Trump y la amenaza de crear un impuesto a las remesas: qué puede hacer y qué no
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Trump y la amenaza de crear un impuesto a las remesas: qué puede hacer y qué no

Economistas consultados por Animal Político explican que la creación de un impuesto “exclusivo” para México sería ilegal y generaría graves consecuencias económicas para el país.
AFP
Por Manu Ureste
15 de febrero, 2017
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Lo dijo durante su campaña electoral y lo ha vuelto a repetir ya como presidente de Estados Unidos: Donald Trump quiere pagar la construcción de un muro fronterizo con México, o al menos financiar una parte, con el dinero que millones de migrantes mexicanos envían a sus familias.

Y aunque aún no hay una propuesta formal de la Administración Trump para gravar las remesas, el legislador republicano Mike Rogers ya anunció el pasado 8 de febrero una primera iniciativa: crear un impuesto del 2% a los envíos de dinero para recaudar “cerca de mil millones de dólares al año”, los cuales se destinarían a la construcción del muro.

Ahora bien, ¿realmente es posible que Trump frene los envíos de dinero de los migrantes mexicanos?

Para tratar de responder esta pregunta Animal Político entrevistó a economistas, quienes aseguran que gravar las remesas solo a México sería “ilegal” y “xenófobo”.

¿Impuestos solo para México?

Irving Rosales, director del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, respondió que antes de gravar las remesas el nuevo gobierno estadounidense deberá precisar, en primer lugar, si el impuesto será únicamente a las remesas que se envían a México o también para las que salen al resto del mundo. Respuesta que el legislador Mike Rogers tampoco precisó en su iniciativa de ley ‘Border Funding Act of 2017’.

“Poner un impuesto exclusivo a las ‘remesas mexicanas’ sería ilegal en términos de la ley estadounidense. Y sería fácilmente impugnable ante la justicia, porque sería una decisión discriminatoria y xenófoba contra México”, explica Rosales, quien añade que grabar únicamente el dinero que envían los migrantes mexicanos también iría en contra de los tratados internacionales en materia económica.

Gráfico: Jesús Santamaría (@RE_Ilustrador)

Gráfico: Jesús Santamaría (@RE_Ilustrador)

¿Qué sí podría hacer Trump? Crear un gravamen a todas las remesas que salen hacia el exterior

Aunque esta opción, dijo por separado Raymundo Tenorio Aguilar, director de la carrera de Economía y Finanzas en el Tecnológico de Monterrey, es poco probable porque pondría en serio riesgo la relación de Estados Unidos con naciones como La India y China; los dos principales destinos de remesas estadounidenses en 2016, con 72 mil millones de dólares y 63 mil 938, respectivamente –muy por encima de los casi 27 mil millones de México que ocupa el cuarto lugar detrás de Filipinas, con 29 mil 665 millones-.

Lo que es difícil que pase, pero podría pasar

Trump tendría otras alternativas para crear un impuesto dedicado exclusivamente a las remesas mexicanas.

En primer lugar, dijo Irving Rosales, podría gravar las remesas mexicanas “y luego echarse el pleito con la justicia”. Y durante los meses que dure la discusión cobrar el impuesto.

Y en segundo lugar, crear el gravamen y luego presionar para convencer a la justicia de que la decisión no es discriminatoria, sino algo necesario para la seguridad nacional de Estados Unidos, puesto que financiaría la construcción de un muro para impedir el paso de los “bad hombres”, como llama Trump a los criminales.

Un argumento, además, que ya ha utilizado el magnate para presionar a la justicia que, por el momento, ha bloqueado su orden presidencial de prohibir temporalmente por motivos de seguridad nacional la entrada a Estados Unidos de ciudadanos de siete países con mayoría de población musulmana: Irak, Siria, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen.

“Si al final del pleito, la justicia determinara que por decreto se puede prohibir la entrada a Estados Unidos de personas por su nacionalidad o religión –algo discriminatorio- esto abriría de inmediato la puerta del impuesto exclusivo a las remesas mexicanas”, advierte Rosales.

Lo que sí puede hacer: impuesto a todas las transferencias bancarias al exterior

El gobierno de Trump también podría crear un impuesto a las transferencias electrónicas que se envían a través de los bancos estadounidenses hacia el exterior. Es decir, además de la comisión que ya cobran los bancos por esos envíos de dinero al extranjero, se crearía otro impuesto a la transferencia.

Pero ojo, hay que tener presente un matiz clave: el impuesto no sería solo para los migrantes mexicanos, sino para todos los ciudadanos que quieran enviar dinero a cualquier parte del mundo. Lo que, en términos reales, podría resultar una medida impopular del presidente, ya que afectaría a todos los estadounidenses.

Además, esta medida añadiría más presión a las grandes compañías “remeseras” como Western Union, puesto que el impuesto a las transferencias electrónicas también afectaría a su modelo de negocio, ya que la empresa acabaría cobrando ese impuesto (más su comisión) a los clientes. Lo cual golpearía aún más a un sector, al que bancos estadounidenses ya aplican medidas estrictas a sus transferencias internacionales para evitar el lavado de dinero, tal y como refleja en este reportaje The New York Times.

Otra medida para controlar el flujo de dinero, podría ser obligar a las compañías “remeseras” a pedir que el migrante presente su tarjeta como residente legal en el país para poder mandar el dinero.

“Aunque en la vida real, esa medida sería fácil de darle la vuelta”, admite Irving Rosales. “Porque nada más te consigues un amigo que tenga los documentos en regla y ya podrías enviar el dinero”.

Riesgo de recesión: Bank of America

Más allá de cómo aplicaría el gravamen el gobierno estadounidense, el impuesto a las remesas supondría un golpe a la economía mexicana difícil de digerir. Incluso, ayer miércoles el Bank of America (BofA) Merrill Lynch advirtió en una nota que publica la revista especializada Forbes, que un gravamen a las remesas, así como un mayor impuesto fronterizo a las exportaciones mexicanas –como ya propuso Trump-, supondría un elevado riesgo de que México entre en recesión. O en otras palabras: que el país pueda entrar en una crisis económica.

Lee aquí: Las 11 ciudades mexicanas que más dependen de las remesas

Gráfico: Jesús Santamaría (@RE_Ilustrador)

Gráfico: Jesús Santamaría (@RE_Ilustrador)

Gráfico: Jesús Santamaría (@RE_Ilustrador)

Gráfico: Jesús Santamaría (@RE_Ilustrador)

Mercado negro de remesas

Para Maureen Meyer, coordinadora del Programa de México de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés), “si Trump consigue poner un impuesto a las remesas mexicanas, esto también va a provocar que crezca el mercado negro de personas que llevan dinero de un lado a otro de la frontera”.

“O que muchas persona lleven consigo mucho dinero en efectivo –añade la activista- para evadir el impuesto y dárselo a sus familias, lo cual los pondría en un gran riesgo”.

O peor aún: que recurran al crimen organizado para “traficar” su dinero.

“El impuesto a las remesas va, probablemente, a favorecer al crimen organizado, porque uno de sus negocios es mover grandes cantidades de efectivo a través de canales no regulados”, advierte Carlos Heredia, profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Es decir, explica Heredia, ante este impuesto el crimen organizado aumentará su ‘oferta’ para cruzar dinero a través de sus redes de tráfico a uno y otro lado de la frontera. “Y en cierto sentido, se estaría orillando a la gente a ser víctimas del crimen para poder enviar su dinero a México”.

Por ahora, el gobierno mexicano ya anunció una iniciativa de ley para proteger el dinero que envían millones de connacionales. Sin embargo, migrantes entrevistados por Animal Político en ‘Casa Durango Dallas’, una organización civil que apoya a la comunidad en Irving, Texas, desconfían de la ayuda de su gobierno, al tiempo que ya comienzan a sentir los estragos de la política ‘anti-inmigrantes’ de la nueva administración Trump.

“Como migrantes mexicanos, ya no sabemos para dónde hacernos –lamenta la mexiquense Luz Pérez-. En México, no hay trabajo, la economía está mal, y nuestro gobierno no nos apoya ni nos defiende. Y en Estados Unidos, Trump no nos quiere”.

Gráfico: Jesús Santamaría (@RE_Ilustrador)

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Cómo se forman los huracanes y por qué son tan frecuentes en México, Estados Unidos y el Caribe

La explicación científica es apasionante y te ayudamos a entenderlo con mapas, gráficos e imágenes satelitales.
30 de agosto, 2021
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Los huracanes son las tormentas más grandes y violentas del planeta.

Cada año, entre los meses de junio y noviembre, azotan la zona del Caribe, el golfo de México y la costa este de Estados Unidos, en algunas ocasiones arrasando con edificios y poblaciones.

Sus homólogos son los tifones, que afectan al noroeste del océano Pacífico, y los ciclones, que lo hacen al sur del Pacífico y el océano Índico.

Zonas donde se forman ciclones tropicales

BBC

Todos son ciclones tropicales, pero el nombre “huracán” se usa exclusivamente para los del Atlántico norte y del noreste del Pacífico.

Pero, ¿cómo se forman y por qué suelen afectar a esta zona del mundo?

Huracanes, bombas de energía

El mecanismo más común de formación de huracanes en el Atlántico — que provoca más del 60% de estos fenómenos — es una onda tropical.

La onda empieza como una perturbación atmosférica que crea un área de relativa baja presión.

Suele generarse en África Oriental a partir de mediados de julio.

Si encuentra las condiciones adecuadas para mantenerse o desarrollarse, esta área de baja presión empieza a moverse de este a oeste, con la ayuda de los vientos alisios.

Origen de la onda tropical y los vientos globales

BBC

Cuando llega al océano Atlántico, la onda tropical puede ser el germen de un huracán, pero para que este se forme necesita fuentes de energía, como el calor y el viento adecuado.

En concreto, es necesario que la superficie del agua esté por encima de los 27ºC y que haya una capa espesa de agua caliente en el océano.

También tiene que haber, por un lado, vientos con un giro horizontal para que la tormenta se concentre. Por el otro, vientos que mantengan su fuerza y velocidad constante a medida que suben desde la superficie del océano.

Si hay cortante de viento, o variaciones del viento con la altura, esto puede interrumpir el flujo de calor y humedad que hace que el huracán se forme.

Además, tiene que haber una concentración de nubes cargadas de agua y una humedad relativa alta presente en la atmósfera.

Ingredientes para un huracán

BBC

Todo esto tiene que ocurrir en las latitudes adecuadas, en general entre los paralelos 10° y 30° del hemisferio norte, ya que aquí el efecto de la rotación de la Tierra hace que los vientos puedan converger y ascender alrededor del área de baja presión.

Cuando la onda tropical encuentra todos estos ingredientes, se crea un área de unos 50-100 km, donde empiezan a interactuar.

“El movimiento de la onda tropical funciona como el disparador de esa tormenta”, explica a BBC Mundo Jorge Zavala Hidalgo, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Y es esta tormenta la que hace de catalizador: empieza el baile de calor, aire y agua.

El área de baja presión hace que el aire húmedo y caliente que viene del océano suba y se enfríe, lo que alimenta las nubes.

La condensación de este aire libera calor y provoca que la presión sobre la superficie del océano baje aún más, lo que atrae más humedad del océano, engrosando la tormenta.

Los vientos convergen y ascienden dentro de este área de baja presión, girando en dirección contraria a las agujas del reloj — por influencia de la rotación de la Tierra — y dando a los huracanes esa imagen tan característica.

A medida que la tormenta se hace más poderosa, el ojo del huracán — el área central de hasta 10 km — permanece relativamente tranquilo.

A su alrededor se levanta la pared del ojo, compuesta de nubes densas donde se localizan los vientos más intensos.

Más allá, están las bandas nubosas en forma de espiral, donde hay más lluvias.

La velocidad de los vientos es la que determina en qué momento podemos llamar a este fenómeno “huracán”: en su nacimiento es una depresión tropical, cuando aumenta de fuerza pasa a ser una tormenta tropical y se convierte en huracán cuando pasa de los 118 km por hora.

Pasos de depresión a ciclón tropical

BBC

A partir de ahí, se suelen clasificar en cinco categorías según la velocidad sostenida del viento. En el Atlántico, se usa la escala de vientos Saffir-Simpson para medir su poder destructivo.

Tal es su fuerza que los vientos de un huracán podrían producir la misma energía que casi la mitad de la capacidad de generación eléctrica del mundo entero, según la Administración Nacional de Océanos y de la Atmósfera de Estados Unidos (NOOA, por sus siglas en inglés).

Escala de vientos Saffir-Simpson

BBC

Sin embargo, no es el viento sino la marejada y las inundaciones que provoca la lluvia que descarga el huracán las que generalmente causan la mayor destrucción y pérdida de vidas.

En Estados Unidos, por ejemplo, la marejada provocada por ciclones tropicales en el Atlántico fue responsable de casi la mitad de muertes entre 1963 y 2012, según datos de la Sociedad Americana de Meteorología (AMS, por sus siglas en inglés).

Además de estos factores, la destrucción causada por un huracán va a depender de otras circunstancias, como la velocidad a la que pasa, la geografía del territorio y la infraestructura de la zona afectada.

Mujer en su casa inundada

Getty Images
“Amanda” y “Cristóbal” no llegaron a ser huracanes pero dejaron lluvias extraordinarias y mucha destrucción en México y Guatemala en mayo de 2020.

“No necesariamente el daño o el peligro asociado a un ciclón tropical corresponde a su categoría. Por ejemplo, el ciclón de mayor categoría no tiene por qué tener asociada más precipitación”, dice Jorge Zavala Hidalgo a BBC Mundo.

México, Estados Unidos y el Caribe: las zonas más vulnerables

Uno de los factores que explica que esta parte del mundo sea propensa a los huracanes es que el océano Atlántico, en las latitudes tropicales, tiene la temperatura adecuada para su formación durante más meses al año.

Otro es el movimiento de las grandes corrientes de vientos que empujan a los huracanes.

Los vientos alisios — las corrientes de vientos globales en el trópico — van de este a oeste llevándolos hacia las costas del Caribe, el Golfo de México y el sur de Estados Unidos.

El recorrido de estos vientos también está influenciado por la rotación de la Tierra — el llamado efecto Coriolis — que hace que tiendan a desviarse hacia el norte.

Recorrido de los huracanes en el Atlántico norte en 2019

Wiki Project Tropical Cyclones/Tracks/Nasa/Xyklone
Los huracanes que se formaron en el Atlántico norte durante el 2019 siguieron distintos recorridos según las corrientes globales de viento u otros fenómenos – como los anticiclones – que encontraban en su camino.

En el Atlántico, mientras los huracanes avanzan se desvían levemente hacia el norte; y al superar aproximadamente los 30°N, suelen encontrase con los vientos del oeste, otra de las grandes corrientes globales, que hacen que se curven hacia el este.

En su camino van a toparse con el anticiclón de Bermudas-Azores que va a determinar si se dirigen hacia el Golfo de México o hacia Estados Unidos.

Los anticiclones son regiones de alta presión atmosférica con aire más seco, menos nubes y vientos que giran en la dirección de las agujas del reloj en el hemisferio norte.

El anticiclón de Bermudas actúa como un obstáculo y si los huracanes quieren avanzar tienen que bordearlo. Por este motivo, el tamaño y la posición del anticiclón puede determinar hacia dónde va un ciclón tropical.

Gráfico de localización del anticiclón de Bermudas-Azores

BBC

Si es débil y está más posicionado hacia el este, los huracanes lo rodean y siguen hacia el norte, alejándose del Caribe.

Por lo contrario, si es más fuerte y se encuentra al suroeste, un ciclón tropical puede dirigirse hacia el Golfo de México o hacia Florida.

La posición del anticiclón cambia según el año, las estaciones y puede variar en cuestión de días.

“A causa de esas variaciones, un huracán puede seguir una trayectoria muy distinta hoy que otro que pasa tres o cinco días después”, explica Jorge Zavala Hidalgo, del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Siguiendo la misma lógica, los anticiclones y otras masas de aire son responsables de que un huracán se recurve hacia el oeste, como pasó en 2012 con el huracán Sandy, por ejemplo.

Huracán Sandy en Nueva York

Getty Images
En su camino hacia el norte, el huracán Sandy (2012) se curvó azotando las costas de Nueva York y Nueva Inglaterra, en Estados Unidos.

Después de tocar tierra en Cuba, Sandy empezó a desplazarse hacia el noreste, pero un anticiclón en Groenlandia y un frente frío bloquearon su camino. Eso provocó que Sandy retrocediera hacia la costa este de Estados Unidos, causando destrucción en Nueva York y Nueva Jersey.

En el Pacífico Este, a pesar de que es una zona más activa que el Atlántico Norte, tocan tierra menos huracanes.

“Lo que sucede es que esas tormentas suelen dirigirse hacia el oeste o noroeste. Algunas pueden retroceder hacia las costas de México si los vientos son los adecuados, pero la mayoría se dirigen a latitudes más altas, encuentran aguas más frías y desaparecen”, dice a BBC Mundo Gary M. Barnes, profesor retirado de la Universidad de Hawái, Estados Unidos.

Por qué casi no vemos en Sudamérica

Si bien la parte norte del Atlántico puede ofrecer las condiciones ideales para la formación de huracanes, no ocurre lo mismo bajo la línea del Ecuador.

“El Atlántico Sur es más tranquilo porque no hay onda tropical — es un fenómeno más común en el hemisferio norte — y hay más variaciones en la velocidad y en la dirección del viento, algo que inhibe la formación de huracanes”, explica Barnes.

Simulación de todos los huracanes entre 1985 y 2015

NASA
El efecto Coriolis es demasiado débil en la línea del Ecuador para que los vientos giren y formen huracanes.

Además, los ciclones tropicales normalmente no se forman si no están al menos a unos 500 kilómetros del Ecuador, ya que el efecto Coriolis es demasiado débil para hacer que los vientos giren y formen un huracán.

Aunque es un fenómeno que pasa con poquísima frecuencia en Sudamérica, sí se han registrado huracanes en las costas del sur de Brasil.

En 2004, el ciclón tropical Catarina dejó 11 muertos y más de 30.000 personas desplazadas.

¿Y cómo puede impactar el cambio climático?

“El cambio climático provoca que la temperatura de la superficie del océano y la capa gruesa sean más calientes y eso es un problema. Tenemos teorías que dicen que si el océano es más cálido eso puede traducirse en tormentas más fuertes e intensas.”, dice el meteorólogo Gary M. Barnes.

Hay indicaciones de que las áreas en que un ciclón encuentra condiciones para mantenerse y sobrevivir se están extendiendo con el paso del tiempo, según Jorge Hidalgo, coordinador del Servicio Meteorológico Nacional de México.

“Quizás el número de ciclones no aumente pero la distribución de categorías puede cambiar. Es decir, que haya más huracanes de categoría mayor y menos de categoría menor”, añade Zavala.

Los científicos coinciden, ,sin embargo, en que es muy pronto para medir el impacto del cambio climático en la formación y avance de los huracanes.

“Es probable que las tormentas se intensifiquen muy poco a poco, pero vamos a necesitar muchísima data para probar que el calentamiento global va a provocar huracanes más fuertes. En 25 años puede que tengamos evidencias”, concluye Barnes.

Agradecimiento a José Manuel Gálvez, meteorólogo del la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).


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