Un accidente en bicicleta casi lo deja paralítico; hoy pedalea 30 km todos los días
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Arturo Angel

Un accidente en bicicleta casi lo deja paralítico; hoy pedalea 30 km todos los días

Roberto es uno de los organizadores del Foro Mundial de la Bicicleta 2017 que se realizará en la Ciudad de México en abril próximo.
Arturo Angel
Por Arturo Angel
17 de febrero, 2017
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Roberto conducía la bicicleta que había pertenecido a su madre y a sus dos hermanos cuando sufrió el accidente. Un hoyo en el terreno le ocasionó una caída que casi le partió la columna vertebral en dos.  Tenía 10 años cuando los doctores le dijeron que era muy probable que no pudiera caminar otra vez

¿Y volver a subirse a una bici?  Menos, le dijeron.

Pero dos décadas después Roberto no solo lleva una vida normal sino es un usuario, activista y defensor de la bicicleta. Todos los días utiliza ese vehículo para viajar desde la delegación Tláhuac hasta el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde instaló un taller en el que combina sus dos grandes pasiones: la movilidad y las artes visuales. Son casi 30 kilómetros pedaleando.

Leer: Expertos y ciclistas debatirán en la CDMX sobre el uso de la bicicleta en el Foro Mundial 2017

“Yo nunca pensé que no me iba a poder volver a subir a una bici pese a lo que me dijeron los doctores. Mi papá me adaptó la misma bicicleta en la que tuve el accidente para que volviera a usarla. Ahora que lo veo hay mucha gente que luego de tener un accidente no quiere ver una bici jamás. Pero yo sentía que tenía que salir”, recuerda Roberto.

El diagnóstico de los médicos no estuvo del todo errado. El accidente, junto con un padecimiento congénito, le impide a Roberto caminar con normalidad. También es cierto que su bicicleta no es convencional, pues requiere de dos ruedas entrenadoras que le ayudan a mantener el equilibrio; casi igual que la de los niños cuando apenas comienzan a pedalear.

Lejos de ser una limitación, Roberto transformó esto en una forma de vida. Ya no pudo correr en competencias, como sí lo hicieron sus hermanos mayores, pero gracias a la bicicleta puede desplazarse casi a cualquier sitio, con los mismos riesgos y retos que cualquier ciclista enfrenta en la capital mexicana.

La bicicleta rodada 16 de su madre y sus hermanos acompañó a Roberto 10 años después de accidente. Cuando finalmente la dejó fue porque sobre esta cayó el peso de dos generaciones de uso y su cuadro -como se le llama a la estructura sobre la que se sostienen todas las partes de una bicicleta- se rompió.

Casi de inmediato Roberto se hizo de una nueva y siguiendo el modelo que usó su padre la adaptó para poder desplazarse. Es esa bici la que hoy lo acompaña.

“Si no recuerdo mal fue poco más de un año el que dejé de subirme a una bicicleta pero fue por la rehabilitación después del accidente, Después de eso no me he vuelto a bajar en toda mi vida. Al subirme a la bicicleta me adquiero esa independencia y me transformó. Soy un ciclista como cualquier otro”.

Casi la mitad de las bicicletas de Ecobici operan aunque ya superaron su vida útil

Movilidad y arte

Roberto cursó la primaria pensando que su futuro era ser químico, al igual que sus hermanos. Pero en la secundaria, en el taller de artes plásticas, quedó enganchado por la forma en como con sus manos podía transformar un material en lo que su mente le ordenara. Ahí supo que parte de su futuro estaba en las artes gráficas.

Hoy tiene una Maestría en Artes Visuales. En la calle de Tacuba, en el Centro Histórico, instaló su Taller de Producción Nahual y se especializa en el grabado sobre diversos materiales. Cuando sus manos no le permiten hacer algún trazo, son sus compañeros, algunos de ellos amigos de toda la vida, los que le ayudan.

El eje central de la obra de Roberto tiene como punto de partida la movilidad y la bicicleta. En sus grabados está plasmado casi siempre el movimiento.

“Me han dicho muchas veces que hay cosas imposibles para mí pero las he logrado. El grabado, el andar en bici, hacer los recorridos que todos los días hago. Los únicos limites reales que tenemos son los que uno mismo se impone”, dice Roberto.

Pero más allá de la realización personal, el arte le ha permitido a Roberto visibilizar un problema que no solo lo limita a él sino a todos los ciclistas: una ciudad diseñada por décadas solo para facilitar el tránsito de los automovilistas.

“Es cierto que hoy en la ciudad se pedalea más pero eso no quiere decir que sea más “pedaleable”. Es un proceso integral que no implica solamente que se hagan más ciclovías sino por ejemplo mejorar realmente el transporte público, que sea más eficiente, y que en consecuencia haya menos autos y más espacio para los peatones y ciclistas”, dice.

Roberto Martínez forma parte de la Asociación Civil Bicitekas, que trabaja en favor del desarrollo de ciudades mucho más amigables para la movilidad de todos y no solo de los coches, es decir, con mayores espacios en las banquetas para las peatones, con vías exclusivas para los ciclistas, y con un sistema de transporte público que sea eficaz para desplazarse.

“Hay que compartir las vías, hay que trabajar y pensar en los otros” dice el joven ciclista.

“Ciudades hechas a mano”

El 2017 es un año importante para la movilizad en México. Con el lema “Ciudades hechas a mano” la capital del país será la sede del Sexto Foro Mundial de la Bicicleta, un evento de escala global en el que participan más de 10 mil personas de múltiples países, y el cual tiene como objetivo expandir la cultura y urgencia de la movilidad no motorizada. Roberto es parte del comité organizador del evento.

“Este foro surgió en 2011 en Brasil por una de estas masas críticas (grupo de ciclistas) y un automovilista que los arrolló intencionalmente. Afortunadamente no hubo muertos pero si varios heridos y bueno para conmemorar eso nace el Foro Mundial de la Bici”, explica.

México ganó candidatura a la sede para realizar el foro este año encima de las propuestas de Brasil, Rusia y Perú. Roberto asegura que la oportunidad de debatir sobre movilidad llega en un momento fundamental sobretodo para la Ciudad de México que está en un proceso de renovación, con una constitución naciente y un debate sobre como moverse de forma más eficiente.

El foro se realizará del 19 al 23 de abril. Contará con múltiples actividades y conferencias magistrales con la participación de expertos entre ellos Janette Sadik-khan, una de las expertas más importantes a escala mundial en los temas de movilidad.

Roberto forma parte de uno de los comités que organiza el foro: el de difusión cultural. Tienen planeadas varias actividades entre ellas un taller de bordado en el que cada pieza que se genere será para recordar a un ciclista que haya perdido la vida en las calles de la ciudad.

“Nosotros con el arte buscamos visibilizar esta situación con la esperanza de una época en que las cosas pueden cambiar” dice Roberto, quien ha asistido a las últimas ediciones del foro en Colombia y Chile.

– ¿Y por qué el foro tiene el lema Ciudades Hechas a Mano? – se le pregunta

– Porque lo hecho a mano siempre sale mejor, con amor cariño y dedicación – responde.

De eso sabe Roberto, que de su talento y sus manos ha hecho una profesión, y de la bicicleta su modo de vida y pasión.

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Fukushima: cómo son los pueblos fantasma con desechos radiactivos en los que nadie puede vivir

Miles de personas no han podido regresar a sus lugares de origen; otros, ni siquiera encuentran razones para volver.
13 de marzo, 2021
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Un terremoto, un tsunami y la explosión de una planta nuclear. El 11 de marzo de 2011 en Japón comenzó una catástrofe que, 10 años después, sigue marcando una huella de desolación.

Ese día el país sufrió el terremoto más fuerte de su historia, y ese fue solo el inicio de una triple tragedia.

Un sismo de magnitud 9, con epicentro a 130 km de la costa de la ciudad de Sendai, sacudió la isla durante 3 minutos.

El terremoto desató un tsunami de 15 metros de altura, que a su vez embistió la planta de energía nuclear Fukushima Daiichi.

En total, el tsunami inundó un área de 560 km2. Arrasó con pueblos, autos y puertos y dejó cerca de un millón de edificios destruidos.

Alrededor de 19.000 personas murieron.

Fukushima

Getty
El terremoto causó devastación en la costa este de Japón.

Las imágenes eran devastadoras. Mientras tanto, la planta nuclear se convertía en una bomba de tiempo.

El agua del mar inundó los generadores que mantenían la planta refrigerada y con ello dejaron de funcionar. Esto causó que los reactores se sobrecalentaran y se produjeran tres fuertes explosiones.

Las personas que vivían en un radio de 20 km alrededor de la planta se vieron obligadas a abandonar sus hogares y huir del material radiactivo que se liberó.

En el primer año tras la explosión, más de 160.000 personas abandonaron sus hogares. Hoy, unas 40.000 no han regresado.

Fukushima

Reuters
Las explosiones destruyeron los reactores de la planta nuclear de Fukushima.

Los lugares que abandonaron se volvieron pueblos fantasma, creando un paisaje desconcertante.

En algunos lugares solitarios el tiempo parece detenido. En otros, en medio de las construcciones ruinosas, la vegetación y los animales salvajes, contaminados de radiación, han regresado a lugares de donde habían sido expulsados por los humanos.

Map: Japón

Hoy el gobierno de Japón mantiene una área de 360 km2 donde a las personas no se les permite regresar debido al riesgo que representa la radiación.

A esta vasta extensión se le conoce como la “zona de difícil retorno”.

Pero incluso en los pueblos donde, según las autoridades, ya es seguro vivir, pocas personas han regresado.

FUTABA

EPA
El gobierno mantiene una area de 360 km2 donde está prohibido vivir.

En 10 municipios donde se han levantado las órdenes de evacuación tras el accidente, solo ha regresado el 26,8% de la población, según le dice a BBC Mundo Yasunori Igarashi, investigador en el Departamento de Radioactividad Ambiental en la Universidad de Fukushima.

Este 25 de marzo, Japón tiene planeado iniciar el recorrido de la llama de los Juegos Olímpicos que en 2020 fueron pospuestos debido a la pandemia de coronavirus.

FUTABA

EPA
Las construcciones abandonadas, como esta en Futaba, han quedado a merced del tiempo.

Como símbolo de resistencia y recuperación, la antorcha comenzará su recorrido en la prefectura de Fukushima, pasando por pueblos como Tomioka, Futaba, Namie y Okuma, donde el gobierno ha invertido millonarios esfuerzos por atraer residentes, pero a donde pocas personas han vuelto.

La silenciosa radiación

Durante estos 10 años el gobierno de Japón ha trabajado en limpiar el suelo tóxico en las áreas afectadas, haciendo rellenos o almacenándolos en miles de bolsas negras alrededor del área de Fukushima.

También ha utilizado más de un millón de toneladas de agua para limpiar y enfriar los reactores derretidos.

Tomioka

EPA
Este es un estante de revistas en un concesionario de autos en Tomioka.

Las autoridades de Japón, reportes de Naciones Unidas y estudios independientes han mostrado que los niveles de radiación en varias zonas de Fukushima son bajos y representan poco riesgo.

Pero los efectos de la exposición a bajos niveles de radiación durante un largo plazo todavía son materia de debate entre los ciéntificos.

“No hay una línea clara donde podamos decir que determinada tasa de dosis te va a matar”, dice Kathryn Higley, profesora de ciencias nucleares en la Universidad Estatal de Oregon, citada en un reportaje de Scientific American.

FUTABA

EPA
Las autoridades recolectan el suelo contaminado en miles de bolsas negras.

Azby Brown, investigador de Zafecast, una iniciativa dedicada a medir los niveles de radioactividad en varias partes del mundo, le dice a BBC Mundo que incluso lugares como Hong Kong, o ciudades de Europa y Estados Unidos donde la vida transcurre con normalidad, tienen mayores niveles de radiación que Fukushima.

Consultados por BBC Mundo, el Ministerio de Agricultura de Japón sostiene que “toda la producción agrícola de Japón, incluyendo la de Fukushima, que se distribuye en los mercados es segura para el consumo humano”.

futaba

EPA
Una tienda abandonada en Futaba.

Otras organizaciones, sin embargo, mantienen que la realidad es distinta.

Un reporte publicado por Greenpeace a principios de marzo, sostiene que, de acuerdo a sus mediciones, en algunas zonas los niveles de radiación permanecen por encima de los permitidos por el gobierno, incluso en áreas que ya se han habilitado para la vida humana.

Pueblos fantasma

La desconfianza en el gobierno, el miedo a la radiación, la poca infraestructura y la falta de oportunidades, han dificultado que más personas regresen a Fukushima.

Fukushima

Reuters
Algunas zonas deshabitadas se han habilitado para almacenar el suelo radiactivo.

Muchos de sus antiguos habitantes, que ya establecieron su vida en otro lugar, no encuentran razones para regresar.

Por eso, ya sea porque aún son parte de la “zona de difícil retorno” o porque aunque ya esté permitido pocos quieran vivir ahí, durante una década muchos pueblos han permanecido sin presencia humana.

“Es deprimente”, dice Brown, quien durante años ha recorrido la zona.

Fukushima

Reuters
Una década después del desastre nuclear, muchas zonas siguen inahabitadas.

En estos pueblos fantasma aún se pueden ver objetos que dejaron las personas, pero también las casas, los negocios y las escuelas en ruinas.

Otros pueblos, que solían ser lugares apacibles, ahora son sitios donde se almacenan desechos radiactivos.

“No hay manera de ir a estos lugares y no sentir tristeza”, dice Brown.

Una sensación similar describe Toru Hanai, un fotógrafo que varias veces al año durante la última década ha recorrido estos lugares abandonados.

Okuma

Azby Brown – Safecast
Esta es una calle solitaria y en ruinas en Okuma.

“Cuando veo esas ciudades donde el tiempo se ha detenido, fácilmente me puedo imaginar qué tipo de personas vivían ahí”, le dice Hanai a BBC Mundo.

“Pero aunque pueda imaginarlo, lo único que veo son ruinas”, añade, “eso causa mucha tristeza”.

En 2019, por ejemplo, el gobierno anunció la reapertura de Okuma, un pueblo que antes de la catástrofe tenía 10.000 habitantes.

Sin embargo, solamente un 2% de esa población ha regresado, y la mayoría son ancianos, según un reporte de la cadena NPR de septiembre de 2020.

En Tomioka, otro pueblo de la prefectura de Fukushima, la escuela secundaria tiene solo 13 estudiantes.

NAMIE

EPA
Una escual abandonada en Namie.

En Namie, también en la prefectura de Fukushima, hoy solo viven 1.500 personas, donde antes de marzo de 2011 vivían 21.000.

Para el profesor Igarashi, ese es uno de los asuntos más preocupantes de Fukushima.

“La mayoría de las personas que han regresado son ancianos”, dice.

“¿Cómo mantendremos nuestras ciudades que cada vez son más reducidas?”.

“Me preocupa que en 10 años muchas de las casas quedarán vacías y se convertirán en hogar para animales salvajes”.

“Creo que este es un problema incluso mayor que la radiación“.

Fukushima

Reuters
Lo que eran lugares apacibles ahora son ruinas.

Jabalíes radiactivos

Cuando los humanos abandonaron Fukushima, la naturaleza recuperó su territorio.

Con el paso de los años, animales como perros salvajes, mapaches, zorros, macacos y jabalíes han vivido a sus anchas en zonas que antes de la evacuación estaban habitadas por personas.

Quienes viven en zonas rurales se las deben ingeniar para mantener a los animales lejos, ya que muchas veces invaden sus granjas y pueden resultar peligrosos.

Además, como es el caso de los jabalíes, que se cuentan por miles, se han estado alimentando de plantas y pequeños animales contaminados de cesio producto de la radiación.

Fukushima

Reuters
En las áreas abandonadas de Fukushima la naturaleza ha recuperado su territorio.

Eso hace que no sean aptos para el consumo humano, aunque la carne de jabalí sea un plato muy popular en Japón.

El gobierno ha proveído trampas y cercas eléctricas para mantener a raya a los jabalíes, mientras otros se dedican a cazarlos, pero su población sigue aumentando.

“Para ellos somos los intrusos, así que atacarán sin dudarlo“, dice Hanai.

Los habitantes de la zona saben que no deben comer esos jabalíes, pero aun así, algunos lo siguen haciendo, según comenta Brown.

Fukushima

Getty
Los animales salvajes merodean las zonas poco habitadas.

El investigador recuerda el caso de un hombre que, sin que su esposa lo supiera, llevaba varios días comiendo la carne de un jabalí que había atropellado en la carretera.

Brown se enteró de lo que ocurría cuando al hombre le detectaron altos niveles de cesio en su cuerpo.

“No se lo cuentes a mi esposa”, recuerda Brown que le dijo el hombre.

“Es la naturaleza humana”, dice Brown. “Puedes implementar todo tipo de regulaciones y monitoreos, pero así se comportan las personas, somos humanos”.

Fukushima

Getty
Los jabalíes están contaminados por los materiales radioactivos.

Vivir con la radiación

Quienes han regresado a sus pueblos saben que la radiación es parte de sus vidas.

Tienen claro a qué zonas no deben ir y algunos de ellos, que no confían en los datos del gobierno, tienen sus propios medidores de radiación.

En la prefectura de Fukushima hay varios centros donde la gente recibe educación acerca de la radiación y los materiales radioactivos.

“Como investigador imparcial, te puedo asegurar que esos centros no están dedicados a la propaganda, sino a enfatizar la seguridad respecto a los materiales radioactivos”, dice Igarashi.

Tomioka

EPA
Esta es la vitrina de una tienda de modas en Tomioka.

“Yo diría que la mayoría de la gente que vive en Fukushima llevan una vida normal“, dice Brown.

“Pero tienen que estar constantemente atentos a la radiación“, añade.

Los residentes de estas zonas constantemente deben medir que los alimentos que consumen no tengan altos niveles de radiación, por ejemplo.

“Es un estrés permanente para ellos”, dice Brown, “les preocupa si a ellos o a sus hijos les dará cáncer”.

Los pescadores y los agricultores, uno de los sectores afectados por el desastre, se han vuelto especialistas en seguridad de alimentos, dice Brown.

“Los pescadores te dicen: ‘yo no soy científico pero…’, y te dan una explicación técnica acerca de la absorción del cesio dependiendo de cada especie…ellos saben todo esto”.

Fukushima

EPA
Las autoridades dicen que es seguro comer los alimentos producidos en Fukushima.

“Es genial que lo sepan, es triste que lo hayan tenido que aprender, pero es genial que lo sepan“, dice el experto.

Por su parte, el profesor Igarashi considera que el problema de la radiación puede ser controlado.

“No estoy diciendo que la radiación sea segura, pero con una buena comprensión del problema, los niveles de exposición pueden disminuirse y no hay necesidad de estar demasiado temerosos”, dice.

“Algunas personas que no saben nada de radiación aún piensan que con solo venir a Fukushima se van a quemar y les va a dar cáncer. Eso es muy desafortunado”.

El fotógrafo Hanai, que conoce la zona y suele conversar con los residentes, lo resume con una paradoja:

“En Fukushima no hay nadie que no le tema a la radiación, pero si le temen, no pueden vivir”.

Fukushima

Getty Images
En Fukushima las personas se acostumbraron a medir los niveles de radiación en sus alimentos.

El futuro

El proceso total de descontaminación de la planta de Fukushima puede tomar décadas, entre 30 y 50 años.

“Creo que no podemos esperar cambios dramáticos en los próximos años”, dice Igarashi, pero añade que está seguro de que con el tiempo la cantidad de material tóxico se reducirá.

Entre quienes han regresado a la zona han surgido iniciativas que Brown califica como positivas.

Entre ellas, menciona el proyecto de unos 40 granjeros que están haciendo agricultura de alta tecnología, con sensores y procesos automatizados.

Itate

Azby Brown – Safecast
En esta granja en Itate se cultivan vegetales sin rastros de cesio.

Brown también menciona que el conocimiento que se ha logrado en seguridad de alimentos, en un futuro podría dar pie al surgimiento de una nueva industria en el lugar.

Fukushima también se han convertido en un prometedor epicentro para la generación de energía renovable con varias plantas solares y eólicas.

Mientras el gobierno continúa sus esfuerzos por revitalizar la región y convencer a que más personas regresen a las áreas que han ido habilitando dentro de la zona de difícil retorno, también enfrenta el reto de recuperar la confianza de los japoneses en la energía nuclear.

“El gobierno y las empresas de servicios públicos siguen diciendo que la energía nuclear es la fuente de energía más barata, pero la gente ya no confía en ella”, dice Tatsu Suzuki, ingeniero nuclear y profesor en la Universidad de Nagasaki, citado en un reportaje de la cadena NPR.

“Es imposible pensar que la energía nuclear es la más barata, si se incluye el costo del desmantelamiento, el costo de Fukushima”.

Fukushima

Azby Brown – Safecast
Un festival callejero en el pueblo de Odaka.

“Es un problema social y ético“, dice Suzuki. “El costo de separar familias, perder sus tierras, perder sus trabajos… ¿cómo se miden todos estos impactos?”.

Para el fotógrafo Hanai, lo más importante de esta tragedia es tener claro que esto “no fue un desastre natural, sino un desastre provocado por el hombre“.

“No creo que podamos regresar a como era antes del desastre, eso es muy triste…por eso quiero que mucha gente sepa acerca de Fukushima, para que nunca se vuelva a repetir“.


Todas las imágenes están sujetas a derechos de autor.


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