¿La CIA puede leer tus mensajes de Whatsapp como dice WikiLeaks? ¿Cuánto deberías preocuparte?
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¿La CIA puede leer tus mensajes de Whatsapp como dice WikiLeaks? ¿Cuánto deberías preocuparte?

La Agencia Central de Inteligencia de EU posee herramientas para espiar los mensajes de WhatsApp. ¿Es creíble? ¿Deberías preocuparte?
BBC Mundo
Por BBC Mundo
8 de marzo, 2017
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La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos puede leer tus mensajes de Whatsapp y también escuchar lo que dices frente al televisor, o al menos eso dice la última revelación de WikiLeaks.

De acuerdo con el sitio de filtraciones, los servicios de espionaje de Estados Unidos podrían acceder a un iPhone de Apple o a un dispositivo con Android de Google para leer los mensajes de texto o escuchar los de voz.

De momento, la CIA no se ha pronunciado sobre la filtración pero según la Casa Blanca, el presidente Donald Trump está “extremadamente preocupado” por la falla de seguridad que llevó a la filtración.

“Cualquiera que filtra información clasificada debe enfrentarse al máximo nivel de la ley”, dijo el portavoz del gobierno, Sean Spicer.

¿Deberíamos estar preocupados?

Don Smith, experto de la firma de seguridad en la red SecureWorks, considera que no es una sorpresa que una agencia que tiene como misión “encontrar a los malos”, use “cualquier herramienta a su alcance”.

“Si la CIA no tuviera la capacidad para espiar, no estaría haciendo su trabajo”, agrega.

CIA sealDerechos de autor de la imagenAP

“Además, se habla de unos pocos modelos de TV de Samsung. Si lees los documentos, hace tiempo que eran vulnerables. Lo sorprendente sería que la CIA no hubiera puesto eso en la mira”.

Alan Woodward, asesor de la Europol y antiguo colaborador de la inteligencia británica, destaca que la mayoría de lo filtrado se refiere espionaje de objetivos concretos y no vigilancia masiva.

“Necesitan órdenes judiciales, no pueden simplemente intervenir cualquier teléfono, eso no funciona así”, le dijo Woodward a la BBC.

Assange continúa en la embajada de Ecuador en Londres.Derechos de autor de la imagenPA
Image captionAssange continúa en la embajada de Ecuador en Londres.
Hasta las neveras están conectadas a internet.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption¿Te espía tu heladera?

“Si WikiLeaks dispone de los códigos detrás de las fallas de seguridad, tiene la responsabilidad de no publicarlos. De hacerlo, expondría al público a que criminales los usen para su beneficio”, afirma Woodward.

Y ese es precisamente el argumento de Mike McLellan, de SecureWorks, para quien el ciudadano común debería estar preocupado de otro tipo de problemas.

“Es más probable que seas víctima de un cibercriminal a que te conviertas en sujeto de interés para una agencia de inteligencia”, opina McLellan.

Smart gadgets connected to the internetDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionCada vez más y más aparatos de la casa están conectados a internet.

El conocido exanalista Edward Snowden, responsable de una masiva filtración de documentos secretos, criticó en Twitter los métodos de la CIA.

“Imagina un mundo en que la CIA se pase el tiempo tratando de averiguar cómo espiarte a través de tu televisor. Eso es hoy”, escribió.

Además, grupos defensores de los derechos civiles se han quejado de que la agencia haya acumulado fallas de seguridad sin ayudar a las empresas tecnológicas a arreglarlos, dejando a los ciudadanos expuestos a ellas.

¿Y Whatsapp no estaba encriptado?

La encriptación de los mensajes en servicios de mensajería como Whatsapp hizo pensar a muchos que sus comunicaciones eran seguras.

Pero los documentos filtrados muestran que la CIA dispone de herramientas para acceder al contenido de teléfonos con sistemas operativos iOS o Android, lo que hizo posible que los agentes leyeran mensajes de Whatsapp y Signal.

WhatsApp logoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLas apps de mensajería ahora funcionan con encriptación.

Woodward recuerda que a lo que apunta la filtración no es a que se haya podido sobrepasar la encriptación, sino a que los mensajes podían ser leídos por la vulnerabilidad del dispositivo de destino.

Es decir, que los gobiernos “aceptan que la encriptación va a ser un lugar común” y deben poner su esfuerzo en “acceder al dispositivo de destino de las comunicaciones”.

¿Debería la CIA haber ayudado a arreglar las fallas?

Snowden arremetió contra la CIA por su “comportamiento temerario más allá de las palabras”,por mantener en secreto las fallas de seguridad de los dispositivos.

Para el exanalista prófugo de la justicia estadounidense, el peligro está en que hasta que las fallas no sean resueltas, “la CIA deja abierto para un hacker el acceso a cualquier iPhone del mundo”.

Eso mismo opina Nathan White, del grupo defensor de las libertades civiles Access Now, para quien “es una fantasía creer que solo ‘los buenos’ van a aprovechar estas herramientas”.

SmartphoneDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionSoftware flaws in a smartphone could compromise security

Pero Woodward no lo ve así: “Si tu misión es espiar, no le vas a contar a todo el mundo algo que solo tú sabes”.

“Arreglar esos problemas es el trabajo de otros”.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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