, por lo tanto, a una generación entera de capitalinos. Los cimientos de todas las construcciones quedaron dañados y muchas acabaron colapsando tiempo después.

“En la Ciudad de México actual no quedan más de 10 construcciones anteriores a 1629. De tal grado fue la inundación, que prácticamente hubo que reconstruir con el tiempo toda la ciudad”, señala Ortiz García.

Cabeza de león en la calle Madero

Marcos González
En la concurrida calle Madero, en el centro histórico de Ciudad de México, una cabeza de león de piedra marca el nivel al que llegaron las aguas de las inundaciones de 1629.

Aquella decisión de mantener Ciudad de México en su emplazamiento original marca innegablemente el destino de quienes viven en ella siglos después. “Es un deporte extremo vivir en esta ciudad porque te cuidas de las inundaciones, de los temblores por ser zona sísmica…”, afirma el escritor.

Sin embargo, y pese a ser una de las tragedias más importantes en la historia de la capital con efectos y consecuencias hasta el día de hoy, la tragedia de la inundación de San Mateo no es ampliamente conocida.

Según Ortiz García, “el periodo virreinal en México es en general poco estudiado porque todavía, de algún modo, ‘cala’ en el ánimo de los mexicanos. Los gobiernos posrevolucionarios enaltecieron las culturas originarias y todo lo que marca el origen del México independiente”.

“Algunos incluso inculcaron un menosprecio hacia la ocupación española porque lo veían desde un contexto actual. Eso es entender la historia de mala forma, porque son hechos del pasado que también forman parte de nuestra existencia”, remata.


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