Photo Ark: Fotografías contra el olvido y la indiferencia
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Photo Ark: Fotografías contra el olvido y la indiferencia

El fotógrafo Joel Sartore fotografía especies animales en peligro de extinción como parte del proyecto Photo Ark. Mira el resultado
Por Claudia Godoy
7 de febrero, 2017
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Nota del editor: esta entrada fue publicada originalmente en ClickNecesario.com, el 18 de enero de 2017.


La historia del fotógrafo Joel Sartore es inspiradora y conmovedora. Actualmente dirige el proyecto Photo Ark, que está registrando fotográficamente tantas especies como se pueda para darlas a conocer y recordarlas cuando algunas de ellas no existan en el futuro.

El proyecto, como el Arca de Noé, busca conservar todos los animales que sea posible. Sólo que esta vez el diluvio no es acción divina, lo provocamos los humanos; y no podremos salvarlos realmente, sólo tendremos fotos que nos recuerden su existencia. 

Rhacophorus dennysi. ©Joel Sartore, Photo Ark

Rhacophorus dennysi. ©Joel Sartore, Photo Ark

El nacimiento de un proyecto

En 2005 Joel Sartore trabajaba lejos de casa como fotógrafo para National Geographic, documentando la impresionante vida silvestre del Parque Nacional Madidi, en Bolivia. En Nebraska lo esperaban su esposa y tres hijos. Un día antes del Día de Acción de Gracias, su esposa fue diagnosticada con cáncer de mama. Este suceso fue el principio de un cambio de vida y un proyecto para preservarla.

Loro cacique. ©Joel Sartore, Photo Ark

Loro cacique. ©Joel Sartore, Photo Ark

Sartore no pudo regresar a Bolivia para continuar con su trabajo. Estando al cuidado de su esposa se encontró con mucho tiempo libre, mismo que usó para pensar y pensar. Durante ese año se acordó de algunos investigadores que, a través del tiempo, han dado a conocer al mundo la flora y la fauna del planeta.

Zorro del desierto. ©Joel Sartore, Photo Ark

Zorro del desierto. ©Joel Sartore, Photo Ark

Joel Sartore pensó en James Audubon, un ornitólogo que llegó a pintar aves ahora extintas en el s. XIX; pensó en George Catlin, quien también en el s. XIX pintó tribus americanas sabiendo que ese estilo de vida se alteraría pronto por completo; pensó en Edward Curtis, fotógrafo y etnólogo que murió en 1952 y el primero en documentar con video y sonido las culturas nativas americanas amenazadas por la extinción.

Puercoespín brasileño. ©Joel Sartore, Photo Ark

Puercoespín brasileño. ©Joel Sartore, Photo Ark

Gracias a estas historias, Sartore se dio cuenta que su trabajo no ponía ni un granito de arena para que la gente abra los ojos y se interese por el mundo. Los retratos de los animales ciertamente capturaban sus formas, características e intensas miradas, pero ¿podrían ser usadas para atraer la atención pública?

Pangolín arborícola. ©Joel Sartore, Photo Ark

Pangolín arborícola. ©Joel Sartore, Photo Ark

Photo Ark: Contra el olvido y la ignorancia

Existen entre dos y ocho millones de especies de animales en el planeta. Muchas de ellas podrían extinguirse al final de este siglo, por la pérdida de su hábitat, el cambio climático y el comercio animal:

“La gente piensa que vamos a perder animales en la época de los nietos, pero los estamos perdiendo ahora y se irán para siempre.” –Jenny Gray, directora del zoológico Victoria en Australia

En verano de 2006, Sartore contactó a su amigo John Chapo, presidente y director del Zoológico Lincoln para niños; le preguntó si podía tomar foto a los animales del zoológico y su amigo Chapo accedió. Ahí tomó la primera foto para Photo Ark y durante los últimos 10 años ha fotografiado más de 5,600 animales.

Percina rex. ©Joel Sartore, Photo Ark

Percina rex. ©Joel Sartore, Photo Ark

Los zoológicos son la última esperanza para los animales al borde de la extinción, pero sólo pueden albergar una fracción de las especies del mundo. Sartore estima que le tomará alrededor de 25 años o más fotografiar solamente las especies que se encuentran en cautiverio.

Pitón arborícola verde. ©Joel Sartore, Photo Ark

Pitón arborícola verde. ©Joel Sartore, Photo Ark

El método de Sartore es muy básico: todos los retratos se toman frente a un fondo blanco o negro.

“Es un gran ecualizador. El oso polar no es más importante que un ratón, y un tigre y un escarabajo son exactamente lo mismo.”

Los animales grandes se fotografían en sus recintos, en donde Sartore cuelga una cortina gigante o pinta una pared para crear el fondo. Los pequeños se meten dentro de un estuche flexible, en donde Sartore mete el lente de la cámara en un lado, a través de una hendidura. Las sesiones son muy cortas, duran a lo mucho unos cuantos minutos.

Joel Sartore en acción. ©audubon.org

Joel Sartore en acción. ©audubon.org

Sartore no trata con los animales como tal, eso lo deja en manos de los expertos y vigilantes del zoológico. Si alguno de los animales se empieza a estresar, la sesión se termina. Ninguno ha sido lastimado en todo el proceso del proyecto.

Ella era un rinoceronte blanco, murió este verano. Ahora sólo quedan tres ejemplares de la especie. ©Joel Sartore, Photo Ark

Ella era un rinoceronte blanco, murió este verano. Ahora sólo quedan tres ejemplares de la especie. ©Joel Sartore, Photo Ark

Actualmente millones de personas han visto los animales que Sartore ha fotografiado. La gente ha podido ver la mirada de muchos animales a través de Instagram, National Geographic, documentales y proyecciones en importantes monumentos como el Empire State, las oficinas de las Naciones Unidas y, recientemente, en la Catedral de San Pedro.

Empire State. ©The New York Times

Empire State. ©The New York Times

Basílica de San Pedro. ©National Geographic

Basílica de San Pedro. ©National Geographic

Basílica de San Pedro. ©National Geographic

Basílica de San Pedro. ©National Geographic

Sartore recuerda que cuando tenía alrededor de ocho años, su mamá le regaló un libro de aves que le cambió la vida: Al final de las páginas se encontraba la sección de especies extintas. Ahí vio a Martha, la última paloma migratoria del mundo: “Me impresionó que en algún momento pudieran existir millones y después ninguna.”

Tapir malayo. ©Joel Sartore, Photo Ark

Tapir malayo. ©Joel Sartore, Photo Ark

El cáncer de su esposa Kathy regresó en 2012, se sometió a una doble mastectomía. Ese mismo año, su hijo Cole, de 18 años, fue diagnosticado con un linfoma. Ambos se recuperaron, pero las enfermedades dejaron su marca: “Ya no nos estresan muchas cosas”, dice Sartore, “me he dado cuenta de mi propia mortalidad.”

Si Joel Sartore no termina el proyecto, su hijo Cole se encargará de él: “quiero que las fotografías funcionen, mucho tiempo después que yo haya muerto.”

Puedes conocer mejor y ayudar el proyecto Photo Ark haciendo click aquí. 

Con información de National Geographic.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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año nuevo Nuevo

Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

año nuevo

Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

año nuevo

Getty Images
La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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