Cómo es vivir en 5 de los países más amigables del mundo (y hay 2 de Latinoamérica)
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Cómo es vivir en 5 de los países más amigables del mundo (y hay 2 de Latinoamérica)

Estos cinco países encabezan una encuesta mundial entre expatriados en las categorías de hospitalidad, y calidez humana.
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Por Lindsey Galloway // BBC Mundo
28 de febrero, 2017
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Para muchos inmigrantes, hacer nuevos amigos puede con frecuencia facilitar la abrumadora tarea de adaptarse a un nuevo país. Pero algunos países son más hospitalarios que otros. En parte por cuestiones culturales, y en parte por la disposición y capacidad de sus habitantes a entenderte en tu idioma y enseñarte el suyo.

Para ayudar a determinar dónde es posible adaptarse más rápido, la red mundial InterNations recientemente realizó su encuesta anual, en la que participaron 14.000 expatriados de 191 países, y a quienes se les hicieron preguntas como qué tan fácil es instalarse en la nación de destino o qué tan fácil es hacer amigos.

Estos son los primeros cinco lugares del ranking de InterNations sobre las naciones más amigables para migrar.

Uganda

Según esta encuesta, Uganda es el país más amigable del mundo. Obtuvo 56% en la categoría de “hospitalidad general” (el promedio mundial fue 26%).

Dos mujeres abrazándose y sonriendo en UgandaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionUganda recibió una alta calificación por su hospitalidad.

Charlotte Beauvoisin, una británica que vive en Kampala -capital ugandesa- dice que la hospitalidad es parte esencial de la cultura de este país.

Nadya Mileva, de Bulgaria, coincide con esta apreciación. “Este es un país con mucho que ofrecer, desde paisajes impresionantes hasta bares y restaurantes de gran lujo”.

La otra cara de esta moneda es que Uganda sufre de cortes de luz ocasionales, contaminación ambiental y una infraestructura que contribuye con los enormes embotellamientos en las vías.

Sin embargo, “la mayoría de los visitantes aman el país; muchas personas deciden residenciarse aquí”, comenta Beauvoisin.

La mayoría de los extranjeros vive en Kampala, donde es muy común encontrar personas que hablan inglés y hay restaurantes internacionales. En la ciudad no hay vecindarios exclusivos para ugandeses o para expatriados.

Una calle en KampalaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionMuchos inmigrantes viven en Kampala, donde se habla ampliamente inglés.

En general, el costo de la comida y los sueldos son aceptables, por lo que los expatriados pueden mantener un alto nivel de vida en esta nación africana.

Costa Rica

Este país centroamericano sobresale en todas las categorías de esta encuesta como un país donde es muy fácil asentarse.

El 89% de los expatriados se encuentra a gusto con el sentimiento general de hospitalidad de los locales, mientras que el 79% dice sentirse “como en casa”.

Unos surfistas en una playa de Costa RicaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLas playas de Costa Rica atraen a muchos extranjeros.

Tanto los extranjeros como los nativos forman una comunidad que se identifica con el sentimiento “pura vida”, que engloba una de las expresiones más comunes en Costa Rica.

“La idea de vivir una ‘vida pura’ es la promesa de esta tierra, algo que desean todos aquellos cansados del bullicio y el ajetreo”, señala Diana Stobo, dueña de una posada en el país.

“Las personas comparten el mismo objetivo. Es difícil sobresalir financieramente, por eso la mayoría encuentra paz y harmonía en lo que tienen. Sin sudar, sin preocupaciones, sin problemas. Pura vida”.

La mayoría de los extranjeros en situación de retiro tienden a residenciarse en zonas de playa como Guanacaste, Jacó y Manuel Antonio, en el centro occidente del país.

Por su parte, a los profesionales les gusta vivir en el Valle Central, cerca de la capital, San José.

Santa Ana y Escazú (a 8 kilómetros de San José) son muy populares entre estadounidenses y europeos.

Dos mujeres caminando en una calle de Costa Rica.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption“Pura vida” es una frase que identifica a los costarricenses.

El costo de la vida se ha incrementado en los últimos 10 años, y en algunos lugares una taza de café puede ser tan costosa como en Londres.

Sin embargo, como en la mayoría de los países, si sabes dónde buscar y deseas mantenerte dentro de un presupuesto modesto, encontrarás muchos sitios donde puedas comer y comprar a precios razonables.

Colombia

Para muchos extranjeros, Colombia te hace sentir muy rápido como en casa.

“Los colombianos son personas deseosas de mostrarle a los visitantes su país en una onda positiva; son muy receptivos y hospitalarios“, comenta Anne Marie Zwerg-Villegas, oriunda de Estados Unidos y residente de Bogotá.

“Colombia es uno de los países con menor porcentaje de residentes nacidos en el extranjero en el mundo, así que somos una novedad. Los locales creen que somos turistas y nos tratan como turistas”.

La mayoría de los expatriados vive en la capital del país, Bogotá, cuya población es de ocho millones de habitantes.

Un calle colonial de ColombiaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLos colombianos son muy receptivos con los recién llegados.

Aunque el tráfico es “horrendo”, según cuenta Zwerg-Villegas, vale la pena porque vive cerca de su oficina. La mayoría de los profesionales se establecen en zonas como Chicó, Rosales, Usaquén y Cedritos, donde encuentras modernos centros comerciales, restaurantes con comida étnica diversa y clubes sociales y deportivos.

Los más jóvenes y aventureros pudieran considerar vivir en áreas más hacia el sur de la ciudad, como Teusaquillo o Soledad, donde abundan las cervecerías artesanales y discotecas baratas.

Dado que Colombia es un país agricultor, puedes encontrar frutas frescas y vegetales a lo largo del año a precios muy asequibles. Por otra parte, los servicios son económicos.

Omán

Este es uno de los países más soleados en el mundo, y su gente refleja esa calidez. Una cultura hospitalaria enraizada en la fe genera una franca apertura hacia los visitantes.

Una escena en OmánDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa calidez de los habitantes de Omán está a tono con el clima.

“Tradicionalmente, los omaníes son muy hospitalarios con el extranjero. Por sus acentuados antecedentes islámicos y sus creencias, les apasiona ayudar a sus vecinos o a aquellos que lo necesiten. Fácilmente pueden invitar a un extraño a tomar café o comer dátiles en la casa”, comenta Nicole Brewer, quien vive en Nizwa, a 160km de la capital, Mascate.

El país es conocido por su estilo de vida al aire libre y las aventuras, con buen clima y áreas para acampar.

“No me mudaría a Omán por su vida citadina”, advierte Rebecca Mayston, oriunda de Nueva Zelanda y ahora habitante de Mascate.

Un grupo de habitantes de Omán jugando cartas en una playaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLas buenas condiciones del tiempo permiten muchas actividades al aire libre en Omán.

La capital cuenta con más bares y restaurantes que cualquier otra ciudad en el país, y Mayston cuenta que muchos de sus amigos extranjeros que viven aquí vienen los fines de semana a disfrutares de las discotecas.

Aunque el costo de la vida se ha encarecido, sigue siendo uno de los países económicamente más asequibles de Medio Oriente.

Filipinas

Este país insular se ha convertido en un lugar predilecto para muchas multinacionales que han abierto oficinas allí, generando una población de extranjeros provenientes de todo el mundo.

Hoy en día, residentes de 159 países no requieren visados para entrar a Filipinas. El inglés es el idioma predominante y los residentes muestran mucho entusiasmo al darles la bienvenida a los visitantes.

Una escena de mar y montaña en FilipinasDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl estilo de vida filipino es uno de los atractivos para los visitantes de ese país.

“Los filipinos son personas muy abiertas y serviciales, lo cual hace que el extranjero se sienta parte del lugar”, señala Eleanor Webley, oque vive en Manila, la capital.

Hay una cultura muy marcada por las festividades, lo cual representa muchas oportunidades para hacer nuevos amigos.

Aunque muchos de los extranjeros viven en Manila, también hay quienes buscan establecerse cerca de las hermosas playas del país.

Tagaytay, a 74 kilómetros al sur de la capital, es una isla popular para quienes quieren disfrutar del mar y seguir conectados a las ciudades, a través del transporte público.

Un grupo de filipinos saluda a la cámaraDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionHay muchas oportunidades de hacer amigos en Filipinas.

Filipinas tiene 7.100 islas y los extranjeros adoran el estilo de vida tropical de este país, pero si prefieres la vida citadina puedes quedarte en distritos de negocios como Makati y Ortigas Center en Manila, o en Cebú, la segunda ciudad del país, ubicada en una de las islas centrales.

Por lo general, el costo de la vida no es alto, y una persona con disciplina presupuestaria puede arreglárselas mensualmente.

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¿Es posible saber cuál país está haciendo lo correcto ante la COVID-19?

Dominic Wilkinson, profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, nos ayuda a entender el complejo proceso de tomar decisiones en un contexto como el actual, en el que “la ciencia no nos puede decir qué hacer”.
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6 de septiembre, 2020
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“La ciencia no nos puede decir qué hacer”, reflexiona Dominic Wilkinson, profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

“La ciencia tiene que estar en el centro de la toma de decisiones, pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética“, le dice el doctor a BBC Mundo.

Wilkinson fue consultado en el artículo: “The philosophy of COVID-19: is it even possible to do the ‘right thing’?” (“La filosofía de COVID-19: ¿es posible hacer lo ‘correcto’?)”, publicado en el sitio de la universidad británica.

En el texto se reflexiona sobre el hecho de que en los últimos seis meses, en todos los continentes, autoridades y científicos han estado tratando de determinar qué se debe hacer frente a la pandemia.

“Por primera vez, en mucho tiempo, las consideraciones filosóficas se han convertido en materia de debate político y de conversaciones cotidianas“, indica el blog del que está a cargo Sarah Whitebloom.

“¿Es correcto privar a la gente de su libertad o no; dictar el comportamiento personal o no; cerrar las fronteras o no; para proteger la vida o el servicio sanitario o la economía o no?”, pregunta.

Entre opciones

En ese artículo, el investigador resalta que nuestro conocimiento sobre la COVID-19 ha ido cambiando con el paso de los meses y eso es clave a la hora de tomar decisiones y de juzgarlas.

Profesor Dominic Wilkinson

Cortesía: Dominic Wilkinson
Como profesor, Wilkinson se especializa en ética médica y como médico, en neonatología.

“Entonces” -se plantea en el texto- “¿cómo interpretamos los intentos de los países para abordar la pandemia? ¿Alguien está haciendo lo correcto?”

Según el profesor Wilkinson, ‘No hay una única respuesta correcta, depende de cómo sopesas tus opciones. Debes distinguir entre varias cosas'”.

¿Serían todas las decisiones igualmente validas? “No” -responde- pues hay que tomar en cuenta el contexto: algo que podría ser correcto de implementar en un país, puede no serlo en otro.

Además, pese a la incertidumbre propia de un virus cuyas características y efectos seguimos descubriendo, hay opciones que son erróneas.

Por ejemplo, “recomendar intervenciones no basadas en evidencia (como la cloroquina) podría verse como opciones ‘moralmente incorrectas‘”.

La pandemia nos ha puesto cara a cara con dilemas éticos muy complejos.

“Hay muchos paralelismos con las profundas y difíciles preguntas que enfrentan los países cuando están en guerra“, señala Wilkinson.

La prioridad tiene que ser “salvar vidas”, destaca el profesor que conversó con BBC Mundo.

La entrevista ha sido editada por razones de claridad y concisión.


En términos de qué es correcto hacer. ¿Qué desafíos nos está presentando esta pandemia?

El desafío fundamental es lo que están enfrentando los gobiernos.

En cierto sentido, son problemas con los que las sociedades tienen que lidiar todo el tiempo: cómo equilibrar las diferentes y, algunas veces, contrapuestas necesidades de su población.

Un placa de los pulmones

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Aunque nuestro conocimiento sobre el virus Cov-2 ha aumentado sustancialmente desde que se desató el brote hace seis meses, aún hay incógnitas que se están tratando de responder.

Lo que hace que la cuestión de la pandemia sea tan grave es la escala del problema y la necesidad de hacer concesiones muy difíciles.

Eso implica hacer sacrificios y buscar soluciones intermedias entre el bienestar de unos y de otros. Por ejemplo: entre las personas en riesgo de contraer COVID-19 versus otros miembros de la sociedad y los efectos en su bienestar desde la perspectiva económica y de empleo.

En adición, hay desafíos muy grandes debido a la incertidumbre que existe. Una de las razones que hace esta pandemia tan compleja es que los problemas que está suscitando no son los problemas estándar con los que los gobiernos están acostumbrados a encarar.

Obviamente, las enfermedades infecciosas y los temas de salud pública son asuntos con los que los gobiernos están relativamente familiarizados, aunque no siempre sean simples de enfrentar.

Pero estamos ante una nueva amenaza que trae muchos desafíos e incertidumbre sobre los beneficios, así como también sobre los costos, de las distintas maneras de responder a ella. Por ejemplo: las diversas formas de confinamiento y de distanciamiento social.

Quizás sin notarlo mucho, cada día, todos hemos estado envueltos en consideraciones filosóficas debido a la pandemia. ¿Por qué ocurre eso?

La pandemia ha resaltado ciertos asuntos éticos que son muy difíciles y que ameritan soluciones de compromiso, concesiones.

Una mujer frente a una pantalla

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Varias economías ya han empezado a sentir los efectos de la crisis que desató la pandemia.

Algunos de ellos se presentan en tiempos de normalidad, pero quizás de una forma no tan visible o dramática.

Por ejemplo, evaluar el costo en la economía, en términos de dinero, y la cuestión de las vidas que son salvadas, es un planteamiento con el que están muy familiarizados los gobiernos. No es una pregunta muy cómoda de responder, pero a la que están acostumbrados todo el tiempo:

‘¿Cuánto dinero invierto en mejorar las carreteras para prevenir accidentes de tránsito? ¿Cuánto invierto en fármacos o en el sistema sanitario en general para mejorar la salud de las personas y evitar muertes?’

Le tienen que poner un precio a la cantidad que están dispuestos a pagar para salvar una vida.

Personas fuera de un hospital

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En muchos países, gran parte de la atención médica se ha concentrado en atender a las personas afectadas por la COVID-19.

La misma pregunta, en esencia, se invoca cuando los gobiernos tienen que tomar decisiones sobre cómo intentar balancear los beneficios potenciales de salvar vidas versus el costo económico.

Obviamente, podrías salvar el máximo número de vidas manteniendo a todos los países en confinamientos totales hasta que haya una vacuna disponible. Pero eso va a provocar un costo económico muy grande y, la medida en sí misma, va a cobrarse vidas en diferentes maneras.

Existe evidencia de que las crisis económicas por sí solas acarrean graves consecuencias sanitarias, incluyendo: efectos en las tasas de pacientes con cáncer, personas con enfermedades mentales, suicidios.

Este tipo de cálculos son los que tienen que hacer los gobiernos todo el tiempo, pero en el contexto de esta pandemia se hacen muy visibles.

¿Cuán difícil es para quienes diseñan las políticas públicas tomar decisiones basados en un virus del cual aún se desconocen muchos aspectos porque es muy nuevo?

Es tremendamente difícil.

Hay dos tipos de incertidumbres: la científica y médica, que tiene que ver con el virus: que pasaría si los gobiernos no hacen nada, cuántas vidas se podrán en riesgo, que sucedería si se toman acciones, cuán efectiva será la vacuna cuando esté disponible.

Y está la incertidumbre ética: cómo actuar frente a esta amenaza.

En ese contexto, los diferentes gobiernos tomarán decisiones distintas y no sabremos hasta dentro de muchos años, cuando veamos hacia atrás, qué país hizo la elección que resultó siendo ventajosa, pero ahora es muy difícil saber cuál es la decisión correcta.

En el artículo de la Universidad de Oxford, usted señala que en el actual contexto, algunas decisiones son tomadas de buena fe. ¿Es eso suficiente?

Desde el punto de vista de la ética, todo lo que podemos hacer es tomar decisiones con la información que tenemos.

Médicos en un hospital

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Dilemas éticos y filosóficos que siempre han enfrentado médicos, legisladores y líderes políticos ahora son parte de las conversaciones de muchos ciudadanos en todo el mundo.

Cuando me refiero a tomar decisiones de buena fe, es hacerlo sobre la base de las motivaciones y las intenciones correctas y con la información con la que se cuenta.

Puede pasar que la información que tienes es incorrecta, que las estimaciones de las diferentes opciones terminen siendo erróneas, pero no puedes tomar decisiones sobre la base de información que desconoces.

Algo que tienes que hacer es tomar en cuenta la posibilidad de que puedes estar equivocado. Por eso, los gobiernos tienen que mirar un abanico de diferentes resultados potenciales y la incertidumbre que rodean las estimaciones.

Esa es una de las razones por las cuales no se trata simplemente de seguir la ciencia porque la ciencia no da una sola respuesta sobre lo que pasará o cuál podría ser el efecto de una particular acción.

Se trata más bien de una gama de diferentes posibilidades y sobre la base de eso, tomar las decisiones.

En el artículo se plantea que los esfuerzos internacionales buscan preservar la vida. “¿Pero la vida de quién? ¿un enfermo que sufre de COVID-19, un paciente con cáncer, una persona que pierde su trabajo?” Es un dilema inmenso para enfrentar en tan corto periodo de tiempo desde que comenzó el brote ¿no?

La dificultad es que no hay manera de evitar tomar decisiones. No hacerlo o no actuar es una resolución en sí misma.

Personas aplaudiendo

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Al inicio de pandemia, muchos ciudadanos en todo el mundo coincidieron con sus gobiernos en la necesidad de quedarse en casa.

Dado el número de decisiones que los gobiernos tienen que tomar y de lo cambiante de la situación que están enfrentando, es inevitable que no opten por algo determinado.

Y podrían llegar a tomar resoluciones que serán criticadas y que podrían terminar siendo, a la luz del conocimiento adquirido con posterioridad, no las mejores opciones.

Por eso, tienen que estar preparados para cambiar de idea, para revisar sus puntos de vista a medida que la ciencia evoluciona y para admitir que tomaron una decisión que no fue la mejor.

Muchas personas podrían pensar que, como se trata de una pandemia, la ciencia debería indicar qué se debe hacer, pero usted señala: “La ciencia no puede decirnos a qué valores debemos darle peso”. ¿A qué se refiere?

Cuando hablamos sobre lo que deberíamos hacer, sólo llegaremos a una respuesta con una serie de hechos y un conjunto de valores éticos.

Un ensayo clínico

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“La ciencia tiene que estar en el centro de la toma de decisiones pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética”, indica Wilkinson.

La ciencia no genera valores éticos, la ciencia nos ayuda a entender los hechos.

Cuando queremos actuar en relación a ellos: ¿qué deberíamos hacer?, aparecen los valores éticos.

Por esa razón la ciencia no nos puede decir qué hacer o que deberíamos hacer, la ciencia sólo nos puede decir qué pasaría si actuamos de determinadas maneras.

Nosotros tenemos que decidir cómo balancear diferentes valores éticos que podrían estar en riesgo: cuál es el más importante, a cuál le vamos a dar prioridad, cuál precio estamos dispuestos a pagar y cuál no, y, entonces, tomar una decisión.

Considero que es profundamente engañoso sugerir que la ciencia, en sí misma, es la base de la toma de decisiones.

La ciencia tiene que estar en el corazón de la toma de decisiones pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética.

Usted señaló que “el momento más complicado aún está por venir”, pues nos esperan más decisiones éticas difíciles que van más allá de los confinamientos, por ejemplo: quiénes recibirán las primeras vacunas. “No sabemos todavía qué tolerará la gente, qué harán”. En relación a eso, hay personas que sienten que los confinamientos han afectado sus derechos. ¿En este contexto, es difícil llegar a la decisión con la que todos estemos satisfechos?

La política está familiarizada con la idea de que no puedes complacer a todo el mundo.

Dos mujeres se saludan con una ventana de por medio

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Las medidas para evitar la propagación del coronavirus han tenido impacto en los diferentes grupos de edad.

Uno de los aspectos interesantes es que en las fases iniciales de la pandemia, en muchos países, hubo un amplio apoyo hacia las acciones tomadas por los gobiernos, en algunos casos dramáticas y con un impacto significativo en las vidas de las personas.

Pero algo que se está volviendo evidente es que a medida que pasa el tiempo, parte de ese apoyo se ha disipado y hay más división sobre lo que debe pasar: algunos están a favor de continuar con las restricciones para evitar otras olas (de contagios); otros creen que los gobiernos no pueden seguir imponiendo restricciones y deben relajar las medidas para que la economía se recupere.

Esa es una de las razones por la cual los gobiernos están en una creciente presión para flexibilizar las medidas que tienen que ver con los confinamientos, pero, hasta que no haya una vacuna, la potencial consecuencia de eso es que hayan olas de infecciones, como hemos visto en Europa y en otras partes.

Y existe la posibilidad de que coincida, en el hemisferio norte, con el invierno, que es tradicionalmente una época difícil.

Hay una gama de razones por las cuales algunas de las decisiones más difíciles están por venir.

También ha dicho que no todas las decisiones pueden ser válidas y hace una especial reflexión sobre tratamientos que no han sido probados científicamente.

En la situación actual, los gobiernos tienen más de una opción razonable para escoger.

Personas con mascarillas

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Existe evidencia científica de que el uso de mascarillas ayuda a frenar la propagación del coronavirus.

Para algunas naciones, puede ser razonable continuar con la decisión de mantener el número de casos muy bajo con la implementación de medidas restrictivas.

También pueden haber otros países que se inclinen por medidas más flexibles.

El decir que hay potencialmente más de un enfoque razonable no significa que cualquier enfoque es aceptable.

Claramente hay algunas respuestas que no son razonables y que debemos rechazar, incluyendo las que se apartan significativamente de una comprensión científica de lo que se pone en riesgo o de lo que puede ser útil.

Por ejemplo, quienes rechazan las mascarillas o quienes sugieren medidas que no tienen una base científica o que la ciencia ha demostrado que son perjudiciales.

Considero que es importante criticar cuando gobiernos o personas que hablan en público recomiendan cosas que son irrazonables.

Usted ha dicho que es muy difícil saber qué países están haciendo lo correcto en medio de estas dramáticas circunstancias y que sólo en varios años se podrán saber cuáles fueron las mejores estrategias. ¿Por qué hay que esperar años?

Estando en plena pandemia, es difícil conocer todos los impactos de las decisiones que estamos tomando, algunos no serán visibles por años.

Planeta

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De acuerdo con Wilkinson, el tiempo es clave para poder evaluar el impacto de las medidas que se están tomando en plena pandemia.

Las comparaciones entre países, por ejemplo, sólo se harán patentes con el tiempo.

Cuando veamos todas las diferentes consecuencias en la salud de los pacientes -excluyendo quienes hayan sufrido covid-19- se verá el impacto en quienes sufren de cáncer, quienes no recibieron algún tratamiento, quienes desarrollaron enfermedades mentales o quienes sufren problemas de salud debido a la recesión económica.

Esos efectos no se sabrán hasta después de un tiempo, cuando tengamos suficiente información para juzgar.

Es decir, en su opinión, es casi imposible saber quién está haciendo lo correcto.

Así es. Vale la pena señalar que se puede distinguir entre una decisión correcta y un proceso correcto para tomar esa decisión.

Una trabajadora de la salud

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La pandemia encontró a algunos países mejor preparados que otros para lidiar con sus efectos.

En las decisiones que se han tomado de una manera transparente, el público puede ver por qué los gobiernos están optando por determinadas alternativas, que se trata de decisiones guiadas por la evidencia científica y que son susceptibles a los cambios que se producen en la ciencia y a la incertidumbre que puede conllevar.

Eso es muy importante.

Que son decisiones que están abiertas a las revisiones y al cambio de opinión en el futuro en caso de que varíe la información.

Todas esas características son positivas en el proceso de toma de decisiones y los países en los que se han dado esos elemento, creo que tendrán una mejor probabilidad de justificar sus decisiones, incluso si, en retrospectiva, se les pueda cuestionar por haber tomado las decisiones equivocadas.

Desde la perspectiva de un doctor dedicado a la ética médica, ¿qué lecciones le está dejando esta pandemia?

Uno de los aspectos más sorprendentes es que algunos países se habían preparado extremadamente bien para tomar decisiones difíciles en el contexto de una pandemia, habían hablado con su población con anticipación y les habían dicho:

‘Si alguna vez nos enfrentamos a una pandemia de gripe realmente grave, ¿qué les gustaría que hiciéramos si tuviéramos que tomar decisiones relacionadas, por ejemplo, con los respiradores: ¿quién debería utilizarlos?”

Hace cinco o diez años, comunidades en algunos estados de Estados Unidos participaron en discusiones sobre esas decisiones. Eso las puso en una posición muy fuerte cuando llegó la pandemia para decir: ‘Está bien, ya tuvimos una discusión. Tenemos preparadas algunas pautas, ahora podemos implementarlas’.

Creo que la dificultad cuando estás en el ojo de la tormenta es que no hay una manera significativa de promover conversaciones hipotéticas con la comunidad, porque el desafío es reaccionar y muchas veces se hace de forma instintiva porque ya la tienes al frente.

Y eso podría llevar a que no se tomen las mejores decisiones.

Creo que una de las lecciones importantes es que debemos prepararnos para amenazas muy sustanciales como esta.

A algunos países les ha ido bien en esa preparación y a otros menos bien.

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