Saquean proyecto peatonal en el centro de la CDMX: roban sillas, mesas y sombrillas
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Saquean proyecto peatonal en el centro de la CDMX: roban sillas, mesas y sombrillas

Las autoridades no cuentan con recursos para reponer lo robado y ya hay zonas de la Avenida 20 de Noviembre que lucen vacías. Hay cinco denuncias en la Procuraduría local pero los casos están impunes
Seduvi
Por Arturo Angel
3 de enero, 2017
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En dos años los capitalinos ya han robado la mitad del mobiliario del proyecto que el gobierno capitalino instaló en la Avenida 20 de Noviembre del Centro Histórico, cuyo objetivo era hacer de ésta un sitio más amable para estar. La mitad de las sillas ya fueron robadas e incluso han desaparecido mesas y sombrillas.

En diciembre de 2014 el gobierno capitalino arrancó el proyecto: colocó 600 sillas, mesas y sombrillas. El objetivo era crear un espacio de convivencia diaria para incentivar a la gente a quedarse y no solo ir de paso y, a su vez, reducir el espacio para los automóviles e impulsar el transporte público y ecológico.

Lo anterior se logró al retirar dos de los cuatro carriles destinados al tránsito vehicular y, en su lugar, se colocó un espacio público de 635 metros lineales. En él se instalaron 619 sillas de metal distribuidas en 155 mesas, y 45 sombrillas.

Actualmente casi la mitad de esas sillas ya son solo un recuerdo. Datos de la Autoridad del Espacio Público indican que, hasta julio del año pasado, se habían robado 296 sillas. A esto se suman cinco rotas y tres quemadas. Como resultado solo se colocan a diario, según las cifras oficiales, 315 sillas de las más de 600 que había en un inicio.

El mobiliario robado no ha sido repuesto por falta de presupuesto de acuerdo con el gobierno capitalino, y un recorrido por 20 de Noviembre confirma que faltan sillas, mesas y sombrillas, e incluso hay espacios donde ya no queda nada.

En ese recorrido, que se realizó el pasado 21 de diciembre, sólo había colocadas 277 sillas. De las 155 mesas que deberían haber estado sólo había 91, y de las 45 sombrillas originales apenas quedaban 11.

Junto con este proyecto se puso en marcha, en febrero de 2015, otro programa paralelo denominado Mi Plaza 20 de Noviembre. Este funciona sólo los domingos y consiste en cerrar totalmente esta avenida, desde la calle Venustiano Carranza hasta el Zócalo, para colocar 134 sillas extras, 93 mesas y 18 sombrillas.

Aunque este mobiliario urbano sólo se pone un día a la semana, también ha sufrido saqueo. En menos de dos años ya se han robado siete sillas, dos mesas y cuatro sombrillas. Además hay 21 sillas y 67 mesas que no se sabe dónde están porque, según las autoridades, actualmente sólo se colocan 106 sillas y 24 mesas.

20 de noviembre

Impunidad

La mayoría de los robos de las sillas y el resto del mobiliario está impune y el daño causado al proyecto no se ha reparado. La AEP informó a Animal Político que ha presentado cinco denuncias ante el Ministerio Público por el robo de mobiliario urbano, pero hasta ahora sólo se han recuperado dos mesas.

El gobierno capitalino reconoció que no ha repuesto el mobiliario faltante por “insuficiencia presupuestal” y a que desde agosto del año pasado la responsabilidad de los programas pasó de la Autoridad del Espacio Público a la Dirección de Servicios Urbanos.

No todo está perdido

En julio de 2015 el gobierno capitalino inauguró otro proyecto de plaza peatonal en la Glorieta de Cibeles, en la colonia Condesa. A un año y medio la mayor parte del mobiliario continua en el sitio.

De acuerdo con los datos oficiales proporcionados vía transparencia, de las 192 sillas colocadas en el sitio sólo han sido robadas dos. Las 48 mesas que se colocaron originalmente perduran hasta la fecha mientras y, de las 36 sombrillas, faltan cuatro pero fueron retiradas debido a que están rotas y no a un robo.

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Por qué cada vez más indios cruzan la frontera entre México y EU; así es su largo viaje

En el último año se ha disparado el número de personas de la India que buscan asilo en EU, muchos de ellos perseguidos por su religión, sus ideas políticas o su orientación sexual.
27 de octubre, 2022
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Abiertamente gay en una región especialmente conservadora del Punjab en la India, Jashan Preet Singh tuvo una vida muy dura por mucho tiempo.

Singh, de 24 años, estaba acostumbrado a la discriminación diaria en su ciudad natal, Jalandharm, donde sufría el acoso y las palizas de sus vecinos y su familia, que en gran medida le había dado la espalda.

Pero lo que sucedió a finales del año pasado fue aún más grave.

“Unas 15 o 20 personas intentaron matarme”, declaró a BBC desde Fresno, California. “Me escapé de allí y salvé mi vida. Pero cortaron varias partes de mi cuerpo”.

El ataque le dejó un brazo mutilado y un pulgar cercenado.

La fuga de Singh le llevó en un viaje por Turquía y Francia para alcanzar finalmente la frontera entre México y Estados Unidos, a casi 12.800 km de distancia, donde cruzó a California para comenzar una nueva vida en el país norteamericano.

Durante años la llegada de inmigrantes indios a EU venía siendo lenta pero constante, con decenas e incluso cientos cada mes.

En 2022, sin embargo, las cifras se han disparado.

Desde el inicio del año fiscal (el pasado octubre) las autoridades estadounidenses han detenido a una cifra récord de 16.290 ciudadanos indios en la frontera con México.

El máximo anterior era de poco más de la mitad, 8.997, en el año 2018.

Los expertos enumeran una serie de razones para este aumento: el clima de discriminación en India, el fin de las restricciones por la pandemia, la percepción de que la actual administración de EU recibe a los solicitantes de asilo y el crecimiento de las redes de contrabando.

Migrantes de India detenidos en la frontera de EE.UU. y México. . El número de inmigrantes indios detenidos en la frontera ha aumentado constantemente desde 2014. .

Aunque algunos migrantes indios van a EU por razones económicas, muchos huyen de la persecución, asegura Deepak Ahluwalia, un abogado de inmigración que ha representado a ciudadanos de este país en Texas y California.

Estos abarcan desde musulmanes, cristianos o hindúes de “casta baja” hasta miembros de la comunidad LGBT que temen la violencia de nacionalistas hindúes extremos, así como partidarios de movimientos secesionistas y agricultores de la región de Punjab, sacudida por protestas desde 2020.

Las condiciones de vida de muchas de estas personas se han deteriorado en los últimos años, según los observadores internacionales.

Decisiones difíciles

Tomar la decisión de dejar su país no fue fácil para Singh.

Primero consideró mudarse a otra ciudad india, pero temía que lo trataran igual de mal.

“No hay una cultura de mente abierta hacia las personas homosexuales”, asegura. “Ser gay allí es un gran problema”.

India solo despenalizó el sexo entre personas del mismo género en 2018, y el matrimonio sigue siendo ilegal.

El hermano de Singh lo puso en contacto con una “agencia de viajes” india, en realidad una sucursal de una sofisticada y costosa red de contrabando.

Ciudadanos indios procesados por funcionarios de inmigración de EE. UU. después de cruzar la frontera

Getty Images
Ciudadanos indios procesados por funcionarios de inmigración de EU después de cruzar la frontera el 26 de septiembre.

Esta lo llevó primero a Turquía, donde “la vida era muy dura”, y luego a Francia, donde consideró quedarse, pero no pudo encontrar trabajo. Fueron más de seis meses de viaje.

Al final su “agente de viajes” hizo los arreglos para que se uniera a un pequeño grupo de indios que se dirigían a EU, donde muchos, también él, tenían familiares.

“Nos cobró mucho dinero”, dijo Singh. “De Francia me llevó a Cancún, y de ahí a Ciudad de México y al norte“.

Un viaje aún más complicado

Los migrantes como Singh suelen ver Estados Unidos como “la puerta de entrada definitiva” a una vida mejor, afirma Ahluwalia, el abogado.

Sin embargo, la enorme distancia hace que el viaje a los EU sea extremadamente complicado.

Tradicionalmente los inmigrantes indios que llegan a la frontera entre Estados Unidos y México han usado servicios de contrabando “de puerta a puerta”, con viajes organizados desde India hasta América del Sur.

A menudo les guían por todo el camino y viajan en pequeños grupos con sus compatriotas que hablan el mismo idioma, en lugar de hacerlo individualmente o solo con miembros de la familia.

Estas redes a menudo comienzan con “agentes de viajes” en India que subcontratan partes del trayecto a grupos criminales asociados en América Latina.

Jessica Bolter, analista del Instituto de Políticas Migratorias con sede en Washington DC, explicó que la afluencia de migrantes indios también está aumentando como resultado del “efecto llamada” que se produce cuando quienes han usado estos servicios los recomiendan a amigos o familia en la India.

“Naturalmente crecen y atraen a más migrantes”, dijo, aunque matizó que “por supuesto, eso no sucede sin que primero los migrantes quieran irse“.

La experiencia de Manpreet, un joven de 20 años de Punjab que pidió ser identificado solo por su nombre de pila, es la típica de quienes usan la ruta del sur.

Vocal crítico del partido gobernante BJP (Partido Bharatiya Jannata) de India, huyó del país tras ser perseguido por sus ideas políticas.

De Ecuador tomé un bus a Colombia y de Colombia otro a Panamá“, recordó Manpreet en una entrevista con BBC desde California.

“Desde allí, en un barco, (fui a) Nicaragua y Guatemala, luego a México, y entré a EU”.

Migrantes indios en un campamento humanitario en Panamá en 2019

Getty Images
Migrantes indios en un campamento humanitario en Panamá en 2019.

Un comienzo nuevo e incierto

Una vez en Estados Unidos, los inmigrantes como Singh inician un largo proceso legal para solicitar asilo.

La mayoría de las veces comienza con lo que los funcionarios estadounidenses denominan una “entrevista de miedo creíble”, en la que deben convencer a las autoridades de que se enfrentarán a una persecución si regresan a casa.

“Este primer paso es el más importante”, explica Ahluwalia.

Si el agente “considera que no hay un miedo creíble, su caso nunca avanzará. Eso es desastroso”.

Si, de lo contrario, cree que los temores son fundados, es probable que el aspirante a solicitante de asilo reciba un aviso para comparecer ante un juez de inmigración que considerará su petición.

El proceso es largo, con tiempos de espera de varios años -algo que últimamente se ha convertido en norma en EU- sin la garantía de un resultado positivo.

Singh, mientras, vive en Estados Unidos desde finales de junio y está ahorrando dinero para contratar a un abogado.

Aunque su viaje fue largo y nadie le garantiza un futuro estable en el país norteamericano, es mejor que la otra alternativa que tenía, asegura.

“Siempre iba a temer por mi vida”, afirma. “Desde que estoy aquí, nunca he sentido algo así”.


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