Asesinan a Gabriela Molina tras luchar por sus hijos; ahora amenazan a su mamá
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Asesinan a Gabriela Molina tras luchar por sus hijos; ahora amenazan a su mamá

La madre de Emma Gabriela recibió el siguiente mensaje telefónico: “Tú eres la siguiente”. Emma luchó por recuperar a sus tres hijos, secuestrados por su propio padre, Alberto Medina Sonda, un político priista de Tabasco hoy preso por el desvío de recursos, y que hace una semana fue exonerado.
Especial
Por Paris Martínez
28 de marzo, 2017
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Emma Gabriela Molina Canto, joven yucateca que luchó durante dos años por recuperar a sus hijos –secuestrados por el padre, Alberto Medina Sonda, un político priista actualmente preso por corrupción–, fue asesinada el 27 de marzo, a las 15:30 horas.

Y este martes 28 de marzo, a las 8:00 horas, la madre de Emma Gabriela recibió el siguiente mensaje telefónico: “Tú eres la siguiente”.

Ligia Canto, madre de Emma Gabriela, dio este martes una conferencia de prensa para denunciar que las autoridades federales, yucatecas y tabasqueñas son corresponsables del asesinato de su hija, ya que desde 2014 la Comisión Nacional de Derechos Humanos les ordenó proveer a Emma y a su familia de todas las garantías de la Ley General de Víctimas, entre las que se encuentran garantizaran su seguridad.

Sin embargo, las autoridades nunca hicieron nada para proteger a esta familia.

Esta mañana, en conferencia de prensa, Ligia Canto, mamá de Emma y abuela de los tres menores, denunció que a lo largo de los últimos tres años ella personalmente denunció ante la Fiscalía de Yucatán acoso por parte de la familia Medina Sonda, cuyos integrantes la seguían a ella y a Emma.

“Y les quiero comentar que ahorita nos acaban de ‘compartir’ que la que sigue soy yo. ¿Por qué? Porque estorbamos a la familia Medina Sonda”, dijo Ligia.

La señora Canto exigió que sus nietos no sean separados y que su custodia le sea legalmente entregada a ella, para garantizar su protección.

Luchó por sus tres hijos 

Emma Gabriela Molina Canto luchó durante dos años por recuperar a sus tres hijos, quienes fueron secuestrados por su padre, Alberto Medina –un político priista acusado de corrupción y actualmente preso por el delito de desvío de fondos públicos–. Cinco años después de iniciar esa lucha, la joven madre fue asesinada, este lunes 27 de marzo en Yucatán. 

Molina Canto fue atacada frente a su vivienda y en presencia de sus tres hijos por dos sujetos que ingresaron por la fuerza al lugar.

Pero la seguridad personal de Emma estaba amenazada desde muchos años antes, y apenas hace una semana reportó haber sido seguida por familiares de su excónyuge.

Leer: Abuela yucateca se reencuentra con nietos sustraídos en 2012

En 2012, Emma Gabriela logró divorciarse de Alberto Medina Sonda (en ese entonces alto funcionario del gobierno de Andrés Grannier en Tabasco), luego de que ella y sus hijos sufrieran por violencia familiar.

Tras el divorcio, la custodia de los menores fue otorgada a Emma Gabriela, sin embargo, el 25 de mayo de 2012 fue secuestrada de Yucatán por agentes judiciales del estado de Tabasco, entidad hasta la cual fue trasladada, bajo falsos cargos de robo de autos.

Emma Gabriela fue golpeada durante el secuestro, y luego, en varias ocasiones, también fue agredida por agentes judiciales, a lo largo de los cuatro meses que pasó recluida en Tabasco por los cargos que, pasado ese tiempo, se demostró que eran falsos.

Aunque Emma Gabriela recuperó la libertad, sus hijos habían sido raptados por el progenitor, luego de que ella fue secuestrada por policías tabasqueños, y así empezó una larga lucha de denuncia, acoso judicial, y amenazas.

A pesar de que Emma tuvo que vivir escondida, ante el temor de ser atacada nuevamente por enviados de su exesposo, nunca dejó de denunciar el rapto de sus hijos.

De hecho, Emma, junto con su madre, la señora Ligia Canto (abuela de los tres menores raptados), lograron plantarse en dos ocasiones frente al presidente Enrique Peña Nieto, en actos públicos durante los cuales ambas mujeres extendieron mantas exigiendo apoyo federal.

En uno de esos actos, la esposa del presidente, Angélica Rivera, ofreció su apoyo. 

Aún así, un año después de esa promesa, las mismas pruebas falsas que antes usaron para encarcelar a Emma, fueron usadas para encarcelar a la abuela de los niños (quien pasó cuatro días en prisión, hasta que se reconfirmó la falsedad de las acusaciones).

En octubre de 2014, luego de dos años de búsqueda y denuncia, la Procuraduría General de la República (PGR) logró rescatar a los menores, y detener a Medina Sonda.

Sin embargo, las amenazas abiertas en contra de Emma Gabriela no cesaron, e incluso aparecieron inserciones pagadas en la prensa yucateca, firmadas por la familia de Alberto Medina Sonda, en las que advertían que persistirían en el intento de separar a los niños de su madre.

Este lunes Emma fue asesinada con un arma blanca. Según informes de la prensa yucateca, dos personas fueron detenidas.

Dicen que hay dos detenidos –señaló la señora Ligia Canto, madre de Emma, en conversación telefónica–, pero todos sabemos quiénes son los autores intelectuales. El autor intelectual se llama Alberto Martín Medina Sonda”. 

Tal como explicó la señora Canto, hace una semana, Medina Sonda fue exonerado de los cargos de secuestro que pesaban contra él (a pesar de que raptó a los niños cuya custodia legal ostentaba Emma, y los mantuvo raptados dos años); “y hace una semana también, a Emma la estuvo siguiendo una de las hermanas de Alberto Martín Medina Sonda.”

Durante una conferencia de prensa vespertina, el secretario de Seguridad Pública de Yucatán, Luis Felipe Saidén, reveló que los dos detenidos por el asesinato fueron localizados gracias a denuncias ciudadanas, luego de que escaparon en un taxi.

Al ser detenidos, uno de ellos intentó impedir el arresto, atacando a los agentes con un arma blanca, pero finalmente fue controlado.
Según el jefe de la policía yucateca, ambos detenidos son originarios de Tabasco.
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Elecciones en Brasil: 3 claves para entender el áspero duelo entre Bolsonaro y Lula da Silva

La mayor democracia de la región celebra este domingo unos comicios marcados por la extrema polarización y las dudas sobre cómo reaccionaría el presidente ante una posible derrota.
2 de octubre, 2022
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A primera vista, las elecciones de este domingo en Brasil pueden parecer una típica disputa latinoamericana por votos entre la derecha y la izquierda política.

Sin embargo, este duelo electoral que tiene como protagonistas al presidente brasileño de ultraderecha, Jair Bolsonaro, y al expresidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva es especial por donde se lo analice.

Las últimas encuestas colocan a Lula como líder en las intenciones de voto, con una ventaja de entre seis y 14 puntos sobre Bolsonaro. Algunas dejan abierta la posibilidad de que gane la presidencia en esta primera vuelta, sin tener que ir a un balotaje el 30 de octubre.

Pero la dureza de la lucha electoral, el ánimo de los votantes y, sobre todo, las dudas sobre cómo actuaría Bolsonaro ante una posible derrota, llevan a expertos en política brasileña como Marco Antonio Teixeira a advertir que esta elección es “atípica”.

Tres claves ayudan a entender lo que ocurre en la mayor democracia de América Latina.

1. Polarización extrema

Si bien hay 11 candidatos presidenciales registrados, esta elección en Brasil es un pulso entre Bolsonaro, de 67 años, y Lula, de 76.

La idea de organizar una “tercera vía” nunca se concretó en la práctica.

El candidato que sigue en las encuestas, el centroizquierdista Ciro Gomes, figura con menos de 10% de las intenciones de voto.

A diferencia de elecciones anteriores en que los contendientes se veían como adversarios, ahora hay una fuerte polarización donde se instaló la noción de “enemigo político”, explica Vera Chaia, profesora de ciencia política en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo.

“Con el enemigo no tienes diálogo, no respetas al otro: eso es lo que está ocurriendo”, dice Chaia a BBC Mundo. “La propagación del odio y la visión estrecha del candidato Bolsonaro hacen que esta elección sea muy exasperada”.

Manifestaciones a favor de Lula e Bolsonaro

Reuters
Brasil vive una fuerte polarización política entre Lula y Bolsonaro.

Ese nivel de crispación se apreció claramente en el último debate de candidatos presidenciales el jueves por la noche, donde Bolsonaro y Lula intercambiaron acusaciones de mentir y tener pandillas dedicadas al desvío de fondos en sus gobiernos.

Durante la campaña, Bolsonaro planteó los comicios como “una lucha del bien contra el mal”, se presentó como garante de los valores conservadores y cristianos, y se refirió a Lula como un “ladrón” que puede llevar a Brasil hacia un socialismo como el de Venezuela.

El presidente ha sido acusado de incitar la violencia política, con frases como la que lanzó en mayo al hablar de las alianzas de sus rivales: “Es bueno, un tiro solo mata a todo el mundo, o una granadita”.

Bolsonaro ha negado que sus palabras estimulen la violencia.

Pero Lula lo responsabilizó por el homicidio de un simpatizante suyo que, según la policía, fue apuñalado en agosto por un seguidor del presidente tras una discusión política en un área rural del estado de Mato Grosso.

En julio, un militante del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula fue asesinado a tiros por un policía que irrumpió en su fiesta de cumpleaños que homenajeaba al expresidente y gritó: “¡Aquí somos de Bolsonaro!”

Funeral del militante del PT Marcelo Arruda en Foz de Iguaçu

AFP
El asesinato del militante del PT Marcelo Arruda sacudió a Brasil en julio.

Lula ha buscado ampliar su base electoral con acuerdos como el que alcanzó con su candidato a vicepresidente, Geraldo Alckmin, un exrival suyo de centroderecha al que derrotó en las elecciones de 2006.

Pero el líder izquierdista tampoco rehuyó de la confrontación directa con Bolsonaro, a quien ha calificado de “genocida” por su respuesta a la pandemia de covid-19, y sostuvo que en las elecciones se juega “la democracia contra el fascismo”.

Con un debate alejado de las propuestas de gobierno, es probable que la tensión política aumente más en Brasil si ningún presidenciable supera la mitad de los votos válidos en la primera vuelta y hay un segundo turno entre Lula y Bolsonaro.

2. Un mar de angustias

Con este panorama, los brasileños parecen mirar con recelo la campaña electoral: tres de cada cuatro votantes (67,5%) teme sufrir agresiones por motivos políticos, según una encuesta de la firma Datafolha.

Pero esa está lejos de ser la única inquietud de la población.

De hecho, las mayores preocupaciones de los brasileños pasan por temas económicos como el desempleo o la inflación, así como por la salud, según distintos sondeos.

Fila de búsqueda de empleo en Brasil.

Agência Sindical
La tasa de desempleo en Brasil cayó a 9,1% pero aun es una de las mayores preocupaciones de los votantes.

Esta elección será la primera en Brasil luego de la pandemia que golpeó con dureza al país y dejó más de 685.000 muertes mientras Bolsonaro comparaba el covid con una “gripecita” y se mostraba escéptico sobre las vacunas para combatirlo.

La economía brasileña entró en recesión en 2021 y, si bien volvió a crecer desde hace casi un año y la tasa de desempleo cayó a 9,1% en julio, la mejora está lejos de ser percibida por la población en general.

El 15% de brasileños (unos 33 millones de personas) pasa hambre y más de la mitad de la población padece (125 millones de personas) padece en algún grado de inseguridad alimentaria, de acuerdo a un estudio de la red Penssan.

Algunas noticias recientes han causado escalofríos.

El agosto, un niño de 11 años en la región metropolitana de Belo Horizonte llamó a una línea policial de emergencia para informar que no había “nada” que comer en su casa, luego de ver a su madre desesperada por la falta de alimentos para sus hijos.

Mujer con hijo en brazos busca comida en un armario.

Getty Images/AFP

“La mayoría de la población brasileña está angustiada”, dice Chaia. “En Brasil ocurrió un retroceso total: en lugar de ir para adelante, Brasil fue para atrás”.

Muchos en el país añoran los años de 2003 a 2010 en que Lula gobernó en medio de un boom económico impulsado por altos precios de las materias primas y millones de personas ascendieron a la clase media con programas sociales del gobierno.

Bolsonaro y sus seguidores, en cambio, recuerdan el desplome que tuvo la economía brasileña bajo el mandato de la sucesora de Lula, Dilma Rousseff, y los grandes escándalos de corrupción que surgieron en los gobiernos del PT.

El propio Lula estuvo 19 meses preso por un caso de corrupción, pero el Supremo Tribunal Federal brasileño anuló sus condenas en 2021 por fallas en el proceso que condujo el entonces juez Sergio Moro, quien luego fue ministro de Bolsonaro.

Un hombre en Brasil muestra un plato que tiene escrita la palabra "hambre" en portugués.

Reuters
La el hambre y la inseguridad alimentaria moderada afecta a tres de cada 10 brasileños.

El gobierno de Bolsonaro, que también ha sido salpicado por denuncias de corrupción, aumentó 50% el programa Auxilio Brasil de subsidios a los pobres en agosto, hasta 600 reales (unos 115 dólares) por persona.

Pero nada indica que con esto el presidente haya eliminado la ventaja de Lula en las encuestas, que en las últimas semanas reflejaron una carrera estable.

3. Incertidumbre sobre el desenlace

Para que un candidato gane en primera vuelta, precisa superar la mitad de los votos válidos (es decir, descontando del total los sufragios en blanco o nulos).

Algunas de las últimas encuestas ubican a Lula próximo a ese umbral de 50% de los votos válidos.

Datafolha e Ipec, dos grandes encuestadoras brasileñas, proyectaron el sábado que el expresidente tenía el 50% y 51% de los votos válidos respectivamente.

Como el margen de error de esos sondeos es de dos puntos más o menos, señalaron que no es posible anticipar si Lula ganará en primera vuelta o irá a un balotaje con Bolsonaro en cuatro semanas.

Eso puede depender en buena medida del nivel de participación este domingo: los votantes de baja renta y escolaridad, que tienden a apoyar más a Lula, también suelen tener mayores índices de abstención. Por eso, el izquierdista llamó en los últimos días a votar.

Claro, las encuestas pueden errar y la diferencia entre los candidatos podría ser menor o mayor de lo que proyectan.

Pero lo que vuelve más peculiar esta elección es la incertidumbre sobre si Bolsonaro reconocería una victoria de Lula.

A semejanza de lo que hizo su “amigo” Donald Trump como presidente de Estados Unidos, Bolsonaro ha buscado sembrar dudas sobre la fiabilidad de las encuestas y, sobre todo, del sistema de votación de su país, sin presentar pruebas para ello.

Además ha repetido, como hacía Trump, que aceptará el resultado de las elecciones “siempre que sean limpias”.

Jair Bolsonaro

Reuters
Bolsonaro ha planteado dudas sobre la fiabilidad del sistema electoral brasileño, sin presentar pruebas.

Muchos se preguntan si Bolsonaro se prepara así para actuar también como Trump en caso de ser derrotado y denunciar un fraude en su contra, intentando seguir en el poder.

“Nunca antes en la historia de este país (…) discutimos una reelección y también si el resultado será impugnado o no”, dice Teixeira, politólogo de la Fundación Getulio Vargas, a BBC Mundo. “Eso es inédito en la democracia brasileña”.

La preocupación es tal que un manifiesto en defensa de la democracia y el sistema electoral del país recogió en agosto la firma de más de un millón de brasileños, desde artistas y deportistas hasta intelectuales y expresidentes.

Bolsonaro pareció moderar su retórica en días recientes, por ejemplo al declarar que si pierde la elección pasará la banda presidencial y se retirará de la política.

Pero algunos cuestionan si eso respondió apenas a un esfuerzo del presidente por captar votos de centro.

Luis Inácio Lula da Silva

Reuters
Lula figura como favorito en las encuestas aunque es probable que tenga que disputar un balotaje con Bolsonaro.

Distintos analistas ven un riesgo de que, si el Bolsonaro denuncia un fraude en su contra, sus seguidores arremetan contra las instituciones como hicieron los trumpistas el año pasado en el Capitolio de Washington.

En los actos de Bolsonaro es común ver carteles pidiendo “intervención militar” y en plena campaña la policía registró las casas de empresarios simpatizantes del presidente por discutir en WhatsApp sobre la posibilidad de un golpe de Estado, aunque ellos niegan haber cometido delito alguno.

Las Fuerzas Armadas ganaron protagonismo en el gobierno de Bolsonaro, un excapitán del Ejército que ha expresado nostalgia por el régimen militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985 y ha elogiado a uno de los torturadores de ese régimen.

Para estas elecciones, los militares plantearon cuestionamientos a la justicia electoral sobre las urnas electrónicas y prevén hacer un seguimiento propio del escrutinio, algo también novedoso en el país.

Teixeira descarta que las Fuerzas Armadas brasileñas como institución tengan intenciones golpistas.

Pero advierte que las dudas planteadas desde la propia presidencia sobre el desenlace de las elecciones “dejan todo en un estado que contribuye a la inestabilidad”.


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