Los asesinos seriales mexicanos más temibles (Parte 2)
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Los asesinos seriales mexicanos más temibles (Parte 2)

La segunda parte de los peores asesinos seriales mexicanos presenta a criminales responsables de rituales, torturas y feminicidos.
Por Rodrigo Crespo
13 de febrero, 2017
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Nota del editor: esta entrada fue publicada originalmente en ClickNecesario.com, el 29 de mayo de 2016.


En la segunda parte de los asesinos seriales mexicanos que sembraron el terror en la población no sólo encontraran homicidas solitarios, también podrán conocer la historia de algunos de los grupos criminales más temibles en la historia de la humanidad. Tortura, esclavitud sexual y ritos satánicos han sido parte de la realidad de México en los últimos años.

Si quieres leer la primera parte de los asesinos seriales mexicanos más temidos, haz click aquí.

“Las Poquianchis”

Las poquianchis

escritoconsangre1.blogspot.com

La historia de las hermanas Delfina, María Luisa, Carmen y María de Jesús González Valenzuela tal vez sea una de las más conocidas gracias a la cinta mexicana de Felipe Cazals, Las poquianchis. La cantidad de asesinatos que realizaron estas mujeres y sus cómplices llegó a 90 comprobados, pero se cree que fueron más de 150 mujeres.

Tuvieron varios burdeles en Jalisco, Guanajuato y Tamaulipas pero el más importante estaba en un rancho en León, Guanajuato. La forma en la que operaba este y sus otros establecimientos fue terrorífico. Primero reclutaban a mujeres de la zona necesitadas de trabajo, y en muchos casos, raptaban a niñas de 12 a 15 años de rancherías cercanas. Ya en el establecimiento, las desnudaban, sus cómplices las violaban y eran obligadas a ofrecer servicios sexuales en los burdeles de “Las Poquianchis”.  Además, las hermanas Valenzuela obligaban a las mujeres a comprar alimentos y vestido únicamente a ellas.

Para “Las Poquianchis” cuando las mujeres cumplían 25 años “eran viejas”, así que Salvador Estrada Bocanegra “el Verdugo”, se encargaba de ellas. Después de torturarlas dejándolas sin alimento y golpeándolas con una tabla con un clavo, se encargaba de asesinarlas. Muchas de ellas eran enterradas vivas en el rancho, otras eran lanzadas desde el techo y muchas eran golpeadas por otras cómplices de “Las Poquianchis” que después de haber sido trabajadoras sexuales se convirtieron en cuidadoras.

En 1949 falleció Carmen, la hermana mayor y la encargada de llevar el control de las deudas de las trabajadoras sexuales.

En 1964 Catalina Ortega logró escapar del rancho de las hermanas Valenzuela y denunciarlas. Afortunadamente no lo hizo con ninguno de los policías y militares que protegían a estas mujeres, así que las autoridades pudieron realizar los arrestos de Delfina y María de Jesús. Al enterarse de lo sucedido, muchas personas se dirigieron a la prisión con la intención de lincharlas, pero los policías lo evitaron.

María Luisa “Eva, la piernuda” se había mudado años antes a Matamoros, Tamaulipas para poner su propio burdel, pero fue arrestada al poco tiempo y condenada por ritos satánicos y brujería con cadáveres.

Las poquianchis

twitter.com

“Las Poquianchis” fueron sentenciadas a 40 años de prisión. Delfina murió cuando le cayó un costal de cemento en la cabeza mientras estaba en prisión en 1978; María Luisa “Eva, la piernuda” apareció muerta en su celda en 1984 con el cuerpo mordisqueado por ratas. María de Jesús fue liberada y murió de causas naturales en 1990.

 

“El Narcosatánico y La Madrina”

"El Narcosatánico" y Sara Villareal Aldrete "La Madrina"

“El Narcosatánico” y Sara Villareal Aldrete “La Madrina”  escritoconsangre1.blogspot.com

También conocido como “Narcosatánico de Matamoros”, Adolfo de Jesús Constanzo fue un asesino serial y líder de la famosa secta de “Los Narcosatánicos”, un grupo que se dedicó a realizar sacrificios humanos y almacenar y distribuir droga en el norte de México.

Constanzo se asentó en el rancho Santa Elena, en Matamoros, Tamaulipas, para realizar sus rituale, y para almacenar y distribuir marihuana. Pero en 1989 un joven de 22 años fue detenido mientras transportaba 10 kilos de marihuana, después de ser interrogado, confesaría que era parte de una secta y llevó a los policías hasta el rancho.

Tiempo después se sabría porque en el rancho había un caldero de hierro con sangre humana seca, un cerebro humano y botellas de aguardiente entre otras cosas. Alrededor del rancho también se encontró una fosa común con 12 cadáveres descuartizados a los que les fatlaba el corazón y el cerebro.

A “El Narcosatánico” se unió Sara Villareal Aldrete “La Madrina” quien también fungía como sacerdotisa. Cuando fue arrestada reveló que en los rituales primero se torturaba a las víctimas pues para que esta “magia” funcionara las personas sacrificadas debían temer al verdugo.

Una vez torturados, se colocaba en el caldero la sangre de la persona, el cerebro y algunos miembros mutilados. La persona que deseaba la protección de este ritual debía beber la “sopa” del caldero. Otras formas de asesinarlos consistieron ahogarlos en agua hirviendo mientras estaban colgados del cuello y les cortaban los pezones; o después cortarles el pene, piernas y dedos, cortaban el tórax de la victima con un machete y mordían su corazón mientras éste agonizaba.

Cuando el joven de 22 años fue detenido, comenzó la búsqueda de Adolfo Constanzo, Sara Villareal Aldrete y sus demás cómplices. Esta terminaría el 6 de mayo de 1989 en la calle Río Sena de la Ciudad de México. Ese día la policía cercó el refugio de los “Narcosatánicos”. Antes de ser detenido, “El Narcosatánico” le pidió a uno de sus seguidores que lo matara. De las 15 personas que se encontraban ahí, sólo tres fueron encontrados con vida. Sara Villareal Aldrete cumple una condena de 647 años en el Centro de Reinserción Femenil de Tepic, Nayarit.

 “Pancho López”

Pancho López

hellhorror.com

Fernando Hernández Leyva confesó en 1986 cuando fue arrestado haber asesinado a más de 33 personas. De acuerdo al examen psicológico que le realizaron a este asesino serial, se concluyó que era un psicópata que mataba por satisfacción personal. Cuando la prensa le pregunto sus razones, dijo: “los maté porque tenía que hacerlo. No sé hacer otra cosa”.

Hernández Leyva realizó sus crímenes en los estados de Morelos, Jalisco, Colima, Guanajuato, Michoacán y la Ciudad de México. Después de escapar dos veces de prisión, “Pancho López” fue arrestado en Cuernavaca Morelos en 1999. Ahí las autoridades lo acusaron de más de 137 asesinatos, seis secuestros y varios robos. Él después diría a la prensa que fue obligado a confesar todos esos crímenes después de ser torturado por policías y recibir amenazas de muerte hacia su esposa.

Al poco tiempo, Hernández Leyva se intentó suicidar en su celda, pero su peso de más de 150 kilos rompió la cuerda improvisada y evitó que pudiera colgarse. Actualmente cumple su condena en el Centro Federal de Readaptación “El Altiplano” conocido popularmente como “Almoloya”.

“El Sádico”

El Mata Gays

murderpedia.org

Raúl Osiel Marroquín Reyes es un asesino serial y secuestrador de hombres homosexuales. Aunque en ocasiones ha dicho que no asesinaba a estos hombres por su preferencia sexual, sino por ser más fáciles de secuestrar y asesinar, muchas de sus declaraciones implican que es homofóbico pues en su momento declaró: “Hasta le hice un bien a la sociedad, pues esta gente hace que se maleé la infancia…”

El modus operandi de este criminal se basaba en la confianza. Marroquín Reyes iba a lugares frecuentados por personas homosexuales  como El Cabaretito o El Neón ubicados en la Zona Rosa, de la Ciudad de México y, de acuerdo a sus declaraciones, en ocasiones ellos lo abordaban o él les hacía propuestas sexuales.

Después los llevaba a su domicilio, ubicado en el número 4223 de la Avenida Andrés Molina en la Colonia Asturias de la delegación Venustiano Carranza o a algún hotel. Ahí los sometía a torturas y pedía un rescate a los familiares de sus víctimas. Sin importar si pagaran o no, él los asfixiaba o estrangulaba hasta la muerte, después los descuartizaba y colocaba los restos en maletas que abandonaba en la colonia Asturias o en los alrededores del metro Chabacano.

El 23 de enero del 2006 fue arrestado en la Ciudad de México, su cómplice fue detenido hasta el 2013. Raúl Osiel Marroquín fue condenado a 128 años de prisión por seis secuestros y cuatro homicidios. Cumple su sentencia en el Centro de Readaptación Social Varonil Santa Martha Acatitla.

“La Mataviejitas”

La Mataviejitas

eldiariodechihuahua.mx

Juana Dayanara Barraza Samperio es una asesina serial que sembró el miedo en la Ciudad de México en los noventa y la primera década del 2000 entre los adultos mayores. Aunque se cree que fue responsable de más de 40 asesinatos, fue sentenciada únicamente por 17 homicidios y 12 robos.

“La Mataviejitas” se presentaba ante sus víctimas, todas ellas mujeres ancianas, como una enfermera ofreciendo programas de apoyo social por parte del gobierno. Una vez que entraba a sus casas mataba a las mujeres con golpes, armas punzocortantes o estrangulación. Fue arrestada en 2006.

Conocida también en el mundo de la lucha libre como “La Dama del Silencio”, Juana Barraza fue condenada a 759 años de prisión y pasa sus días en el Reclusorio de Santa Marta Acatitla.

Acá puedes conocer a los asesinos seriales mexicanos más temidos de antes de 1970.

“El Caníbal de la Guerrero

El caníbal de la Guerrero

caratetrica.blogspot.com

José Luis Calva Zepeda terminó con la vida de tres mujeres, una de ellas su pareja y madre de sus dos hijos Alejandra Galeana. Aunque él lo negó, las autoridades descubrieron pedazos humanos en su refrigerador y carne humana en un sartén.

“El poeta caníbal”, como también se le conoció, fue responsable de la muerte de otras dos mujeres: una exnovia a la que descuartizó en un basurero y a una trabajadora sexual. Cuando las autoridades lo arrestaron, el tronco del cuerpo de su pareja estaba dentro de un armario, las otras partes de su cuerpo estaban en el refrigerador y el antebrazo estaba recién frito en el sartén.

“El Caníbal de la Guerrero” se suicidó en el Reclusorio Norte días después de su arresto en 2007, aunque sus familiares dudan de esta versión, pues señalan que el cuerpo presentaba señales de tortura y violación.

Escribió novelas, obras de teatro y más de 800 poemas que distribuía en hojas o cuadernillos en las colonias Condesa, Roma y en el tianguis del Chopo.

 “El Coqueto”

El Coqueto

mexico.cnn.com

César Armando Librado Legorreta era chofer de microbús de la ruta 2, que va del metro Chapultepec en la Ciudad de México a Valle Dorado, en Naucalpan, Estado de México.

“El Coqueto” aprovechaba su profesión como chofer para realizar violaciones y feminicidios: durante los trayectos nocturnos de su ruta simulaba una descompostura en su camión y bajaba a todos los pasajeros, en ese momento le ofrecía a alguna mujer que había seleccionado como su víctima llevarla hasta su casa si lo esperaba. En algunas ocasiones su modus operandi variaba y atacaba a la última pasajera de la noche antes de llegar al final del trayecto.

Este feminicida confesó haber violado a ocho mujeres y asesinado a siete de ellas.  Sus víctimas tenían entre 17 y 34 años de edad, y de acuerdo a su declaración, inició sus delitos en junio de 2010.

Fue detenido en febrero de 2012 gracias a la denuncia de su primera víctima. “El Coqueto” creyó que la había matado, pero ella sobrevivió. Huyó pocos días después de las oficinas de la Subprocuraduría de Justicia en Tlanepantla, Estado de México, saltando de un ventana. A los pocos días nuevamente fue capturado y recibió una condena de 240 años en prisión.

Después de pasar unos años en e Penal de Barrientos, fue trasadado un módulo de alta peligrosidad en el Penal Estatal de Máxima Seguridad en Otumba, Estado de México, pues sus conflictos con otros internos en el penal anterior iba en aumento.

Da click aquí para conocer la primera parte de la terrible lista con los peores asesinos seriales mexicanos.

Con información de: Asesinos en serie, Murderpedia, La Jornada, Excélsior, El Gráfico, Hora Cero Nuevo León, Escrito con sangre, Crimezzz, Taringa y Wikipedia.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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año nuevo Nuevo

Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

año nuevo

Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

año nuevo

Getty Images
La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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