Ocho fallas ponen en riesgo de fuga de datos y hackeo los archivos de la Suprema Corte
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Cuartoscuro

Ocho fallas ponen en riesgo de fuga de datos y hackeo los archivos de la Suprema Corte

Una auditoría revela vulnerabilidades graves en los sistemas informáticos de la SCJN además de inversiones con irregularidades y sobrecostos.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
20 de febrero, 2017
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Los expedientes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de México están en riesgo. La Auditoría Superior de la Federación (ASF) reveló que los sistemas informáticos de la SCJN presentan al menos ocho fallas o carencias que ponen en peligro la confidencialidad e integridad de sus datos y el funcionamiento de la misma.

Los resultados de una auditoría de la ASF a las llamadas Tecnologías de Información y Comunicaciones de la SCJN evidencian problemas que van desde falta de protocolos tan sencillos como bloqueo de contraseñas que no se usan, hasta una nula supervisión a personal externo que tiene acceso a los archivos, y ausencia de un programa de control de riesgos.

Las resoluciones que se encuentran en los miles de expedientes de la SCJN son de suma importancia para la vida democrática del país, pues con éstas se ayuda a mantener un equilibrio entre los distintos Poderes y ámbitos de gobierno; además de solucionar asuntos que son de gran importancia para la sociedad. Preservar la información tendría que significar una de las prioridades del Poder Judicial.

La realidad según lo dicho por la ASF es otra: “Por las deficiencias detectadas en… los Controles de Acceso y Administración de Usuarios, Políticas de Seguridad de la Información, Seguridad en la Adquisición, Desarrollo y Soporte a los Sistemas de Información, Administración de Incidentes y Continuidad del Negocio/Recuperación de Desastres, se pone en riesgo la confidencialidad, integridad, disponibilidad y continuidad de los activos de información de la SCJN” determinó la Auditoría.

No sólo eso. Se encontraron irregularidades en procesos de contratación de servicios informáticos como, por ejemplo, falta de análisis de mercado para obtener las mejores condiciones de calidad en las adjudicaciones. En algunos casos no hay evidencia de que lo pagado se haya realizado, e incluso se ha tenido que gastar más dinero.

Esto, subraya la Auditoría, representa un doble riesgo para la Corte ya que ante alguna contingencia mayor no existen garantías de que los sistemas informáticos del máximo tribunal o por lo menos sus aplicaciones  críticas se mantengan funcionando.

Los ocho riesgos

1. Nulo control de usuarios

Los auditores identificaron que el máximo tribunal del país carece de un control estricto de las cuentas que se habilitan para que los usuarios entren al sistema, y no existe un sistema que valide las cuentas de forma continua y las anule en caso de algún riesgo.

“Se corre el riesgo de que los usuarios puedan contar con permisos para acceder a información que no le corresponde de acuerdo a sus funciones y responsabilidades, en consecuencia, se podría perder la confidencialidad en la información y existe la posibilidad de ejecutar transacciones no autorizadas que ponen en riesgo los activos de la SCJN” indica la auditoría.

2. Cuentas privilegiadas… para externos

De forma inexplicable no hay funcionarios en la Corte que cuenten con contraseñas privilegiadas para ingresar a todos los sistemas y por el contrario, estas se encuentran en manos de proveedores externos lo que pone en riesgo la integridad de la información judicial.

“Los accesos y cuentas privilegiadas son administrados por proveedores externos, los cuales podrían realizar cambios no autorizados a la configuración de los equipos.

3. Contraseñas infinitas

Los sistemas informáticos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación carecen de una herramienta que anule las contraseñas de ingreso a la red que ya no estén en uso o hayan expirado.

“Se detectó que las contraseñas de acceso a la red no expiran, lo cual pone en riesgo la confidencialidad de la información almacenada en los equipos de la SCJN” indicó el máximo tribunal.

4. Nula monitoreo de la estructura informática

La Corte no cuenta con procedimientos o protocolos relacionados con la revisión periódica del funcionamiento del sistema informático, lo que abre paso a que no se detecten oportunamente comportamientos extraños o la presencia de un software malicioso que pudiera provocar fuga de información o  alteración de los datos.

“Las pistas de auditoría y las bitácoras no son revisadas de manera periódica a fin de detectar oportunamente movimientos irregulares o cambios no autorizados, en consecuencia, usuarios maliciosos pueden ejecutar transacciones no autorizadas que comprometan la integridad de los activos sin ser detectados indica el análisis.

5. Blindaje cero

La Suprema Corte no cuenta con un sistema integral de seguridad de la información por lo que se carece de escudos que, de ser el caso, impidan la infiltración o la extracción de datos de los tribunales.

“Tiene el riesgo de robo o pérdida de información confidencial debido a que se carece de un sistema de gestión de seguridad de la información que permita salvaguardar los activos de información e implementar políticas para la protección de información sensible” señala el documento.

6. ¿Requisitos mínimos de seguridad? Que va…

La Corte no cuenta con una normativa o por lo menos alguna guía en donde se establezcan los estándares mínimos de seguridad con los que deben contar las aplicaciones en las que se sostiene la operación de los sistemas.

Esto puede ocasionar que los sistemas que se pongan en marcha tengan vulnerabilidades que no se detectan hasta que ya están en funcionamiento, con el riesgo que ello conlleva.

7. No hay plan de control de riesgos o daños

En su revisión la Auditoria Superior de la Federación descubrió que el máximo tribunal del país no tiene un procedimiento o protocolo a nivel institucional para reaccionar en casos donde se vea comprometida la integridad de los sistemas informáticos o bases de datos,.

“No se cuenta con un procedimiento de atención de incidentes de seguridad a nivel institucional, que contemple su prevención, detección, manejo, respuesta, restablecimiento y comunicación, con el riesgo de comprometer la integridad y confidencialidad de los activos de información de la SCJN” indica el análisis.

8. Imposible recuperar información

Los auditores también establecieron que la Corte no cuenta con alguna herramienta o un Plan de Recuperación en caso de que se presente alguna contingencia grave. Esto significa, por ejemplo, que en caso de un ataque informático la mayoría de los servidores del tribunal no tienen respaldos adecuados que les permita seguir en funcionamiento ni recuperar datos que pudieran ser borrados.

El colmo: adquisiciones dudosas

De forma paralela al desempeño los auditores también encontraron algunas anomalías financieras en las inversiones realizadas en la SCJN que tienen que ver con tecnologías de la información y comunicaciones.

Por ejemplo, la Corte asignó un contrato de casi nueve millones de pesos a la Universidad Autónoma del estado de México relacionado con soportes técnicos especializados en redes y datos sin que haya evidencia del procedimiento que se realizó para determinar los precios. Dicho contrato ha sido otorgado tres veces a la misma institución sin que existe estudio alguno de mercado.

“No existe evidencia documental de las alternativas y escenarios de solución para la prestación de los servicios, así como los procedimientos de contratación idóneos y la justificación de las funciones” estableció la auditoria. Además, los contratos tienen varios errores de tipo normativo.

Por otro lado, un contrato plurianual relacionado con los servicios de hospedaje de los servidores que mantienen en funcionamiento la página de internet de la Corte, y firmado desde 2011, se encontró que los precios se han llegado a incrementar año con año hasta 7 por ciento, promedio muy superior al de la inflación.

La Auditoría también encontró que la Corte dio a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) un contrato plurianual por servicios de telefonía e internet que, en 2015, representó un pago de casi 12 millones de pesos.

Dicho procedimiento se realizó en mayo de 2015 sin que se respetaran varias disposiciones de las leyes de adquisiciones y el contrato presenta múltiples huecos y errores pero además, se detectó que fallas del proveedor provocó que la SCJN se quedara 80 horas sin ningún servicio de telefonía e internet, lo que obligó a la institución a contratar a otro proveedor en el lapso afectado. Todo en deterioro del erario.

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El 'Chernóbil mexicano': cómo ocurrió el mayor incidente nuclear de América

Un empleado de un hospital en México manipuló una maquina de terapia de cáncer que tenía una fuente radiactiva. La cadena de sucesos que siguió generó en 1984 el mayor incidente nuclear en la historia del continente.
25 de octubre, 2020
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La búsqueda de desechos radiactivos

BBC/CNSNS
Ciudad Juárez, México, vivió una inquietante alerta por radiación en la década de 1980.

La activación de alarmas en un centro de investigación nuclear en el suroeste de Estados Unidos fue el primer indicio de que algo andaba mal.

En la carretera que pasa por el Laboratorio Nacional de Los Álamos, Nuevo México, transitaba un camión de carga en enero de 1984 que activó los detectores de de radiación de ese, el lugar donde se fabricó la primera bomba atómica.

Una cámara del exterior ayudó a detectar que el vehículo, que pasaba por simple coincidencia por ahí, tenía un elevado nivel de radiación.

La investigación de su origen llevó hasta Ciudad Juárez, México, donde inadvertidamente ya estaba en marcha el mayor incidente nuclear de su tipo en América dada la extensión que abarcó.

Aunque no tiene una comparación con la explosión de un reactor nuclear, se le ha llamado el “Chernóbil mexicano” por el alcance de contaminación que generó en México, lo cual provoca comparaciones con aquel accidente de la Unión Soviética.

Y es que miles de toneladas de varilla de construcción quedaron contaminadas con cobalto-60 y este material fue comercializado en 17 de los 32 estados de México.

El otro gran incidente de radiación en América fue en 1987 en Goiânia, Brasil, que causó al menos cinco muertes y una decena de personas con padecimientos crónicos.

Un entierro en Goiânia, Brasil, en 1987

Getty Images
El de Ciudad Juárez y el de Goiânia, Brasil, han sido los incidentes con radiación más grandes del continente.

En el caso de México, unas 4,000 personas tuvieron algún grado de exposición.

Pese al elevado número, hasta la actualidad no hay certeza de cuántas víctimas con padecimientos a largo plazo dejó el incidente, además de que no hubo un seguimiento de las autoridades sanitarias sobre las personas más expuestas.

“Un material que es sólido, encerrado, se vuelve líquido y se convierte en varilla y se distribuye por toda una nación. Aunque en ese estado ya no no es riesgoso, esa es una gran aberración de manejo de material radiactivo“, dice a BBC Mundo Gerardo Espinosa, un físico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y quien participó en la investigación académica de aquel suceso.

Como muestran la documentación de lo ocurrido, varios fueron los errores que generaron la crisis de contaminación de esa magnitud.

La compra inutilizada y no reportada

Una extensa investigación del Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS) publicada en 1985 describe cómo se generó la situación.

El 25 de noviembre de 1977, el Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez adquirió una unidad de tratamiento con cobalto-60 fabricada en Estados Unidos.

Aunque su importación requería un permiso, la CNSNS asegura que el organismo pertinente “nunca fue avisado” y por ende “jamás extendió la autorización”.

Una unidad de terapia con cobalto

Getty Images
El cobalto-60 se ha usado para la radioterapia desde mediados del siglo XX y hasta la actualidad.

En tanto, el hospital nunca tuvo el personal capacitado para usarlo, por lo que lo almacenó indefinidamente en un espacio de la clínica en la que “no se cumplían los requisitos mínimos” de seguridad, según la CNSNS.

El cobalto es un material radiactivo que se produce en reactores y que se usa para aplicaciones de física médica, para terapias con radiación. Hoy los hospitales siguen usando cobalto-60 para pacientes con cáncer”, explica Espinosa.

La extraen del hospital como “chatarra”

Pasaron seis años hasta que, en diciembre de 1983, el técnico de mantenimiento de la clínica Vicente Sotelo Alardín inadvertidamente inició el incidente.

El trabajador “desarmó el cabezal de la unidad y extrajo de allí un cilindro en cuyo interior se encontraba el cobalto-60. La operación la realizó sin ninguna ayuda”, dice la investigación.

“El objetivo era vender como chatarra las partes”.

Ilustración de la fuente de cobalto

CNSNS
Sotelo perforó la fuente blindada de cobalto-60, lo que causó la salida de material radiactivo.

Debido a que el cilindro con la fuente radiactiva pesaba unos 100 kg, Sotelo Alardín le pidió ayuda a un amigo, Ricardo Hernández, para trasladar el material en una pequeña camioneta de carga.

Viajaron hasta un local de compra-venta de chatarra llamado Yonke Fénix, en el sur de Ciudad Juárez, donde vendieron lo obtenido.

Sin embargo, la manera en cómo el aparato fue perforado y trasladado dio pie a que el incidente tuviera consecuencias todavía más graves.

“La verdad es que nunca nos avisaron que esa máquina tenía contaminación. Había muchas cosas arrumbadas: aparatos de ventilación, catres y todo eso y, la verdad, ni un solo letrero con una calavera o algo así“, dijo Sotelo Alardín al semanario Proceso en 1984.

Según los directivos del hospital, el trabajador tomó sin autorización el aparato, pero Sotelo Alardín aseguraba que el jefe de mantenimiento del hospital le dijo que podía tomarlo.

Un rastro de radiación por Ciudad Juárez

El trabajador había perforado el cilindro que contenía 6,000 gránulos o “pellets” de cobalto-60 y una cantidad indefinida de ellos quedaron regados en la camioneta usada, en el patio de Yonke Fénix, en las grúas y otros vehículos del negocio y hasta en las calles de Ciudad Juárez.

Pero los dos grandes focos de radiactividad fueron la camioneta y el depósito de chatarra.

Pellets como los del incidente de Ciudad Juárez

CNSNS
Los gránulos de cobalto-60 son diminutos, pero representan una fuente de radioactividad decadente hasta por 35 años.

“Ha podido establecerse que para el 14 de diciembre de 1983 ya había sido utilizada la chatarra contaminada con el cobalto-60 por las fábricas de productos de acero, en las fundiciones”, dice la investigación, que señala que la empresa Aceros de Chihuahua SA (Achisa) como el principal comprador de hierro.

El descubrimiento por casualidad

El 16 de enero de 1984 se dio la detección del camión de carga que pasaba cerca del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México (Estados Unidos).

Cuando las autoridades estadounidenses revisaron las cámaras y vieron que se trataba del vehículo empleado por Achisa, notificaron al gobierno de México.

A partir de ahí, los expertos fueron jalando la hebra de la madeja hasta dar con el origen del problema y el riesgo de contaminación que se generó: “se confirmó la existencia de una amplia dispersión de material radiactivo”.

Laboratorio Nacional de Los Álamos

Getty Images
En el Laboratorio Nacional de Los Álamos se detectó el camión con radiación.

Espinosa explica que este material radiactivo “tiene una vida media de 5 años” y a partir de ahí la fuente pierde su intensidad de manera progresiva.

“Si tienes 100 átomos radiactivos, en 5 años tendrás 50, en otros 5 años nada más 25. Se considera que tienen 7 vidas medias, es decir, una vida activa de casi 35 años”, así que en 1984 el cobalto-60 del incidente ya había pasado a la mitad de su potencia.

La camioneta estacionada

La investigación encontró en principio que no solo en las instalaciones Yonke Fénix y Achisa había contaminación, sino también en el área de mantenimiento y el conmutador telefónico del hospital de origen, la camioneta del hospital a cargo de Sotelo Alardín y la calle en donde la estacionó, así como una maquiladora de productos de acero llamada Falcón de Juárez.

La fuente de desechos encontrada

CNSNS
La fuente de cobalto-60 fue encontrada en el sitio de compra-venta de chatarra Yonke Fénix.

Además de establecer “blindaje” en torno a los lugares investigados y asegurar las varillas y productos contaminados, fue imperativo rastrear la presencia de los gránulos de cobalto-60 sueltos con equipos especializados e incluso un helicóptero con un detector que barrió las calles de Ciudad Juárez.

La pequeña camioneta Datsun, estacionada durante semanas debido a una avería en un barrio habitacional cercano a la frontera con EE.UU., donde vivía Sotelo Alardín, también fue un foco de contaminación inquietante: las lecturas de niveles de radiación llegaron en un momento hasta 1.000 R/h

“Eso se considera alto y en una exposición de una hora a cuerpo completo puede morir la persona. Pero si el conductor y acompañante estuvieron en la cabina durante el transporte de la fuente debieron haber recibido una exposición de aproximadamente 4.7 R/h que pudo haberles provocado vómitos al cabo de horas y enrojecimiento de la piel en la semana”, dice a BBC Mundo el doctor Epifanio Cruz, de la UNAM.

La búsqueda de desechos radiactivos

CNSNS
Los gránulos o pellets quedaron regados por los locales de comercio de hierro.

“En virtud de que se trataba de una zona densamente poblada, se consideró urgente llevar la camioneta contaminada a un sitio que reuniera las características de no estar poblado ni se encontrase demasiado distante”, dice el informe de la CNSNS.

La maniobra se planeó cuidadosamente y se ejecutó en 10 minutos. El vehículo fue llevado hasta el parque de El Chamizal, a un lado de la línea fronteriza con Estados Unidos.

“Fuimos a hacer mediciones de radiación. Una señora se sentaba diario junto a la camioneta. Nadie se enteró de que había una fuente radiactiva. Y ese fue el problema”, recuerda Espinosa del trabajo que hicieron por parte de la UNAM.

La búsqueda de desechos radiactivos

CNSNS
La población poco supo de la situación que se había dado, explica Espinosa.

“Nadie supo que había material radiactivo ni en el hospital, ni en el traslado, ni en la camioneta”, añade.

El material sacado de Ciudad Juárez

La degradación natural del cobalto-60 hizo que la fuente de radiación pasara de 3.000 curios (Ci) en 1977 a 450 Ci para febrero de 1984.

“Con menos de 500 puede haber efecto, pero no mucho. Depende del tiempo de exposición. Por eso el daño a la población fue muy bajo”, explica Espinosa.

Además de Yonke Fénix y Achisa, la investigación de la CNSNS detectó que tres empresas que comercializaban materiales férreos en las ciudades de Monterrey, Gómez Palacio y San Luis Potosí registraban contaminación.

Las instalaciones de Achisa

CNSNS
Unas 6.600 toneladas de varilla fueron fabricadas con hierro contaminado, según la investigación.

Incluso en una carretera que une a Ciudad Juárez y Chihuahua hubo rastros de material radiactivo. Todo requirió una cuidadosa tarea de detección y aseguramiento de gránulos y objetos conaminados.

En total, 6,600 toneladas de varilla y 3,000 bases metálicas para mesas estaban contaminadas.

La varilla fue comercializada en 17 de los 32 estados de México. De 17,600 construcciones inspeccionadas, 814 tuvieron que ser demolidas, según el informe.

“Nos pidieron a la UNAM que fuéramos a medir las varillas de castillos (pilares) de construcciones. Su nivel ya no era importante, pero por ley había que detectar ese material. Y se hizo un escándalo gubernamental porque se pedía que se derribaran”, recuerda Espinosa.

La búsqueda de desechos radiactivos

CNSNS
Gránulos de cobalto-60 fueron detectados incluso en una carretera por la que pasó un vehículo con hierro contaminado.

El experto explica que, si bien el nivel de exposición ya no era riesgoso, las normas internacionales requieren que 90% del material contaminado sea asegurado y desechado.

4,000 personas expuestas

La investigación indica que unas 4,000 personas resultaron “expuestas a la radiación” de las cuales un 80% recibió dosis inferiores a 500 mrem.

Eso es equivalente a lo que una persona puede recibir si está cerca de un paciente que recibió tratamiento de radiación.

Otro 18% recibió entre 0,5 y 25 rems, mientras que 2%, o unas 80 personas, estuvieron expuestas a más de 25 rems. De todas, cinco personas estuvieron expuestas a dosis de entre 300 y 700 rems en un periodo de dos meses, según la CNSNS.

“Para las cinco personas expuestas a las dosis entre 300 y 700 rem, fue más que suficiente para afectar a gónadas, glándulas tiroides y huesos superficiales por ejemplo en manos y pies, acortamiento de la calidad de vida”, explica el doctor Cruz.

“El efecto de esas dosis puede llevar a daños del material genético hereditario al menos a dos generaciones, causar esterilidad y falta de espermatozoides en la persona expuesta que puede recobrarse pasados al menos cinco años”, añade.

La investigación publicada en 1985 presenta un informe médico, pero es poco lo que se describe sobre problemas de salud detectados en las personas expuestas.

Sobre Vicente Sotelo Aldarín no se reporta nada, pero él mismo dijo a Proceso meses después que tuvo malestares que luego desaparecieron: “creyeron que era diabetes”.

Después del incidente, poco se supo del trabajador. Espinosa dice que “el señor se perdió”.

Los trabajadores de Yonke Fénix “dijeron no haber experimentado vómitos, cansancio ni náuseas y no presentaban marcas visibles en pies o manos”, salvo algunas pigmentaciones y algunos malestares pasajeros, según la CNSNS.

Cuatro trabajadores, el hijo de uno de ellos y un cliente, sí presentaron leucopenia, que es disminución en la concentración de leucocitos en la sangre.

Pero luego de unos meses. los empleados de Achisa “se quejaron de fuertes dolores de cabeza, vómitos y diarreas”, reportó Proceso en aquella época.

Señal de peligro por radiación.

Getty Images
Sotelo Aldarín asegura que no había ninguna advertencia de riesgo en la máquina que tomó.

Ricardo Hernández, quien ayudó a trasladar la unidad, tenía “una quemadura atribuible a radiaciones en proceso de cicatrización sin ningún otro síntoma”.

“En ninguno de los casos se detectó sintomatología aguda”, según la investigación de ese entonces. No hubo reportes de víctimas mortales conocidas.

BBC Mundo solicitó a la CNSNS una actualización de las consecuencias médicas que hubo, pero la institución dijo que lo contenido en el informe de 1985 es lo único disponible: “no contamos con más registros de esa época”.

Como varios reportes de la época indican, no hubo seguimiento sanitario de las víctimas, por lo que no se sabe a ciencia cierta si las personas expuestas sufrieron más trastornos o cáncer, que es una de las consecuencias por la exposición de radiación.

El “cementerio” radiactivo

Encontrar un lugar en el cual colocar el material radiactivo fue el siguiente problema a resolver: tenía que estar en un sitio apartado de la población, poca lluvia, sin contacto con fuentes de agua y con el menor riesgo de contaminación al medioambiente.

“Llevaron de un lado para otro durante casi un año en camiones el material radiactivo para ver dónde lo enterraban. Fue un desorden total“, recuerda Espinosa.

El tiradero de desechos radiactivos

CNSNS
En un espacio desértico conocido como “La Pedrera” fue excavado el “cementerio” de desechos.

Luego de múltiples intentos fallidos por asegurar un terreno, por la oposición de pobladores y autoridades locales, el gobierno mexicano efectuó una excavación en un paraje desértico del sur de Ciudad Juárez llamado “La Pedrera”.

Ahí fueron llevados tanto las varillas y otros materiales fabricados con hierro contaminado, como la camioneta de Sotelo Aldarín. Todo fue sepultado entre concreto para neutralizar su efecto nocivo.

Sin embargo, reportajes de la prensa local y nacional han mostrado que aquel “cementerio” de desechos radiactivos que debería estar protegido ha quedado en el abandono.

La CNSNS dijo a BBC Mundo que “se calcula que actualmente la concentración de actividad presenta niveles prácticamente inocuos, cercanos a los niveles de dispensa”.

“Por lo anterior, se puede afirmar que la existencia del sitio de disposición La Piedrera no representa riesgo radiológico alguno para la población ni para el ambiente”, añade.

El tiradero de desechos radiactivos

CNSNS
La camioneta manejada por Sotelo Aldarín fue enterrada en el tiradero construido.

Y es que medios locales han denunciado que el lugar carece de vigilancia y que incluso ha habido incursiones de personas que buscan objetos para comercializar.

Para el físico Guillermo Espinosa, es cierto que la vida media ya superada ayudó a que no fuera un riesgo en la actualidad: “pero sí creo que fue muy mal manejado”, considera.

La radiactividad es como el fuego: si lo manejas bien, cocinas unos excelentes bifes. Si no la manejas bien, hay quemaduras”, continúa.

“La lección que se debe aprender es que cualquier fuente de radiación debe estar controlada, certificada y siempre debe haber un responsable. Cosa que ahí no ocurrió”.


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