¿Deportaciones masivas? Estas son las ciudades mexicanas preocupadas por plan de Trump
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¿Deportaciones masivas? Estas son las ciudades mexicanas preocupadas por plan de Trump

La organización civil Cohesión Comunitaria e Innovación Social (CCIS) elaboró un estudio sobre cuáles son los municipios mexicanos que, ante la falta de políticas públicas en México, pueden verse más afectados ante la política de deportaciones del nuevo presidente de Estados Unidos.
AFP
Por Manu Ureste
22 de febrero, 2017
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El presidente Donald Trump sigue tensando la cuerda a los millones de migrantes que residen sin documentos en Estados Unidos: además de la firma en enero de tres órdenes ejecutivas para frenar la migración –con la construcción de un muro, el fin de las ‘ciudades santuario’, y el aumento de elementos de la patrulla fronteriza-, ayer el Departamento de Seguridad anunció nuevas reglas que harán más fácil la detención y deportación de manera  inmediata de indocumentados.

En las circulares firmadas por el secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, se proponen varias medidas, entre las que destacan dos: una, que las autoridades puedan deportar de manera “expedita” a cualquier persona que entrara ilegalmente al país en los dos últimos años –actualmente, las deportaciones inmediatas solo aplican para quien llegara sin documentos en las dos últimas semanas-. Y dos, que los migrantes mexicanos detenidos en la frontera sean regresados de inmediato a México.

Ante estas medidas, y luego de la primera gran redada del pasado 11 de febrero, cuando las autoridades detuvieron a 690 migrantes en un fin de semana, la organización civil Cohesión Comunitaria e Innovación Social (CCIS) elaboró un estudio sobre cuáles son los municipios mexicanos que pueden verse más afectados en caso de que Trump cumpla con su promesa de deportar a 11 millones de migrantes, entre ellos millones de mexicanos.

“Una bomba de tiempo”

En el estudio de CCIS, elaborado a partir de datos de la Encuesta Intercensal 2015 del INEGI, se analizó la población de migrantes retornados de Estados Unidos en 220 ciudades con más de 100 mil habitantes.

De ese total, CCIS documentó que 11 ciudades mexicanas que en 2010 no eran atractivas para los migrantes mexicanos retornados, se volvieron atractivas en 2015 por lo que comenzaron a recibir a connacionales, provocando un crecimiento acelerado de la población.

Las 11 ciudades son: Morelia, Tarímbaro y La Piedad, en Michoacán; Salvatierra, en Guanajuato; Hidalgo del Parral y Ciudad Juárez, en Chihuahua; Jesús María, en Aguascalientes; Ciudad Acuña, en Cohauila; Durango, en Durango; Yautepec, en Morelos; y Hermosillo, Sonora.

Suhayla Bazbaz, directora general de CCIS, explicó en entrevista que, salvo la fronteriza Ciudad Juárez, en Chihuahua, o Hermosillo, más próxima a las frontera, estas ciudades no están habituadas a tener altos porcentajes de su población total conformada por migrantes retornados, “por lo que es muy probable que surjan divisiones, tensiones y conflictos entre la población y los migrantes que acaban de llegar”.

Unos conflictos, advirtió la experta, que se pueden agravar, con la llegada de más migrantes mexicanos deportados en los próximos cuatro años de administración Trump, o con la llegada voluntaria de aquellos que ante el endurecimiento de la política anti-migratoria decidan regresar a México.

“Estas ciudades que crecieron de manera atípica por la llegada de connacionales, lo más probable que se conviertan en una bomba de tiempo”, recalcó Bazbaz, quien apuntó dos razones principales para sostener esta aseveración.

Una, porque la llegada “atípica” de migrantes desde Estados Unidos cambiará “las dinámicas cotidianas” de estas ciudades, y esto puede generar conflictos sociales por cuestiones de idioma –hay migrantes que retornan tras 20 años en Estados Unidos y con familia que no habla español, o lo hace con dificultad-, educación pública en las escuelas para los hijos de los migrantes, nuevas tradiciones y costumbres de los migrantes, así como expectativas laborales y de calidad de vida no satisfechas en México.

Y dos, porque la ausencia o insuficiencia de políticas públicas de los tres niveles de gobierno para atender las necesidades de empleo, salud, educación, seguridad y bienestar, pueden producir “cortocircuitos” entre lo que ofrece el gobierno y las demandas de la comunidad.

Dentro de este grupo de 11 ciudades, la organización CCIS destacó como “focos rojo” cuatro casos: Yautepec, en Morelos; La Piedad y Tarímbaro, en Michoacán; y Salvatierra, en Guanajuato.

¿Y por qué un foco rojo?

Porque según el Consejo Nacional de Población (CONAPO), estas ciudades no estaban proyectadas para tener más de 100 mil habitantes en 2015 y con la llegada de connacionales de Estados Unidos rebasaron esa cifra.

De ahí que, en opinión de la directora de CCIS, si el ritmo de migrantes retornados que llegan a estas ciudades se incrementa con Trump, el “cortocircuito” en estas localidades puede acelerarse ante la falta de políticas públicas para atender a esta población.

Gráfico: Omar Bobadilla

“Más posiciones mediáticas que políticas públicas”

Ante este contexto, CCIS hizo un llamado a los tres niveles de gobierno para que diseñen políticas que sean proactivas y que no solo reaccionen o improvisen ante los vaivenes de de Trump.

“Hasta ahora, hemos visto más posiciones mediáticas que decisiones de política pública”, criticó Bazbaz. “Estamos esperando a ver si Trump cumple o no sus amenazas para entonces actuar. Pero cuando realmente tengamos el problema encima, no vamos a tener capacidad de respuesta”.

La directora de CCIS propuso que, en primer lugar, se construya “una narrativa migrante” para explicar a las poblaciones -especialmente a las 11 que están recibiendo connacionales de manera atípica- por qué están regresando los migrantes de Estados Unidos, en qué nos beneficia, y cuál es su contribución social, económica y política con el país.

Y sobre todo, agregó Bazbaz, se necesita explicar que no todos los migrantes deportados tienen antecedentes penales, como asegura Trump.

“Será fundamental garantizar el derecho a la no discriminación, estigmatización y criminalización de los connacionales que regresen de Estados Unidos, ante la posibilidad de que se les señale por los supuestos motivos de su deportación (por ejemplo, por antecedentes penales), como por el carácter forzado de su retorno (la mayoría de connacionales preferirían quedarse en Estados Unidos)”, recalcó la directora de CCIS.

¿A dónde llegan los migrantes mexicanos que vuelven de EU?

Por otra parte, además de las 11 ciudades que crecieron aceleradamente por la llegada de migrantes retornados, CCIS documentó otras 31 –son 42 en total-, en 14 estados, que en 2015 habían recibido un número atípico de connacionales, por lo que proyecta que estas localidades continuarán atrayendo a más migrantes durante los próximos cuatro años de Trump en la Casa Blanca.

En el municipio de San Luis Río Colorado, en Sonora, el 2.64% de su población son migrantes retornados de Estados Unidos. El porcentaje más alto de México. Le siguen Tijuana, en Baja California (2.09% de su población son migrantes retornados); Tecate, también en Baja California (2.05%);  Ciudad Cuauthémoc, en Chihuahua (1.45%); y Nogales, en Sonora (1.33%).

Guanajuato es el estado con más ciudades que tienen mayor porcentaje de población que son migrantes retornados. Ocho en total: Salvatierra (1.1% del total de la población es migrante retornado); San Miguel de Allende (1.03%); Pénjamo (0.93%); Acámbaro (0.92%); Valle de Santiago (0.92%); Dolores Hidalgo Cuna de la Independencia (0.88%); San Felipe (0.85%); y San Francisco del Rincón (0.83%).

Cabe recordar que en otra investigación de CCIS que publicó Animal Político el pasado 2 de febrero, Guanajuato es también la entidad con más ciudades que dependen de las remesas que mandan los migrantes mexicanos. 

Gráfica: Omar Bobadilla

Por el contrario, seis ciudades que en 2010 eran atípicas por la llegada de connacionales, en 2015 dejaron de ser atractivas para los migrantes mexicanos. Se trata de Iguala y Zihuatanejo, en Guerrero; Delicias, Chihuahua; Manzanillo, Colima; Zamora, Michoacán; y San Luis de la Paz, Guanajuato.

En el caso de Guerrero, Suhayla Bazbaz apuntó que el factor de la inseguridad –en 2016, fue el segundo estado con mayor tasa de homicidios, solo por detrás de Colima-, más sucesos como la desaparición forzada de 43 estudiantes en Iguala, puede ser clave para explicar por qué los connacionales ya no regresan a esta entidad.

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Segunda Guerra Mundial: la monja que salvó en secreto a 83 niños judíos de la persecución nazi

Un convento del sur de Francia refugió a decenas de niños judíos durante la invasión alemana.
6 de septiembre, 2020
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Denise Bergon

BBC
La hermana Denise Bergon se convirtió en la salvadora de muchas familias judías.

Dos niñas judías de la región de Alsacia corrieron un gran peligro cuando Alemania invadió Francia hace 80 años.

Mientras sus padres y hermana menor fueron capturados y asesinados, ellas sobrevivieron junto a decenas de niños judíos.

Y todo gracias a la valentía de una monja de un convento cerca de Toulouse.

Hélène Bach tenía 12 años y jugaba en el jardín junto a Ida, su hermana pequeña. Entonces vieron cómo se acercaba rápido un camión militar.

Las dos niñas y su madre abandonaron su casa en Lorena, al noreste de Francia, tras la invasión alemana en mayo de 1940. Se dirigieron hacia la “zona libre” en el sur del país.

Para evitar que toda la familia fuese capturada, decidieron que el padre, Aron y la hija mayor, Annie, viajaran separados.

Pero cuando Aron y Annie fueron arrestados en 1941 y llevados a un campo de detención cerca de Tours, la madre de Hélène rentó una casa en la zona.

Allí se quedaron viviendo durante un año, hasta que llegó un vehículo con soldados alemanes.

Hélène e Ida, de ocho años, corrieron a la cocina para avisar a su madre.

“Mi madre nos dijo que huyéramos y nos escondiéramos en el bosque. Tomé la mano de mi hermana pequeña pero no quería venir conmigo. Quiso regresar con su madre. La dejé ir y volvió”, dice Hélène.

Escape

Cecile Bach, la madre de Helene y Anne.

BBC
Cecile Bach, la madre de Helene y Anne.

Sola en el bosque, Hélène permaneció escondida hasta que todos se fueron.

Entonces volvió a la casa y encontró algo de dinero que su madre dejó sobre la mesa.

“Sabía que regresaría”, dijo.

Hélène se fue a la casa de unos amigos en la zona. Jamás volvió a ver a su madre y hermana pequeña.

La hermana mayor de Hélène, Annie, también logró escapar. Tras pasar un año en el campo de Tours, consiguió escabullirse entre las verjas y salir corriendo.

Annie, de 16 años, viajó sola hasta la casa de su tía en Toulouse, pero ni siquiera allí estaba a salvo.

La familia de su tía no estaba registrada como judía y podía hacerse pasar por católica, pero Annie no podía.

Un día en otoño de 1942, la policía llamó a la puerta. Ordenaron que se les mostrara el libro de familia de todos.

“La suerte de mi vida fue que Ida, mi prima, había ido a comprar el pan. Así que mi tía me presentó como Ida. Por eso a veces creo en los milagros”, cuenta Annie.

Poco después de la llegada de Annie a Toulouse, su tía recibió una carta de Hélène desde su escondite. Entonces coordinó su rescate.

Así, una joven mujer de la Resistencia Francesa se presentó una noche en la casa donde Hélène se estaba quedando.

“Dijo que venía a buscarme”, recuerda.

Para mostrar confianza, la mujer le enseñó una fotografía suya que su tía le había dado.

La familia Bach antes de la guerra.

BBC
La familia Bach tuvo que huir de forma separada. No todos corrieron con la misma suerte.

Fue un viaje difícil. La mujer llevaba documentos falsos en que ambas eran descritas como estudiantes. Fueron detenidas e interrogadas en varias ocasiones.

Políticas antijudías

El gobierno del mariscal Philippe Pétain, con sede en Vichy, aprobó leyes antijudías, permitió que los detenidos en Baden, Alsacia y Lorena fueran internados en su territorio y confiscó varias propiedades y negocios.

El 23 de agosto de 1942, el arzobispo de Toulouse, Jules-Geraud Saliège, escribió una carta a sus clérigos pidiéndoles que la leyesen a sus congregaciones.

“En nuestra diócesis han ocurrido escenas perturbadoras. Están separando familias y mandando a sus miembros a destinos desconocidos. Los judíos son hombres y mujeres, parte de la raza humana. Son nuestros hermanos. Un cristiano no puede olvidarse de eso”, decía la carta.

El arzobispo protestó ante las autoridades por las acciones contra los judíos, pero la mayoría de la jerarquía católica francesa guardó silencio.

De 100 obispos franceses, Saliège fue uno de los únicos seis que se pronunciaron en contra del régimen nazi.

“Respuesta al llamado”

La monja Denise Bergon atendió al llamado de Saliège. Esta joven era la madre superiora del Convento de Nuestra Señora de Massip en Capdenac, situado a 150 kilómetros del noreste de Toulouse.

“Este llamado nos conmovió profundamente y tal emoción se apoderó de nuestros corazones. La respuesta favorable a esta carta fue testimonio de la fuerza de nuestra religión sobre cualquier raza o partido“, escribió Bergon en 1946, tras terminar la guerra.

El arzobispo de Toulouse.

BBC
El arzobispo de Toulouse fue uno de los pocos obispos que se pronunció en contra del nazismo.

“También fue un acto de patriotismo, ya que al defender a los oprimidos estábamos desafiando a los perseguidores”, añadió.

El convento gestionaba un internado y Bergon confiaba en que fuese posible esconder niños judíos entre sus alumnos católicos. Sin embargo, le preocupaba poner en peligro a las otras monjas y el acto de deshonestidad que supondría su idea.

Pidió consejo al arzobispo Saliège y la respuesta fue clara: “Mintamos, hija mía, siempre y cuando salvemos vidas humanas”.

83 niños judíos

En el invierno de 1942, la hermana Bergon recogió a varios niños judíos que se escondían en los bosques y valles en las inmediaciones de su región.

Mientras las tropas alemanas y fascistas intensificaron la búsqueda de judíos, el número de niños refugiados en el convento llegó a ascender a 83.

Entre ellos se encontraba Annie, cuya tía consideró que allí estaría más segura que en Toulouse. Poco después, también llegó Hélène, acompañada por su guía de la Resistencia.

Denise Bergon junto a una chica, posiblemente Annie.

BBC
Annie junto a la hermana Bergon.

“Al llegar, la hermana Bergon me llevó a una habitación e intentó hacerme sentir que mis padres seguían aquí. Se portó como si fuera mi madre”, describe Hélène.

Pero a la chica le pesaba mucho lo que había sucedido con Ida, su hermana pequeña.

“Siempre pensaba que si mi hermana no me hubiera soltado la mano, ahora estaría en el convento conmigo”, dice.

Albert Seifer era otro de los niños de Alsacia que se refugió en el convento.

“Estábamos rodeados por muros altos, como en un fuerte. Estábamos muy contentos. No sentimos la guerra a pesar de estar rodeados de peligro”, cuenta Albert.

El jardín actualmente.

BBC
El convento dio refugio a 83 niños y a varias pertenencias de valor de sus familias.

Parientes y cuidadores enviaban s sus niños con dinero, joyas y otros bienes de valor para pagar por el refugio antes de intentar salir de Francia.

La hermana Bergon registró cómo transcurrieron esos días.

“Desde comienzos de 1944, la búsqueda de judíos se volvió más estrecha y numerosa. Nos llegaban solicitudes de refugio de todas partes. Recibimos cerca de 15 niñas pequeñas. Algunas de ellas consiguieron escapar milagrosamente de la persecución de la Gestapo”, escribió en 1946.

“Se convirtieron en nuestros niños. Nos comprometimos a devolverlos a salvo a sus familias”, añadió.

Además de Bergon, las únicas personas que sabían la verdad sobre el origen de los niños eran la directora de la escuela, el capellán y otras dos hermanas.

Las otras 11 monjas sabían que los niños eran refugiados de la región de Alsacia y Lorena, pero desconocían que eran judíos.

Como los niños no estaban familiarizados con los ritos católicos, la forma que encontraron de no levantar sospechas fue haciéndose pasar por comunistas.

“En el este de Francia había muchas ciudades industriales cuyos trabajadores eran comunistas. Hacíamos como que no sabíamos nada sobre religión”, dijo Annie.

Peligro extremo

Mientras la guerra se alargaba, los niños corrían más peligro y esto preocupaba a la hermana Bergon.

“Aunque todos los documentos comprometedores y la joyería de las familias de los niños estaban escondidos en varias esquinas del convento, no nos sentíamos seguros. Así que una noche, mientras todos dormían, cavamos un agujero profundo en el jardín del convento y enterramos todo lo que pudiera ser comprometedor”, escribió Bergon en su diario.

Ventana en uno de los dormitorios de los niños.

BBC
Mientras más se alargaba la guerra, más peligro corrían los niños.

Annie recuerda el día de 1944 en que abrió la puerta a un miembro de la Resistencia que se presentó en el convento con una advertencia.

“Rápido, debo hablar con tu directora. ¡Es muy urgente!”

El hombre contaba que el convento había sido denunciado, que se había corrido la voz de que ocultaba niños judíos.

La hermana Bergon trazó un plan con la Resistencia, quien accedió a lanzar tiros de advertencia si el enemigo se acercaba.

“Los niños dormirían emparejados: los mayores con los menores. A la primera detonación, se irían deprisa pero en silencio hacia los bosques y abandonarían la casa”, apuntó Bergon en su diario.

Pero pronto decidió esconder a los niños sin esperar a que llegaran los invasores. Un grupo, donde estaba Annie, fue llevado a la capilla.

“El capellán era un hombre fuerte y podía levantar los bancos. Abrió una trampilla en el suelo y nos metieron allí”, recuerda Annie.

El agujero medía 2,5 metros de largo y tenía 1,5 metros de altura.

Annie junto a la trampilla de la capilla.

BBC
Annie junto a la trampilla de la capilla.

Allí se escondieron siete niños durante cinco días.

No podían pararse o acostarse. Solo se les permitía salir por tiempos cortos, a primera hora de la mañana, para ejercitarse, comer, beber e ir al baño.

Aquellos días bajo el suelo marcaron a Annie para siempre. Desde entonces no puede dormir sin un pequeña luz encendida.

Hélène tuvo algo más de suerte y fue llevada a una casa con otra familia local.

Trampilla.

BBC
La trampilla donde escondieron a los niños es diminuta.

Las tropas alemanas no entraron en el convento, pero dejaron rastros de destrucción en las inmediaciones.

“Encontramos miembros de la Resistencia muertos y abandonados en el camino”, cuenta Annie.

Como muestra de respeto, depositaron flores encima de los cadáveres.

En junio de 1944, las tropas fascistas que rondaban el aire se desplazaron al norte para repeler los desembarcos de los Aliados en Normandía.

En el camino participaron en dos masacres para castigar a los lugareños por las actividades de la Resistencia en la zona.

Una vez en Normandía, fueron aplastadas por la Segunda División Blindada de Estados Unidos. Perdieron 5,000 hombres, más de 200 tanques y otros vehículos de combate.

Fin de la guerra

Tras la liberación del sur de Francia en agosto de 1944, los niños judíos comenzaron a abandonar el convento.

Albert Seifer se reunió con su familia, incluyendo su padre, quien logró regresar con vida del campo de concentración de Auschwitz.

Annie y Hélène no tuvieron tanta suerte.

Las hermanas Hélène y Annie en las puertas del convento.

BBC
Hélène y Annie siguen visitándose tanto como pueden.

Su tía sobrevivió, pero sus padres e Ida, la hermana pequeña, fueron asesinados en Auschwitz.

Annie se instaló en Toulouse, se casó, tuvo hijos y recientemente se convirtió en bisabuela. Todavía se reúne con Albert, ahora de 90 años.

Hélène se casó y tuvo un hijo, instalándose en Richmond, al oeste de Londres. Con 94 y 90 años, las hermanas viajan entre Londres y Toulouse para verse tan a menudo como pueden.

A ambas les entristeció despedirse de la hermana Bergon y la visitaron de forma regular el resto de su vida.

Cuando los hijos de Annie eran pequeños, los llevaba a menudo consigo para recordarles esa etapa de la historia, lo que soportó el pueblo judío.

La hermana Bergon permaneció en el convento y continuó trabajando hasta su muerte en 2006 a la edad de 94 años. Más adelante ayudó a niños desfavorecidos y luego a inmigrantes del norte de África.

Denise Bergon

BBC
La hermana Betgon continuó realizando labores humanitarias durante el resto de su vida.

En 1980 recibió honores por parte del Centro Conmemorativo del Holocausto y fue nombrada como “Justa de la Naciones”.

Una calle lleva su nombre en Capdenac, pero aparte de eso, el único monumento de su hazaña se encuentra en los terrenos del convento.

Foto de sobrevivientes junto a Bergon.

BBC
Hélène (a la izquierda), Annie (a la derecha) junto a la hermana Bergon en el memorial del convento.

“Este cedro fue plantado el 5 de abril de 1992 en memoria de la salvación de 83 niños judíos (de diciembre de 1942 a julio de 1944) por Denise Bergon (…) a petición de Monseñor Jules-Geraud Saliège, arzobispo de Toulouse”, dice la conmemoración.

Se encuentra cerca del lugar donde Bergon enterró las joyas, el dinero y los artículos valiosos que dejaron los padres, y que devolvió intactos después de la guerra para ayudar a las familias a comenzar de nuevo.


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