México recuperó 13 mil hectáreas de manglar en 5 años y al mismo tiempo perdió 6 mil 400
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

México recuperó 13 mil hectáreas de manglar en 5 años y al mismo tiempo perdió 6 mil 400

Aunque el gobierno federal presumió el rescate de manglares, no dijo que se han perdido gran número de hectáreas de este ecosistema debido a actividades humanas que amenazan su supervivencia.
Cuartoscuro
Por Paris Martínez
15 de febrero, 2017
Comparte

Para celebrar el Día Internacional de los Humedales, el pasado 2 de febrero, las autoridades federales mexicanas anunciaron que, durante el último lustro concluido (2010-2015), los humedales nacionales han experimentado una recuperación efectiva, que se traduce en “una ganancia de más de 11 mil hectáreas de manglar“.

Tal afirmación fue realizada por José Sarukán Kermez, coordinador nacional de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), que celebraba estas cifras junto con Rafael Pacchiano, secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, quien aseguró en su turno al habla que estos datos prueban que “sí es posible recuperarlos (los manglares) aún después de haber sido perturbados”.

La información divulgada por los funcionarios federales provenía de un estudio oficial, basado en monitoreos aéreos, cuyos resultados presentaban por primera vez Pacchiano y Sarukán en el acto que encabezaban.

Sin embargo, lo que no dieron a conocer los funcionarios federales en dicho acto fue que, según el mismo estudio, mientras más de “11 mil hectáreas” de manglar se recuperaron, al mismo tiempo otras 6 mil 407 hectáreas de manglar se perdieron o fueron afectadas, mayoritariamente por actividades humanas, las cuales no sólo dañaron esos ecosistemas costeros, sino que amenazan su supervivencia en el mediano y largo plazo.

Brutos y netos

Según estimaciones gubernamentales, en la década de los 80, México contaba con un total de 856 mil 405 hectáreas de manglar, que para el año 2010 se habían reducido en poco más de 10% (algo así como 91 mil 600 hectáreas de humedales perdidas).

Luego, entre 2010 y 2015, hubo una recuperación del manglar en algunas entidades del país, en las que estos ecosistemas reconquistaron 12 mil 346 hectáreas de suelo costero.

A esa extensión de suelo en la que el manglar revivió, además, se deben añadir otras mil 331 hectáreas en las que el manglar logró sanar, luego de haber sido “perturbado” por el turismo, la actividad agropecuaria u otras actividades humanas, y por fenómenos climáticos.

Así, sumando el volumen del manglar que revivió, con el volumen del manglar perturbado que sanó, en total, durante el último lustro concluido, los humedales mexicanos experimentaron una recuperación bruta en 13 mil 677 hectáreas (es decir, ciertamente más de las 11 mil que presumieron las autoridades).

Sin embargo, mientras esas 13 mil 677 hectáreas se recuperaban, al mismo tiempo otras mil 565 hectáreas se perdieron, y 4 mil 843 más sufrieron perturbaciones que amenazan su supervivencia.

Se trata, entonces, de 6 mil 407 hectáreas de manglar perdidas o dañadas durante el último lustro.

De esta forma, si a la cifra bruta de manglar recuperado se le resta la cifra de manglares perdidos o afectados, la recuperación neta de los humedales mexicanos es en realidad menor a la difundida por Pacchiano y Sarukhán: 7 mil 270 hectáreas en el último lustro, y no “más de 11 mil”.

Esas 7 mil 270 hectáreas de manglar efectivamente recuperado entre 2010 y 2015 representan 8% del total perdido desde 1980. Es decir, aún existe un déficit de 92% en materia de recuperación de manglares.

A este ritmo de depredación-restauración, tomaría más de 65 años recuperar los manglares destruidos en tres décadas (de 1980 a 2010).

Albricias y demagogias

Durante la conmemoración del Día Internacional de los Humedales, el titular de la Semarnat, Rafael Pacchiano, aseguró que la recuperación de manglares “nos abre una puerta de esperanza” en materia de conservación de estos ecosistemas costeros, de los cuales México alberga 5% del total mundial.

El boletín oficial con el que se difundieron estas palabra, además, destacó que en las “zonas de manglar” el gobierno federal ha realizado “inversiones históricas que se han traducido en acciones de reforestación y de análisis de cuenca y flujos hidrológicos”, con todo lo cual “Pacchiano Alamán señaló que el gobierno del presidente Peña Nieto refrenda su compromiso con la megadiversidad del país”.

Efectivamente, el estudio oficial reconoce que el manglar ha colonizado suelos en los que fue erradicados años atrás, y revela que en México se ha acelerado la frecuencia de recuperación de los manglares perturbados.

No obstante, el estudio también subraya que en México existe “una tendencia a la alza en la superficie (de manglares) identificada con algún tipo de perturbación”.

Es decir, aún cuando se ha acelerado el ritmo en el que los manglares se recuperan, también se ha acelerado la velocidad con la que manglares sanos sufren perturbaciones.

De hecho, el documento gubernamental presentado por Pacchiano describe esta problemática particular como “alarmante” ya que, advierte, “se ha encontrado una tendencia al incremento en la superficie de manglar perturbado a lo largo de las fechas evaluadas (…) De mil 191 hectáreas identificadas en el mapa 1970/1980, se ha pasado a 18 mil 332 hectáreas en el mapa 2015”, lo que representa un aumento de más de mil 400 por ciento.

Este es un problema que no ha logrado resolverse ni siquiera en los estados que han alcanzado avances significativos en recuperación de manglares.

De los 17 estados costeros mexicanos, en 15 se experimentó una recuperación de manglares durante los últimos cinco años. No obstante, 9 de esos estados sufrieron, al mismo tiempo, perturbación de manglares.

La situación más crítica es la del estado de Nayarit, que concentra una tercera parte de los manglares afectados a nivel nacional, alrededor de 6 mil hectáreas de manglar perturbado cuya supervivencia está amenaza en el mediano y largo plazo.

Según las estadísticas presentadas por Pacchiano, de los 17 estados costeros mexicanos, 16 tienen manglares perturbados.

Sólo se salva de esta problemática el estado de Baja California, aunque ésta es también la entidad federativa que menos manglares alberga, apenas 36 hectáreas.

De esos 16 estados que presentan manglares afectados, en 11 de ellos la afectación se incrementó durante el último lustro.

Focos rojos

Según el estudio de Conabio, cuando el manglar es afectado por eventos naturales, fácilmente logra recuperarse. Sin embargo, cuando la afectación es causada por actividades humanas, ésta lleva consigo “un grado de irreversibilidad”.

El ejemplo más claro de este riesgo es Guerrero, que a lo largo de los últimos 37 años ha venido perdiendo sus manglares de manera ininterrumpida.

En total, desde 1980, Guerrero ha perdido 60% de su manglar, equivalente a 9 mil 655 hectáreas de suelo costero.
Sólo entre 2010 y 2015, en Guerrero fueron devastadas mil 448 hectáreas de manglar, lo que lo vuelve el estado en donde mayor depredación de manglares se registra en el presente.

Del manglar que aún queda en esta entidad, 23% presenta deterioro y está en riesgo. Y de ese volumen de manglar afectado, 80% sufrió dicha perturbación en los últimos cinco años.

Similar situación enfrenta Colima, entidad que en la actualidad sólo conserva la mitad de los manglares con los que contaba en 1980.

Para volver a su volumen original, Colima debe recuperar 3 mil 287 hectáreas de manglar devastadas en las últimas décadas.

Entre 2011 y 2015, en Colima se recuperaron 61 hectáreas de manglar pero, de manera paralela, otras 68 hectáreas resultaron afectadas.

Veracruz es un caso particularmente alarmante: aunque en los últimos años se recuperaron 469 hectáreas de manglar, al mismo tiempo otras mil 401 hectáreas resultaron afectadas por perturbaciones.

Esta situación recesiva en materia de manglares se amplía a toda la región del Golfo de México (Tamaulipas Tabasco, además de Veracruz), en donde se recuperaron mil 516 hectáreas de manglar en los últimos cinco años, pero en el mismo periodo otras mil 778 hectáreas sufrieron perturbaciones.

Según el estudio, el único estado de la República cuyos manglares han logrado salvarse de la depredación es Sonora, en donde los humedales no han dejado de crecer, al menos desde 1980.

En estos 37 años, los manglares sonorenses se han expandido por mil 271 hectáreas nuevas de suelo costero.

El primer lugar en recuperación de manglares lo tiene Sinaloa, que en los últimos cinco años ha recuperado 4 mil 296 hectáreas de manglar que se consideraban perdidas, más otras 406 en donde el manglar recuperó su vitalidad.

Animal Político solicitó una entrevista con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, para ahondar en torno a las afectaciones que en el presente sufren los manglares mexicanos, y las presiones a las que están expuestos por actividades humanas, sin embargo, el organismo anunció que esta solicitud será atendida hasta dentro de una semana.

Aquí puedes consultar de forma íntegra el estudio sobre manglares elaborado por la Conabio.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Joe Biden: 5 cosas que quizás no sabías del ganador de las elecciones de EU

El demócrata Joe Biden es un experimentado político y fue vicepresidente de Estados Unidos con Barack Obama, pero no es una figura tan conocida internacionalmente.
7 de noviembre, 2020
Comparte

A la tercera fue la vencida: Joe Biden se convertirá en el 46º presidente de Estados Unidos el próximo 20 de enero.

El demócrata derrotó al actual mandatario, Donald Trump, en una disputada contienda que se definió días después de la jornada electoral tras un laborioso proceso de recuento de votos.

Biden, quien fuera vicepresidente con Barack Obama, consiguió recuperar el apoyo de estados clave que en 2016 votaron por su rival republicano.

A punto de cumplir 78 años, el demócrata será el presidente de Estados Unidos de más edad.

Te contamos otros detalles destacados de su vida personal y profesional.

1. Un político de carrera

Como ha insistido en recordarlo Trump a lo largo de la campaña, Biden lleva 47 años activo en la política estadounidense.

Joe Biden en la década de 1970.

Getty
Joe Biden se estrenó en la política cuando muchos de los votantes actuales ni siquiera habían nacido.

Su carrera en Washington DC empezó en el Senado en 1973, donde consiguió un escaño por el estado de Delaware recién cumplidos los 30 años.

Su llegada a la política coincidió con uno de los momentos más trágicos de su vida del que hablaremos más adelante.

Como senador, Biden cimentó la imagen de político cercano, conciliador y con habilidad para llegar a acuerdos con sus oponentes.

Biden en 1987

Getty Images
La primera apuesta de Joe Biden por la presidencia data de1987.

También tomó algunas decisiones no tan elogiadas, como la ley de justicia penal de 1994 redactada por él y aprobada durante el primer gobierno de Bill Clinton.

La reforma tenía como objetivo poner freno a décadas de creciente violencia, pero derivó en encarcelaciones masivas, con un especial impacto en la población negra y latina.

A su larga carrera como senador hay que sumarle sus ocho años de vicepresidente de Barack Obama (2009-2017), con quien construyó una excelente relación más allá de lo profesional.

Barack Obama y Joe Biden en un evento de campaña 2020

Reuters
La camaradería entre Obama y Biden quedó plasmada en numerosas fotografías de su gobierno y de momentos posteriores.

Esta es la tercera vez que intenta llegar a la presidencia del país.

Las dos primeras resultaron un fracaso, lo que hizo que un sector de los demócratas se preguntara si era la mejor baza para arrebatarle la presidencia a Trump.

Las circunstancias demuestran que sí lo fue.

2. La tragedia que marcó su estreno político

Desgraciadamente, la alegría por haber ganado la elección al Senado no le duró mucho tiempo.

Unas semanas después de su victoria, su familia sufrió un grave accidente de tráfico mientras él estaba en Washington DC entrevistando a personal para su nuevo despacho.

Su esposa Neilia y los tres hijos del matrimonio volvían de comprar el árbol de Navidad cuando un camión que transportaba mazorcas de maíz chocó lateralmente con su auto.

La mujer, de 30 años, y la hija pequeña, Naomi, de 13 meses de edad, murieron.

Joe Biden junto a su primera esposa y sus hijos.

Getty Images
La primera esposa de Biden, Neilia, murió junto a la hija más pequeña de la pareja en un accidente de auto.

Los niños -Beau, de 3 años, y Hunter, de 2- resultaron gravemente heridos y fueron hospitalizados.

Empezaba una etapa de dolorosos contrastes en la vida de Biden.

3. Dolor y empatía

Biden, que tomó juramento de su cargo en el Senado en la habitación del hospital donde se recuperaba su hijo Beau, no sabía si seguir adelante con su carrera como senador.

Estaba destrozado.

Criado en una familia católica de clase trabajadora, su padre repetía un breve pero contundente mantra: “Levántate, levántate después de haber sido derribado”.

Eso es lo que hizo. Decidió volcarse en el trabajo, pero sin alejarse de sus hijos.

Joe y Jill Biden

EPA
Joe y Jill Biden llevan casados más de 40 años.

De esa época data una de las anécdotas destacadas de sus primeros años como senador: cada día hacía en tren el trayecto de ida y vuelta entre su casa en Wilmington, Delaware, y Washington DC, más de 300 kilómetros diarios para estar cerca de los suyos.

Fue así como Biden desarrolló un estrecho vínculo con sus hijos que no hizo más que reforzarse a medida que se hacían adultos.

En 1977, Biden se casó con Jill, una profesora universitaria con quien tiene una hija, Ashley, y junto a quien logró reconstruir su familia.

Muchos vieron en Beau al posible sucesor de su padre en la política.

Tras servir en Irak con la Guardia Nacional en 2008, Beau fue fiscal general del estado de Delaware por dos períodos y tenía por delante una brillante carrera.

Joe Biden y Beau Biden.

AFP
Beau Biden tenía 46 años cuando murió en junio de 2015.

Pero en 2013 le fue diagnosticada una rara forma de tumor cerebral y murió dos años después.

La pérdida de personas tan cercanas moldeó el carácter de Biden.

Quienes mejor lo conocen dicen que tiene el “superpoder de la empatía”, un rasgo que fue subrayado durante la campaña para presentarlo como el presidente idóneo para superar una crisis sanitaria, económica y social como la que supone la pandemia de covid-19.

4. Globalista y comprometido con el planeta

Biden ha defendido la necesidad de rehacer las relaciones de EE.UU. con los países aliados que, en su opinión, se han visto afectadas durante la presidencia de Trump.

Promete regresar al Acuerdo de París de lucha contra el cambio climático y al seno de la Organización Mundial de la Salud, por ejemplo.

Experiencia no le falta: estuvo al frente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y presume de que ha “conocido a todos los líderes importantes del mundo en los últimos 45 años”.

Joe Biden y Xi Jingping.

Getty Images
Biden tiene una amplia experiencia internacional.

Sus decisiones en la esfera internacional no han estado exentas de críticas.

En 1991 votó en contra de la Guerra del Golfo; sin embargo, en 2003 estuvo a favor de la invasión de Irak para después convertirse en un crítico de la implicación de Estados Unidos en ese país.

De naturaleza cauta, recomendó a Obama no realizar la operación de las fuerzas especiales que culminó con la muerte de Osama Bin Laden.

A los republicanos les encanta señalar que Robert Gates, exsecretario de Defensa de Obama, dijo que “es imposible que a alguien no le guste Biden”, pero que ha estado “equivocado en casi todos los grandes temas de seguridad nacional y de política exterior ocurridos en las últimas cuatro décadas”.

Gates señaló recientemente que sus palabras fueron tomadas fuera de contexto.

5. Propenso a las meteduras de pata

Los detractores de Biden opinan que es un desfasado miembro del establishment demasiado mayor para el cargo y con tendencia a meter la pata.

Su estilo directo y campechano le ha causado algunos problemas, como cuando en plena campaña dijo que si un afroestadounidense no estaba convencido de votar por él significaba que no era negro, unas declaraciones por las que se disculpó posteriormente.

Joe Biden

Reuters
A diferencia de otros políticos, Biden se siente muy cómodo cuando se encuentra con los votantes.

Biden dice que el recuerdo de su tartamudez infantil hace que no le guste leer los discursos de un apuntador electrónico y por eso prefiere hablar de memoria.

Un periodista de la publicación NY Magazine escribió el año pasado que la posibilidad de que Biden improvise un discurso era algo que su equipo de campaña parecía “estar concentrado en evitar a toda costa”.

Es por eso que sus simpatizantes respiraron aliviados al ver que fue capaz de superar los debates presidenciales y los discursos de campaña sin decir nada que lo pusiera en un aprieto.

Otra faceta de su personalidad espontánea y sociable es su propensión a acercarse demasiado a la gente, lo que ha dado lugar a situaciones incómodas, obviamente en tiempos anteriores al coronavirus.

El año pasado, ocho mujeres lo acusaron por toques, abrazos y besos inapropiados, mientras que la televisión estadounidense mostró videos en los que se le veía saludando a mujeres en eventos públicos con mucha proximidad física.

En respuesta, Biden se comprometió a “tener más cuidado” en sus interacciones.

Simpatizantes de Joe Biden celebran su victoria

Reuters
Joe Biden se ha convertido en el presidente con más votos en la historia de Estados Unidos.

Su actitud “tocona” pasó de ser una anécdota a algo más serio cuando el pasado marzo una antigua asistente, Tara Reade, alegó que el presidente electo la agredió sexualmente hace 30 años en Washington.

Biden y su equipo rechazaron la acusación y el caso terminó por difuminarse sin ocupar un lugar relevante durante la campaña.

Aunque sus rivales republicanos han intentado retratarlo como un hombre con demencia senil que está en manos de la izquierda radical del Partido Demócrata, Biden ha sabido salir airoso y ha terminado por convertirse en el presidente más votado de la historia de Estados Unidos.

Curiosamente, al evaluar hace unos años si se animaba a participar o no en la carrera presidencial de 2016, Biden dijo: “Puedo morir como un hombre feliz sin ser presidente”.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=K5cB4Lf6O_w&list=PLLhUyPZ7578fzUKjzzjNac-nRSMlAjgL7&index=11

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.