En 10 años solo un conductor ha perdido su licencia por faltas al reglamento en la CDMX
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Cuartoscuro

En 10 años solo un conductor ha perdido su licencia por faltas al reglamento en la CDMX

La cancelación de la licencia de conducir en la Ciudad de México por acumular 12 puntos de multa es un castigo que existe en el papel, pero no funciona en la realidad; autoridades argumentan problemas burocráticos.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
13 de febrero, 2017
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La cancelación de licencias de conducir en la Ciudad de México por acumular doce puntos de multa es una castigo que existe en el papel, pero no funciona en la realidad.

A casi 10 años de que se pusiera en marcha este sistema solo una licencia de conducir ha sido cancelada, de acuerdo con datos oficiales obtenidos vía transparencia por Animal Político. Esto significa que solo uno de los más de cinco millones de automovilistas que circulan en la capital, ha perdido su licencia de manejar.

Lo anterior pese a que tan solo por exceder límites de velocidad, que es una de las infracciones por las que se aplican una mayor cantidad de puntos de sanción (seis puntos automáticos), se han aplicado del 2007 a la fecha ocho millones 425 mil 318 infracciones que equivalen, en teoría, a más de 51 mil millones de puntos de sanción en las licencias.

El gobierno capitalino, en voz de la subsecretaria de Planeación de la Secretaría de Movilidad Laura Ballesteros, reconoció que el sistema de cancelación de las licencias no funciona debido a fallas en el proceso burocrático que impiden que los automovilistas que acumulan los puntos de multa sean notificados y por tanto, los procesos de sanción no avanzan.

 ¿Qué dice la ley?

En 2007, durante la administración del Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard,  entró en vigor el Reglamento de Tránsito Metropolitano en la Ciudad el cual incluía por primera vez un sistema de puntos de sanción para las licencias de conducir.

El artículo 44 del mismo establecía que un automovilista que acumulara doce puntos de sanción le sería “cancelada su licencia” por un periodo de tres años.

El número de puntos de sanción que un conductor recibiría en su licencia dependería de la gravedad de la infracción cometida. En todos los casos cualquier violación representaba al menos un punto de sanción.

Las infracciones más graves, que ameritaban en automático seis puntos, eran conducir sin respetarlos límites de velocidad, manejar en estado de ebriedad (positivo en alcoholímetro), dar vueltas prohibidas o invadir el carril confinado para el transporte público, así como participar en carreras clandestinas conocidas como “arrancones”.

En diciembre de 2015 entró en vigor en la capital el nuevo Reglamento de Tránsito del Distrito Federal que sustituyó al anterior. Aunque esta norma modificó varias de las disposiciones se mantuvo vigente el sistema de puntos de sanción y la cancelación de las licencias al acumular doce puntos.

Además se incrementó el número de infracciones que ameritaban seis puntos de sanción pues se incluyó el estacionarse en carriles confinados y en zonas peatonales.

La realidad

Animal Político preguntó a la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México y a la Secretaría de Movilidad (Semovi) cuantas licencias de conducir se han cancelado a los automovilistas por acumular doce puntos de multa. Esto desde el año 2007 en que comenzó a funcionar este sistema hasta la fecha.

Seguridad Pública contestó oficialmente que, aunque la policía capitalina es la responsable de vigilarla aplicación del reglamento y aplicar las multas correspondientes, el proceso del cómputo de los puntos en la licencia correspondía a Movilidad.

En tanto la Semovi respondió a través de un oficio firmado por el Subdirector de Procedimientos Administrativos y Sanciones, José Luis Ramírez Dueñas, que solamente existe un procedimiento de una licencia cancelada por la acumulación de los doce puntos.

En sus registros, la dependencia precisó primero que hay 23 procedimientos administrativos de cancelación o suspensión de licencias de conducir, pero de ellos solamente uno corresponde a este sistema.

“Después de haber realizado una búsqueda exhaustiva en los sistemas electrónicos y documentales que ocupa la jefatura de Unidad Departamental de Procedimientos Administrativos solo se encontró 1 Procedimiento Administrativo de Cancelación o Suspensión de Licencia para Conducir tipo A por acumulación de 12 puntos” indica el oficio fechado el pasado 18 de enero.

Por tratarse de datos personales la Secretaría de Movilidad no proporcionó información sobre la identidad del único automovilista, de los más de cinco millones que circulan en la capital del país, que ha perdido su licencia por acumular 12 puntos de multa.

Tampoco se proporcionó el número de puntos de multa que se han aplicado a las licencias de conducir hasta la fecha pese a que se solicitaron esos datos.

Como ya se dijo, solo por el tema del exceso de velocidad habría ya más de 51 millones de puntos de sanción que tendrían que haberse aplicado en la última década. Además, si se toma en cuenta que cada año en promedio se sanciona a 19 mil personas por dar positivo en el alcoholímetro  y que esta falta es de las que amerita seis puntos, esto significaría 114 mil puntos de multa nuevos anualmente.

El problema y la solución

De acuerdo con Laura Ballesteros la aplicación de los puntos de sanción no se ha suspendido ni cancelado en la ciudad pues se trata de un programa estratégico para fomentar la seguridad vial en la zona, pero reconoció que en los hechos no hay cancelación de licencias.

“Si el retiro de licencias no ha sido posible es porque hay un problema en el proceso burocrático que tiene que ver con la notificación de las personas sancionadas” dijo la funcionaria en entrevista con este medio.

La subsecretaria de Movilidad explicó que la cancelación de una licencia de conducir es un procedimiento administrativo de sanción que tiene como punto de partida la notificación de los probables infractores.

El problema, explica la funcionaria,  es que por falta de personal en Semovi o de protocolos para realizar de forma adecuada las notificaciones, estas no han podido materializarse y en consecuencia todos los procedimientos están sin avance.

“Y ese proceso burocrático y largo es el que está haciendo que sea materialmente imposible notificar a las personas y sino están notificadas pues no les puedes generar ningún procedimiento” dice Ballesteros.

Para solucionar lo anterior la subsecretaria de Planeación indicó que desde hace varios meses se trabaja con el área jurídica de la Semovi en la creación de un nuevo protocolo que permita aplicar los puntos de sanción a las licencias.

El objetivo no es solo que se notifique a los automovilistas sino que se haga todo el procedimiento con máximo apego a la legalidad para evitar, por ejemplo, escenarios donde a través de amparos los infractores evadan la suspensión o cancelación de la licencia.

A su vez se busca vincular de forma efectiva el sistema del alcoholímetro con el de los puntos de sanción ya que, aunque manejar en estado de ebriedad es una de las infracciones graves que amerita seis puntos, estos en realidad no se aplican porque no se comunican.

Pero además Ballesteros indicó que no solo buscan que los puntos si deriven en sanciones sino una estrategia que derive en la capacitación de los automovilistas y no solo en “castigos”.

“A mí de nada me sirve sancionar a alguien, multarlo y quitarle la licencia sino hay un proceso de capacitación y aprendizaje en el camino (…) Lo que queremos introducir (y nos está llevando tiempo hasta ahora 8 meses) es vincular los puntos de sanción a las licencias con cursos y talleres que tengan que tomar las personas para recuperar los puntos perdidos y así no se tenga que llegar al retiro” dijo.

Ballesteros subrayó que en el reglamento de la Ley de Movilidad, que se espera se expida en breve pues ya está en la fase final de revisión, quedará definido de forma precisa el funcionamiento de los puntos de sanción y los mecanismos de capacitación que sirvan para descontarlos.

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Clare Freer

Parosmia: desde que tuve COVID-19, la comida me da ganas de vomitar

Muchas personas descubren que las cosas no huelen bien después de padecer COVID y que la mayoría de los alimentos huelen y saben repugnantes.
Clare Freer
26 de febrero, 2021
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Muchas personas con COVID-19 pierden temporalmente el sentido del olfato.

A medida que se recuperan, este por lo general regresa, pero algunos descubren que las cosas huelen diferente y algunas que deberían oler bien, como la comida, el jabón y sus seres queridos, huelen repulsivamente.

El número de personas con esta afección, conocida como parosmia, aumenta constantemente, pero los científicos no están seguros de por qué ocurre o cómo curarla.

Short presentational grey line

BBC

Clare Freer termina llorando cada vez que intenta cocinar para su familia.

“Me mareo con los olores. Un olor podrido invade la casa en cuanto se enciende el horno y es insoportable”, describe.

La mujer de 47 años de Sutton Coldfield, Reino Unido, ha estado padeciendo parosmia durante siete meses y dice que muchos olores cotidianos le resultan repugnantes.

Las cebollas, el café, la carne, las frutas, el alcohol, la pasta de dientes, los productos de limpieza y los perfumes le dan ganas de vomitar.

El agua del grifo tiene el mismo efecto (aunque no el agua filtrada), lo que dificulta el lavado.

“Ya ni siquiera puedo besar a mi pareja”, dice.

Clare contrajo COVID-19 en marzo del año pasado y, como muchas personas, perdió el olfato como resultado.

El sentido regresó brevemente en mayo, pero en junio Clare empezó a rechazar sus comidas para llevar favoritas porque tenían un aroma rancio y cada vez que algo entraba en el horno había un olor abrumador a productos químicos o algo quemado.

Desde el verano lleva una dieta de pan y queso porque es todo lo que puede tolerar.

“No tengo energía y me duele todo”, cuenta. También la ha afectado emocionalmente. Dice que llora la mayoría de los días.

“Aunque la anosmia no fue agradable, pude seguir con mi vida normal y seguir comiendo y bebiendo”, dice Clare. “Viviría con eso para siempre, si eso significara deshacerme de la parosmia”.

Clare disfruta de un día de mimos con su hija mayor: el perfume ahora huele repugnante para ella.

Clare Freer
En esta foto se la puede ver a Clare Freer disfrutando de un día de mimos con su hija mayor. Ahora el perfume de sus seres queridos huele repugnante para ella.

El médico de cabecera de Clare dijo que nunca antes se había encontrado con un caso así.

Asustada y desconcertada, buscó respuestas en Internet y encontró un grupo de Facebook con 6.000 miembros creado por la organización benéfica de pérdida de olores AbScent.

Casi todos habían comenzado con anosmia derivada de la COVID-19 y terminaron con parosmia.

“Los descripciones comunes de los diferentes olores de parosmia incluyen: muerte, descomposición, carne podrida, heces“, dice la fundadora de AbScent, Chrissi Kelly, quien creó el grupo de Facebook en junio después de lo que describe como un “maremoto” de casos de parosmia por COVID-19 .

La gente usó frases como “aguas residuales con sabor a fruta”, “basura empapada y caliente” y “perro mojado rancio”.

A menudo, luchan por describir el olor porque no se parece a nada que hayan encontrado antes y eligen palabras que transmiten su disgusto.

Alrededor del 65% de las personas con COVID pierden el sentido del olfato y el gusto y se estima que alrededor del 10% de ellos desarrollan una “disfunción olfativa cualitativa”, es decir, parosmia u otra afección, fantosmia, cuando huele algo que no se encuentra en el lugar.

Si esto es correcto, 6.5 millones de personas de los 100 millones que han tenido COVID-19 en todo el mundo pueden estar experimentando parosmia prolongada por COVID.

Short presentational grey line

BBC

La doctora Jane Parker, científica especialista en sabor de la Universidad de Reading, Reino Unido, estaba estudiando la parosmia antes de la pandemia, cuando era una condición aún más rara.

Una teoría sobre el origen de los olores horribles que experimentan las personas que viven con parosmia es que solo perciben algunos de los compuestos volátiles que contiene una sustancia y que huelen peor de forma aislada. Incluso podría aumentar su intensidad.

Por ejemplo, el café contiene compuestos de azufre que huelen bien en combinación con todas las demás moléculas que le dan al café su aroma agradable, pero no cuando se huele solo.

Consultando con varias personas del grupo de Facebook AbScent parosmia, Parker y su equipo han descubierto que la carne, las cebollas, el ajo y el chocolate provocan habitualmente una mala reacción, junto con el café, las verduras, la fruta, el agua del grifo y el vino.

Jarra de café.

Getty Images
Para la mayoría de las personas que padecen de parosmia, el café sabe muy mal.

Muchas otras cosas huelen mal para algunos de los voluntarios y nada huele bien para todos ellos “excepto quizás almendras y cerezas”.

Ellos, y otros con parosmia, describen repetidamente algunos malos olores, incluido uno que es químico y ahumado, uno que es dulce y enfermizo, y otro descrito como “vómito”.

La investigación de Parker también ha encontrado que los malos olores pueden permanecer con los parósmicos, como se les llama, durante un tiempo inusualmente largo.

Para la mayoría de las personas, el olor a café permanecerá en sus fosas nasales durante unos segundos. Para los parósmicos, podría quedarse durante horas, incluso días.


Consejos para afrontar la parosmia

  • Consume alimentos a temperatura ambiente o fríos
  • Evita los alimentos fritos, carnes asadas, cebollas, ajo, huevos, café y chocolate, que son algunos de los peores alimentos para los parósmicos.
  • Prueba alimentos suaves como arroz, fideos, pan sin tostar, verduras al vapor y yogur natural.
  • Si no puedes tolerar la comida, considera batidos de proteínas sin sabor

Fuente: AbScent


Barry Smith, líder británico del Consorcio Global para la Investigación Quimiosensorial, dice que otro descubrimiento sorprendente: “lo bueno es malo y lo malo es bueno”.

“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”, describe.

“Es como si los desechos humanos ahora huelen a comida y la comida ahora huele a desechos humanos”.

Baño.

Getty Images
“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”.

Entonces, ¿qué causa la parosmia?

La hipótesis predominante es que resulta del daño a las fibras nerviosas que transportan señales desde los receptores en la nariz hasta las terminales (glomérulos) del bulbo olfatorio en el cerebro.

Cuando estos vuelven a crecer, ya sea que el daño haya sido causado por un accidente automovilístico o por una infección viral o bacteriana, se cree que las fibras pueden volver a adherirse a la terminal incorrecta, dice Parker.

“¡Están en la sala de reuniones equivocada! Esto se conoce como cableado cruzado y significa que el cerebro no reconoce el olor y quizás está programado para pensar en él como un peligro”, detalla.

La teoría es que, en la mayoría de los casos, el cerebro, con el tiempo, corregirá el problema, pero Parker se muestra reacio a decir cuánto tiempo llevará.

“Debido a que muy pocas personas tenían parosmia antes de la COVID-19, no se estudió mucho y la mayoría de la gente no sabía qué era, por lo que no tenemos datos históricos. Y tampoco tenemos datos para COVID-19 porque eso podría llevar años”, asegura.

Short presentational grey line

BBC

Aparte de esperar a que el cerebro se adapte, no hay cura, aunque AbScent cree que el “entrenamiento del olfato” puede ayudar.

Consiste en oler regularmente una selección de aceites esenciales uno sobre otro, pensando en la planta de la que se obtuvieron.

Clare Freer ha estado haciendo esto y dice que el limón, el eucalipto y el clavo de olor han comenzado a oler levemente como deberían, pero que no registra nada en el caso de la rosa.

Algunos parósmicos han adaptado su dieta para hacer más llevadero vivir con la enfermedad.

Dos hermanas, Kirstie, de 20 años, y Laura, de 18, de Keighley, Reino Unido, están haciendo lo mismo, aunque tomó un tiempo descubrir cómo llevarlo a cabo y al mismo tiempo vivir en armonía con sus padres.

Una vez, las hermanas tuvieron que correr por la casa y abrir las ventanas, cuando sus padres llegaron con pescado y papas fritas, “porque el olor es horrible”, describe Laura.

Sus padres, en cambio, se han cansado de las especias picantes con las que cocinan las hermanas, para enmascarar los sabores desagradables y darles lo que para ellas es un toque de sabor.

Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

BBC
Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

“Algunas personas nos dicen que simplemente debemos alimentarnos y comer de todos modos. Lo intentamos, pero es muy difícil comer alimentos que saben podridos“, dice Kirstie.

“Y luego, durante los próximos tres días, tendré que vivir con ese olor que se filtra en mi sudor. Es uno de los olores más angustiantes y me siento sucia constantemente”, detalla.

Ahora se han dado cuenta de que los alimentos de origen vegetal saben mejor y disfrutan de platos como la boloñesa de lentejas y el risotto de calabaza.

“La carne es un alimento que ahora evitamos. Encontrar buenas recetas que nos gusten ha hecho que sea mucho más fácil de afrontar”, afirma Kirstie.

“Hemos tenido que adaptarnos y cambiar nuestra forma de pensar porque sabemos que podríamos estar viviendo con esto durante años y años”, se resigna.

La pérdida del olfato a menudo afecta la salud mental

Jane Parker señala que la pérdida del olfato ocupa un lugar muy bajo en la lista de prioridades para quienes enfrentan la pandemia, pero ella y Barry Smith dicen que a menudo afecta la salud mental y la calidad de vida.

“Es sólo cuando pierdes el sentido del olfato que te das cuenta de cuánto fue parte de la esencia de tu experiencia”, explica Smith.

La conexión humana, el placer y los recuerdos están ligados al olfato, señala.

“Te dicen que se sienten aislados de su propio entorno, ajenos. Ya no encuentran ningún placer en comer y pierden esa cercanía tranquilizadora de poder oler a las personas que aman”, describe.

Mientras que Clare Freer extraña los días en que le gustaba el olor de su esposo cuando salía de la ducha, Justin Hyde, de 41 años, de Cheltenham, en el suroeste de Reino Unido, nunca ha olido el aroma de su hija nacida en marzo de 2020.

Justin no asistió al festival de carreras de caballo de su ciudad en el mismo mes, pero conoce a personas que sí lo hicieron, y no mucho después contrajo el virus, perdiendo el sentido del gusto y el olfato.

Justin Hyde

Justin Hyde
Justin Hyde ya no disfruta de una visita a una cervecería al aire libre porque no puede tolerar el sabor de la cerveza.

Tuvo una recuperación de los sentidos en julio, pero luego el café comenzó a oler extraño, y rápidamente las cosas empeoraron.

“Casi todos los olores se volvieron extraños”, puntualiza. “Los huevos me repelen físicamente y no puedo disfrutar de la cerveza o el vino, ya que tienen un sabor que simplemente llamo COVID”.

Al igual que Kirstie y Laura, él descubrió que algunos platos sin carne son comestibles, incluido el curry de verduras, pero no habrá más visitas a las cervecerías mientras dure su parosmia y ni desayunos con alimentos fritos.

“Todos esos placeres que damos por sentado han desaparecido desde que tuve COVID. Siento que estoy roto y ya no soy yo“.


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